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LO QUE DEFENDEMOS
Estamos defendiendo —y ello debe sorprender mucho a la
CIA— la unidad. Nosotros hemos logrado una unidad, en
medio de una amplia pluralidad, en medio de una gran
diversidad, en medio de una confrontación de criterios;
no es una unidad complaciente, ni fabricada
artificialmente, sino es una unidad que viene de la
historia cubana y que la hemos logrado mantener,
consolidar en la actualidad sobre bases de principios.
Carlos
Martí
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La
Habana
Estamos asistiendo a una agresión verdaderamente
abierta. Yo diría que, en medio de los triunfalismos,
se está violando el principio de que no aparezca por
ninguna parte la mano de Estados Unidos. Realmente,
hemos estado sometidos a ataques, a manipulaciones en
las que se ve claramente cuál es la procedencia de esos
ataques. Hoy más que nunca, porque ya al no existir el
campo socialista, la concentración de los ataques hacia
nuestro país, hacia su revolución, es obvia. Tenemos
muchos ejemplos, aquí se han mencionado algunos, pero
realmente, lo que debe sorprender es por qué no pueden
neutralizar nuestra resistencia cultural.
Hablo en términos de
resistencia cultural, porque quizás así quede más claro
que estamos hablando no solo de un hecho coyuntural o
que tiene una historia de 40 años, o más de 40 años con
la Revolución, sino que nos referimos a todo un proceso
de resistencia que la cultura cubana ha protagonizado
junto a su pueblo.
Realmente, sus
antecedentes están en el siglo pasado y principios de
este siglo. Pero actualizando el asunto que tratamos,
hay que decir que el primer escollo que encuentran los
esbirros de la CIA disfrazados de mecenas culturales, es
que nosotros defendemos una política cultural de bases
esencialmente martianas y fidelistas, una política que
ha garantizado el acceso de las masas a la cultura, que
hoy apreciamos en la realización de la Feria del Libro
en La Habana y en el resto del país. Actualmente estamos
imbuidos también en los programas culturales y sociales
que la Revolución está llevando adelante, en medio de la
situación de un país bloqueado, un país agredido, un
país que Estados Unidos y la CIA, por supuesto, han
pretendido derrotar a toda costa.
Lo que debe
sorprender a la CIA es que seamos nosotros, los
escritores, artistas, intelectuales cubanos, el sujeto
mismo de ese hecho cultural que es la Revolución, el
hecho cultural más importante de nuestra historia, y que
podamos ser nosotros los que estemos defendiendo su
profundo humanismo, convertido hoy en los programas de
los que hablaba.
Programas como es el
sistema de enseñanza artística, asequible a todos los
sectores de la población de manera totalmente gratuita.
No hay talento que se pierda en este país; eso es lo que
estamos defendiendo.
Estamos defendiendo
—y ello debe sorprender mucho a la CIA— la unidad.
Nosotros hemos logrado una unidad, en medio de una
amplia pluralidad, en medio de una gran diversidad, en
medio de una confrontación de criterios; no es una
unidad complaciente, ni fabricada artificialmente, sino
es una unidad que viene de la historia cubana y que la
hemos logrado mantener, consolidar en la actualidad
sobre bases de principios.
Hemos abierto
nuestros foros, nuestros espacios a la más amplia
diversidad de criterios. Pero tenemos que reconocer que
no hemos facilitado la subversión al estilo de la CIA,
posguerra fría ni antes. No hemos facilitado el
sectarismo; no lo hemos facilitado con fallidos intentos
de orientar la creación artística, por ejemplo, con las
recetas tipo realismo socialista. Esa no es la historia
de Cuba.
Siempre hemos creído
en el compromiso. La cultura cubana es una cultura
profundamente comprometida con los destinos de la
nación, con la identidad cubana, con sus conquistas.
Pero, al propio
tiempo, nuestros artistas y escritores siempre han
rechazado la ausencia de calidad estética y la
imposición de estos esquemas, que en algún momento,
efectivamente, les pudieran hacer el juego, y les hacen
el juego, a las políticas del enemigo que lo que anda
buscando es justamente que esas políticas intolerantes,
sectarias, dogmáticas, estrechas, les abran el camino
hacia un arte que no sea verdadero. Siempre hemos
pensado que el arte militante que no es arte, puede ser,
incluso, más nocivo que cualquier tipo de artepurismo
militante, promovido o no por la CIA.
