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MELLA
La
vida de este singular hombre que hizo tantas cosas como
si viviera muchas vidas, no cabe en grupo de cuartillas.
Por su intensa actividad fundacional generalmente se le
asocia con la acción. Es un craso error. Si bien dedicó
su pluma especialmente a asuntos sociales y políticos,
hombre de una amplia cultura, realizó análisis
brillantes sobre el pensamiento de figuras que lo
signaban.
Paquita de Armas
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La
Habana
Alguna vez
un amigo me mostró por unos minutos una colección de
fotos hechas por Tina Modotti a Julio Antonio Mella.
Quedé fascinada no solo ante la belleza de aquel hombre
atlético y viril, sino ante su actitud de pose para con
su amada amante.
Pensé
–y pienso- que solo un varón sin ningún tipo de
complejos, abrazado por un intenso amor, se entrega así
a la cámara que esgrime su compañera para inmortalizarlo
en imágenes. Y es que cuando Mella y Tina se conocieron
en México, en 1927, ya él era una personalidad notoria,
no precisamente como modelo, sino como dirigente
político.
“Julio
Antonio tenía una figura como la de un Apolo, era un
hombre atractivo, además poseía una voz cálida,
profunda, convincente, que atraía e impresionaba al
auditorio, casi podría decirse que fascinaba”, así lo
describía la mexicana Adelina Zendejas.
Entretanto, Alejandro Gómez Arias, compañero de
estudios, comentó: “Puso siempre dentro de la
escuela una especie de muro de silencio entre nosotros y
su propia personalidad; no era, hasta donde yo lo
recuerde, el tipo de cubano alegre; me daba la impresión
de ser un hombre poseído de ciertas ideas que lo hacían
retrospectivo y silencioso. Era físicamente muy
atractivo, hay una foto hecha por Tina Modotti, donde lo
recoge así, lo recuerda como era él, un tipo varonil y
arrogante”.
La
vida de este singular hombre que hizo tantas cosas como
si viviera muchas vidas, no cabe en grupo de
cuartillas. Hijo de Nicanor Mella y Cecilia Mac Partland,
es inscripto por el padre a los 10 años como Nicanor Mac
Partland. Evidentemente fue fruto de un amor
extramatrimonial. Ya para esa fecha ha viajado con su
madre y hermano a Estados Unidos.
Con 16
años solicita su ingreso en el Instituto de Segunda
Enseñanza; a los 18 viaja a México donde supuestamente
estudiaría una carrera militar y a esa misma edad
ingresa en la Universidad de La Habana en la Facultad de
Derecho y Filosofía. Un año más tarde es el
administrador y colaborador de la revista Alma Mater.
En
1923 dirige el movimiento reformista en la Universidad y
funda la revista Juventud. Ese año hace realidad
un sueño: crea la Universidad Popular José Martí y en
agosto de 1925 funda, junto a Carlos Baliño, el Partido
Comunista, mientras del 5 al 23 de diciembre protagoniza
una huelga de hambre con la que sale de la prisión.
Unos meses después se va a México. En Cuba no podía
seguir porque el dictador Gerardo Machado lo mataría en
cualquier momento.
Junto
a una acción tras otra, muchas de ellas fundacionales,
el joven dirigente deja en Cuba decenas de textos. En Nuestro credo del primer número de la revista
Alma Mater, dice: “Por medio de este órgano los
estudiantes cubanos se comunicarán espiritualmente con
todos los compañeros que hablan el idioma de Cervantes
en ambos hemisferios, y divulgaremos así la cultura, el
valer de la juventud intelectual cubana”. En esa
misma edición publica la sección En el feudo de
Bustamante, firmada por Lord Mac Partland, el primero de
los múltiples seudónimos que utilizó.
“La
verdadera función de la universidad en la sociedad, no
debe ni puede ser el más alto centro de cultura una
simple fábrica de títulos, no es una Universidad latina
una escuela de comercio a donde se va a buscar tan solo
el medio de ganarse la vida, la Universidad Moderna debe
influir de manera directa en la vida social, debe
señalar las rutas del progreso”,
escribe en esa propia revista en su número cuatro.
“Intelectual es el trabajador del pensamiento. ¡El
trabajador! O sea, el único hombre que a juicio de Rodó
merece la vida, es aquel que empuña la pluma para
combatir las iniquidades, como otros empuñan el arado
para fecundar la tierra”,
afirma en el número uno de la revista Juventud, mientras
que
en el primer aniversario de la Universidad Popular José
Martí, escribió “Propagamos la cultura, sí, pero no
la cultura hipócrita y oficial. Nuestra cultura y
nuestros esfuerzos tienen como fin revolucionar las
conciencias de los hombres de Cuba para formar una
nueva sociedad.”.
En esa
propia revista, en su número once, presenta al poeta
argentino José Leopoldo Franco e incluye ocho poemas del
escritor que aplaude con devoción.
Por su
intensa actividad fundacional, a Mella generalmente se
asocia con la acción. Es un craso error. Si bien dedicó
su pluma especialmente a asuntos sociales y políticos,
hombre de una amplia cultura, realizó análisis
brillantes sobre el pensamiento de figuras que lo
signaban.
