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EMPIEZA EL SHOW

Rubén Padrón Astorga


¡En unos días llegan los play off! Esta acelerada serie nacional que apenas en diciembre comenzó, en el mes de marzo ya se va despidiendo de una clasificatoria llena de sorpresas. Un equipo Industriales tan ganador que ni los industrialistas perdemos el asombro, un campeón que disimula malamente sus muchas derrotas, un subcampeón que probablemente tenga que ver las finales por televisión, un Cienfuegos que casi gana lo mismo que Pinar del Río, y una aplanadora santiaguera que en su historia había sido tan persistentemente aplastada. Esquiva y volátil, ha sido en los últimos años de las clasificatorias más necesitadas de una segunda parte que remedie y vitalice las emociones que se ha guardado de convocar.

Los play off son una serie corta, pero decisiva. Lo que importa no es su calidad, pues cada partido es un dramático paso firme hacia el fin inevitable. El abundante sistema estratégico del juego de pelota se simplifica en una mágica frase lapidaria: ganar como sea. Los brazos de los píchers, las lesiones de los jugadores, la paciencia de los managers, las aspiraciones particulares, se aprietan en fila tras la convulsa angustia de perder antes de tiempo. Por eso siempre he pensado que los fanáticos improvisados de finales de temporada no son verdaderos fanáticos. He observado con desconfianza la emoción de esos alucinados tardíos, cuando de pronto descubren que la interminable serie nacional se convierte en play off, en agitación, en urgencia, en fascinación. He visto entonces visitar el estadio a personas que viven sin prestarle más interés al beisbol que al nado sincronizado, que esperan las noticias de cada jornada con la misma expectación con que aguardan la caída del sol y que van a dormir con la conciencia limpia, pero con la pelota olvidada.

Yo no soy el arcángel de los strikes, ni el redentor de las bolas, y no quiero hacer promoción de una rutinaria temporada, ni voy por ahí cambiando gustos. La clasificatoria que va concluyendo ha sido aparatosamente desproporcionada en cuanto a diferencias de victorias entre occidente y oriente, diferencias que no incluyen el privilegio de clasificar. Hasta el juego 75 todos los equipos occidentales tienen más victorias que el posible cuarto clasificado de oriente. Ningún equipo oriental, salvo Villa Clara, sobrepasa en victorias a cualquiera de los del grupo B. Los tres mejores conjuntos del campeonato, Industriales, Villa Clara y Pinar del Río, hace rato están clasificados, y la lucha más intensa por el pase a la final la han emprendido los que no deben ser sus principales ambientadores.

Un play off no es un nuevo campeonato, sino un órgano, una parte inseparable de lo demás. Si logra sacudir un campeonato anodino, o despertar intereses tardíos, no se juzgue mágico, es lo que tiene que hacer. No se explique bueno, sino inevitable.

La eficacia desmedida del play off salvador se alimenta del tedio de la clasificatoria. Este año vamos a asistir a un play off que promete muchas emociones, desgraciadamente cada una con su estigma y su poco de culpa. Una clasificatoria cerrada, peleada, angustiosa, –nótese que no me refiero a la calidad implícita del juego de pelota–, estará menos sujeta a las repercusiones de un postrero play off.

Verbigracia: la final del año pasado no pudo ser más emocionante, el último out fue una soberbia prueba de firmeza mental: el que la pasó está entero. Unos meses después los equipos que la protagonizaron andan en extraños pasos nauseabundos. ¿El éxito emocional de aquella final no se ha empañado un poco? ¿El éxito de aquel play off sigue en pie? Si se repite, ¿estaremos en condiciones de volver tan intensamente a vivirlo?

Necesariamente la exaltación del final es grande. Buena parte de la temporada se construye en función de ese final. A él llegan los mejores equipos, o al menos los equipos que han sabido ganar. Es relampagueante y definitivo. Pero el play off no puede convertirse en show paroxístico que arrase con 90 largos juegos de clasificatoria. Sería preferible acortar semejante tedio y vibrar frenéticamente un par de semanas de play off. Al cabo, la conciencia dormiría en paz y el beisbol sería una fiesta.
 

 
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