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¿SECRETOS DE ALCOBA?
No pocos cubanos y cubanas se vanaglorian
de estar "dándole vuelta a la cintura hasta que
amanezca"; pero si las almohadas hablaran, quedaría
develado cuánto hay todavía de estereotipos, prejuicios
y tabúes en uno y otro sexos. Mientras ellas se ven a sí
mismas como apasionadas, ellos las perciben tiernas y
complacientes. A la mayoría de los encuestados jóvenes,
les basta con la atracción física para tener relaciones
íntimas, ¿los otros sentimientos, esos que nos
distinguen del resto del reino animal, solo llegan con
la adultez y la educación sexual?
Dixie Edith,
Vladia
Rubio, Toni Pradas|
La
Habana
Fotos:
José O.
Castañeda
Cocimientos
de hierbas venenosas fueron el último trago de más de
una mujer, que, en vísperas de la boda, decidía morir
ante la vergüenza de que el futuro esposo descubriera
que no era virgen.
Hoy más de una
adolescente también cree morir de pena. Pero a causa del
bonche que le montan sus amigas por ser de las únicas en
el grupo que sigue siendo virgen.
Aunque algunos
prejuicios y tabúes van haciéndose a un lado, todavía,
sin darnos cuenta, otros siguen asomando su hocico bajo
el colchón
Muchos almanaques se
han deshojado desde los tiempos de la juventud de mi
bisabuela y si en esferas como la moda han tenido lugar
varios episodios retro -el regreso del pantalón
campana, por ejemplo-, en asuntos de sexualidad las
vueltas atrás son menos ostensibles.
El himen, ese
elástico personajillo, hace mucho dejó de ser
importante, al punto que hoy casi se ha vuelto un
estorbo para algunas en estos andares postmodernos. Esa
es una realidad, frágil, en la que algunos se apoyan
para afirmar categóricos que "no hay vuelta atrás". Sin
embargo, conocedores como Masters y Johnson, Bequer y
otros expertos, aseguran haber dejado atrás la llamada
revolución sexual.
"Si los años 60 y 70
fueron décadas de experimentos en el terreno amoroso,
parece que el final del siglo se convierte en era de
cautela, temores y otras búsquedas", así lo resumió en
su tesis de doctorado la psicóloga Lourdes Fernández,
profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad
de La Habana.
A la vez, seguimos
siendo víctimas de tabúes y prejuicios en este terreno,
donde los cubanos se reconocen como "los mejores y más
completos", asegura Orestes con una maliciosa sonrisa de
oreja a oreja, para seguir luego su camino prendido a la
cintura de una despampanante mulata, que, asintiendo, lo
mira como niño a chupa-chupa.
Nos consideramos
paradigma. Una encuesta realizada por Bohemia a
las puertas de este siglo sobre cómo somos los
habitantes de esta Isla, reveló entre las definiciones
que más se reiteraban, la de "caliente" a la hora de
hacer el amor. Así calificó al cubano el 82 por ciento
de las 332 personas encuestadas, procedentes de todo el
país, anteponiendo la sensualidad a otras muchas
características. De entonces acá, el adjetivo sigue bien
a la mano, según ratificó el estudio.
Pero junto a esa
"candela al jarro hasta que suelte el fondo",
convivimos, muchas veces sin saberlo, con esquemas tan
arcaicos como los de épocas pasadas. Aunque el tema sexo
ha dejado de ser tabú en sí mismo, seguimos siendo
herederos de un silencio mantenido durante siglos, al
punto de que para hablar hoy del asunto todavía muchos
lo hacen en voz baja: no se dice pene como se alude al
codo, no se menciona el clítoris igual que a la rodilla.
Tampoco resulta muy
extendido el comprender a carta cabal qué es la
sexualidad, asociándola de modo exclusivo con los
órganos puramente sexuales y la cópula. Una
investigación a cargo de la doctora Natividad Guerrero y
la licenciada Josefina Alonso, del Centro de Estudios de
la Juventud (CEJ) aclara que "aun cuando se parte del
criterio de considerar a la sexualidad como una
dimensión de la personalidad que matiza cada área de la
vida cotidiana (familia, escuela, trabajo, religión,
ideología), a través de la historia la conducta sexual
ha sido enjuiciada de manera particular. La moral se
sexualiza o la sexualidad se moraliza".
