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EL PERVERSO ROSTRO DEL FASCISMO
Decenas de millones de estadounidenses le temen de forma
paranoica al "terrorismo" en sus lugares de trabajo, de
compras o en actividades de recreo. La gente reprime
cualquier mínima crítica a la guerra o incluso, al
gobierno por miedo a ser tachada de simpatizante
terrorista, reportada a las autoridades, investigada, y
a perder su trabajo.
James Petras
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Estados Unidos
Una nación de
soplones
Hace años, un reconocido autor, Bertram Gros, escribió
que el fascismo llegaría a Estados Unidos con un rostro
amistoso: no con juicios masivos de Nüremberg o
doctrinas de superioridad racial, sin necesidad de
prohibir los partidos, abrogar la Constitución o
eliminar los tres poderes de gobierno, pero con el mismo
fervor nacionalista, leyes arbitrarias dictatoriales y
conquistas militares violentas.
En
Estados Unidos, los signos del Estado policial ya son
evidentes en todas partes: el país se ha convertido en
una nación de informantes. Decenas de miles de
ciudadanos estadounidenses, descendientes de países del
Medio Oriente, han sido arrestados sin cargos y el
ejercicio del derecho a criticar la política
estadounidense en esa zona del mundo ha sido catalogado
como apoyo al terrorismo. Este programa ha sido
instigado y apoyado por las autoridades gobernantes,
especialmente por la policía tanto local como federal, y
por numerosos grupos de veteranos y políticos demagogos.
El presidente ha asumido poderes dictatoriales, ha
establecido tribunales militares anónimos para juzgar a
inmigrantes sospechosos: la presunción de ser de allende
el mar permite secuestrar y juzgar. El habeas corpus
ha sido suspendido.
El rostro amistoso del fascismo
Una de
las características de un régimen totalitario es la
creación de un Estado de mutua sospecha, donde la
sociedad civil se convierte en red de informantes de la
policía secreta.
Poco
después del 11 de septiembre, la FBI exhortó a cada
ciudadano estadounidense a reportar cualquier
comportamiento sospechoso de sus amigos, vecinos,
parientes, conocidos y extranjeros. Entre septiembre y
el fin de noviembre se registraron al menos 700 mil
denuncias. Miles de vecinos árabes, propietarios de
tiendas locales y empleados fueron denunciados, así como
muchos otros ciudadanos estadounidenses. Ninguna de
estas denuncias condujo a una detención o a información
relacionada con el 11 de septiembre. No obstante,
cientos de miles de personas inocentes fueron
investigadas y hostigadas por la policía federal.
Decenas
de millones de estadounidenses le temen de forma
paranoica al "terrorismo" en sus lugares de trabajo, de
compras o en actividades de recreo. La gente reprime
cualquier mínima crítica a la guerra o incluso, al
gobierno por miedo a ser tachada de simpatizante
terrorista, reportada a las autoridades, investigada, y
a perder su trabajo.
Arrestos masivos, intimidación e incriminación de
árabes
Todas
las dictaduras totalitarias incriminan a minorías con el
objetivo de movilizar a las mayorías y lograr aprobar
sus poderes dictatoriales. El fascismo amistoso
incrimina a los árabes -arrestándolos, investigándolos,
acusándolos, señalándolos- mientras en el discurso
público proclama las virtudes de la tolerancia y el
pluralismo. Las doctrinas raciales no son evidentes,
pero la policía local, estatal y federal ha establecido
como procedimiento operativo la persecución del perfil
racial de la gente de Medio Oriente. Grandes
concentraciones de comunidades árabes, como en Dearborn,
Michigan, sienten que viven en un gueto, esperando el
inicio del pogromo. La cabeza de la FBI considera todas
las asociaciones cívicas árabes, de caridad, etcétera,
como sospechosas de ayudar al terrorismo, son objeto de
investigación y sus miembros candidatos a ser
arrestados. Las razzias masivas, las incursiones
policiales en viviendas, tiendas, oficinas de grupos
cívicos, han creado la sensación en muchos de vivir en
estado de sitio. La campaña policial ha hecho emerger
los instintos racistas, siempre latentes en la masa de
los estadounidenses, y ha fomentado una erupción de
hostilidad civil e insultos.
Poderes ejecutivos dictatoriales: fin del orden
constitucional
En los
estados totalitarios, el líder supremo es la medida de
los poderes dictatoriales, suspende las garantías
constitucionales (citando las condiciones de
emergencia), da todos los poderes a la policía secreta y
desata las manos a los tribunales para ordenar arrestos
arbitrarios, juzga y condena a prisión a los acusados o
los ejecuta.
El 13
de noviembre el presidente Bush dio el paso fatal para
asumir los poderes dictatoriales. Sin consultar al
Congreso, decretó una orden de emergencia que permite al
gobierno arrestar a los no ciudadanos de quienes haya la
"presunción" de ser terroristas, para ser juzgados por
un tribunal militar. Los juicios son secretos y los
fiscales no tienen que presentar evidencias si se trata
"de los intereses de la seguridad nacional". El
condenado puede ser ejecutado, incluso si una tercera
parte de los jueces militares no está de acuerdo. Los
poderes dictatoriales para encarcelar o ejecutar
sospechosos sin un proceso justo corresponden a la
esencia de los gobernantes totalitarios.
