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LA DOCTRINA INTERNACIONAL DE EE.UU.
ARCHIPOTENCIA DELINCUENTE
Estados Unidos es hoy por hoy un Estado delincuente, que
está llevando a cabo una agresión ilegal contra un país
soberano y miembro de Naciones Unidas. Las familias de
todas las víctimas inocentes de esta agresión pueden
reclamar ante el Tribunal Penal Internacional y ante
algunas jurisdicciones nacionales (Bélgica por ejemplo)
la condena de este agresor y las indemnizaciones
correspondientes.
Ignacio
Ramonet|
Rebelión
¿Cuáles
son las causas verdaderas de la actual agresión contra
Iraq? ¿Qué objetivos persigue exactamente la
Administración de George Bush? Los argumentos oficiales
esgrimidos por Washington para desencadenar este
conflicto no son convincentes. Por eso la ONU no ha
autorizado el uso de la fuerza contra el régimen de
Bagdad. Estamos ante una guerra ilegal y al invadir
Irak, Estados Unidos se ha convertido, de hecho, en un
Estado delincuente.
LOS ARGUMENTOS DE LA AGRESIÓN: Los argumentos oficiales
para atacar Bagdad fueron definidos por el presidente en
su intervención ante la Asamblea General de la ONU el 12
de septiembre del 2002. En lo esencial, se resumen en
cuatro: Iraq no ha respetado 16 resoluciones del Consejo
de Seguridad; posee armas de destrucción masiva; comete
violaciones de los derechos humanos y tiene vínculos con
organizaciones terroristas. Después de los atentados del
11 de septiembre del 2001, el presidente Bush se rodeó
de una camarilla de ideólogos muy influenciados por
ideas a la vez fundamentalistas religiosas y lindantes
con la extrema derecha. Constituyen una extraña mezcla
de fundamentalistas cristianos y de fanáticos
proisraelíes. Como consecuencia del trauma de los
atentados, considerados como un "acontecimiento
catalizador", este grupo de halcones ha adquirido una
enorme influencia sobre el presidente. Ellos han
diseñado la guerra contra Iraq.
LA CAMARILLA BELICISTA: ¿Quiénes son esos halcones? Los
principales son cuatro: el vicepresidente, Richard
Cheney, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, el
número dos del Pentágono, Paul Wolfowitz, y el
presidente del Defense Policy Board, Richard Perle
(apodado El príncipe de las tinieblas).
Estos cuatro halcones constituyen –junto con Condoleeza
Rice la consejera de Bush para cuestiones de seguridad
y, en cierta medida, Colin Powell, secretario de Estado–
el verdadero gabinete de guerra. Son cuatro hombres
peligrosos. Con una paradójica particularidad: ninguno
ha participado nunca en ninguna guerra. Todos se las
arreglaron para evitar ir a Vietnam. A finales de los
años 80 ya estaban reunidos en torno al presidente Bush
padre. Y ellos fueron los primeros en teorizar, 15 años
después del final de la guerra de Vietnam, que tanto
había traumatizado a los norteamericanos, el recurso a
la guerra como instrumento de política exterior.
EL PRECEDENTE DE PANAMÁ: La primera gran aventura
militar de este cuarteto infernal fue la invasión de
Panamá en diciembre de 1989, sin autorización de la ONU
y ni siquiera del Congreso norteamericano. Cheney,
Rumsfeld, Wolfowitz y Perle (con Colin Powell de jefe de
Estado Mayor del Ejército) imaginaron de cabo a rabo la
operación Causa Justa, que ya entonces consistía en
invadir militarmente Panamá, derrocar al autócrata
Noriega y "restaurar la democracia" colocando en el
poder a su protegido Guillermo Endara. Estos cuatro
halcones imaginaron el guión que consistía en lanzar
primero una intensa campaña mediática para demonizar a
Noriega (ex agente a sueldo de la CIA), calificándolo de
"traficante de droga", "verdugo de su pueblo",
"pornógrafo", "adepto de la brujería vudú" y, claro
está, "dictador adicto a la tortura y violador de los
derechos humanos". Una vez la opinión
pública preparada,
se produjo el ataque repentino, masivo y sin testigos.
