| LA JIRIBILLA |
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POLARIZACIÓN E INQUIETUDES Hay una inundación de información —mejor dicho desinformación— del periodismo burgués en los medios de comunicación masiva. Mejor dicho aún, de confusión. El periodista Dave Ross, de CBS Radio, basado en Qatar, dice que han recibido una nota oficial que no reporten eventos de supuestamente “mal gusto”: información o imágenes sobre las dificultades encontradas o las masacres realizadas por el ejército EE.UU. Pero a pesar de esta campaña, es posible entender un tema: la guerra inevitable contra el pueblo de Iraq no sucede según el sueño de los generales. Y a pesar de las debilidades políticas del régimen de Saddam Hussein y el estado debilitado de sus fuerzas militares, el pueblo de Iraq resiste y lucha. Palabras como “inquietudes”, “ansiedad”, e “incertidumbre” llenan los titulares de periódicos como el New York Times y el Los Ángeles Times. Los civiles de Iraq no le dan la bienvenida a las decenas de miles de tropas invasoras. No piensan que son “libertadores” como ha dicho constantemente el presidente George Bush, su camarilla, los politiqueros demócratas y el alto mando de las fuerzas intervencionistas. Fuentes oficiales dicen que ya han muerto aproximadamente 50 soldados de Estados Unidos y el Reino Unido, los únicos países significativos que tienen tropas de combate en Iraq —Australia ha enviado 2 000 soldados. El resto de la “coalición”—la ridícula palabra usada por la prensa—de otras naciones consisten en ayuda de equipos médicos y especialistas en descontaminación. Como era inevitable y previsible también, hay un creciente apoyo popular—especialmente de la clase media y los sectores bien pagados de la clase obrera— a favor de la guerra. Así seguirá por un cierto tiempo, nutrida con la sangre de los muertos y la cobertura periodística patriótica-sentimental de la prensa capitalista. Curiosamente, todavía las banderas estadounidenses no han aparecido en los carros, como después del 11 de septiembre. Todavía, no hay un mar de cintas amarillas en la ropa de mucha gente, como pasó durante la guerra del golfo de 1990-91. La realidad y actualidad de la guerra ha chocado a muchos participantes en las protestas. La invasión y la destrucción han aplastado la ilusión de que las manifestaciones pudieran detener la contienda —una esperanza basada en la ignorancia de las fuentes objetivas de la agresión, sobre todo, la crisis del sistema capitalista norteamericano y su competencia con sus rivales imperialistas de Europa por la dominación del mundo que ha comenzado en Iraq. La idea de que “más inspecciones” bajo el mando de la ONU iba a ser un freno contra la guerra, fue un sueño utópico y una trampa; ahora, la idea de que la ONU podría ser una fuerza por la paz es igualmente falsa. La ONU, en el fondo, siempre fue nada más que un edificio en Nueva York donde los poderes imperialistas discutían qué iban a hacer en el mundo, un contexto de “coexistencia pacifica” que nunca fue pacifista por los debates vacíos con el “campo socialista” y China. Hoy, en el marco de la crisis mundial del capitalismo, la impotencia de la ONU ha sido revelada a todo mundo. En realidad, ya no existe. El deseo para utilizarla como una fuerza progresista es más que nunca una falsa ilusión fatal. Mientras tanto, la crisis imperialista y las divisiones explosivas en Europa significan más pleitos y conflictos entre las clases capitalistas, los gobiernos de los países de los estados del antiguo “campo socialista”—donde el capitalismo no ha sido reestablecido— y en cada caso más ataques contra las clases trabajadoras. “Europa,” como concepto unitario, tampoco existe. La guerra en Iraq será decidida en el campo de batalla, a través de la fuerza de las armas, de los combatientes en lucha, como ha sucedido siempre en la historia. En su forma más elevada y eficaz la batalla por la opinión pública es una escuela de lucha, en la cual, ojalá, la nueva generación y los pueblos trabajadores del mundo aprendan quién es el enemigo y cómo le pueden derrotar, país por país, en condiciones de guerra, depresión mundial y los horrores que vendrán.
Hay nuevos elementos
evidentes en las protestas callejeras en Estados Unidos.
