| LA JIRIBILLA |
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JULIO ANTONIO MELLA O LA VOLUNTAD DE UN
ALTIVO PROMETEO I
Yo, —embriagado en
mis penas,— me devoro, José Martí (1871) II Tengo ya el plan para escribir un drama, cuyo título será "Julio Antonio o la voluntad". […] Solo la falta de Fe y Voluntad ha impedido que lleve a la acción esas ideas, guardadas en el cerebro. Porque facilidad para escribir no me falta. Conozco claramente que tengo vocación, o mejor dicho, facilidad para la Literatura. Pero muy en breve llevaré la vida que me corresponde. Vida plena de acción intensísima y sosteniendo el imperio de la Voluntad. [14 de abril] […] Además de llorar o sublimarme con las grandes obras de belleza, gusto de improvisar con arengas vehementes. […] En este coloquio de mi yo y yo, donde no puede existir vanidad pues nadie es testigo, trato de explorar sin pasión mis recursos y defectos. Creo firmemente ser apto para conquistar los laureles de Apolo junto con los de Marte. Muchos, pero muchos hombres, han brillado igualmente con las armas y con la pluma. [16 de abril] […] El miedo siempre es ridículo. ¡Oh, dónde estará su fuente para mandarla a secar [!] A través del prisma con que yo veo la vida no se mira esa fuente. Mucho me felicito. [19 de abril] […] Pensemos en un nuevo combate para rendir a la fortuna. ¿Qué hacer? ¿Desmayar? NO. ¿Creerme vencido? ¡Nunca! Es el imposible. ¡Oh, pensamiento, […] tú que eres fuego alúmbrame y guíame. Sí, el pensamiento me ayuda. Ya elaboré un nuevo plan de lucha. Ahora tú, voluntad, haz que jamás desmaye y lo lleve hasta el fin que es el éxito. [30 de abril] […] Mi imaginación era un corcel de Apolo suelto en los espacios, […](2) [27 de mayo] (1920) [Lamy-Antonio-Nicanor Mc Partland] III El eterno rebelde, he aquí nuestro emblema. Sobre lo alto de una montaña cubierta de fuego y humo un joven ángel vigoroso y musculoso en gesto de suprema rebeldía tiende el brazo derecho hacia los cielos, hacia las altas regiones de la vida moral. Allí donde están las injusticias, donde se incuban todas las tiranías como pretendiendo destruirlas con el gesto heroico de su brazo, igual que el gesto profético y sublime de Prometeo, mientras su mano izquierda puesta sobre el pecho parece querer sujetarse dentro de su alma todos los dolores, todas las tormentas que su misma rebeldía desata y que la injusticia y la envidia de los mismos porque lucha exaspera. He aquí lo que somos, eternos jóvenes rebeldes, luchando en medio del fuego y del humo de la vida, luchando con las ideas en lo más alto del pensamiento humano para la liberación de la humanidad. […] esta inquietud constante, este renovar continuo de ideas y cosas es la condición esencial de nuestro existir.(3) (1924) Julio Antonio Mella IV Desde el binomio conformado por los nombres de Nicanor Mc Partland y Julio Antonio Mella, se genera una incitación para problematizar un diálogo en torno a las autoimágenes. Él soñaba con una fusión del arte de la escritura (el mito del dios Apolo) y el de la praxis de una justicia social y política (el de Marte) dentro de los paradigmas de las acciones de un liderazgo revolucionario trascendente. V El sastre dominicano Nicanor Mella Breá (1851-1929) se había casado con la coterránea Mercedes Bermúdez (1847-1915) y tenía tres hijas jóvenes. En 1899 estimaba que ya había alcanzado la bonanza económica asociada a un sólido prestigio profesional. Por lo mismo, con un sentido muy dinámico del efecto multiplicador de la propaganda comercial, había favorecido que se le dedicara un artículo en la revista habanera El Fígaro (8 de enero) para alabar la eficacia y el sentido de la moda, que legitimaba como valores fundamentales en ese oficio. Don Nicanor viajaba a los Estados Unidos a comprar los insumos y a actualizarse en las