| LA JIRIBILLA |
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MELLA: CIEN AÑOS El 25 de marzo de este año se celebra el centenario de su nacimiento, que estuvo velado por esa bruma misteriosa, para principios del siglo XX, de los “amores ilícitos”. Su padre, Nicanor Mella, un dominicano de 53 años, casado, asentado en La Habana, conoce en el sur de Estados Unidos a la muy joven irlandesa Cecilia Mac Partland, y de esa pasión son frutos Nicanor (luego Julio Antonio) y Cecilio. No recibirán el apellido del padre, la ley de entonces lo impedía, y serán Mac Partland. La infancia de, llamémosle en lo adelante, Julio Antonio Mella, pues la historia del nombre sería otro tema, estuvo entonces dibujada por los avatares de esa incertidumbre. Vive con la madre en Irlanda (según dato reciente que recoge el periódico Juventud Rebelde) y luego es acogido en el hogar del padre, pero sin reconocer que forma parte de la familia consanguínea. Desde su ingreso en la Universidad de La Habana para estudiar Derecho y Filosofía y Letras, Mella, fuerte, de seis pies de estatura, pelo negro y ensortijado, mirada profunda y sonrisa cautivadora, es un líder nato. Para recoger sólo algunos instantes: funda en 1922 la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), la revista Alma Mater, encabeza el proceso de Reforma Universitaria, conduce el Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes. No es todo, se vincula al movimiento obrero y en 1923 crea la Universidad Popular José Martí. Es un joven de pensamiento muy avanzado, tanto así que en 1925 es figura fundacional de dos agrupaciones políticas: la Liga Antimperialista de las Américas y el primer Partido Comunista de Cuba, en este caso junto a Carlos Baliño, quien había sido cercano colaborador de Martí. Un año más tarde es expulsado de la Universidad de La Habana, y luego encarcelado. Su protesta ante la injusticia es una famosa huelga de hambre de 16 días que acapara titulares en la prensa de la época. El dictador Gerardo Machado se ve obligado a liberarlo, pero es obligado al exilio, que se convierte en un tránsito de cárcel de Honduras, a cárcel de Guatemala, hasta llegar a México. México es tierra fecunda para la labor, que luego se aprecia, urgente de Mella, funda la Asociación de Nuevos Emigrados Cubanos, ingresa en el Partido Comunista mexicano, escribe en varios periódicos, Cuba Libre, El Libertador, Tren Blindado, El Machete. El Machete tiene connotaciones diferentes. Allí trabaja junto a la fotógrafa italiana Tina Modotti. Se han conocido en la campaña en pro de la liberación en Estados Unidos de Sacco y Vanzetti y entre ellos surgió un amor capaz de inspirar cualquier novela. Tina tomará las más famosas y conocidas fotos de Mella que lo revelan en su belleza, sensibilidad y pasión. Ella estará a su lado el infausto 10 de enero de 1929 cuando Mella cae abatido en una calle mexicana por dos tiros de un asesino a sueldo. Trasladado a la Cruz Verde muere sin haber cumplido los 26 años. La italiana, calumniada y expulsada de México, continuará su intensa lucha revolucionaria. Puede regresar en 1942 y allí la sorprende a su vez la muerte. En su ensayo Verdad y leyenda de Tina Modotti, Premio Casa de las Américas 1988, Christiane Barckhausen-Canele incluye un testimonio de Adelina Zendejas sobre el fallecimiento: “Tina estaba sobre la misma mesa fría, de piedra, donde yo había visto, trece años antes, a Mella muerto”. Esas increíbles, magníficas, aun cuando algo macabras, casualidades de ¿la vida? que son parte ya de la leyenda de aquel amor. El proyecto Mella Ahora, para celebrar la centuria de este personaje singular, el Centro Pablo de la Torriente Brau se adentró en el mejor de los proyectos, publicar por su Editorial La Memoria, un libro, Mella: 100 años, estructurado en dos partes, rápidamente explicadas en el prólogo por Ana Cairo. La historiadora se decide a comenzar por la segunda parte conformada por una Cronología (1903-2002), una Bibliografía selecta, unos Índices (por autores y temático) y un Fichero de Autores. “El objetivo cardinal del libro se encuentra en la primera parte, que se integra por tres secciones interconectadas”: Documentos y recuerdos, donde “se privilegia la memoria testimonial de los que le conocieron” los que se han “contrapunteado con la propia voz de Mella” a través de su Diario del primer viaje a México en 1920 (“desconocido para la mayoría de los lectores hasta 1999 en que lo difundieron anotado los historiadores [Adys] Cupull, y [Froilán] González), cartas a su esposa Olivín Zaldívar y a Tina Modotti, actas de la FEU, artículos, manifiestos. Luego viene Textos Poéticos y narrativos y canciones, gracias a la cual “se aprecia el impacto carismático de la personalidad sobre otros creadores”, entre ellos José Lezama Lima, quien lo incluye como el personaje de Apolo en su novela Paradiso, o Alejo Carpentier en la novela El recurso del método (será El Estudiante, aunque “ tiene los rasgos físicos que recuerdan a Rubén Martínez Villena; pero su trayectoria biográfica evoca a Mella”). Esta primera parte incluye además Valoraciones donde “se compilan los temas de interpretación. Mella y los problemas de la historiografía en Cuba y en México tienen un estatuto preferencial”, con textos, entre otros, de Cupull y González, Rolando Rodríguez (sobre la sanción impuesta a Mella por el Partido ante la decisión de la huelga de hambre del 25), Caridad Mazón (sobre la amistad con Martínez Villena), Antonio Puerta (sobre el asesinato) o del argentino Néstor Kohan (Mella político y pensador).
Mella: 100 años,
cuidadosamente editado por Emilio Hernández, es un
título que nos facilita el contacto con Julio Antonio
Mella, en toda su dimensión de líder y leyenda. |
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