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¿EN CUBA TODOS JUEGAN A LA PELOTA?
Escritores, poetas, ensayistas y gente del mundo
editorial y de la prensa celebraron el pasado domingo un
partido de “pelota”, encuentro patrocinado por el
Instituto Cubano del Libro, para celebrar la jornada del
libro cubano, y como colofón de las celebraciones que
incluyeron la presentación de los libros Historia de
la Literatura Cubana (Tomo I), del Instituto de
Literatura y Lingüística y El Libro en Cuba, de
Ambrosio Fornet, además de la cuarta edición del
Encuentro de libreros.
La
Jiribilla
Fotos:
La
Jiribilla
Todos los cubanos nos
involucramos de algún modo con el juego de pelota, y
raro es aquel que en Cuba dice “béisbol”, sin sonar
pedante. Y a decir verdad, todos jugaríamos si
pudiéramos.
Es posible dar fe de
ello en el juego de pelota recientemente celebrado entre
varios escritores, poetas, ensayistas y gente del mundo
editorial y de la prensa de la Isla, encuentro
patrocinado por el Instituto Cubano del Libro, para
celebrar la jornada del libro cubano y con el apoyo de
otras instituciones y la anuencia irrestricta de la
familia, suegras y sobrinos incluidos.
No es cierto que los
argentinos hagan de la vida un tango, pero es verdad
que los cubanos podemos convertir un buen instante de la
vida en una guaracha, si el juego de pelota es de
manigua pero en terreno bueno, con gradas de sol y
público a discreción. Después podrá decirse
parafraseando a Goethe: ¡Detente, eras tan sabroso! Es
entonces cuando nos tomamos la vida por la punta más
divertida de la seriedad.
Ambos equipos parecían
el mismo montón de locos divertidos, que acudieron
vestidos de la manera más dispar, y daban la impresión
de cambiarse de bando en cada entrada, pero luego se
supo que había sido solo un espejismo de los envidiosos
que quedaron fuera.
Con la convicción de
que valía la pena gastarse una mañana entera, el que
quiso pudo entrar en el terreno, con la sola condición
de estar dispuestos a derrochar tanto valor como si la
paz terrenal dependiera de una victoria conseguida con
los dientes. La diferencia era solo el color de la
gorra, verde unos, amarrilla los rivales.
Aunque ciertamente
ninguno tenía pinta de pelotero, al menos mostraron un
estilo propio. Cada cual juzgue por el siguiente
fotorreportaje, aunque el sentido común aconseja ser
indulgente. Los que no jugaron sirvieron de
entrenadores”, de coach, de masajistas, de “banco” o
de “cargabates”. Hubo quien narró el partido y los más
se descosieron de la risa.
Fue un buen juego, a
pesar de la interferencia al anotador oficial por parte
de varios silvestres, que terminaron por confundir los
resultados, equivocar el score y mezclar los
récords personales, y cuando creímos que los verdes
iban arriba, los amarillos llevaban la ventaja, para
ganar finalmente 11 a 10, en un partido con más volutas
que una catedral barroca, y con más esquinas que un
barrio antiguo.
Y nadie escatimó
aportes, sobre todo en jugadas insólitas: batazos de
triples sorprendidos out en primera, toques de bola que
resultaron hits, fouls decretados por los del mismo
bando con ventaja y un espectacular deslizamiento en
segunda base, mientras el fotorreportero miraba
entretenido una hermosa joven que, a su vez, mentalmente
se fugaba con alguien de su edad que pasaba en
bicicleta.
No todos los cubanos
sabemos jugar a la
pelota, pero tampoco hace falta saber, si de todos modos
se está dispuesto a recoger el guante o esgrimir el bate
y gastarse una mañana entera esperando encontrar el tan
precioso instante de convertir un juego de
“pelotademanigua” en el campeonato de tu vida.
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