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¿CÓMO TE LLAMARÁS AHORA, BOB?
 
Camilo Venegas | La Habana

En la tarde del martes decenas de periodistas dominicanos se congregaron en el Parque Independencia para protestar por el tratamiento que le están dando los medios a la guerra. Hace menos de una semana, una glamorosa presentadora de CNN mostraba su indignación por las imágenes que el canal de televisión Al Jazeera difundía de los soldados norteamericanos hechos prisioneros. “¡La televisora árabe viola acuerdos de Ginebra!”, exclamó mientras golpeaba, delicadamente, con la palma de la mano sobre la mesa de vidrio. Esa misma presentadora comentó hace menos de un año la noticia donde se exhibían las imágenes de los prisioneros afganos en la Base Naval de Guantánamo. Vestidos de naranja, atados de pies y manos, con los ojos vendados y vistos del otro lado de una alambrada, los ‘viles terroristas’ eran poco menos que un ‘espectáculo'. Cual fieras domadas, el mundo podía comprobar que ya no representaban ningún peligro.

Uno de los locutores de la estación Clear Channel de Atlanta convocó a una marcha en apoyo a George Bush con una frase que parece rescatada de los más penosos anales del macartismo: “Nos hemos sentido rodeados por locos, mujeres que no se rasuran las axilas y lesbianas. Ahora, con todos ustedes aquí, estamos enviando otro mensaje: los estamos rodeando, estamos rodeando a todos los comunistas que aún viven en América”. Los locos, las lesbianas y los comunistas no son más que los cientos de miles de individuos que se han levantado en contra de la criminal guerra que ha declarado su país. Los locos, las lesbianas y los comunistas no son más que los cientos de miles de norteamericanos que los camarógrafos de CNN procuran eludir cuando cubren las protestas.

Televisión Española, por su parte, también ha jugado su papel. En el Congreso de los Diputados evitaron que se escucharan los aplausos que reclamaban la dimisión de Aznar. Luego, trataron de que no se vieran las golpizas que la policía de su país les propinaba a los manifestantes que paralizaron por horas las principales avenidas de Madrid y Barcelona. “Lo único que han conseguido con todo esto –aseguró Joaquín Sabina en plena Gran Vía, justo donde habita su célebre personaje de medias negras–, es levantar a un cadáver. La conciencia del mundo estaba muerta, pero se ha levantado y ha echado a andar”. El trovador y los comunicadores dominicanos que se reunieron en el Parque Independencia tienen la razón. Sus voces apenas se oyen, pero en estos momentos hasta el silencio es un grito, un grito tan alto con el gesto inaudible de Munch. Toda guerra es también un enfrentamiento de conciencias. Unas se remuerden, otras se liberan.

¿La policía de Madrid acabará convirtiendo a la Puerta del Sol en algo parecido a París antes de que llegue mayo? ¿Volverán a morir en otro lugar los estudiantes de Tlatelolco?¿En qué ciudad del mundo sonarán las guitarras de Woodstock? ¿Cómo te llamarás ahora, Bob Dylan? 
 

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