orientaciones de la moda. En una de las estancias conoció a la joven inglesa —soltera— Cecilia Mc Partland Diez (1882-19?). Se hicieron amantes y se constituyeron en una pareja extramatrimonial en La Habana. Tuvieron dos hijos. El mayor (nacido en 1903) se llamaba como el padre; pero le decían Lamy. El menor (nacido en 1906) se denominaba como la madre. Ambos infantes crecieron con una cultura bilingüe. Tenían una manejadora y disfrutaban de un confort económico. Sin embargo, carecían de existencia legal, hecho insólito dentro de las convenciones sociales de la pequeña burguesía de los negocios profesionales. En la vida cotidiana de los inicios del siglo xx, el estatuto de pareja adulterina se asumía con cierta normalidad, puesto que formaba parte del imaginario de la hombría exitosa. Don Nicanor era un triunfador público y no le preocupaban los comentarios en torno a su moral privada. Vivía con su esposa Mercedes en la calle de Aguacate, próximo al negocio, y en la de Obispo mantenía otro hogar con Cecilia, quien era más joven que sus hijas. Los hijos naturales o bastardos se podían legalizar de dos formas. Se organizaba una transacción con la Casa de Beneficencia para que obtuviera el apellido encubridor de Valdés; o se inscribían como los descendientes de madre soltera sin alusiones a la filiación paterna. ¿Por qué un retraso de siete años en otorgarle una existencia legal al varón mayor? Quizás, Don Nicanor se atuvo a la variante de dejar correr el tiempo, mientras aparecía alguna forma de legitimación pública con la joven inglesa ¿Pensó que podía quedar viudo? ¿Creía que —¡por fin!— llegaría la aprobación de una ley de divorcio que ya se promocionaba como un indicador necesario para una sociedad moderna con mentalidad de progreso? En 1910, la pareja entró en una crisis irreversible. Junto con la ruptura definitiva, tuvieron que resolver el estatuto legal de los infantes. El sastre acudió a una práctica habitual en los juzgados. Cecilia declaró su doble maternidad y él firmó como testigo. Posiblemente, repartió dinero para que no lo multaran ante el dilatadísimo incumplimiento del deber ciudadano de registrar los nacimientos, pocos días después de ocurridos. La ruptura debió haber sido muy traumática para los dos niños. Cecilia los entregó a Don Nicanor y se marchó definitivamente de La Habana. Tiempo después se casó y tuvo otros hijos. Se autoconvirtió en una ausencia permanente. Ellos pasaron a residir en el hogar paterno,(4) en el que se les rechazaba y se les sometía a la crueldad de querer despojarlos de sus nombres y de la memoria que conllevaban. Entre los siete y los doce años, Lamy-Nicanor Mc Partland (junto con su hermano) sufrió experiencias muy dolorosas. Mercedes, persona bondadosa, con entereza moral para aceptar en su casa a los vástagos adulterinos de un esposo mujeriego, propició una violación brutal al derecho a la estabilidad psíquica de dos menores. Mercedes llamó a Lamy-Nicanor como Antonio (en homenaje a San Antonio de Padua del cual era devota); y a Cecilio, como Nicasio. Lamy-Nicanor-Antonio, acaso, solo tenía plena confianza en dos afectos entrañables: el de don Nicanor y el de Cecilio (quien, además, tenía un parecido físico notable con él). El sastre lo adoraba y probablemente disfrutaba el orgullo de verlo tan hermoso como un Apolo, bien vestido de acuerdo con los dictados de la moda. Lamy-Nicanor-Antonio recordaba que su niñez había sido dolorosa y mártir y asociaba la felicidad a los dos seres más queridos: Siempre fueron mis juguetes predilectos los soldados. Los formaba en batallas, hacía planes estratégicos, más o menos infantiles y vencía a las tropas de mi hermano, imponía condiciones de paz, cogía prisioneros y un orgullo incomunicable y divino se apoderaba de mí ante la victoria. Estas son las rememoraciones