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¿DÓNDE
DEFINIMOS LA IZQUIERDA
Y LA DERECHA?
El
libro de Frances, La CIA y la guerra fría cultural
es un gran aporte para entender que los anticomunistas,
los contrarrevolucionarios, no son solo los derechistas
o, incluso, los autotitulados socialistas democráticos
que colaboraron en este proyecto, los laboristas en
Inglaterra y los demás.
James
Petras
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La
Habana
El libro de
Frances, La CIA y la guerra fría cultural es un
gran aporte para entender que los anticomunistas, los
contrarrevolucionarios, no son solo los derechistas o,
incluso, los autotitulados socialistas democráticos que
colaboraron en este proyecto, los laboristas en
Inglaterra y los demás. Esta enfermedad de construir una
propaganda sofisticada contó con el aporte, incluso, de
autores como Ignacio Silón, o el mismo George Orwell,
quien en un momento jugó el papel de informante, de
soplón.
Eso nos pone a pensar sobre dónde definimos la izquierda
y la derecha, dónde están los intelectuales de verdad
críticos y los que utilizan una fachada de ser
progresistas mientras pasan la faja debajo de la mesa.
Creo que en
este sentido el libro es un gran aporte, y debemos
pensarlo ahora con el señor hiperquinético Tony Blair,
que se construyó un personaje que siempre se mueve como
progresista, pero que está en la cama con el
neofranquista Aznar y el neofascista Berlusconi: un
ménager le tríos. Juntos están en la búsqueda de
Rumsfeld para combinar esta política.
Lo más grave en Estados Unidos no es simplemente la
represión. Yo publico, Chomsky publica, pero es como
cantar en los Alpes, porque la gente a la que llegamos
no pasa de 50000, 100 000, a partir de radios
alternativas, periódicos de pequeños grupos de
izquierda. Tal vez llegamos a un programa de radio de
300 000 personas en Los Ángeles, San Francisco, pero hay
un gran desierto. Es decir, no tenemos posibilidad de
llegar a millones de personas a partir de la televisión,
las emisoras, los medios de comunicación de masa. En
esos y las columnas de opinión estamos prohibidos.
No es el mismo caso cuando viajamos afuera: en España,
en Argentina, en Grecia, en cualquier otro país. Estuve
el año pasado en Dinamarca, y allá tuvimos entrevistas
en la televisión nacional; pero volvemos a Estados
Unidos y ni en las emisoras locales en pueblos perdidos
tenemos acceso para decir lo que pensamos, mucho menos
ahora con la política contra la guerra.
La gente se comunica ahora por el correo electrónico, y
hemos tenido gran éxito en poner 500 000 personas en una
manifestación en las calles de Washington. Eso sí,
podremos buscar otra fuente de comunicación, de enlaces,
para que la influencia de los medios de comunicación no
domine la conciencia de gente dispuesta a hacer
oposición, a pesar de los medios de comunicación.
Otra cosa que es importante anotar: la derechización y
la conversión de los medios como brazo del gobierno.
En los sesenta, durante la guerra en Viet Nam, los
medios empezaron a presentar, por lo menos, expresiones
grandes de protesta: luchas callejeras, confrontaciones,
marchas sobre el Pentágono, y algunos efectos de la
guerra de terror del ejército norteamericano en Viet Nam,
siempre dentro de los parámetros de la clase dominante.
Ahora, silencio. Hay
100 ciudades en Estados Unidos protestando en la tercera
página, publicando con una letra de 10 centímetros.
Dicen que todos son
hippies, mariguaneros, con barbas peculiares; tratan de
frivolizar estas manifestaciones, pero en algún momento
presentan algo de lo que pasa.
Ahora existe la
política de silencio, como si no existiéramos, y eso es
lo peor. Prefiero a alguien que critica más que al que
distorsiona. Por lo menos puede decir algo interesante
sobre eso, precisamente porque lo critica; pero el
silencio, la exclusión de los medios es la nueva forma
de actuar, es un vacío sobre los acontecimientos.
Después del 11 de
septiembre muchos intelectuales, asustados o influidos
por la gran propaganda, capitularon. No voy a decir
nombres porque, incluso, algunos en Porto Alegre en este
momento capitularon frente a las presiones, prestaron
apoyo a la guerra contra Afganistán. Sin tener pruebas
independientes, porque nunca han producido un lazo
concreto entre Bin Laden y los terroristas del atentado;
no tienen pruebas, mensajes, comunicación, video,
documentos; han encontrado millones de documentos y no
encuentran una correspondencia directa. Entonces, la
capitulación en ese momento era terrible.
