LA JIRIBILLA

LA CASA DE HEREDIA
 
Actualmente se desarrolla una ardua  labor encaminada  al rescate y conservación del patrimonio herediano  es dirigida  por una nueva Asociación Junta Heredia, la que a las puertas del Bicentenario del Cantor de todos los tiempos, trabaja incansablemente para su celebración,  guiados por el principio martiano de que “honrar, honra”.


María Isabel Hernández Cobas|
La Habana
Fotos:
Archivo

 


Casa natal de José María Heredia

La Casa Natal del “Cantor del Niágara”, fue propiedad privada desde que en 1801 la familia integrada por Don Juan José Colás y su esposa Doña María Josefa Hechavarría y Limonta, la adquieren por compra a Doña Bárbara Hechavarría. Adjudicándosela posteriormente por ser heredero único y universal Don Manuel Colás y Fernández de Granda, quien inscribe por título de herencia la finca #871 el 29 de noviembre de 1883. A su fallecimiento  se encontraba unido en matrimonio a Doña Isabel Justiz y Castillo, quien hereda la propiedad en 1881. Este señor tuvo cuatro hijos de su primer matrimonio: Don Juan, Don Manuel, Don Francisco y Doña Dolores Colás y del Castillo, del segundo tuvo dos hijos: Don Alfredo y Doña Caridad Colás y Justiz, falleciendo ambos antes de 1881.

A la muerte de Don Manuel Colás y Fernández de Granda, su viuda, Doña Isabel Justiz y Castillo, recibe la herencia realizándose la distribución de bienes. Así recibe la herencia su hija Doña Dolores Colás y Castillo de la:

[…] Finca de la Calle Catedral #6, #5 antiguo situada frente al norte en la calle alta de Heredia (antigua Catedral) en esta población, con un solar de 15 metros setenta centímetros de fondo, que equivalen a una superficie de trescientos veinte y cinco metros cincuenta centímetros cuadrados (325 metros y 50 cm2) y linda por la derecha al oeste con la otra casa de la sección del señor Don Manuel Colás Fernández de Granda, por la izquierda al este con la de los herederos del señor Don Juan Bautista Sagarra y por espalda al sur con igual del señor Don Pedro Celestino Salcedo y Ortega.

Así estaban las cosas cuando llegaron  a Santiago de Cuba Don Francisco de Heredia y Mieses y Doña María Merced Heredia y Campuzano, quienes alquilan a Doña Dolores Colás y Castillo la vivienda de su propiedad marcada con el número seis Catedral Alta.

Residiendo allí  les nació a la joven pareja el primer hijo, a quien dieron por nombre José María y el cual dejaría, con sobradas razones, hondas huellas en el quehacer cultural de la ciudad y en los sueños por la independencia de Cuba.

Ya en 1806, la familia Heredia abandona la vivienda, convirtiéndose esta entonces  en barracón  de esclavos y hospital de negros, razón por la cual permanece en estado de abandono y ruina durante años.

Al producirse la paz del Zanjón y el fracaso de la Guerra Chiquita, se inicia la tregua fecunda; período que dura hasta el inicio de la Guerra de 1895. En este interregno se crean las condiciones para cumplir el propósito de erigir un monumento en esta ciudad a la memoria de José María Heredia y Heredia.

Los primeros pasos en este sentido los da el señor José Martínez Badell, quien buscando respaldo  para el cumplimiento de tan loable empeño, hace un llamamiento a sus compatriotas desde las columnas del  diario local El Bien Público. Al propio tiempo abrió una suscripción para recaudar fondos. Pero desgraciadamente Martínez Badell no encontró apoyo por parte de la población, fracasando inmediatamente sus propósitos.

Le siguió con igual propósito el señor Sebastián Cos y Domínguez, pero también  fracasa.