"Con sábanas, qué
bueno; sin sábanas, da igual"
Cuando en
los espacios divulgativos y educativos se hace
referencia al cuerpo y particularmente a los órganos
sexuales, por lo general es para evitar enfermedades,
pero "hablar del cuerpo, de los placeres, todavía es un
tabú, un prejuicio", al decir de Aloyma Ravelo,
especialista en la temática.
Esta postura y todo
un conjunto de condicionantes históricas, culturales y
también económicas, trae como resultado -además del
embarazo en la adolescencia y las enfermedades de
transmisión sexual (ETS), los problemas más públicos y
comentados- la permanencia de estereotipos en los roles,
que se hacen extensivos a la relación carnal, la
desatención a disfunciones sexuales como la impotencia,
frigidez y eyaculación precoz, y una represión sexual,
que si bien no tiene lugar a escala institucional, sí
está ahí, no identificada pero latente, entre las
sábanas de muchas parejas.
A Arsenio le gusta
mucho su novia, pero en el fondo-fondo, le molesta que
sea ella quien tome la iniciativa tan a menudo y ni loco
contaría eso a sus socios del barrio. Miladys, por su
parte, desearía experimentar otras posturas con su
marido "pero si se lo propongo va y piensa que yo ando
en algo por ahí por la calle, aprendiendo cosas que él
no me ha enseñado, ¡y con lo celoso que es...!"
Como roles de género
y sexualidad son difíciles de separar, aunque el enfoque
personológico no puede obviarse, también en las
relaciones sexuales íntimas se traducen los mismos
esquemas adjudicados a hombres y mujeres en su desempeño
social. Así, también en la intimidad, el hombre se
siente exigido a asumir el papel del "siempre erecto",
el eterno potente que debe llevar las riendas en cada
coito y ser responsable del orgasmo femenino.
Siglos de herencia cultural le obligan a demostrar su
confiable virilidad.
A la mujer, por su
parte, el estereotipo de la "siempre-madre" la sitúa más
a menudo de lo imaginado en conflicto con su desempeño
de la "mujer-mujer", pues el mostrarse sensual,
seductora, dando pero también exigiendo placer, la lleva
a distanciarse de su rol de sacrificio y entrega a los
demás.
Todo esto, aunque
cada vez más atenuado, sigue generando serias
contradicciones entre el deseo y el acto, y muchas veces
subyace tras las declaraciones de quienes se consideran
fuera de serie a la hora de bailar el toca-toca al ritmo
de Adalberto y su Son.
Entre prejuicios anda
el juego
Tan molesto está
resultando a hombres y mujeres andar con la vestidura de
algunos prejuicios, que los hay quienes en vez de
zafarlas botón a botón, decidieron arrancarlas de un
zarpazo quedando en una patética desnudez porque, con
tanto apuro, junto a los ropajes, ellos mismos se
quedaron desprovistos también de las esencias más
humanas, las que nos distinguen del resto de los
animales.
La mencionada
investigación del CEJ, evidenció, ya en la década del
90, lo que Bohemia acaba de confirmar con la más
reciente encuesta periodística. La mayoría de los
adolescentes y jóvenes entrevistados consideraba que
para "hacer el amor no hay que estar enamorados, que
solo requieren gustarse, que la otra persona resulte
atractiva." En los 90, esta respuesta fue distintiva de
los varones; las muchachas declararon que accedían a
ello "por temor a perder la posibilidad de estar con la
persona que les llamó la atención".
Demostrar la supuesta
madurez que habían alcanzado, desahogar los impulsos,
vivir el momento, y que nadie les contara, eran las
razones que, según los encuestados por el CEJ,
justificaban su sexo sin amor.
Lo cierto es que los
últimos datos mundiales acerca de la edad de inicio de
las relaciones sexuales –los varones entre 13 y 14 años
y las niñas entre 14 y 15- y una cifra nada despreciable
referida a la presencia de ETS entre la población joven,
alerta acerca de la necesidad de enrumbar el tiro de las
acciones de educación sexual.
¿Quién dice que
sexualidad es solo lenguaje de adultos?
Quizás hace
un par de décadas, los jóvenes cambiaban de pareja tanto
como hoy. Sin embargo, la frecuencia con que ahora
sostienen relaciones coitales, muchas veces
desprotegidas, ha crecido. Si bien lo primero puede ser
consecuencia de la propia búsqueda del "yo" que ocurre
en las edades tempranas, lo segundo entra en el terreno
minado de los atentados, incluso, a la salud. Los
propios muchachos, cuando se les pone a meditar sobre el
tema, reconocen en ellos actitudes irreflexivas y hasta
irracionales.