Estos son
principios esenciales. Claro, en medio de toda esta
avalancha de agresiones de todo tipo, encubiertas, no
encubiertas, más o menos amables, lamentablemente
siempre hay quienes faltan a los principios éticos,
siempre hay quienes participan de subvenciones y se
buscan sus palmaditas amistosas en el hombro, e incluso
se dejan hasta querer para alcanzar una notoriedad
dudosa y también servirse, por otra parte, de las
ventajas que representan las conquistas de nuestro
socialismo y de nuestra política cultural.
Es decir, que este
tipo de personaje se automargina y se aísla; y muchas
veces ya sabemos cuál es el destino que tiene, que no es
otro que la abdicación, no es otro que el de entregarse
a las trampas, al juego de enemigos tan poderosos como
el que denuncia Frances Stonor Saunders en ese libro que
todos debemos tener posibilidad de revisar y considerar,
puesto que está lleno de argumentos, de hechos y
pruebas.
Ahora, no hay que
esperar 30 años más a que se desclasifiquen los
documentos —esté la CIA todavía vigente o no—, para
reconocer lo que es obvio, reconocer lo que
evidentemente se muestra en todo su triste y oscuro
esplendor, y reconocer que, efectivamente, nosotros
estamos continuamente sometidos a ese tipo de
agresiones mediáticas: manipulaciones de entrevistas,
distorsiones sobre acontecimientos que ocurren en la
vida cultural cubana, omisiones brutales de talentos, de
escritores, de artistas, de gente que realmente tienen
una obra que mostrar y que han trabajado con seriedad y
rigor para que sea conocida.
Las raíces
democráticas y a la vez de resistencia de esa política
cultural, se concentran en una frase que Cintio promovió
en los años noventa, junto con la batalla tremenda de
nuestro pueblo por resistir después de la caída del Muro
de Berlín, en medio de todas las agresiones, dijo:
“Nuestra realidad es como la del Parlamento en la
trinchera”, amplia democracia y discusión, pero saber
que estamos en una trinchera y que estamos sometidos a
este tipo de agresiones.
A mí me sorprendió
agradablemente, porque tuve el honor de ser parte de la
delegación cubana al Foro de Porto Alegre, constatar
cómo a pesar de todos estos intentos, no solo en Cuba,
sino fuera de Cuba y en los medios intelectuales más
rigurosos, los intelectuales de mayor jerarquía están
logrando articular una resistencia y un plan de acción
concreto para poder establecer, realmente, un valladar a
estas políticas neoliberales y a estas políticas
subversivas, y, desde luego, de hegemonía del
imperialismo norteamericano.
A estas figuras
oscuras que en los recintos de la CIA planifican y
llevan y traen planes de subversión tratando de
desmedular las conciencias y pretendiendo desunir
nuestro movimiento intelectual, tiene que haberles
molestado mucho el VI Congreso de la Unión Nacional de Escritores
y Artistas de Cuba (UNEAC) realizado en
1998. Ese fue un congreso de resistencia y fue un
congreso de pasar a la ofensiva antineoliberal, de
denunciar la avalancha mediática; fue un congreso de una
unidad tremenda en criterios de este tipo; incisivo
sobre la realidad cubana, un congreso que se ha
convertido en la plataforma de trabajo que tiene la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba, nuestra
vanguardia intelectual, artística, literaria.
Después pude
constatar cómo todo lo que habíamos discutido en el
Congreso de la UNEAC en 1998 no solo se convirtió, junto con otros,
en planes estratégicos de la Revolución, sino que nos
vimos dando la batalla juntos por Elián, tratando de
defender no solo la Revolución en abstracto, sino el
hecho concreto de ese niño. Nuestra intelectualidad se
volcó sobre la población, sobre los medios, y dio
también junto a nuestro pueblo esa batalla que nos unió
más.
Volviendo sobre la
idea de que a veces las maniobras no son tan encubiertas
y de que faltan al principio de que no aparezca la mano
de Estados Unidos, el arte no comprometido, y el
artepurismo militante de los tiempos de la guerra fría,
hoy en día ha sido sustituido por una militancia liberal
o neoliberal obvia, y muchas veces traidora. En el
caso, por ejemplo, de algunos cubanos conversos,
algunos, por ejemplo, reivindican increíblemente fuera
de Cuba lo que le llaman la traición del pacto.
Refiriéndose, por supuesto, al Pacto del Zanjón en la
Guerra de Independencia cubana.
