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“[…] AL DIVINO CUBANO […]”
La entrañable confluencia Heredia - Martí
Lic. María
Isabel Hernández Cobas
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Santiago de Cuba
“Bañado aún de lágrimas el rostro…” fue como nuestro
Apóstol José Martí sintió a José María Heredia y clamó
para siempre porque los cubanos todos honráramos
perpetuamente su vida y su obra, la gloria del que
exaltó con el corazón las bellezas de su Cuba adorada,
amáramos a quien entonó el canto primero a las palmas y
a la estrella, marcando pautas en el reconocimiento de
nuestros símbolos patrios…”y la estrella de Cuba
eclipsada por un siglo de horror queda ya”.
Escribió así el hombre que en vano buscó en la realidad
latinoamericana que le rodeaba, el amor y la virtud,
cuando buscaba anheloso sus palmas:
Mis
ojos doloridos
no verán ya mecerse de la palma
la copa gallardísima, dorada
por los rayos del sol en Occidente
(A
Emilia, 1824)
Vio, al
igual que lo hiciera luego Martí, la necesidad de una
ruptura con el régimen colonial que oprimía la Isla; lo
asistió el derecho propio brindado por su ilustración de
pensar que:
De un
túmulo de males cercado
El patriota inmutable y seguro,
O medita en el tiempo futuro,
O contempla en el tiempo que fue,
[…]
Escuchar a los rayos y truenos
Retumbar hondamente a sus pies.
La
libertad fue la que motivó su lira, trascendiendo su
obra al pensamiento martiano cuando este pronunció su
majestuoso discurso en el Hardman Hall de Nueva York,
pues él supo señalar los valores éticos, morales y
revolucionarios del hombre que calificó como el de la
“prosa resonante y libre, continuo vuelo de alas anchas,
el primer poeta de América”, desentrañó de su realidad
vital, el inmenso valor que tuvo el bardo para morir
lejos de su patria, su Cuba adorada. Nadie mejor que
Martí lo ha puesto en el pedestal más alto, ubicándolo
en el tiempo que le tocó vivir, cual llama que inflamó
los corazones alborozados con el sentimiento patrio, al
estallar nuestras luchas libertarias. Como él, nadie ha
sabido sembrar para la posteridad el pensamiento
herédico-martiano, abrazado por los revolucionarios: sus
fieles epígonos. De él dijo nuestro Comandante en Jefe
Fidel Castro Ruz:
“Hace
más de cien años, a principios del siglo pasado y en los
tiempos oscuros de la tiranía colonial, un poeta cubano
desterrado, al pasar frente a las costas de su patria
con profunda e inconmovible fe en el porvenir escribió
estos proféticos versos:
¡Cuba!
al fin te verás libre y pura
como el aire de luz que respiras,
cual las hondas hirvientes que miras
de tus playas la arena besar.
Heredia-Martí: gran influencia tiene el pensamiento
herediano en el mejor de los compañeros, quien no
escatimó horas de su intenso trabajo, entregado como
estaba al quehacer revolucionario para organizar la
guerra necesaria, brindando lo mejor de sí en la
entrega desprendida de su acción y encendida oratoria
para enaltecer al Cantor del Niágara; inconmensurable es
su obra para redimir, mejor enaltecer, la vida del que
cantó con majestad desconocida a la mujer, al peligro y
a las palmas.
De él
dijo nuestro Apóstol a modo de reafirmación:
“Donde
son más altas las palmas en Cuba nació Heredia: en la
infatigable Santiago.”
Infatigable ha sido también la obra de este su Santiago
natal para mantener siempre presente al hombre que tuvo
valor para todo menos para morir sin volver a ver sus palmas y a su
madre. Incansable su obrar, desde que en el siglo XIX
hombres de la talla de Federico Pérez Carbó, Emilio
Bacardí Moreau, entre otros, crearon en esta Ciudad, con
filiales en Cuba y en el extranjero la Asociación “Junta
Heredia” manteniéndose incólume la labor pro José María
Heredia, hasta nuestros días, ahora en la Junta Heredia,
auspiciada por la Oficina del Conservador de la Ciudad,
institución inspirada en el legado martiano: “¿Quién si
no cumple con su deber leerá el nombre de Heredia sin
rubor?”
Guiados
por el Maestro cuando expresó que “Honrar, honra”,
honremos entonces al poeta revolucionario en el año de
su bicentenario, a celebrarse su culminación el 31 de
diciembre del 2003. Año en que la Historia ha querido
que Heredia [quien con sus ideas nos legara “el derecho
al respeto universal”] se una a José Martí en el año de
su sesquicentenario, que se ilumine con las estrellas
del enero triunfante el aniversario 50 del asalto a
los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y que
sea la “pompa y fuego” que caracterizó a nuestro Primer
Poeta Nacional, quien nos guíe consustancialmente en
este año de importantes conmemoraciones vinculadas con
el quehacer revolucionario de nuestro pueblo,
justamente, cuando, reiteramos, se significa
fehacientemente su bicentenario. |