de mi niñez, de mi niñez dolorosa y mártir. Este era mi único amor y mi única alegría. Y así he heredado de mi padre ciertas buenas cualidades, tales como el recto sentido del honor, la compasión por los demás, sentimiento este que siento como muere; defectos, o quizás, solamente sea una virtud de la naturaleza y un vicio de la moral humana, el defecto (o lo que sea) que voy a nombrar: la sensualidad sexual, deseo que hace años trato de ahogar sin haber podido triunfar jamás, y eso que no abuso de él, no, solo que en mi locura de servir a la mentalidad y a la fuerza corpórea pretendo ser casi un Casto, pero como esto es un crimen contra la naturaleza, creo que jamás triunfaré. Pues bien, así como he heredado estas cualidades o pasiones ¿no podría haber heredado de mi abuelo, el militar, su amor a la guerra? Si la herencia es una ley, creo que siempre o casi siempre se cumplirá. Por todo esto queda resuelto que he nacido para ser un militar. [7 de mayo] […] Bendito sea mi padre. Su corazón solo es comparado al mío en magnanimidad. (5) [12 de mayo] Don Nicanor había narrado a su hijo la saga del general Ramón Matías Mella (1816-1864), y así le inculcaba una elevada autoestima familiar, que le ayudaba a enfrentar con orgullo irónico (a veces, insuflado de cólera) los desdenes, las sonrisas, o los gestos conmiserativos, al saberse que era un bastardo.(6) VI Quizás obligado por la madrastra, Lamy-Nicanor-Antonio estuvo como alumno interno en el colegio de los Padres Escolapios de Guanabacoa. Se las ingenió para violar la disciplina en el horario del estudio nocturno, agredir a un sacerdote que lo regañaba, y conseguir que lo expulsaran. Al abandonar la escuela, lanzó una piedra contra la puerta principal.(7) Así, garantizaba que fuera imposible la matrícula en otros centros católicos. ¿Ya se manifestaba con sentimientos anticlericales? El incidente ya evidenciaba una mentalidad de rebeldía; él era autoconsciente de las ventajas de actuar con audacia y rapidez, para validar el derecho a elegir los rumbos de su vida. VII En el colegio Newton desarrolló ampliamente el gusto por la lectura y se aficionó a escribir. El trato cotidiano con el admirado poeta y político mexicano Salvador Díaz Mirón (1853-1928) le propició el placer de las confesiones manuscritas (ya en diarios, ya en cartas, ya en versos):
Sigamos considerando y
explotando el mundo de mi alma, único mundo que asombró
a Bécquer, resultándole pequeños los mundos que veía
brillar en la noche. Así como un buen auriga romano lo
mismo podría guiar dos o tres, que cuatro parejas de
corceles uncidos en su carro para la carrera del circo,
así también hay espíritus que lo mismo pueden
especializarse en distintas ciencias sin por eso dejar
de tener una vocación marcada y conocida. No hay que ser
un genio, ni siquiera un mediocre. ¿Acaso el más
estúpido de mis compañeros, no ha estudiado en el
bachillerato siete y ocho materias completamente
distintas unas de otras? Pues yo también siento amor por
otras artes y ciencias. La literatura me encanta y me
subyuga. ¿Qué si tengo facilidad para ella? En mil pedazos fue hecha aquella libreta de ver que no correspondía el valor literario de esos versos a mi ambición y juré no pensar en versos nunca jamás, cuando en verdad aquellos versos eran joyas literarias, pero el candor, calor y sentimiento de ellos, jamás los igualará mi alma nuevamente.