Cuando buscábamos apoyo, incluso las revistas de centro
izquierda, de repente tomaron posiciones críticas en la
guerra, que debe ser una guerra selectiva, como si las
bombas de 500 kilos pudieran distinguir un soldado de un
matrimonio que está en la boda, que se sabe que mataron,
familias mientras contraían matrimonio.
Todo eso ha cambiado,
ahora tenemos 5 000 intelectuales que firman NO en
nuestro nombre: actores como Susan Sarandon y otros.
Estamos en una encrucijada, donde la propaganda ha
alcanzado el punto más alto. De tanto gritar “lobo,
lobo”, las amenazas de cada día de que hay una bomba
debajo de cada cama en cada pueblo, en cada aldea, ya la
gente empieza a no creer tanto. Después están las
estafas. Los engaños de Bush han perdido credibilidad.
Frente a eso,
lanzan estos nuevos pronunciamientos sobre Saddam,
muchos de ellos dudosos, incluso a pesar de la
propaganda homogénea. Si uno echa una mirada a CNN, en
inglés y en español, todo está orquestado para convencer
a la gente de que hay algo allá: Al-Qaeda está orinando
junto a Saddam Hussein, no sé; algún vínculo, pero en
realidad no tienen pruebas, hasta tal punto que el 80%
de los europeos no creen lo que dicen. De este modo
están precipitando la guerra, precisamente por la falta
de razón.
Hay tres factores que propician el cambio: uno es la
fuerza de las movilizaciones de masas, es una
masificación de la protesta, que genera el coraje para
los vacilantes, las estrellas de la cultura. Ya no se
sienten aislados y pierden el miedo de que puedan ser
castigados, de levantar la cabeza y que se las corten,
que los eliminen. Ahora, cuando hay cientos de miles,
ganan coraje.
El segundo es el efecto de los estudios de las Naciones
Unidas sobre los resultados de una guerra, de 10
millones de personas iraquíes afectadas. Fíjate lo que
significa eso, entre muertos, heridos, desplazados,
traumatizados. Eso es genocidio premeditado. Entonces,
seas progresista, seas liberal, seas apolítico, ¿quién
puede vivir frente a un holocausto y decir que no sabía
qué estaba pasando? ¿Cómo puede cerrar los ojos y la
boca y poner los dedos en las orejas y decir: Aquí no
pasa nada? No se puede.
El hecho
fundamental es que los argumentos de Bush y Powell, el
hombre común no puede tragárselos. Son demasiado
burdos: tienen una cinta o tiene una declaración de un
fulano. Una persona con el mínimo sentido común,
diría: “Pero cómo, si yo estuviera en un juicio y
utilizaran estas pruebas contra mí para ponerme en la
cárcel, no lo creería.” Esa es una actitud muy
generalizada, la debilidad de las pruebas; y, segundo,
el hecho de que presidentes de países burgueses europeos
no confían en estas pruebas, y los mismos inspectores
han movido a los grupos de centro, incluso
centroderecha, hacia la izquierda.
La polarización ahora se está desplazando hacia una
mayoría en contra. Estamos corriendo contra el tiempo:
mientras más crecemos, más precipitados están actuando
porque, precisamente, se sienten arrinconados ahora.
Tienen que pescar a un búlgaro corrupto para prestarse a
la guerra, o pescar a un polaco que busca vender más
jamones en el mercado norteamericano como un aliado en
esta lucha contra Iraq, etcétera.
Entonces, los países escandinavos o los países del norte
de Europa, Holanda, Bélgica, Alemania, Francia, Grecia y
la gran mayoría de los italianos, españoles e ingleses,
están en contra. Todo eso de alguna forma está entrando
en la conciencia colectiva; no de todos, porque hay
duros a los que nada les entra, ni ideas, ni
diversiones; pero, en este sentido, creo que estamos en
una situación favorable: si tenemos —y no creo que lo
tengamos— dos meses más, la opinión pública será tan
fuerte que empezará a influir en los congresistas, hasta
en los pobres demócratas, que están ahora sentados y
mirando lo que va a hacer el público, si ganan votos o
no, para actuar. Existe una falta de principios y moral,
es cierto, pero llega el punto de que puedan aprovechar
una oposición para lanzar algunas críticas o tratar de
poner algunas limitaciones.
Estamos en esta
situación dramática entre la acción precipitada
militarista y el ascenso y multiplicación de la
oposición.
Intervención en la Mesa Redonda con
motivo de la XII Feria Internacional del Libro de La
Habana (30 de enero al 9 de febrero de 2003).
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