Los
dictadores arrestan a sospechosos y los desaparecen. A
mitad de noviembre, el Departamento de Justicia se negó
a dar a conocer las identidades y cargos de más de mil
100 personas arrestadas desde el 11 de septiembre. Como
en los regímenes totalitarios, los prisioneros políticos
son constantemente interrogados sin cargos y sin
abogados por parte de la FBI, que así busca arrancar
confesiones.
El 26
de octubre el Líder Supremo firmó la Ley Patriótica de
Estados Unidos (USA/Patriot act) que refuerza los
poderes de la policía sobre la sociedad civil. La
policía secreta con poderes ilimitados es una marca
común de los Estados totalitarios del pasado. Bajo
nuestro amistoso régimen fascista, la extensión de los
poderes especiales de la policía secreta fue aprobada
casi unánimemente por el Congreso (muchos de cuyos
miembros nunca leyeron la ley). Todas las cláusulas de
esta ley violan la Constitución de Estados Unidos.
Conforme esta ley:
a)
cualquier agencia federal puede entrar secretamente a
cualquier casa o negocio, recolectar evidencias, sin
informar a los ciudadanos y luego usar la evidencia (a
la medida o "sembrada") para acusarlos de un crimen;
b)
cualquier agencia policial tiene el poder de monitorear
el tráfico en Internet y correo electrónico, interceptar
teléfonos celulares sin garantías para millones de
sospechosos;
c)
cualquier agencia policial federal puede invadir un
negocio y copiar todos sus archivos, bajo la premisa de
que tiene "relación" con una investigación terrorista.
Los
ciudadanos que públicamente protesten por estas
acciones policiales arbitrarias, invasoras, pueden ser
detenidos. La policía secreta de los regímenes
totalitarios no reconoce fronteras entre el espionaje
doméstico y el lejano. La Ley Patriótica legaliza las
operaciones de la CIA contra los ciudadanos dentro de
Estados Unidos. La Ley Acta Patriótica de Estados
Unidos, como sus contrapartes totalitarias, tiene una
vaga, holgada definición de "terrorismo" que le permite
reprimir cualquier organización disidente o actividad de
protesta. De acuerdo con la sección 802 de la norma,
terrorismo se define como "actividades que implican
actos peligrosos para la vida humana y que son una
violación contra las leyes criminales de los Estados
Unidos.... (y) pretenden intimidar o coartar a la
población civil... (o) influenciar las políticas del
gobierno por intimidación o coerción."
Cualquier protesta antiglobalización, como la que
recientemente ocurrió en Seattle o Ottawa, puede ser
calificada de "terrorista", sus líderes y participantes
arrestados, sus casas y oficinas registradas, sus
documentos confiscados y, si no son ciudadanos, mandados
a los tribunales militares. Estos decretos y leyes de
"emergencia" no son "temporales"; tienen vigencia hasta
2005 y más allá, si las investigaciones comenzaron antes
del año citado.
Conclusión
Quizá dentro de muchos años, cuando el país haya sido
redemocratizado y la fiebre chovinista se haya superado
y las máquinas de propaganda del Estado hayan sido
remplazadas por medios de comunicación plurales y
honrados, podremos descubrir dolorosas verdades. Cuando
se abran los archivos de la policía secreta podremos
descubrir que mucha gente honorable y respetable
denunció a sus vecinos y amigos por razones de venganza
personal; que algunos profesionales informaron sobre sus
colegas que eran críticos de Israel; que la FBI espiaba
a millones de ciudadanos estadounidenses progresistas y
respetuosos de la ley porque ideólogos de derecha
recomendaban eliminarlos. Al estudiar las grabaciones,
transcripciones y videos de los mensajes de los medios
de comunicación, podremos ver cuán rápida y fácilmente
se convierten en armas de propaganda del Estado fascista
amigable. Los investigadores se maravillarán o se
horrorizarán por la corrupción del lenguaje político.
Bombardeos masivos de grandes ciudades
Los
historiadores también notarán la ausencia de voces
críticas, la ausencia de reportes de bajas civiles. Los
escolares del futuro no podrán reírse como el público
formado por periodistas cuando el secretario de Defensa
Rumsfeld hizo el firme pronunciamiento de "matar a todos
los terroristas"; pero se acordarán de las montañas de
cuerpos ejecutados a sangre fría por mercenarios a sus
órdenes. Los historiadores debatirán si la aquiescencia
del público estadounidense a los bombardeos masivos y
las ejecuciones era un reflejo de la incesante y
envolvente propaganda o si estaba siendo cómplice de la
matanza. Los filósofos y sicólogos debatirán si los que
celebraron el Nuevo Orden Mundial agitando la bandera
estaban motivados por los rostros sonrientes y la
retórica bélica de sus líderes o acogían el fascismo
amistoso por su paranoia, miedo y ansiedad inducidos por
las voces de la autoridad y amplificados por los
medios.
Esta
mirada desde el futuro, sin embargo, presume que las
voces críticas sobrevivirán al periodo actual de
fascismo amistoso y construirán un movimiento para
destruir su poder. Uno puede desear y creer que pasará,
porque si no, las mentiras y muertes del presente se
irán sin respuesta.
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