(8) [8 de mayo] VIII Lamy-Nicanor-Antonio combinaba la exteriorización implícita en la escritura de proyectos de vida con silencios muy llamativos. ¿Qué pensaba realmente de su madre? ¿Le había perdonado la orfandad afectiva, un tanto inusual para la idiosincrasia de un joven admirador del Ariel (1900) de José Enrique Rodó (1872-1917), quien defendía los valores éticos y culturales de la tradición latina? En el noviazgo con Silvia Masvidal Ramos (1904-1998), sorprendían las continuas referencias a la necesidad de saberse amado y de que en ello residía una parte importante de la estabilidad psíquica para emprender las acciones en pos del éxito: Hoy, domingo, me pasé las horas en mi cuarto escribiendo diez cartas y leyendo los papeles de Silvia. ¡Qué carta más sublime le escribí hoy! [10 de abril] […] Tarde me levanté. No hice casi nada. Le puse un cable a Silvia. ¡Oh, qué duro es no saber de ella! […] Triste estuve, pues solo pensaba en lo feliz que sería con ella a mi lado, en esta puesta de sol, cuyos tintes morados me recuerdan sus ojeras grandes y misteriosas [11 de abril] […] Mi mayor alegría ha sido una carta de Silvia, una sola. ¡Qué ternura! ¡Qué poesía contiene esa carta! Siento que un paroxismo de alegría me brinda fuerzas para conquistar el mundo. [15 de abril] Dos son las cartas que tengo de mi Silvia. He resuelto que mañana, cuando escoja mi rumbo, haga todo menos [no] estar a su lado. Si así no lo hiciera sería un criminal. ¿Cómo pagar tanta abnegación, tanto amor? No, muy pronto y para siempre a tu lado. He visto que he penetrado en mi "yo" y allí se ha retratado, diáfana, como el agua en un recipiente de cristal, y hemos venido a formar un todo, que será eterno e indisoluble. ¡Lo he querido y así será!(9) [16 de abril] Lamy-Nicanor-Antonio compensaba el vínculo traumático con su madre y el rechazo al sexo tarifado en los burdeles, con el placer de la construcción de imágenes sobre Silvia, la perfección mítica de una mujer que debía satisfacerle las ansias de la estabilidad afectiva, prioritaria para los proyectos de éxito personal. El amor, como un acto de voluntad personal, también se regía por los principios de los deseos-órdenes de su "yo" alter ego, con quien discutía y elaboraba los proyectos de una praxis generada en los designios de una razón apasionadamente romántica. IX Se ha dicho que Don Nicanor era masón y, que llegó a presentar al hijo en su logia. (¿Cuál?) Él pertenecía también a la comunidad habanera de dominicanos, la cual se había activado para ayudar a los exiliados, que arribaron tras el desembarco y brutal ocupación de los marines yanquis de la República Dominicana (marzo de 1917). Lamy-Nicanor-Antonio se sentía cubano y latinoamericano, dentro de las modalidades del arielismo que inspiraba Rodó y del sentimiento indignado que proclamaba la famosa oda «A Roosevelt» (1904) incluida por el poeta Rubén Darío (1867-1916) en el libro Cantos de vida y esperanza (1905). La invasión yanqui a la patria del progenitor le acendraba un fervor patriótico antimperialista y lo estimulaba a autoimaginarse en el cumplimiento del deber personal, que actualizaba el ejemplo heroico del abuelo, el general Mella. Creía que podía responderse a la violencia yanqui con acciones discursivas tan eficientes como el folleto La ocupación de la República Dominicana por los Estados Unidos y el derecho de las pequeñas nacionalidades de América (1919) del historiador Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964), quien con los argumentos del derecho internacional demostraba los fundamentos de un atropello que se había repetido en otras naciones del Caribe (como en México y Haití). Lamy-Nicanor-Antonio había elegido la carrera de las armas. El padre le financió un viaje a México para autogestionarse una matrícula en el Colegio Militar recién abierto. Se embarcó el 1 de abril de 1920 en el vapor Monterrey. Se visualizaba como un personaje protagónico de aventuras (acaso un nuevo Don Quijote). Se ejercitaba en la introspección al decidirse a llevar un diario, que en un futuro inmediato tendría una segunda lectora parcial en Silvia. Se esmeraba en pintarse como un personaje de motivos literarios románticos y patrióticos. ¡Qué baile