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VENEZUELA: LA GUERRA CULTURAL EN
CALIENTE
"En
Venezuela comenzó a haber una desviación perversa, que
fue el subsidio al silencio. Si además a ese silencio se
le añadían toda una serie de dudas sobre el socialismo,
de repente se empezaba a descubrir que la Revolución
cubana era una cosa muy chocante, etcétera, pues el
subsidio usualmente crecía y el espacio en los medios se
iba haciendo muchísimo mayor". Entrevista con el escritor
venezolano Luis Britto.
Randy
Alonso|
La
Habana
Un esfuerzo
que se da hoy en el pensamiento intelectual progresista
tendrá lugar también en abril en Venezuela, cuando se
reúnan intelectuales, artistas de nuestro continente, en
defensa del proceso bolivariano, y creo que será una
oportunidad también de enfrentar todo este tipo de
maniobra, de guerra cultural contra nuestros pueblos, a
partir de los cánones de la CIA, de los servicios
especiales norteamericanos.
Conversamos con Luis Britto, destacado intelectual
venezolano, dos veces premio Casa de las Américas,
profundo conocedor de la situación de su país, y veedor de
la realidad hoy de Venezuela.
Randy–Quisiera, Luis,
que a partir de todos estos elementos que se han venido
dando acerca del papel de la CIA, de los servicios
secretos norteamericanos en el campo cultural, nos
dijeras cómo se siguen expresando en América Latina,
pero en especial en el caso de lo que ocurre hoy en
Venezuela.
Britto– Mira, con todas las
reflexiones que se han hecho en esta mesa alrededor del
extraordinario libro de Frances Stonor Saunders, me
viene a la cabeza una frase de Clausewitz; Clausewitz
decía que la guerra era la continuación de la política
por otros medios. Yo pienso que la guerra es la
continuación de la cultura por otros medios, y que la
primera batalla se pelea cotidianamente a través de una
guerra cultural continua, que abarca todos los niveles
de la conciencia, por debajo de la conciencia. Es una
guerra por conquistar las mentes, porque las mentes son
las llaves de los bienes terrenales. Conquistar una
mente es la llave de la dominación, de la entrega,
etcétera, y esa es una batalla que se está librando
cotidianamente.
Ya se mencionó,
quizás una de las primeras reseñas en castellano que se
hicieron sobre el libro de Frances la publiqué yo, no sé
cómo me la dejaron filtrar en Venezuela, pues justamente
señalaba toda esa serie de cosas; pero es que desde
mucho antes es obvio. Citaba yo en un libro mío, El
imperio contracultural, cómo de la manera más
explícita el propio imperio habla de una guerra cultural
librada contra nuestros pueblos.
En los documentos de
Santa Fe I y Santa Fe II, que son unos documentos de
asesores de la política exterior estadounidense, se dice
tranquilamente que hay que abrir una guerra cultural,
cuyo órgano sería la Agencia de Información de Estados
Unidos, es decir, la USIA. También dentro de esa
guerra, en el documento de Santa Fe I, se recomienda
explícitamente atacar la teología de la liberación,
asumir una ofensiva ideológica para orientar la
educación —y eso se está haciendo en Venezuela a través
de documentos financiados por el Banco Mundial, que
pretenden determinar que la educación en Venezuela no
sea gratuita—, e (iniciar una campaña para captar a la
elite cultural latinoamericana mediante la radio, la
televisión, los libros, artículos y folletos, además de
bolsas de trabajo, donaciones y premios); a cada palabra
se hace la cosa más apetitosa, parece un comercial. Esa
campaña está en curso.
Ya se han referido
mucho al caso europeo, y quizás le han reprochado
demasiado a Frances no haberse ocupado del
latinoamericano, cuando ella no puede abarcar todo. Yo
me referiré quizás al caso de Venezuela, cómo operó esa
campaña continuamente, en un país donde logramos
mantener una lucha armada en la década de los sesenta,
durante casi 10 años, con recursos mínimos y, sin
embargo, cómo esa vanguardia intelectual que en un
momento condujo el pensamiento venezolano, de la manera
más brillante fue apagada, silenciada, aniquilada. El
primer mecanismo es obvio, ya señalado, el
silenciamiento. El que estuviera dentro de la izquierda
poco a poco iba desapareciendo de los medios; en segundo
lugar, recompensa, se fueron creando en los años sesenta
una serie de organismos culturales, organismos
culturales útiles, imprescindibles, me parece a mí, en
todo Estado, pero en la medida en que aporten subsidios
para que los intelectuales y los creadores realicen
obras.