En octubre de 1889, sale publicado en El Triunfo un artículo donde se expresa: “José María Heredia, el ilustre poeta cuyos inspirados acentos ha repetido con aplausos el mundo culto, demanda de sus compatriotas un recuerdo que demuestre extensiblemente la admiración que todos sentimos por su gloria que es la nuestra […]”

Pero dos días antes, el 28 de octubre de 1889, por iniciativa de los señores Federico Pérez Carbó, Joaquín Tamayo Izaguirre, Enrique Valdor y Ruiz, se reúnen en la Calle de la Trinidad baja #12, morada del señor Emilio Bacardí  Moreau, alrededor de una veintena de ilustres santiagueros. En aquella memorable sesión se trató como tema único la recuperación de la Casa Natal de Heredia. El señor Federico Pérez Carbó desempeña un rol protagónico en estas acciones, explicando la necesidad de adquirir la vivienda en propiedad para fundar en ella un establecimiento docente y colocar en la parte exterior del edificio una lápida conmemorativa.

La idea, por supuesto, se acogió con aplausos y alegría por parte de todos los asistentes, quienes crean en la propia reunión una Directiva. Ya el primero de noviembre de 1889 la Directiva asume sus funciones y se designa para su dirección  al Dr. Joaquín  Tamayo Izaguirre, quien a su vez elige como presidente a Eduardo Yero Buduén.

Constituida la Directiva,  el señor Rafael Salcedo solicitó la palabra y dijo; “[…] que acogía con todo el calor de su corazón la patriótica idea que motivaba la reunión y que al efecto proponía se abriese una suscripción popular dentro y fuera de la Isla y que sus productos se destinaran al indicado objeto […]”

Se nombraron delegados en la ciudad de Nueva York a José Martí Pérez, Nicanor Bolet Peraza, Néstor Ponce de León, Enrique Trujillo y Cárdenas. En México a Pedro Santacilia, Nicolás Domínguez Cowan, Emilio de los Santos Fuentes y Betancourt. En París a Enrique Piñeyro, José María de Heredia Girard. En Bogotá a Rafael María Merchán. En Guatemala a  D. José Joaquín de Palma.

Igualmente en el interior del país en Bayamo, Manzanillo,  Holguín, Baracoa y, por supuesto, en La Habana.

Otras Juntas fueron las del Círculo de Artesanos de San Antonio de los Baños y el Liceo de Guanabacoa, que hicieron fiestas en las cuales D. Manuel Sanguily fue el principal orador.

En México un  grupo  de compatriotas de Heredia residentes allí, se reunieron con el objetivo de ayudar en la compra de la Casa Natal mediante una suscripción popular. Con iguales propósitos Emilio Fuentes Betancourt organizaba una velada en Jalapa.

Asimismo, el Ayuntamiento de Santiago de Cuba entregó a la Directiva 400.00 pesos oro, que habían sido donados por la Diputación Provincial, los Gremios, las Sociedades de Recreo, los Templos Masónicos, Sacerdotes del Culto Católico, Academias, y diversas Corporaciones.

Por su lado la prensa escrita publicaba constantes informaciones acerca del estado de  las recaudaciones y la marcha de los trabajos con el propósito de  que no decayeran los ánimos y  no existiera la menor desconfianza  de la honrada utilización de los fondos.

Es justo reconocer que el tesorero Agustín Fernández de Granda actuó con pulcritud y organización, recogiéndose su honrado proceder en distintos documentos de las memorias de la Junta Heredia, como el siguiente informe donde aparece el estado de cuentas, desde 1889 hasta 1903.

Se gastaron hasta el dos de marzo de 1898: 5288  44 ½.

                                                       Ingresos: 5282 82  ½.

                                                        Déficit:         5 62

(que suple el tesorero con su dinero).

Ciertamente son muchos los gestos generosos que pueden reconocerse en la obra propuesta. Así, tan digna como la actitud de Fernández de Granda fue la de Nicolás Valverde, sastre establecido en Cienfuegos, que donó la lápida para el frontispicio de la casa del poeta. La misma fue traída a Santiago de Cuba por el señor Laureano Fuentes y Matons y colocada sobre la puerta de entrada el 19 de abril de 1890 al mediodía. Pero momentos antes de montarla fue ajustada a un marco de hierro fundido regalado por la Empresa de Ferrocarril de Sabanilla y Moroto. En ella puede leerse: Aquí nació y vivió José María Heredia y Heredia 1803-1839.