La contraprotesta patriótica. Derechistas con banderas y
afiches desafiando a los manifestantes. En Chicago, hace
poco, marcharon 600 personas antiguerra —pero salieron a
favor de la guerra Pero, a la vez, hay decenas de miles de jóvenes que no han sido paralizados. Luchan, marchan, protestan, especialmente de las universidades y escuelas secundarias. Están horrorizados por la devastación de Iraq. Se despiertan. El 24, en Nueva York, —con permiso oficial— marcharon entre 100 000 y 200 000. Fue un desfile lleno de ánimo. Pero no hubo discursos, ni oradores; al fin, algo tradicional. Un activista me dijo, “es porque no pudieron atraer a un congresista demócrata. Y entre ellos no saben qué decir”. Defensores de Cuba organizados por Cuba Solidarity New York promovieron la defensa de los cinco héroes cubanos y repartieron miles de copias de una hoja con fragmentos de discursos de Fidel que fueron bien recibidos por la gente. El mismo día, 5 000 marcharon en Los Ángeles y 1 500 en Long Beach. Partidarios de Cuba organizados por Los Ángeles Coalition in Solidarity with Cuba repartieron más de 3 000 volantes sobre el caso de los cinco, las nuevas presiones de Washington contra Cuba, el discurso de Fidel en Kuala Lumpur e información sobre una delegación juvenil que viajará a Cuba por el 26 de Julio. Grupos nacionales han llamado a una manifestación nacional en Washington, el 12 de abril, con concentraciones en San Francisco y Los Ángeles el mismo día y marchas en solidaridad en otras ciudades del mundo. Durante las ceremonias Academy Award —ritual sagrado de Hollywood— Michael Moore, ganador del premio por su documental Bowling for Columbine, denunció la guerra. Rompió el tabú. El contenido de su protesta fue sencillo, liberal, pacifista, pero expresado en tonos fuertes. Hubo tumultos, aplausos, gritos a favor y en contra, algunos aplaudiendo de pie, otros abucheando. También, la premiada por maquillaje —de la película Frida—dijo que si Frida estuviera viva, “estaría en la protesta afuera”, en referencia a una manifestación contra la guerra que se efectuó cerca del teatro Kodak. También, contra esta protesta, gritaron cientos de derechistas. En las noticias, Moore es un blanco de repudios y elogios. A algunos de mis compañeros les han gustado las palabras de Moore. “Tiene cojones”, dice una. Algunos de estos trabajadores admiran los cojones, porque estos no existen en la dirigencia de nuestro sindicato. No han dicho nada sobre la guerra —ambas guerras, la de afuera o dentro de casa. El 21 de marzo, la United Airlines, una empresa en bancarrota —donde trabajo— Northwest Airlines y Continental Airlines, anuncian más de 9 500 despidos. Se declara en quiebra la Hawaiian Airlines, la duodécima aerolínea en el país. Esto provoca “choque y sobrecogimiento” en casa. Habrá mucho más. Digo a mis compañeros que los dueños nos tratan como iraquíes. Las leyes de bancarrota son armas de destrucción masiva en las manos de los ricos. El 26 de marzo, un oficial anónimo de la administración Bush le dijo a USA Today que las quiebras de las aerolíneas son “saludables” para la industria porque impulsan su “reestructuración”—un golpe frontal contra los logros históricos ganados durante años de sindicalización. En el tablón de anuncios en nuestra cafetería hay una foto de un bombardero, tipo “Stealth”, tomado de Internet. Hay un lema pintado bajo sus alas. Dice: “Si puede leer esto, está chingado”. Un obrero no conocido escribe su punto de vista. “Decisión dura”—dónde lanzar los cohetes— ¿las opciones? Una flecha apunta “la oficina central de United Airlines” y la otra flecha, “Bagdad”. Lo quitó un supervisor después de cinco horas, pero misteriosamente apareció de nuevo al día siguiente. A veces tenemos debates feroces, intensos. Algunos no quieren participar. Pero en cada caso, la mayoría se opone a la guerra, afuera y en casa. Y en muchos casos, los oponentes de la guerra son afronorteamericanos. Algunos son veteranos de Vietnam. Otros entienden la historia de racismo en las fuerzas armadas —un reflejo de la discriminación racial en la sociedad, ya profundizada por la crisis económica. También ven la guerra como un ataque contra un pueblo de color. Recuerdan el famoso dicho de Muhammed Ali cuando se negó a inscribirse en el ejército durante la época de Vietnam: “El Viet Cong [Frente Nacional de la Liberación] nunca me llamó Níger [palabra racista que equivale a negro]”. Esta realidad es el tema de un artículo grande —e inusualmente franco y honesto— del New York Times del 27 de marzo sobre las actitudes antiguerra de la comunidad negra en la ciudad, especialmente en Harlem. Según su sondeo, solo 37 por ciento de la población afronorteamericana está a favor de la política de guerra de la Casa Blanca. En Harlem, el gobierno “está perdiendo mal la batalla” para “ganar más apoyo” para la invasión. “Esta es por la avaricia y el petróleo. Esta no es una cosa de negros”, dice Dolores Jackson, una enfermera de 39 años. “Es una cosa de la gente”. Es un anticipo del papel de vanguardia que va a jugar la nacionalidad oprimida negra, en su gran mayoría proletaria, en la lucha de clases en Estados Unidos. Hay un ejemplo clave de resistencia, donde los trabajadores no subordinan sus intereses a la “nación” y a la “unidad patriótica”. Desde el 28 de febrero, todos los 450 empacadores de carne han organizado piquetes en una huelga contra Tyson Foods, la compañía más grande de este tipo en el mundo. Luchan contra recortes drásticos de todos tipos —un ataque profundo no solamente contra ellos, sino contra los cientos de miles de trabajadores en la industria. Una industria que fue “reestructurada” brutalmente en los años ochenta impulsando una ola de luchas militantes. Los empacadores de Tyson en el pueblito de Jefferson, Wisconsin, cerca de Chicago, han organizado “escuadrones de la verdad” para ganar apoyo de sus compañeros de trabajo en la región. Los dueños han anunciado que van a emplear rompe-huelgas esquiroles para romper la huelga que empezará el 31 de marzo. Los sindicalistas están movilizados. Ellos y sus aliados marcharán el 30 de marzo. Esto será una prueba de fuego —la primera de muchas— que enfrentará la clase obrera durante ambas guerras, de la cual Iraq es la primera de las muchas que se avecinan. En ambas guerras, la clase obrera mundial en todos los países del mundo forjará el liderazgo necesario para enfrentar el enemigo común —el último imperio, sus rivales imperialistas desde Londres y Berlín hasta París y Tokio, y sus lacayos neocoloniales. La excepción es Cuba libre, donde la clase obrera ha tenido una dirección auténtica desde 1959. Mientras profundiza la guerra mundial del sistema insostenible, el gran temor de los opresores es la emulación de este ejemplo.
Hay que promoverlo en las calles del planeta como
marchamos contra la agresión sangrienta yanqui en los
barrios de Bagdad, hombro a hombro con el pueblo de Iraq
en la lucha por la paz y el mundo sin imperios que acaba
de empezar. |
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