En Venezuela comenzó
a haber una desviación perversa, que fue el subsidio al
silencio. Es decir, era una cosa sumamente difícil
obtener subsidio y mantenerlo, bastaba con callarse;
entonces, si además a ese silencio se le añadían toda
una serie de dudas sobre el socialismo, de repente se
empezaba a descubrir que la Revolución cubana era una
cosa muy chocante, etcétera, pues el subsidio usualmente
crecía y el espacio en los medios se iba haciendo
muchísimo mayor.
Toda esta serie de
cosas a lo largo de 30, 40 años de operación
consecutiva, fueron conduciendo a un fenómeno un poco
similar al que señalaba James Petras, con cierta
intelectualidad estadounidense —no hay nunca que
generalizar—: cierta intelectualidad venezolana, que
había tenido un brillante pensamiento crítico en lo
económico, en lo filosófico, que había tenido obras
creativas en la vanguardia literaria, plástica,
etcétera, se fue silenciando o, en muchos casos,
simplemente convirtiéndose totalmente.
Ahora, cómo enfoca
esto la situación actual. Bueno, estamos en plena
guerra mundial.
Yo digo siempre que
la cuarta guerra mundial, por darle un comienzo, reventó
en Venezuela el 27 de febrero de 1989. Durante una
semana todo un país, lamentablemente sin dirigencia, sin
programa, sin proyecto, todo un país se sublevó contra
un programa del Fondo Monetario Internacional; ahí vino
una masacre, una hecatombe, millares de ciudadanos
fueron asesinados en las calles, sus cuerpos fueron
enterrados con palas mecánicas. Yo estuve con los
organismos de recuperación de los cadáveres para
desmentir las cifras que habían sido dadas y fue una
experiencia traumática que desplomó el consenso sobre el
cual se había supuestamente regido la vida venezolana.
Nos encontramos en
otra fase de esa guerra; es decir, Venezuela está sobre
un lago de petróleo y su pueblo es profundamente
miserable; las próximas cuatro o cinco décadas del mundo
van a depender de quién domine el petróleo. No hay
todavía una aplicación intensiva de las fuentes de
energía alternativa, no se ha desarrollado ninguna otra
fuente milagrosa. Señores, el próximo medio siglo es
petróleo, y eso nos coloca en una situación terrible y
de una responsabilidad tremenda, a quienes por algún
azar estamos en esos países.
Yo considero que el
petróleo le pertenece a la humanidad, pero a la
humanidad para utilizarlo sabiamente hacia una
transición de un modelo civilizatorio, que no consista
en una orgía de quema de los recursos naturales para
beneplácito de una pequeña oligarquía de personas que
utilizan vehículos contaminantes.
Esto nos ha colocado
en la disyuntiva del preámbulo de la guerra con el
oriente medio. Venezuela posee cerca de la mitad de las
reservas de petróleo del hemisferio occidental. Para
desencadenar su guerra contra Irak, Bush necesita el
petróleo venezolano, y se dice que a Venezuela se le ha
calificado de un servidor seguro y eficiente. En medio
de eso, ha habido un grave retardo por el proceso, los
intentos de derrocar a Hugo Chávez Frías y reinstaurar
el monopolio privado sobre el petróleo venezolano.
Desde la colonia, y
luego fue ratificado por el libertador Simón Bolívar, el
subsuelo pertenece a la nación. En 1976 se hizo una
falsa nacionalización de la industria petrolera y, desde
entonces, fue un proyecto consecuente, a través de una
nomenclatura instalada en esa misma industria petrolera,
reprivatizarla, sencillamente; esta fue la finalidad
esencial del golpe de Estado del 11 de abril.