La prensa no fue avisada de la ofensiva, y unos comandos
norteamericanos abatieron, el 21 de diciembre de 1989, a Juantxu Rodríguez, fotógrafo español del diario El
País, por curioso. Se recurrió a los comandos
especiales de las bases militares de la Zona del Canal,
que aún era entonces posesión de Estados Unidos. Se
utilizaron, por primera vez, los aviones furtivos
F-117A Stealth (esos mismos que bombardearon Bagdad el primer
día de la actual ofensiva), los cuales queriendo
alcanzar –para decapitar el régimen– el cuartel general
de Noriega en Ciudad de Panamá bombardearon por error el
barrio popular del Chorrillo, causando cerca de 2 000
muertos civiles inocentes. Se inauguraban así los que
luego, con hipócrita eufemismo, los medios calificarían
de daños colaterales. La ONU condenó esta agresión, pero
el embajador de Estados Unidos hizo uso de su derecho de
veto.
Ese equipo de halcones, después de la victoria de
Panamá, había demostrado que la guerra no era una opción
de alto riesgo sino un método aceptable de regulación
diplomática. Estos cuatro hombres duros habían
conseguido lo que se proponían: devolverles a las
fuerzas armadas su carácter de herramienta fundamental
de la política exterior de una archipotencia. A partir
de ahora, el superpoderío militar de Estados Unidos
estaría al servicio de un proyecto de dominación
imperial del planeta.
Estos mismos halcones fueron quienes planearon la guerra
del Golfo en 1991, y se quedaron muy frustrados porque
el presidente Bush padre, obedeciendo a la ONU y a las
recomendaciones de sus aliados de entonces, no permitió
a las tropas proseguir su ofensiva hasta Bagdad.
EL ORIGEN DE LA GUERRA PREVENTIVA: Durante los años de
Bill Clinton (1992-2000), los halcones se refugiaron en
universidades o centros de estudios donde siguieron
defendiendo y afinando sus tesis. El más duro de los
cuatro, Paul Wolfowitz, apodado el Velociraptor, expuso,
en un memorando publicado en 1992, las principales
conclusiones políticas que sacaba de la guerra del
Golfo. Afirmaba Wolfowitz, hace ya 10 años, y mucho
antes de los atentados del 11 de septiembre del 2001, la
necesidad de pasar a la "guerra preventiva", de atacar
directamente a los estados gamberros como Corea del
Norte, Irán e Iraq, y de hacerlo sin demora porque la
desaparición de la Unión Soviética permitía a Estados
Unidos aprovechar la ocasión. Insistía en que Washington
no debía limitarse a administrar las crisis y a
gestionarlas a medida que estallaban, sino a tomar la
iniciativa, por vía militar, para redibujar las
fronteras y reorganizar el mundo.
LOS OBJETIVOS DEL ATAQUE CONTRA IRAK: Ellos son los que
han convencido al presidente Bush de atacar Iraq. Con
los objetivos siguientes: aportar una respuesta concreta
al ataque del 11 de septiembre, aunque no se haya podido
demostrar que hay el menor vínculo entre Sadam Husein y
Osama Bin Laden. La opinión pública reclama venganza, el
55% de los norteamericanos piensan que Iraq participó de
alguna manera en los atentados, y se les va a satisfacer
atacando a Bagdad.
Recuperar el control del conjunto del golfo Pérsico,
territorio donde se hallan las dos terceras partes de
las reservas conocidas de petróleo, elemento fundamental
del crecimiento económico de los países desarrollados.
El ataque contra Iraq podría presagiar otro, mas tarde,
contra Irán, con el mismo objetivo petrolero pero
ampliado esta vez hasta el Mar Caspio.
Proteger a Israel contra un improbable ataque iraquí y
favorecer las condiciones geopolíticas para una mejor
inserción del Estado judío en la región, dándose por
descontado que la cuestión Palestina hallará más
fácilmente solución en un Oriente Próximo controlado
militarmente por Washington e Israel.
Establecer una democracia en Iraq con el propósito de
extender luego este tipo de régimen político a Oriente
Próximo.
Influenciados, sin duda, por la propaganda dominante,
algunos expertos pretenden que Washington va en efecto a
intervenir no solo en Iraq sino, de paso, en el conjunto
de la región para desembarazarla por fin de todas las
dictaduras que por allí hay. La liquidación de Sadam
Husein sería solo el botón de muestra. Y por eso nos
invitan a aplaudir esta "guerra por la democratización
del mundo árabe". En cierto modo, nos dicen, el fin (la
democracia por venir) justificaría los medios (la guerra
preventiva y las víctimas inocentes).