infernal trae el vapor! Y yo no me mareo, porque no quiero; ¡Oh, poder grandioso de la voluntad! Llevando el espíritu hacia mis locuras, ni siquiera me puedo dar cuenta de que existe esta enfermedad. [6 y 7 de abril] ¡Miento! No estoy solo ni desesperado. Soy fuerte de alma y cuerpo, sé lo que valgo y esto vale mucho. Ya triunfaré sin ayuda de nadie. ¡Qué delicioso es esto! [6 y 7 de abril] […] No me importa. Yo llegaré a la Gloria, así como el barco que me trajo, rompiendo incesantemente la mar, sin escuchar las protestas de las olas ni los peligros que corría llegó a puerto. Así llegaré yo. [12 y 13 de abril] […] Primero analicé mi ambición. Como el anatómico conoce al cuerpo humano, así sondeando en los abismos de mi Yo, he logrado saber cuál es mi ambición: La gloria y el poder. ¿Solo por vanidad? No, he visto que en las cavernas de mi Yo, habita un ser noble. He visto que mi corazón palpita al impulso de un ideal, y para la realización de este ideal sagrado, es que deseo la gloria y el poder. Los pueblos hermanos, que un loco tenaz descubriera, cachorros de un caduco león, son presas de un águila estrellada. ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia? Por ninguna. Por esa sinrazón, por esa injusticia, es que un odio furioso como un vendaval guarda el pecho mío contra la Nueva Cartago que aún no ha tenido un Aníbal, y que jamás lo tendrá. Ese amor a los cachorros de mi sangre, y ese odio santo al águila enemiga, son los que engendraron mi ideal de unir a los cachorros, cuyas tierras descubiertas por un loco tenaz, y libertadas después por otros locos tenaces, deben ser poderosas ahora, por el impulso de otro loco tenaz que soy yo.(10) [6 de mayo] Cristóbal Colón (¿1445-1506?) y Simón Bolívar (1783-1839) podrían ilustrar la dinastía de los locos tenaces que transformaron la historia del continente. El lector de Ariel, realzaba la cultura de los pueblos latinos en detrimento de la imagen de los Estados Unidos (como una nueva Cartago). En un hospital público de la ciudad de El Paso, en el estado de Texas, escribía: Ni un libro para calmar la sed de mi cerebro, ni un ser humano con quien disipar el tedio. En tierra bárbara, oyendo lengua bárbara y viviendo costumbres bárbaras. Muy triste todo esto. La nostalgia de la patria me invade con sus amores, sus amigos, sus fiestas, su suelo, en fin todo lo que es patria. Pero ¡No! seamos fuertes. El sentimentalismo mata.(11) [30 de abril] Por ser bilingüe, el inglés constituía uno de sus universos culturales. Cuando lo calificaba de lengua bárbara estaba aludiendo al concepto que tenían los romanos de los extranjeros, de lo que desdeñaban como ajeno a sí mismos. En las preferencias por la historia de Roma, encontró la fascinante personalidad del general Cayo Julio César (100-44 a.n.e.) gran político y autor de los Comentarios de la guerra de las Galias. Lamy-Nicanor-Antonio incorporaba la simbología del juego con los nombres. Le habían impuesto tres. No obstante, ya se consideraba un adulto y estaba listo para rebautizarse con un cuarto, ya gestado en un acto de libertad personal absoluta: "Tengo ya el plan para escribir un drama cuyo título será 'Julio Antonio o la voluntad' […]". Este alter ego en la ficción literaria, se podría transformar en una nueva vida dentro de las acciones políticas y sociales. Para ser un nuevo loco tenaz, Julio Antonio se apropiaba de algunas de las cualidades de esa familia espiritual que se autodiseñaba. Realizó —probablemente— un ejercicio hermenéutico con el nombre del general y político romano. El nombre de César se relacionaba con los usos imperiales de avasallar a los pueblos. No le servía, porque él estaba en las antípodas ideológicas. El de Julio evocaba la individualidad del guerrero-escritor. Sí le satisfacía. Además, reutilizaba Antonio, ya no en