¿Por qué era
necesario un golpe de Estado? No porque Chávez fuera un
dictador, porque fue reelegido en ocho elecciones
consecutivas. Triunfó, no había un solo preso político,
no había un solo medio suspendido, ni un solo día se
habían suspendido las garantías constitucionales,
mientras que bajo demócratas como Betancourt llegamos a
tener suspensiones de garantías que duraron cinco años
consecutivos. La Constitución de 1961 suspendió las
garantías el mismo día que fue aprobada, una mancheta de
un diario decía: “Pobre flor, qué mal naciste” (Risas).
Era necesario dar un golpe de Estado, porque había que
derogar la Constitución votada en referéndum por el
pueblo que establece que PDVSA no es privatizable,
entonces por eso era necesario hacer esto.
Randy–En ese intento,
Luis, el hecho de que se hable del petróleo, de los
intereses norteamericanos, implica también, por
supuesto, que detrás de esos intereses estaban los
intereses internacionales, detrás del golpe en Venezuela.
Britto– Sí, sí,
obviamente.
Randy– ¿Cómo se vincula
esto?
Britto–
Mira, el golpe venezolano es un curioso experimento
político no soñado jamás por Montesquieu, de absoluta
concentración del poder económico y el político en un
gremio de patronos, un club de patronos, la federación
de patronos venezolana se llama FEDECAMARA.
Los medios de
comunicación crearon un clima en el cual correspondía la
dirigencia de la oposición a la dirigencia del gremio
patronal y, por lo tanto, cuando se da el golpe de
Estado, el Presidente de la república es, naturalmente,
el presidente del gremio de patronos, es decir, como si
Venezuela fuera una sociedad anónima, una sociedad por
acciones. Ni siquiera hablo de la Confederación de
Trabajadores de Venezuela, de la cual ya Iroel dio la
cuantía de los subsidios que recibe. Ni siquiera el 17%
de la fuerza laboral venezolana está sindicalizada; de
ellos, apenas el 5% están en sindicatos dominados por la
CTV, y la elección de las directivas de la CTV no es
directa, se hace en medio de una pequeña cúpula de
dirigentes sindicales corrompidos a lo largo de décadas.
Lo cierto es que se
intentó un modelo extraño de concentración total del
poder político y el poder económico. La única
mediación, al no haber partidos ni otros organismos con
la sociedad, iban a ser los medios; es decir, se
sustituyeron los mediadores por los medios, y es lo
escalofriante de ese nuevo experimento. Se ha
mencionado aquí, en una condición un poco dudosa, a
George Orwell.
Bueno, vivimos los
grandes momentos del Orwellianismo en Venezuela. Vivimos
en medio de una guerra, y esto para mí es la etapa de la
guerra psicológica. En toda guerra, además de los
cañones, hay un mecanismo de desestabilización de la
mente del enemigo, para infundirle pánico, quitarle fe
en la victoria, inducirle la certidumbre de la derrota,
hacerlo dudar de su liderazgo, etcétera; esos son
manuales perfectos que, así como se aplican en los
campos de batalla, se aplican exactamente en esta guerra
planetaria que se está librando a cada instante, y los
medios de comunicación, una parte de los medios, es muy
importante, fueron los caballos de batalla y los futuros
mediadores entre esta mínima oligarquía patronal y el
pueblo venezolano.
¿Quiénes son los medios que están detrás de esto? Tengo
un largo estudio sobre los medios, uno de los
principales es justamente el grupo Cisneros Group
Company, y, fíjense ustedes, dicho grupo, dirigido por
el venezolano de origen cubano Gustavo Cisneros,
controla Galaxy Latinamerican, introductora en la región
de Directivy Caribbean Comunication Network, que maneja
televisión, radio y prensa. El Cisneros Group está
asociado con tres transnacionales, la IEM-IUS Electronic
Corp de Estados Unidos, la brasileña TV Abril, la
mexicana Multivisión; domina Univisión, la cadena
hispana que controla las tres cuartas partes de la
audiencia hispana en Estados Unidos; posee también la
chilena, Chilevisión, Imagen Satelisalt, el proveedor de
televisión por cable más importante de Argentina, la
venezolana Venevisión, Internacional Free Group y
además, un grupo de emisoras de radio.
Entonces, solo en
forma figurada, claro, se puede considerar
latinoamericana, y menos venezolana, una
transnacional...
Randy– Y tiene
intereses también en la AOL Time Warner para América
Latina.