“Proletarios de todos los países,
uníos”, Marx
“Juntarse es la palabra del mundo”, Martí
"He
aquí dos sentencias pronunciadas en diferentes latitudes
y por hombres muy distintos; pero encerrando ambas una
profunda verdad”
es un excelente texto, publicado en el periódico
Aurora, donde compara a los dos grandes pensadores
que tanto influyeron en él.
Cuando
llegó a México, en 1926, casi inmediatamente fue
miembro del comité ejecutivo de la Liga Antimperialista
de las Américas. No es para menos, su visión sobre el
enemigo del Norte y el peligro que representaba para los
países latinoamericanos, la había expresado en varias
oportunidades. “El ideal de Bolívar debe ser nuestra
aspiración, el de Monroe es nuestra muerte”,
sentenció en uno de los textos publicados en Alma
Mater.
Estaba
casado con Olivia Zaldívar. Algunos dicen que ella no
comprendía las ideas de su marido. Lo siguió a México,
salió embarazada y perdió al bebé. Vio cómo Mella metió
el cuerpecito en una caja para enterrarlo, secretamente,
en el cementerio, porque no tenía con qué pagar el
entierro. Cuando volvió a quedar embarazada, regresó a
Cuba. El padre nunca vio a su hija Natacha.
A su
vez, Tina Modotti era la compañera de Xavier Guerrero,
quien en ese tiempo estaba cumpliendo una misión en la
URSS. Cuentan quienes presenciaron el encuentro entre
ella y Mella que fue un flechazo. No quería decirle a
Xavier por medio de una carta que amaba a otro hombre,
deseaba hacerlo personalmente, pero el cubano, siete
años menor que ella, la apremiaba. Al fin, a través de
un amigo común se lo dijo a Xavier y comenzó una
relación doblemente intensa con Mella. Compartían,
además de la pasión, todos los trabajos como miembros
del Partido Comunista Mexicano y de otras actividades
revolucionarias.
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Tina Modotti
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El 11
de septiembre de 1927, desde Veracruz, Mella le
escribe: “Mia cara Tinísima: Puede ser que para ti
fuera una imprudencia el telegrama, pues estás
acostumbrada a llenarte de asombro por todo lo que hay
entre nosotros. Como si fuera el crimen más grande el
que cometamos al amarnos. Sin embargo, nada más justo,
natural y necesario para nuestras vidas”.
Desde
1922, fundado por los miembros del sindicato de
artistas, circulaba en México la revista El Machete,
con dimensiones poco usuales, servía para cartel. Nació
para difundir un arte accesible al público y contaba
con dibujos de Diego Rivera y otros grandes muralistas
mexicanos. En ese medio de difusión, Mella dio a conocer
numerosos trabajos con los seudónimos de Kim y de
Cuauhtémoc Zapata.
En el
número uno de la revista Tren blindado, publicó
una valoración de Octubre, un filme soviético: “El
cine es el arte favorito de la multitud. Ningún otro
expresa mejor su sed inacabable de imágenes y movilidad.
El cine yanqui, con excepción de films (sic) como los de
Chaplin, había venido siendo utilizado para la
propaganda militarista y para la formación del cerebro
de las nuevas generaciones en el culto sagrado a los
dioses del Olimpo financiero de Wall Street. Octubre
es el film de la Revolución. Ahí la técnica y el
argumento han llegado a su mayor grado de sincera
expresión moderna, en el país del proletariado”.
En los
archivos del Partido Comunista Cubano se encuentran
textos inéditos de Mella. Por ejemplo:
Glosas
al pensamiento martiano, un libro que debe escribirse.
“Hace
mucho tiempo que llevo en el pensamiento un libro sobre
José Martí, libro que anhelaría poner en letras de
imprenta. Puedo decir que ya está ese libro en mi
memoria. Tanto lo he pensado, tanto lo he amado, que me
parece un viejo libro leído en la adolescencia. Dos
cosas han impedido realizar el ensueño. Primero: la
falta de tiempo para las cosas del pensamiento. Se vive
una época que hace considerar todo el tiempo corto para
HACER”.
También el cuento “El asno con garras”, escrito en 1926,
que no se sabe si lo publicó en algún lugar o no.
Se ha
descubierto que fueron fraguados varios planes de
asesinato contra Mella. Le seguía dando muchos dolores
de cabeza a Machado. El 10 de enero de 1929, “cuando
caminaba por la Avenida de Morelos, al torcer por
Abraham González, sintió dos disparos” según su propia
declaración en la Cruz Roja, donde murió a las 2 horas y
15 minutos del día 11.
Tina
contó que al sentirse herido, Mella cruzó la calle para
evitar que una bala la dañara a ella. Ya en la acera, al
desvanecerse en un desmayo en sus brazos, le dijo:
Muero por la Revolución. A partir de ese instante
ya no encontraría al llegar a su casa un papelito con la
frase “te amo” o una flor. La comunista italiana había
perdido su gran amor, Cuba a uno de sus hijos más
grandes.
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