LA HISTORIA OBLIGA A DESCONFIAR: Este cuento de hadas no
lo puede creer nadie ya que Estados Unidos ha sembrado
dictaduras por doquier. Principalmente en América
Central y el Caribe, en donde pocos han olvidado las
sangrientas tiranías de Pérez Jiménez en Venezuela, de
Batista en Cuba, de Trujillo en la República Dominicana,
de Duvalier en Haití, de Somoza en Nicaragua, de Ríos
Montt en Guatemala, de Stroessner en Paraguay, de Videla
en Argentina y de Pinochet en Chile, por citar solo
algunas de las más memorables.
Pero, en el propio Oriente Próximo, el proyecto de
establecer una democracia en Iraq resulta muy poco
creíble puesto que Estados Unidos es el padrino de las
peores dictaduras de la región y nunca ha hecho nada en
estos países para alentar el establecimiento de
democracias.
Washington apoya, desde hace decenios, algunas de las
más espantosas autocracias: Egipto (que vive en estado
de sitio desde hace 22 años y es uno de los países que
más presos políticos tiene en el mundo, más de 20 000),
Arabia Saudí (foco principal del islamismo radical), los
Emiratos del Golfo, Pakistán (protector durante años de
los talibanes), Uzbekistán... El argumento
propagandístico es excelente: morir por la democracia.
La realidad, mucho más prosaica: conquistar el petróleo
iraquí y proteger a Israel.
LA INDEPENDENCIA DE EUROPA: Esta hipocresía y los
peligros que conlleva la conquista por un país
occidental de un Estado musulmán en el contexto actual
han sido denunciados por Francia y Alemania. En
realidad, pocos esperaban tanta muestra de independencia
de Europa frente al Gran Hermano yanqui. Basta con ver
cómo, desde el primer minuto, el Reino Unido, Italia y
España se precipitaron a postrarse ante el amo de
Washington en humillante gesto de vasallaje. Al
principio, en la propia Francia, muchos pensaron que la
actitud de Chirac era una mera gesticulación, una
actitud simpática pero sin trascendencia, destinada a la
opinión pública interna. Se creía que, a la primera
exigencia seria de Washington, el soberanismo se
desvanecería. Se estimaba que la fecha límite para la
resistencia francesa era la de la presentación de las
pruebas contra Iraq por Colin Powell en la ONU. Pero no
fue así. París declaró que nada había cambiado, que las
pruebas no eran convincentes, y contraatacó proponiendo
duplicar o triplicar el número de inspectores de la ONU
en Iraq. Luego vino el veto en la OTAN y la declaración
de Putin que alineaba a Rusia con las posiciones
franco-alemanas.
A partir de entonces, todos comprendimos que la
resistencia de París iba en serio. Y París y Berlín
crearon una dinámica internacional que, con el apoyo
explícito de Moscú y Pekín, pasaba por la amenaza del
derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Todo eso
produjo el mayor descalabro diplomático que jamás haya
conocido Washington, a quien se le negó la autorización
explícita de usar la fuerza contra Bagdad. Tal firmeza
no ha impedido la guerra. El presidente Bush la deseaba
y sabíamos que la haría. Pero el contexto internacional
se ha modificado completamente. En primer lugar, se ha
puesto fin al unilateralismo dominante que transformaba
a Estados Unidos en la hiperpotencia hegemónica del
mundo. Y ha aparecido, a escala planetaria, un
contrapeso –no hostil– constituido por el cuadrilátero
inédito París-Berlín-Moscú-Pekín.
ESTADOS UNIDOS, FUERA DE LA LEY: No por ser una
archipotencia se está fuera de toda ley. Desde el punto
de vista del derecho internacional, Estados Unidos es
hoy por hoy un Estado delincuente, que está llevando a
cabo una agresión ilegal contra un país soberano y
miembro de Naciones Unidas. Las familias de todas las
víctimas inocentes de esta agresión pueden reclamar ante
el Tribunal Penal Internacional y ante algunas
jurisdicciones nacionales (Bélgica por ejemplo) la
condena de este agresor y las indemnizaciones
correspondientes.
Convertido en el malo de la película, es posible que
Washington considere que la ONU ha dejado de estar bajo
su control. Después de su victoria militar en Iraq,
podría amenazar con retirarse de las Naciones Unidas.
Eso significaría el fin del sistema internacional creado
después de la Segunda Guerra Mundial. Y entraríamos
entonces en territorio desconocido.
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