Britto–
Sí, sí, exactamente, fíjense ustedes la ramificación,
con quién estamos peleando allá en Venezuela.
¿Por qué se dice
esto, qué tiene que ver esto? Es que en Venezuela
también se dio otro fenómeno bien interesante. Los
medios casi siempre han tenido una orientación, un
tinte, un matiz, pero en Venezuela los medios pasaron
directamente a actuar como actores políticos,
sencillamente; los medios pasaron a sustituir
información y entretenimiento por una pantalla de
propaganda que cubre las 24 horas del día, y esto en los
cuatro principales canales de televisión.
Estos hechos los
llevamos ante una audiencia, presidida por Adolfo Pérez
Esquivel, en el Foro Mundial Social de Porto Alegre, y
dentro del jurado había personalidades como Naomi Klein,
Steve Rendall, Tarek Ali, Daniel Herse. Ante el
conjunto de testimonios que llevamos allí, porque
llevamos campesinos agredidos sistemáticamente,
indígenas descalificados de manera consecutiva y
sistemática por su pertenencia étnica y cultural.
Llevamos comunicadores como Ignacio Ramonet, a quien le
publicaron una falsa entrevista sin ocuparse de
verificar si esa entrevista existía o se había hecho o
no. Es decir, la opinión de este jurado, para una
audiencia preliminar, era que en Venezuela había una
concentración de propiedad de los medios casi sin
precedentes.
Tarek Ali decía que
había procedimientos “casi barbáricos”, que no serían
tolerados en ningún país adelantado de Europa y, desde
luego, en Estados Unidos tampoco. Daniel Herse,
de una federación de periodistas brasileños muy
importante, dijo que la conducta de los medios en
Venezuela era “usurpación de la soberanía”, porque el
pueblo tiene el derecho a estar informado y se le estaba
haciendo una completa usurpación de la soberanía. Naomi
Klein señaló que sí, que había elementos para proceder
ya a una audiencia posterior y más amplia. Y entonces
Steve Rendall, además, alarmado por ese conjunto de
evidencias presentadas, declaró que sí, que procedía una
audiencia posterior y preliminar en relación con esto.
Entonces, ¿qué es lo
que hay en Venezuela? La declaración de esta guerra,
por así decir —se habla de una guerra fría—, la guerra
cultural en caliente —the hot cultural war, diría
yo, es una cosa así—, con una carga de megatones y de
saturación inconcebible.
Dentro de los
procedimientos de esta guerra fría vuelta caliente, les
señalo algunos de una malignidad particular. El golpe
de Estado del 11 de abril fue montado como una obra
teatral, se grabó a unos militares que iban a
intervenir. ¿Por qué iban a intervenir ellos, a tomar
el poder? Porque, según ellos, el Presidente, había
masacrado a su pueblo. Solo que, según dice, Otto
Neustald, un periodista de CNN que grabó esa escena, esa
escena fue grabada muchas horas antes de que hubiera el
primer muerto, y una de las personas que declaró después
en los procesos sobre el golpe decía: Bueno, ¿y por qué
va a ir la presidencia a FEDECAMARA, al gremio
patronal? Y dicen: Ah, porque ellos van a poner los
muertos.
Entonces dijo el
personaje interrogado, un contralmirante, Cabrera, dijo:
“De modo que ellos sabían que iba a haber muertos”, es
decir, fue un montaje.
En un momento dado,
una manifestación fue desviada hacia el Palacio
presidencial, empezó a haber muertos por disparos, y los
medios ocultaron cuidadosamente que esos muertos
ocurrieron en las filas de los bolivarianos, es decir,
de la gente que estaba allí defendiendo un gobierno
reelegido en ocho elecciones consecutivas.
Apenas ayer apareció un reconocimiento en los diarios, y
no en los titulares, de cuál era la verdadera filiación
de esas víctimas; sin embargo, se veía en las cosas de
la televisión, cuando eran cargados, que llevaban las
insignias de los defensores del gobierno, bandera
nacional, etcétera.
Pero, además, hubo un
montaje colosal, ante esa lluvia de disparos y ante una
fuerza que venía de la policía municipal, que
curiosamente es controlada como un ejército privado.