función del santo, sino en alusión a Marco Antonio (83-30 a. n. e.), otro general romano, íntimo amigo y uno de los sucesores de Julio César. Julio Antonio, un nombre compuesto en la mejor tradición clásica romana, le permitía sintetizar un destino elegido, que se caracterizaba por el deseo de ayudar a la causa noble de enfrentarse al "águila estrellada". Este nuevo cachorro (12) (que se apropiaba de la metáfora de Rubén Darío en la oda "A Roosevelt") quería ser un buen soldado y por lo mismo aspiraba a formarse en una escuela militar. Si no podía matricular porque era extranjero; sí podía adquirir saberes diferentes y experiencias placenteras en una aventura bélica formativa. En medio de la guerra civil contra el presidente Venustiano Carranza (1859-1920), quiso ir a probar sus reacciones ante los imponderables del riesgo imprevisto. Subió a los trenes para salir de la ciudad de México, cruzar la frontera y llegar a El Paso en Texas, donde fue hospitalizado. En el trayecto descubrió que: Me gusta esta vida de peligros y de aventuras, con tal que no me salgan mal algún día. [21 de abril] […] […] me alegro de saber que ni en el momento crítico tengo miedo [24 de abril] […] De mi situación, me alegro —yo lo quise. Ya triunfaré. [27 de abril] […] Oh, es deliciosa esta vida. Se trata a tantos tipos distintos que instruye más que cuatro años en la Universidad.(13) [12 de mayo] El goce del peligro y de las transgresiones de un sentido común timorato quedaron como marcas estimulantes dentro del estilo de vida que estrenaba Julio Antonio. El 21 de junio de 1920 regresó a La Habana. Tenía la voluntad de concluir el bachillerato en la enseñanza por la libre en alrededor de quince meses. Si no podía estudiar para soldado; sí podía matricular en la Facultad de Derecho de la Universidad, donde se formaban los futuros políticos y se hacían relaciones muy útiles para alcanzar el éxito público. IX La Universidad de La Habana, en octubre de 1921, cuando Nicanor Mc Partland comenzó como alumno se transformaba con respecto al curso anterior. En febrero de 1920, los estudiantes de medicina habían organizado una manifestación para que el claustro profesoral atendiera a pequeños reclamos docentes. La policía los había disuelto a tiros, con el saldo de trece heridos. El general Mario García-Menocal (1866-1942) creía firmemente en la eficiencia de los métodos altamente represivos, los cuales empleó con brutalidad acrecentada en el segundo mandato (1917-1921). Ante la imposibilidad de reelegirse, pactó con el dirigente del Partido Liberal, el doctor Alfredo Zayas Alfonso (1861-1934), quien era un candidato persistente, para que este le sucediera en la jefatura del Estado. Zayas, un intelectual muy culto y cínico tenía otra mentalidad política. Practicaba el presidencialismo voluntarista (como García-Menocal); pero evitaba la represión pública. Entendía que los mecanismos de la demagogia resultaban más oportunos y eficientes, en una nación sometida a una grave crisis económica desde octubre de 1920. Zayas podía prometer cualquier cosa con una sonrisa seráfica y después ejecutaba lo contrario sin inmutarse. En las coordenadas nuevas del espacio político y social que implantaba el zayato, había posibilidades para que se estructuraran y desarrollaran los movimientos sociales. Desde 1918, cuando estalló el movimiento estudiantil de reforma universitaria en la Argentina, había alumnos y profesores cubanos que se habían venido informando de cómo sus respectivos colegas se iban convirtiendo en activísimos agentes sociales. En el curso 1921-1922 ya trabajaban las asociaciones por facultades y hasta asistió un delegado al primer Congreso Internacional de Estudiantes, celebrado en México (septiembre). En noviembre, los dirigentes de la Facultad de Derecho publicaron un manifiesto