Mientras se cumplían exitosamente los trabajos de rescate y conservación de la casa donde naciera el bardo, un grupo de ilustres personalidades de la talla de Federico Pérez Carbó, Joaquín Tamayo Izaguirre y Valdor, pidieron al Ayuntamiento el cambio de nombre de la calle Catedral por el de Heredia. Avalaban su petición con una exposición suscripta por un considerable número de vecinos y contribuyentes. Con semejante respaldo popular las autoridades no se hicieron mucho de rogar y no solamente aprobaron de inmediato la solicitud, sino que también procedieron a colocar las nuevas planchas con el nombre reciente de la calle, colocándolas en los mismos sitios donde antes habían estado los antiguos tarjetones.

En 1893 la casa fue comprada finalmente, formalizándose el contrato de compraventa ante el notario público. Antes, sin embargo, el domingo 11 de mayo de 1890, había abierto sus puertas acogiéndose su apertura con gran expectación pública.

A la entrada de la vivienda donde viera la luz primera el Cantor del Niágara se exhibía el magnífico óleo pintado por el artista José Uranio Carbo de Fresneda. Junto al óleo aparecía el carboncillo donado por el hijo del poeta, José de Jesús. Todo el pueblo santiaguero se encontraba allí presente y muchos estamparon sus firmas o escribieron autógrafos en el libro de visitantes que días antes había colocado  la Junta.

Con anterioridad a la inauguración de la Casa Natal de Heredia, el 29 de noviembre de 1889, Federico Pérez Carbó escribió a Enrique Trujillo Cárdenas, director de El Avisador Hispanoamericano de Nueva York, para que preguntase a José Martí a través de su periódico si estaba dispuesto a contribuir con su autógrafo para un libro que se publicaría, encaminado a recaudar fondos para colocar una placa en la calle donde naciera Heredia y además comprar el inmueble.

La respuesta, por supuesto, no se hizo esperar. Su texto íntegro apareció  publicado en el propio periódico y es el que reproducimos a continuación:

Amigo mío:

¿Y qué le puedo yo responder a mi amigo generoso de Santiago de Cuba? Cuanto quiera de mí he de darle si eso ayuda a la idea de ponerle lápida a la calle Heredia. Yo creo en el culto de los mártires. ¿Quién si no cumple con su deber leerá el nombre de Heredia sin rubor? ¿Qué cubano no se sabe de memoria algunos de sus versos? ¿Ni por quién sino por él y por los hombres de sus ideas tiene Cuba derecho al respeto universal? Él era  de los de fuerza bolivariana y tuvo a la vez el fuego del libertador y el de su poeta.

…El invierno es triste y necesitamos ponerle algún fuego al corazón ¿Por qué no nos juntamos todos en una noche de Heredia? Usted, que ya lo hizo otra vez con lucimiento puede contarnos su vida: otros no hablarían de sus obras y su tiempo.

¿Quién podría leer la Oda al Niágara? Para otras poesías encontraríamos lectores y podríamos poner en escena Los últimos romanos. A la puerta pediríamos una limosna para la lápida. Queda sirviéndole y agradecido a su querido amigo de Cuba,

   José Martí

Y para llevar a vías de hechos su ofrecimiento, el 30 de noviembre de 1889, se desarrolla en el Hardman Hall Nueva York, la gran velada “Noche de Heredia”, dirigida y organizada por  Martí, conjuntamente con Enrique Trujillo, Rafael de Castro Palomino, Benjamín Guerra y otros distinguidos  poetas y literatos.

En la patriótica velada se recaudaron 184 pesos con diez centavos y todos, íntegramente, fueron entregados por el propio Martí a Eduardo Yero Buduén. Asimismo Martí manifestó al Presidente de la Junta la total filiación de los emigrados cubanos al Proyecto sobre Heredia en Santiago de Cuba, dejando patentizado al propio tiempo la disposición de la Comisión de contribuir en todo cuanto fuese necesario.

Un año después, el 7 de marzo de 1890, se organiza otra gran velada. Esta tuvo lugar en el Teatro de la Reina, en la propia ciudad de Santiago de Cuba. En esta ocasión se recaudaron $799.20 y como había sucedido anteriormente en New York, también estos se entregaron a  la  Junta Heredia.

Así, pues, con los fondos obtenidos de ambas veladas, además de los entregados por particulares y por distintas instituciones se logró finalmente inaugurar la Casa Natal de Heredia, como ya habíamos apuntado. Sin embargo, no tuvo que pasar mucho tiempo para que la Junta careciera de los fondos necesarios para el sostenimiento del inmueble. Razón por la cual, en noviembre de 1902, sus miembros  reunidos en Asamblea General en la casa # 8 de la calle baja de Heredia,  deciden  entregar la vivienda al Ayuntamiento de la Ciudad.