Esa es otra cosa,
nuestros países son feudalizados, desmantelados por
planes consecutivos de descoordinación jurídica, por un
alcalde que fue elegido con los votos de Chávez y
después se vendió. Y entonces esa fuerza avanzaba con
unos vehículos semiblindados, tres ciudadanos sacaron
unas pistolas y contestaron al fuego que les hacían. La
televisión filmó a esas personas, omitió que instantes
antes había centenares de personas arrastrándose por el
suelo huyendo de los disparos que caían de todos lados,
y convirtió esa acción de defensa propia en una acción
de homicidio. Fíjense de qué forma tan maravillosa se
hizo un montaje, que luego fue repetido tranquilamente.
En diciembre hubo una
manifestación, hubo de nuevo muertos, y entonces:
“Muertos en emboscada chavista”, decían los diarios,
para hacer parecer, y la nación creyó durante día y
medio que alguna fuerza oficialista había causado
muertos. No, eran dos muertos también de los que
apoyaban al gobierno legítimo.
Y,
finalmente, se inventan muertos cuando no los hay.
Cuando hubo la huelga de PDVSA, de Petróleos de
Venezuela, entonces, incluso, sin más se anunció que por
la mala manipulación en los intentos de poner en marcha
otra vez las plantas petroleras, había habido un muerto,
y la versión duró hasta que Hugo Chávez Frías, el
presidente, presentó al muerto vivo y coleando en un
programa, dijo: “Aquí está el ciudadano, está vivo, goza
de buena salud”, etcétera, etcétera.
Randy–
Luis, se sabe que detrás de todo eso también ha
habido financiamiento de organizaciones republicanas
norteamericanas, también de la National Endowment for
Democracy. ¿Qué conocimiento tiene usted de eso?
Britto–
Sí. Mira, en Venezuela ha aparecido una cantidad de lo
que llaman organizaciones no gubernamentales, son cosas
que supuestamente no dependen de la oposición, no tienen
una filiación muy clara y, según informes, algunas de
ellas, efectivamente, también están financiadas por este
National Endowment for Democracy, etcétera; es decir,
aparece el dinero, hay dinero abundante para financiar
campañas.
Piensen ustedes lo
siguiente: los medios de comunicación viven en un 60%,
70%, 80%, 90% de la propaganda que venden, y desde que
se lanzó el llamado paro —que no es tal paro, es un
cierre patronal, simplemente unos patrones cerraron sus
fábricas, no se consultó a ninguna federación laboral de
estas—, pues durante dos meses los medios de
comunicación no trasmitieron propaganda; los periódicos
lanzaban ediciones especiales, estaban en paro, pero
circulaban y vendían sus ediciones, pero sin propaganda.
¿Cómo funcionan unos
medios durante un supuesto paro durante más de dos
meses, sin que, supuestamente, les entre por publicidad
un solo centavo? Eso es una teoría del vacío tan
perfecta, es una cosa extraordinaria y nunca vista.
Entonces, bueno, hay
otro elemento, un tercer elemento maravilloso en la
situación venezolana.
Este bloqueo de los
medios comenzó muchísimo antes de la elección de Hugo
Chávez Frías. Casi todos los medios estaban contra él y,
sin embargo, ganó; precedió al golpe de Estado del 11 de
abril y, sin embargo, el golpe fue revertido por una
marejada humana. Ese fue otro momento maravilloso.
Cuando empezó la
gente a bajar, a defender al gobierno legítimo,
Venezuela fue desaparecida de los medios de
comunicación, no apareció. Hubo un prestidigitador que
aparentemente desapareció la Estatua de la Libertad.
Bueno, todo un país desapareció de sus propios medios
durante casi dos días, esa es una cosa sin precedentes.
Veíamos la televisión y pasaban cómics, pasaban series
de la naturaleza, etcétera, Venezuela no aparecía, y los
pocos que tenían televisión satelital se enteraban
aproximadamente de lo que sucedía en Venezuela por
algunas emisiones de CNN, eso se redistribuía a través
de teléfonos celulares —que fueron liquidados a partir
del sábado a las 4:00 de la tarde, también se copó eso—
y, sin embargo, el pueblo tranquilamente restauró al
gobierno electo en un desafío total a esta corrupción de
los medios.
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