y exigieron que se paralizara la iniciativa gubernamental de entregarle el primer doctorado honoris causa al general Enoch Crowder, enviado especial del gobierno norteamericano para una asesoría en función de la crisis provocada por el crac bancario de octubre de 1920. Él atendía los asuntos de cada secretaría. Vivía en el barco de guerra "Minnessota", surto en el puerto; allí daba audiencias. Desde enero de 1921, él simbolizaba la prepotencia de los funcionarios del neocolonialismo. Era profundamente odiado. La Asociación de Estudiantes de Derecho aprovechó el incidente anti Crowder para hacerse sentir en la vida pública con una manifestación del Parque Maceo al Palacio Presidencial. Los representantes de Zayas atendieron con amabilidad a los delegados. Mientras, otro grupo bloqueaba el Aula Magna de la Universidad para impedir de todos modos la posibilidad del acto. La insurgencia desafiante había encontrado un espacio público favorable. Se había desencadenado una coyuntura en la que eran posibles las respuestas alternativas, sin riesgo excesivo para la vida, o sin un expediente inmediato de deportación para los inmigrantes. Zayas había modernizado las reglas de la política y los estudiantes lo aprendieron con celeridad. X Nicanor Mc Partland Diez debió haber sido una víctima de las novatadas. Hizo amistad con los alumnos de años superiores y se acercó a la dirigencia de la asociación. Se involucró en los incidentes anti Crowder y un años después ya era miembro del grupo Renovación, que tomaba su nombre de una publicación de los reformistas en la Argentina. Se convirtió en uno de los fundadores de la Comisión Atlética Universitaria y se distinguía como deportista (imagen que lo favorecía para darse a conocer). Organizaba secretamente la fraternidad de los Manicatos. Integraba la membresía de la Asociación de Alumnos. Y se afanaba por encontrar una nueva novia, porque Silvia se había ido definitivamente para Santa Clara. Promovió la revista Alma Mater que se reconocía heredera de otra llamada Varsity (de la que no se habían conservado ejemplares). Utilizaba como periodista el seudónimo de Lord Mc Partland. El apellido que se relacionaba con la vergüenza por ser un bastardo (de acuerdo con los prejuicios de la moral burguesa); él lo validaba —en un desafió irónico— como un motivo de orgullo literario. En los artículos para Alma Mater, reiteró el tema de la crítica antimperialista a las acciones de los Estados Unidos. Censuraba el expansionismo de Teodoro Roosevelt y las componendas del panamericanismo. Declaraba que todo lo que fuera estrechar las relaciones comerciales, propagar la gran Kultura Yanqui, en fin, todo lo que sea Panamericanismo, nos huele mal, nos llena de desconfianza. […] […] ¿acaso no les basta tener Guantánamo, la Enmienda Platt, o sea toda Cuba y su honor, la mayor parte de los centrales de azúcar, casi todos los bancos y casi todo el comercio en general?(14) Dos conceptos que se propuso legitimar fueron los de revolución revolucionario, tan atacados por los políticos reaccionarios. Se necesitaba precisarlos con los mayores atractivos para convencer a otros jóvenes: es la tempestad que estalla después de haberse estado condensando en las alturas por algún tiempo, lo mismo que en los aires existen aves, y en las selvas bestias que la presienten y se prepararan, así las tempestades de la sociedad las comprenden algunos y se lanzan a encauzarlas en provecho y beneficio de la comunidad.(15) Uno de los legados fundamentales de la experiencia universitaria radicó en que Mella descubrió los textos de José Martí (1883-1895). Se lo leyó con rapidez y quedó impresionado por un líder en el que descubría zonas ideológicas comunes, y en el que se tornaba paradigmático el concepto de la acción revolucionarias: "Tenía la eterna inquietud de aquellos que sintiendo el fuego de un ideal saben que tienen la misión divina de arder para dar luz y calor a los humanos, como los soles centro de los sistemas."