Aunque la doctora
Fernández no niega la existencia de ese "sexo
impersonal" sofocándose en el parque de farolas apagadas
o a la orilla del surco, subraya que a él se opone hoy
"la búsqueda de una relación presidida por el afecto, el
rescate del placer, la comunicación, la entrega y el
enriquecimiento personal..."
La crisis universal
de valores, las feísimas pezuñas del SIDA y los
remolinos de la vida moderna –amores on line
incluidos- son algunas trompetas que llaman a la vuelta
al orden, a la búsqueda de una intimidad sexual
que incluya la comunión psicológica como refugio. Aun
así, no parece haber una conciencia muy generalizada y
tampoco clara de que calidad de vida es también una vida
plena en todo sentido. Sexualidad es mucho más que ir a
la cama.
Lo moral e inmoral,
lo decente e indecente, lo éticamente aceptable y lo
inaceptable, no hay juez que lo decida, sobre todo
porque cada época tiene sus cánones. Esto lo advirtió ya
hace décadas, Federico Engels: "...cuando esas
generaciones aparezcan, enviarán al cuerno todo lo que
nosotros pensamos que deberían hacer. Se dictarán a sí
mismas su propia conducta y, en consonancia, crearán una
opinión pública para juzgar la conducta de cada uno y
todo quedará hecho".
Por el filo de la
"buena hoja"
Casi un 40 por ciento
de los encuestados por
Bohemia
asegura sacarle chispas a la cama, y no contando
ovejitas, entre tres y cuatro veces a la semana
La carne manda
es el nombre de un filme de Rosita Fornés, rodado en
México en 1947. Y mire si manda, que no por gusto la
blonda Rosita, sin duda, hecha a mano, es considerada
por muchos el más sofocante símbolo sexual que han
venerado los cubanos.
Con esta cantidad de preservativos, ¿será de los
que en la encuesta declararon "hacerlo" todos los días?
Sin embargo, hombres
y mujeres de este archipiélago no andan buscando
pretextos en jugosos glúteos o dorsales para apretujarse
los unos sobre los otros. Con apagón o sin él, un
38,6 por ciento dice irse a la cama a retozar entre tres
y cuatro veces a la semana, algo así como andar
cabalgando al pelo unos 200 días en el año como
promedio.
Al menos esto es lo
que refleja una encuesta anónima realizada por
Bohemia a 202 ciudadanos de todas las provincias,
con vistas a tomar la temperatura a la sexualidad del
cubano de principios del milenio. Negros o blancos,
trabajadores o estudiantes, con cierta picardía
devolvieron las planillas. Un total de 98 varones
ofrecieron sus datos, mientras 104 hembras marcaron sus
crucecitas.
A tenor con la
encuesta, mientras más de la tercera parte no para de
jadear, casi el siete por ciento se va triste al catre,
como perro con el rabo entre las patas: once encuestados
lamentaron no tener relaciones sexuales casi nunca y
tres se afligieron por no acordarse desde cuándo diablos
no la veían pasar.
Indagados al azar,
más de un 14 por ciento juró que hacía uso de sus
genitales todos los días sin temor a gastárselos y un 8
por ciento dice comportarse como hedonistas por sudar
las sábanas tan solo una o dos veces en el mes. Ni muy
muy ni tan tan, parece describirse casi un tercio, que
prefiere usar sus gónadas una o dos veces a la semana.
No obstante, los
resultados de una encuesta no pueden tomarse como
absolutos para valorar la frecuencia con que los cubanos
se bajan los elásticos con voluptuosidad. Hoy los
sexólogos escapan a la tentación de estos datos y
prefieren complementarlos usando otras técnicas de
investigación más cualitativas. El lastre de prejuicios
y esquemas acarreado por hombres y mujeres puede en
algunos casos compulsarlos a alterar -de modo consciente
o no- la realidad.
"Aunque se van
modificando –medita la psicóloga Carolina Díaz, del
Centro Nacional de Educación Sexual–, los estereotipos
llevan a los varones a abocarse al éxito y a las mujeres
hacia un rol de servicio, y estos patrones se reflejan
también en las relaciones coitales. Mantenerlas muy
seguidas depende de diversas condiciones favorables:
fisiológicas, espirituales, familiares... Y tener
tiempo, porque el sexo lleva tiempo".