El Ayuntamiento acepta esta nueva petición de la Junta y en coordinación con los miembros de la misma desarrollan innumerables acciones encaminadas a no dejar morir jamás al poeta en su tierra natal.

De este modo el 8 de enero de 1939 se inaugura el Año Herediano con dos brillantes actos. Uno tuvo lugar en la propia casa del bardo, mientras el otro se desarrollaría ante el Monumento a él erigido en la Avenida de Manduley.

Justamente de gran significación puede considerarse el homenaje que se le tributó al poeta en su Casa Natal ese año. En él se encontraban presentes Doña Noemí Heredia Fernández Mora y de Juan, nieta de Heredia y también la señorita Martha Fernández Thaureaux, nieta de Doña Noemí, a quien se le realizara una litografía, que hoy forma parte de los fondos museables de la Casa Natal José María Heredia y Heredia.

Tributo similar al Cantor del Niágara se le realizó en 1945, por parte de la Sociedad Pro Arte Cubano, la cual radicaba en la Casa Natal de Heredia por esos años.

Precisamente en ese año, 1945, se constituye una nueva Junta que queda presidida por  la Dra. Ciana Valdés de Gira. A partir de ese momento las acciones a favor de la conservación del legado herediano adquieren más celeridad y mucho más entusiasmo. Destacándose, por ejemplo, el celo con que esta nueva Junta cuidó de los objetos que se encontraban en la Casa, donados por descendientes de Heredia, lo que ha permitido la conservación de la gran mayoría de ellos en nuestros días.

En 1950,  la labor pro José María Heredia en Santiago de Cuba continuaba siendo indetenible. Así en septiembre de ese año un grupo de jóvenes, entusiastas y vinculados al quehacer cultural de la ciudad, se integraron en el Círculo Artístico Literario José María Heredia. Entre las múltiples actividades llevadas a cabo por sus integrantes  se destacan las marchas que cada 30 de diciembre, en el horario de la tarde, efectuaban los jóvenes para dirigirse al Monumento del Poeta, situado en la rotonda de Vista Alegre. Reunidos allí realizaban  panegíricos y leían, enardecidos, poemas de Heredia y sobre  Heredia.

Posteriormente el Círculo se convirtió en una  Asociación, cuyo objetivo primordial era darle continuidad al rescate de la obra de José María Heredia, mediante la realización de veladas y tertulias.

De igual modo actualmente se desarrolla una ardua  labor encaminada  al rescate y conservación del patrimonio herediano, con la diferencia de  que ahora es dirigido  por una nueva Asociación Junta Heredia, la que a las puertas del Bicentenario del Cantor de todos los tiempos, trabaja incansablemente para su celebración,  guiados por el principio martiano de que “honrar, honra”.

De esta suerte en 1998, se trazó una estrategia de trabajo siguiendo la iniciada en 1889, aunque no precisamente para comprar la casa, sino para lograr el rescate y conservación del legado material y espiritual relacionado con José María Heredia y Heredia, teniendo en cuenta su alto valor patrimonial. La ampliación de las colecciones es una tarea de primer orden para la Junta, por ello se libró una convocatoria con el propósito de obtener donaciones literarias y documentales del poeta y  pro José María Heredia. Los frutos de dicha convocatoria no se hicieron esperar y hoy el Museo posee una amplia colección de objetos y documentos vinculados a la familia Heredia, con lo cual se da cabal cumplimiento a las aspiraciones de aquellos patriotas santiagueros que en 1889 soñaban con crear una biblioteca o algún centro análogo en la Casa Natal del poeta.
 


Casa natal de José María Heredia en la actualidad

Igualmente la nueva Junta  continúa realizando veladas, tertulias, recitales de poesía, publicaciones referidas al Poeta de la Libertad, así como  presentaciones de músicos, actores, actrices, quienes con profesionalidad y sentimientos incalculables dedican su talento a José María Heredia y Heredia, el cubano cuya prosa siempre fue resonante y libre.
 


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La Habana. 2003
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