(16) Este "cóndor de fuego marchando hacia los cielos infinitos" se le presentaba como una personalidad, cuya fuerza movilizativa debía ser mejor apreciada por los jóvenes, quienes debían conocerlo más y mejor. Otra personalidad que le impactó fue Lenin (1870-1924): En su tiempo y en su medio, fue un avanzado, y un superhombre que supo con el poder de su genio dar un impulso poderoso a la transformación de una civilización. No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones hechas por otros hombres en otros climas, en algunos puntos no comprendemos ciertas transformaciones, en otros nuestro pensamiento es más avanzado pero seríamos ciegos si negásemos el paso de avance dado por el hombre en el camino de su liberación. No queremos que todos sean de esta o aquella doctrina, esto no es primordial en estos momentos, en que como en todos, lo principal son Hombres, es decir, seres que actúen con su propio pensamiento y en virtud de su propio raciocinio, no por el raciocinio del pensamiento ajeno. Seres pensantes, no seres conducidos. Personas no bestias.(17) En el editorial "Nosotros", Julio Antonio recapituló las fases de su evolución ideológica al precisar en el emblema de un ángel rebelde el simbolismo que lo definía como un nuevo agente del cambio social revolucionario, entendido como la función programática de un ideal de vida: "He aquí lo que somos hoy, eternos jóvenes rebeldes, luchando en medio del fuego y del humo de la vida, luchando con las ideas en lo más alto del pensamiento humano para la liberación de la humanidad. […]" […] esta inquietud constante, este renovar continuo de ideas y cosas es la condición esencial de nuestro existir.(18) En 1926 regresó al motivo de una mentalidad transgresora en el artículo "Por la creación de revolucionarios profesionales". Estimaba que era un oficio utilísimo y uno de los que "más importantemente llena la gran necesidad del progreso social". Y explicaba que: La principal característica del revolucionario es su comprensión absoluta y su identificación total con la causa que defiende. Las ideas que abrazan se convierten en dinamos generadores de una energía social. […] Dan la sensación monstruosa de locomotoras avanzando por selvas vírgenes y ciudades populosas. […] No aspira al "trascendentalismo". Tiene orgullo de ser puente para que los demás avancen sobre él. Probablemente no creerá en el superhombre nietzcheano. Pero reconoce el progreso habido del gusano al mono y de este al hombre. […] Es la profesión sin competencia, la profesión triunfante, la profesión que todo hombre honrado debe desempeñar.(19) Julio Antonio había abandonado como sueños obsoletos el deseo de triunfar en las coordenadas integradoras de la escritura como arte de Apolo y de la acción como espacio para la fama en el arte bélico de Marte. Se podría identificar con un altivo Prometeo en los anhelos utópicos de legitimar los derechos a un paradigma, en que "la inquietud constante" y la renovación continua de ideas fueran "la condición esencial de nuestro existir".
Él, un loco tenaz, suscribía un programa de modestia, implícita
al proponer como una alternativa de vida el principio de
convertirse, con orgullo, en un "puente para que los
demás avancen sobre él". Se trataba de un redimensionativo de la cualidad anticipatoria, como
expresión del nuevo mito de un Prometeo, combatiente del
derecho a que cada ser humano actúe "con su propio
pensamiento y en virtud de su propio raciocinio" al
servicio de las causas de hacer más plenos, libres y
felices, a todos los nuevos sujetos de la praxis social. |
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