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LA LEY DEL EMBUDO
¿Respalda EE.UU. la Convención de Ginebra?

The Guardian
George Monbiot

Traducido para Rebelión por Carlos J. Gil Bellosta

De repente, el gobierno de los EE.UU. ha descubierto las virtudes de la ley internacional. Mientras libra una guerra ilegal contra un estado soberano y trata de sabotear cualquier tratado que entorpezca su propósito de dirigir el mundo, la aparición el domingo pasado en la televisión iraquí de cinco soldados estadounidenses capturados provocó la protesta inmediata de Donald Rumsfeld, el Secretario de Defensa de los EE.UU. porque "mostrar fotografías de prisioneros de guerra en circunstancias humillantes es una violación de la Convención de Ginebra".(1)

Está, por supuesto, en lo cierto. El artículo 13 de la Tercera Convención -que se refiere al trato debido a los prisioneros- especifica que "deberán ser protegidos en todo tiempo... contra los insultos y la curiosidad pública".(2) Aunque tal vez sea una de las violaciones menos atroces de las leyes de la guerra, las convenciones, ratificadas por Irak en 1956, no son negociables. Sus infractores podrían perfectamente ser acusados de crímenes de guerra.

No obstante, Rumsfeld debería ser más cauto. Recién convertido a la causa de la guerra sujeta a derecho, tan entusiasta, sigue siendo, como jefe del Departamento de Defensa, responsable de una serie de crímenes suficientes, si hubieran de ser juzgados alguna vez, para ponerlo entre rejas hasta el final de sus días.

Su campo de concentración en la bahía de Guantánamo, Cuba, donde 641 hombres -nueve de los cuales tienen nacionalidad británica- están retenidos, viola no menos de 15 artículos de la Tercera Convención. El gobierno de los EE.UU. violó el primero de ellos, el 13, a la llegada misma de los prisioneros al mostrarlos, igual que los iraquíes, en televisión. Solo que en esta ocasión no fueron invitados a responder a las cámaras. Estaban de rodillas en el suelo, con las manos atadas a la espalda y llevaban dispositivos que les impedían oír y ver. Se los había despojado de sus ropas y se habían confiscado sus pertenencias, en violación del artículo 18. Fueron internados en una penitenciaría -contra lo estipulado en el artículo 22- se les impidió la apertura y gestión de sus propias cocinas (art. 26), cantinas (art. 28) y lugares de culto (art. 34) y de esparcimiento (art. 38) y se los privó de acceso al texto de la Convención (art. 41) y de la libertad para escribir a sus familias (art. 70 y 71) y recibir paquetes con comida o libros (art. 72).(3)

No fueron "liberados y repatriados, sin demora, tras haber finalizado las hostilidades activas" (art. 118) porque las autoridades de EE.UU. alegan que los interrogatorios podrían desvelar algún día información interesante acerca de Al Qaeda. El artículo 17 indica que los prisioneros solo están obligados a revelar su nombre, graduación, número y fecha de nacimiento. "No se podrá infligir a los prisioneros de guerra tortura física o moral ni presión alguna para obtener datos de la índole que fueren". Sin embargo, para quebrar su resistencia, las autoridades los han confinado en celdas de aislamiento y los han sometido a lo que se conoce como "tortura suave": privación del sueño y exposición constante a luz brillante.(4) No debiera sorprender que varios de los prisioneros hayan tratado de cometer suicidio ya sea golpeando la cabeza contra las paredes o cortando sus venas con cubiertos de plástico.(5)

El gobierno de los EE.UU. alega que estos individuos no están amparados por la Convención de Ginebra al no ser "prisioneros de guerra", sino "combatientes ilegales". Los iraquíes que retienen a los soldados de EE.UU. podrían alegar lo mismo, tal vez con mayor justicia, dado que estaban invadiendo ilegalmente su país. Pero esta redefinición es en sí una violación del artículo 4 de la tercera convención, donde se especifica que los detenidos como sospechosos de pertenecer a una milicia -como los talibanes- o a un cuerpo voluntario -como Al Qaeda- deberían ser considerados como prisioneros de guerra.

En caso de duda acerca de cómo clasificar a tales personas, el artículo 5 insiste que "se beneficiarán de la protección de la presente Convención, en espera de que un tribunal competente haya determinado su estatuto".(6) Pero cuando este mismo mes, los abogados que representan a dieciséis de ellos quisieron llevar el caso a los tribunales, la Corte de Apelaciones de los EE.UU. dictaminó que como la base naval de Guantánamo no está en territorio de los EE.UU., sus representados no estaban amparados por la constitución estadounidense. Parece que muchos de estos prisioneros trabajaban en Afganistán como profesores o ingenieros o en organizaciones de ayuda humanitaria. Si el gobierno de los EE.UU. llegase algún día a juzgarlos o liberarlos, quedaría expuesta a la luz pública la vergonzante ausencia de pruebas con que se los detuvo.