Aun relegando el
valor de una relación realmente enriquecedora, algunos
prefieren lucir todo el tiempo como una "buena hoja"
¿Por qué tú me
quieres tanto?
Cada vez que sube al
escenario Alexis Morejón, cantante del grupo Moncada,
pone en riesgo su melena. O la cremallera, quién sabe.
Recientemente en Santa Clara, durante una actuación en
el parque Vidal, una gran cantidad de muchachas se
abalanzó sobre él. Nervioso, huyó sin encontrar dónde
esconderse, hasta que un policía le dio protección.
Un alto a las miradas
indiscretas
Años atrás, en el
teatro Karl Marx, una chica subió al proscenio y al
abrazarlo, le empujó el micrófono y con él le rompió la
boca. De milagro no se lo hizo tragar. Otras veces le
han mordido un labio. O se le han encimado. Tuvo suerte
también hace poco, pues una adolescente dejó intacto su
pipi luego de atraparlo exitosamente con un zarpazo que
lanzó desde el público.
¿Acaso son tan
calientes los cubanos y cubanas? Si se atiende a la
encuesta, sí. Casi el 57 por ciento se reconoce como
"fogoso" en las coordenadas del bajovientre y cerca del
60 se cataloga "apasionado". Sin embargo, tales bríos
parecen convivir con cualidades más suaves como
"complacientes" y "amorosos" (más de la tercera parte).
Pero como hay de
todo, una ínfima parte se definió "frío" o "egoísta",
mientras nadie se reconoció "aburrido" en esta encuesta,
que brindó además la posibilidad de marcar si se es
"original", "exigente", "tierno", "convencional",
"lento", "fantasioso" o "acelerado". Estos denominadores
quedaron repartidos respectivamente en cuotas que
representan entre un cuarto y un tercio de la muestra.
Por si fuera poco, nuevas designaciones idearon para sí
tres varones: "bárbaro", "cruel" y "campeón"; una dama
se autotituló "sutil". ¿Será pariente de María
Antonieta?
Unos 17 hombres no
dudaron en reflejarse como "castigadores"-fórmula
química de machista y eficiencia amatoria olímpica-. De
ellos, curiosamente 15 procedían de las provincias
orientales. ¡Eh, eh!
Si bien los términos
con que se describen a sí mismos cubanas y cubanos
suelen ser vigorosos, no pasa exactamente lo mismo al
certificar a sus parejas en el perímetro del colchón.
Digamos que el 53 por ciento de los voluntarios la
califica de "complaciente" y el 41 por ciento de
"amorosa".
Tendidos, pero no en
el campo de batalla
Perplejo, el cantante
de moda Carlos Manuel –uno de los que más chicas "hala",
junto al mordisqueado Alexis, al trenzado Mayito Rivera
de los Van Van, Paulito F. G. y Nassiry Lugo, líder de
Moneda Dura,– una y otra vez se pregunta "por qué tú me
quieres tanto, si yo soy malo cantidad".
Sin duda, un problema
de apreciación, pues poco más de la cuarta parte valoró
a su amante como "convencional" a la vez que
"apasionado". Pero nadie se atrevió a reconocer a su
media naranja de "lenta" en el combate cuerpo a cuerpo.
Aunque con menos votos, unos 20 puntos porcentuales,
también la evaluaron de "fogosa"y "original". Otros, sin
mucha piedad, la denunciaron como "exigente" (30 votos),
"egoísta" (29), "acelerada" (20) y "aburrida" (19), en
tanto siete personas viajan al nirvana gracias a sus
parejas "castigadoras".
Catalina que te
compre un guayo que...
Un charro le
explicaba a un cubano que en México "todos somos
macho-machotes". El de aquí, extrañado, respondió que en
Cuba "la mitad somos hombres y la otra, mujeres, y nos
va de lo mejor". Pero la encuesta pone en entredicho
tanta armonía.
Los varones se
catalogan "apasionados" y "fogosos", mientras las ven a
ellas "complacientes" y, en menor medida, "amorosas".
Las féminas, a su
vez, se precian de "apasionadas" y "amorosas", así como
de "tiernas", "complacientes" y "fogosas", en ese orden.
Las señoras han descrito a sus amantes más "amorosos"
que "fogosos", y los han señalado también como
"originales" y "egoístas", una mala sentencia en la
ouija sexual masculina.
