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ÁNGEL PARA UN PRINCIPIO
Viernes tras viernes, no puedo sustraerme a la idea de
visitar la casa virtual de ese ángel donde, sobre todas
las cosas, se vacila la cultura cubana.
Camilo Venegas
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República Dominicana
Roberto Cavada fue el primero que me habló de La
Jiribilla. Me llamó por teléfono al periódico y me
dijo: “Niño, entra ahora mismo a
www.lajiribilla.cubaweb.cu para que veas qué vacilón”.
Mi padre fue el primero que dijo delante de mí la
palabra ‘vacilón’. Viernes tras viernes, no puedo
sustraerme a la idea de visitar la casa virtual de ese
ángel donde, sobre todas las cosas, se vacila la cultura
cubana. Debo exigir inmediatamente que el verbo
‘vacilar’ se entienda desde su cubanísimo significado y
no desde el titubeo con que se le trataba en los
antiguos diccionarios de la Real Academia Española.
Vacilar la cultura quiere decir entonces tratarla con
holgura, con alegría, sin darle al lector esas densas
pedradas que suelen lanzar la mayoría de las revistas
culturales, como si la inteligencia estuviera reñida con
lo potable, con la frescura (esa que tanta falta hace en
la eternidad de nuestros veranos).
Mi padre
solía llegar a la casa bailando como Bacallao. “Mi son
es un vacilón”, decía como si en verdad tuviera a la
flauta de Richard marcándole los pasos. Un día alguien
le suplicó que dejara el baile, que se trataba de un
asunto muy serio: “¿Tú quieres un asunto más serio que
la flauta de Richard Egües?”, dijo de inmediato y sin
dejar de bailar. La Jiribilla tampoco ha perdido
sus deseos de bailar nunca. Aún en sus páginas más
silentes está el cubanísimo horror al vacío sonoro. A
diferencia del ángel silviano, La Jiribilla
siempre llega al principio de cada cosa. Principio que
es comienzo, pero también es idea, razón.
No puedo
hablar por los demás, pero al menos yo lo que más le
agradezco a La Jiribilla es que me devuelva a mi
país y a las cosas que yo amo (gracias otra vez, Eliseo)
todos los viernes de mi vida. Sí, Cavada, La
Jiribilla es tremendo vacilón.
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