Nadie que conociese la suerte de otros de los combatientes capturados por los estadounidenses y sus aliados dudaría en calificar a los de Guantánamo como afortunados. El 21 de noviembre del 2001, alrededor de 8 000 soldados talibanes y civiles pastunes se rindieron en Konduz al General Abdul Rashid Dostum de la Alianza Norte. Muchos de ellos han desaparecido. Como muestra la película "Afghan Massacre - Convoy of Death" de Jamie Doran, algunos cientos -posiblemente miles- de ellos fueron metidos en contenedores en Qala-i-Zeini, cerca de la ciudad de Mazar-i-Sharif, los días 26 y 27 de noviembre.(7) Los contenedores quedaron al sol, con las puertas selladas, durante varios días, al cabo de los cuales partieron hacia la prisión de Shebergan, a 120 km de distancia. Cuando los prisioneros, muchos de los cuales murieron de sed y asfixia, comenzaron a golpear las paredes de los contenedores, los hombres de Dostum detuvieron la caravana y los ametrallaron. Al llegar a Shebergham, la mayor parte de los prisioneros había muerto.(8)

Las fuerzas especiales de EE.UU. que estaban a cargo de la prisión presenciaron la descarga de los cadáveres y pidieron a las fuerzas de Dostum que "se deshicieran de ellos antes de que los fotografiase un satélite".(9) Doran entrevistó a uno de los soldados de la Alianza Norte que vigilaba la prisión. "Yo vi a un soldado estadounidense romper el cuello de un prisionero. Hacían lo que querían. No teníamos poder para pararlos." (10) Otro soldado alegó que "se llevaban a los prisioneros afuera, los golpeaban y los devolvían; pero, a veces, nunca regresaban, sino que desaparecían".(11)

Muchos de los supervivientes fueron cargados de nuevo en contenedores con los cadáveres y conducidos a Dasht-i-Leili, un lugar del desierto. En presencia de 30 ó 40 miembros de las fuerzas especiales de EE.UU., vivos y muertos fueron arrojados a unas fosas. Al que se movía, le disparaban. El periódico alemán Die Zeit investigó estas acusaciones y concluyó que "Nadie duda de que los estadounidenses habían participado. No hay dudas al respecto ni entre las altas esferas".(12) La organización estadounidense Physicians for Human Rights visitó los lugares que indicaron los testigos entrevistados por Doran y concluyó que "en todos... había restos humanos que daban valor a los testimonios que los señalaban como posibles lugares de enterramiento".(13)

No debería ser necesario indicar que tal tipo de hospitalidad contraviene también la Convención de Ginebra, que prohíbe "los atentados contra la vida y la integridad corporal, especialmente el homicidio en todas sus formas, las mutilaciones, los tratos crueles, la tortura y los suplicios", así como la ejecución extrajudicial. El departamento de Donald Rumsfeld, con la colaboración de una prensa dócil, ha hecho todo lo posible por dificultar la distribución de la película de Jamie Doran,(14) mientras que el General Dostum ha comenzado a asesinar a sus testigos.(15)

No es difícil, por lo tanto, adivinar por qué el gobierno de los EE.UU. ha luchado tanto para impedir, primero, la constitución del Tribunal Penal Internacional y, después, que sus ciudadanos queden al alcance de su jurisdicción. Los cinco soldados que las cámaras nos mostraron ayer deberían bendecir su suerte por no ser prisioneros de las fuerzas estadounidenses luchando en pro de la civilización, sino de los "bárbaros e inhumanos" iraquíes.

Fuentes:

1. Donald Rumsfeld, 23 de marzo del 2003.
Aparecido en "Face The Nation", CBS.
Departamento de Defensa de los EE.UU.


2. Convención (III) relativa al trato debido a los prisioneros de guerra. Ginebra, 12 de agosto de 1949.

3. Tales eran las condiciones en Camp X-Ray. En el Camp Delta, al que los prisioneros han sido transferidos, siguen observándose la mayor parte de estas omisiones y el encierro es más estricto, aunque ahora se les permite hacer ejercicio durante 15 minutos dos veces a la semana. (Katty Kaye, 11 January 2003. No fast track at Guantánamo Bay. http://news.bbc.co.uk/1/low/world/americas/2648547.stm). La Convención de Ginebra indica que los prisioneros deberían poder hacer ejercicio libremente.

4. Duncan Campbell, 25 de enero del 2003. "US interrogators turn to 'torture lite'". The Guardian.

5. Frank Gardner, 24 de agosto del 2002. "US bides its time in Guantanamo."
http://news.bbc.co.uk/1/low/world/from_our_own_correspondent/2212874.stm

6.
Convención (III), ver nota previa.

7. "Afghan Massacre - Convoy of Death", disponible en vídeo en ACFTV, Studio 241, 24-28 St Leonards Road, Windsor, SL4 3BB, United Kingdom. O a través de www.acftv.net. Esta información fue contrastada el 24 de marzo del 2003 con la colaboración de Jamie Doran.

8. Ver nota previa.

9. Ver nota previa.

10. Ver nota previa.

11. Ver nota previa.

12. Giuliana Sgrena y Ulrich Ladurner, Masar-i-Scharif Während des Afghanistan-Feldzugs gab es in Masar-i-Scharif ein Massaker. Zeugen sagen, US-Soldaten hätten daran mitgewirkt. Ein Beweis ist das noch nicht. Eine Spurensuche. Die Zeit. La fecha no está disponible. El texto citado aparece traducido en: Peter Schwarz, 29 de junio del 2002. Para más información acerca de la masacre de los prisioneros talibanes, véase: http://www.wsws.org/articles/2002/jun2002/afgh-j29.shtml

13.
Physicians for Human Rights, 2002. "Preliminary Assessment of Alleged Mass Gravesites in the Area of Mazar-I-Sharif, Afghanistan", del 16 al 21 de enero y del 7 al 14 de febrero. PHR, Boston y Washington DC.

14. Bill Vann, 12 de febrero del 2003.
"Film exposing Pentagon war crimes premieres in US". http://www.wsws.org/articles/2003/feb2003/afgh-f12.shtml

15.
Jamie Doran, 24 de marzo del 2003, comunicación personal.

 

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