Para hablar del
Zanjón habría que hablar de su contrincante dialéctico
que tiene más actualidad y que nos ha hecho llegar hasta
aquí: la Protesta de Baraguá. Es decir, cómo pueden
hablar de pacto sin hablar de Baraguá.
Por lo tanto, a veces
es tan obvio, tan evidente, que parece hasta infantil si
no fuera porque realmente tiene objetivos estratégicos
muy definidos para derrocar la Revolución cubana. A
veces es aparatoso el despliegue de ideas
procapitalistas en algunas de estas publicaciones que
aquí se han mencionado, basadas en la fórmula de retomar
ideas liberales de la tradición cubana, y lo hacen sin
ambages ninguno, en discusión prácticamente abierta, que
realmente nosotros debemos contestar, responder.
Hoy en día tenemos,
por ejemplo, mucha posibilidad, incluso a través de
Internet; el Ministerio de Cultura tiene el caso de la
publicación La Jiribilla, que es una publicación
que responde, que debate, que confronta ese tipo de
criterios y “estudios”.
También se financia
fuera de Cuba literatura supuestamente de cubanos que
han tenido que salir de Cuba, que es una literatura de
chatarra; una literatura además, anticubana y
contrarrevolucionaria, en muchos casos abiertamente
militante que no tiene valores extraordinarios.
No tengo que poner
ejemplos. Yo creo que todo el mundo tiene en sus mentes
a quiénes me puedo estar refiriendo.
Tenemos esa
plataforma del Congreso. Nuestra tolerancia es grande,
tiene una amplitud insospechada, si consideramos que
Cuba es un país verdaderamente sometido a agresiones del
imperio mayor que haya conocido la historia y que
estamos, incluso, no solo sometidos a esa agresión, sino
a una guerra económica, psicológica, mediática. Pero
tenemos que sacar en claro que lo que nos ha permitido
resistir, es exactamente poder abrir espacios de
pensamiento, de debate, de confrontación, abrir el
camino para comprendernos ante matices que pueden tener
distintas apreciaciones de la realidad cubana.
Llamo la atención
sobre un solo ejemplo. Prácticamente no sabría decir
cuál tema de la actualidad cubana, por crítico que sea,
por problemático que sea, no está presente en la
literatura cubana. Eso realmente es un logro de la
política cultural cubana; un logro contra cualquier idea
sectaria, cerrada, de manejar esto editorialmente, de
manejarlo con censura.
Es otro mito tremendo
decir que fuera de Cuba es donde se estudia la
literatura, la cultura cubana, que se hace fuera de
Cuba. En Guadalajara se demostró que no había mayor
espacio para la divulgación, incluso, de la cultura
cubana y la literatura fuera de Cuba que en nuestro
propio país. Es decir, que nada bueno se puede esperar
de aquellos que andan por ahí reconstruyendo plataformas
filosóficas y económicas capitalistas o neoliberales,
financiados y organizados por la CIA u otras agencias de
Estados Unidos o de otras partes.
El plan esencial
—para ir concluyendo— es dividirnos, y por ello nosotros
sabemos oponer nuestro propio plan, y proyectar nuestra
riqueza y diversidad espiritual y de pensamiento.
Se dio un caso a
principios de los noventa, por ejemplo, cuando Abel
Prieto era presidente de la UNEAC, de una burda maniobra
que manipuló a diez escritores. Realmente eso tuvo la
respuesta necesaria de parte de nuestra organización, y
creo que fue un ejemplo de una experiencia importante.
Para cerrar, quiero
subrayar que, efectivamente, no podemos ser ingenuos.
La guerra sucia está en marcha, pretende
desnaturalizarnos y aquí se han aportado brillantemente,
pienso yo, argumentos, ideas, pensamientos, datos que
pueden ayudar a interpretar este tema y poder crear un
plan de acción.
Voy a concluir
citando a Edward Said, un conocido intelectual, que
dijo: “Creo que una de las principales fallas en la
extensa literatura sobre economía, ciencia política e
historia del imperialismo, radica en que se presta muy
poca atención al papel de la cultura para mantener un
imperio.” Yo diría desde aquí, desde esta mesa redonda,
que me parece tan útil para esclarecer puntos de suma
gravedad como este, que hoy le podemos decir a Said que
nosotros sí conocemos el papel de la cultura para
defender nuestras conquistas, y en esa batalla estamos.
Intervención en la Mesa Redonda con
motivo de la XII Feria Internacional del Libro de La
Habana (30 de enero al 9 de febrero de 2003).
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