Aunque no todos los
especialistas coinciden, Carolina Díaz apuesta a que
este egoísmo puede descansar en las condicionantes
biológicas de cada sexo. Digamos que los hombres tienen
un gatillo que se dispara con apenas una atracción
visual, mientras las mujeres precisan de otros
argumentos en los que no huelgan caricias y
espiritualidades. En lo que el palo va y viene, a gran
velocidad, la pistola está hirviendo y puede dispararse,
mientras la diana apenas anda preparándose.
La especialista no
tiene dudas de que una buena educación sexual es la vía
para lograr que la relación se empareje y sea útil no
solo para dar placer, sino también para recibirlo.
¿La carne es débil?
"Me desordeno, amor,
me desordeno / Cuando voy en tu boca demorada; / Y casi
sin querer, casi por nada, / Te toco con la punta de mi
seno."
Quien este poema escribió despertó en su juventud
fuertes deseos carnales como los que hoy provocan Eva o
Camila, las guitarritas de la telenovela nacional. Tanto
fue, que un abogado, Hugo Amia, le pidió matrimonio.
Pero ella lo rechazó.
Atormentado, este
sorbió un veneno, se dio un tiro y se echó al río. Por
suerte, fue rescatado e internado en un sanatorio para
curar su locura de amor. Luego se casaron y vivieron con
pasión y sufrimiento, hasta que se divorciaron.
Sexualidad es mucho
más que ir a la cama
La atractiva poetisa,
la matancera Carilda Oliver Labra, se refugió en otro
nuevo matrimonio, del cual heredó una larga viudez de
espanto. Cuando ya estaba amistada con la soledad, un
lector, Raidel Hernández, con 48 años menos, enamorado
como un perro de su ídolo, vino a sacudirle a Carilda el
sur de su garganta.
Tal vez la
transgresora poetisa puede explicar por qué la encuesta
arrojó que la mayoría de las personas que rebasan los 50
años ponen como requisito para tener una relación sexual
el estar enamorados (56 por ciento) o que medie algún
afecto (32 por ciento). Empero, al 54,6 por ciento de
los menores de 25 años les basta la atracción física por
su contraparte y el 18,6 no necesita conocer mucho a la
otra persona.
Alexis, el de
Moncada, acuña que son las adolescentes las que sufren
histeria en sus conciertos y las que son felices al
propinarle una mordida. Mas no considera que sea por su
sexualidad, aunque la sugiere como parte del
espectáculo. "Es por acercarse a un icono, a lo
inalcanzable para ellas (los muchachos no van a gritar,
sino a ligar chiquitas), y buscan la experiencia que aún
no tienen por estar comenzando a vivir", dice este
cantante que aún adora a Michelle Pfeiffer, de 45 años,
como sex simbol.
En el grupo etáreo
que ronda entre los 26 y 50, a poco más de un tercio la
atracción física aún lo gobierna para realizar el coito,
pero otro tercio también necesita estar enamorado.
"Yo digo como mi
maestro Bigas Luna, que el sexo y la comida son las dos
cosas más importantes de este mundo, así como la
espiritualidad que estas cosas traen consigo", comenta
el niño lindo del cine cubano, Jorge Perugorría, quien
agradece que se le considere un símbolo sexual. "Si es
así, es porque mi trabajo debe haber sido satisfactorio:
salí del pueblo y en la pantalla represento a ese pueblo
que es tremendamente sexual."
¿Hay condicionamiento
social para que seamos más o menos adictos a los
colchones? Los eruditos coinciden en que sí, tanto como
en la presencia de condicionantes culturales, raciales,
grupales y personales. Insisten además en que
modificando los roles de género asignados desde la
niñez, la sexualidad ganará más en placer y plenitud.
Pero Carilda también esgrime su legado: "Entre el
erotismo y la profanación, entre lo que no debe ser y lo
que tiene que ser, hay una línea divisoria muy fina.
Nace, no se aprende".
"La sexualidad me ha
traído cosas extraordinarias –confiesa Perugorría–, pero
trato de no individualizarme como un icono. Las grandes
dosis de sexualidad de este pueblo están presentes en
toda la historia: los barbudos que bajaron de la Sierra,
por ejemplo, tenían una aureola sensual que los
destacaba."
Quizás, antes de
irnos a la cama, valga citar nuevamente a Carilda: "Ser
verdaderamente independientes nos ha hecho ser
consecuentes con la teoría de la libertad en el amor".
Tomado
de la Revista Bohemia. |