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El escándalo de Peter Arnett
FRACASO DEL PENTÁGONO EN IRAK
Lisandro
Otero|
México
Desde que la
administración Bush asumió el atentado del once de
septiembre como un pretexto para aplicar un sistema
neofascista, los derechos constitucionales se han venido
menoscabando. Mecanismos como la represión interna, la
censura, la intolerancia, el patrioterismo, la
vigilancia policiaca y la subordinación de la prensa han
reducido el espacio democrático del que tanto alardean.
Activistas por la paz, como la actriz Susan Sarandon,
han visto sus compromisos profesionales limitados por
presiones gubernamentales.
Ahora ha surgido un escándalo que va a arrojar una luz
reveladora sobre la verdadera entraña de los derechos
humanos en Estados Unidos. El veterano periodista Peter
Arnett acaba de ser despedido por la televisora NBC por
haber revelado el fracaso del Pentágono en Irak. Arnett
es un prestigioso reportero que en 1966 recibió el
Premio Pulitzer, el más alto galardón que se otorga en
la prensa norteamericana, por sus reportajes sobre la
guerra en Vietnam. En 1991, durante la Guerra del Golfo,
se colmó de gloria por sus informaciones para la CNN
desde el núcleo central de las batallas. Ahora ha
permanecido dentro de Bagdad, uno de los pocos
periodistas que están realmente donde las castañas
queman. Tan diferente de otros de nuestro patio que
cacarean su presencia en los frentes de guerra y en
realidad envían sus notas desde Qatar, a dos mil
kilómetros de la línea de fuego.
Arnett concedió una entrevista a la televisión iraquí en
la cual afirmó lo que todos saben, que el plan
originalmente trazado para aniquilar a Irak en pocas
horas ha sido un rotundo fracaso y que ahora los
generales frustrados tratan de elaborar apresuradamente
otro proyecto. En un primer momento Arnett fue
respaldado por la NBC pero al día siguiente fue echado
de su posición. El Daily Mirror de Londres
lo incorporó de inmediato proclamando en un cintillo:
"Estados Unidos lo arrojó por decir la verdad. El
Daily Mirror lo contrata para que la siga
diciendo".
El
escándalo que se ha armado con el caso Arnett revela la
creciente irritación de la Casa Blanca con las críticas
hacia la estrategia de Rumsfeld. El New York Times
de ayer martes 31 publicó en su primera página un
resumen de estas objeciones. Todo parece indicar que
existe una gran controversia dentro del Pentágono por el
método escogido. Rumsfeld se inclinó por la superioridad
aérea y naval concediéndole menor importancia a las
fuerzas terrestres. A la vez el Secretario de Defensa se
muestra partidario de unas fuerzas armadas donde impere
la tecnología de punta, armamento electrónico, bombas
inteligentes y agilidad operativa.
Hace unos días, el teniente General William Wallace
declaró que debido a la estrategia escogida la guerra
iba a durar más tiempo. El general retirado Barry
McCaffrey, quien fue uno de los líderes militares de la
Guerra del Golfo, declaró que de acuerdo con la nueva
doctrina castrense el número de tropas no cuenta y la
artillería no cuenta, ni siquiera las unidades blindadas
importan, todo lo que parece tenerse en consideración es
el número de aviones y de misiles.
Todos recordamos con qué entusiasmo, en los primeros
días de la agresión, Rumsfeld hablaba de la táctica de
"choque e intimidación" que dejaría a los iraquíes en un
estupor paralizante que los incapacitaría para combatir.
Se basaba en la cantidad y precisión de las bombas
inteligentes y de los bombardeos aéreos. Ya vimos que el
estupor ha sido el de los soldados norteamericanos
quienes esperaban que una población los recibiría alegre
por su liberación y se vieron rechazados, en cambio, por
una lluvia de fuego hostil. No es la primera vez que
cometen ese error. Cuando desembarcaron en Cuba, en
Playa Girón en 1961, también esperaban que el pueblo los
acogería jubiloso y en menos de setenta y dos horas
fueron aplastadas las fuerzas organizadas cuidadosamente
por la CIA durante meses.
Rumsfeld ha tenido serios enfrentamientos con el general
Eric Shinseki, el actual Jefe de Estado Mayor, a quien
mandará a las filas de retiro el próximo junio. Ha
procedido de igual manera apartando del servicio activo
a varios altos oficiales que contradicen sus criterios
mientras se apoya en sus halcones de bolsillo: Wolfowitz
y Douglas Feith. Rumsfeld ha tratado de librarse de la
responsabilidad que le incumbe culpando al actual jefe
de operaciones, General Tommy Franks, a quien señaló
públicamente como autor del plan que ahora,
evidentemente, ha fracasado.
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