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LA COMEDIA DISTINTA DE CHIJONA
Uno
de los cinco o seis largometrajes de ficción que
estrenará el ICAIC este año deberá ser Perfecto amor
equivocado, donde concurre un envidiable plantel de
los mejores técnicos y artistas cubanos.
Joel del
Río|
La
Habana
El caserón de
la calle 6, entre Línea y 11, es una de las locaciones
principales del filme Perfecto amor equivocado,
que con dirección de Gerardo Chijona, guión de Eduardo
del Llano y protagonismo de Luis Alberto García, Beatriz
Valdés y Susana Pérez viene a ser el más reciente
largometraje producido por el ICAIC, que deberá ser
estrenado en julio, en España, y poco después aquí en
Cuba.
En el Vedado “vive”
Julio del Toro, un escritor ganador de un Premio Casa en
sus días de gloria, pero que, en el presente del filme,
enfrenta aguda crisis filial, sentimental, creativa, de
valores y monetaria. Para salir del hueco, se plantea
entre otros caminos la posibilidad de convertirse en
compositor de música salsa, y de este modo consigue
hasta ganarse un premio, amén de un nuevo estatus, en
tanto es el autor de letras tan tremendas como “afilame
el lápiz, Negra, con tu rico sacapuntas”. Todo ello
mientras se debate entre esposa y amante, prejuicios y
oportunismos, concesiones e hipocresías diversas.
A Luis Alberto García
(a la sazón Julio del Toro) no lo veíamos protagonizando
un filme cubano, dirigido por un cubano, desde La
vida es silbar: “Ocurre que por desgracia, y por las
razones que todo el mundo sabe —me aclara el actor— no
se hacen muchas películas aquí, y yo no puedo, ni
quiero, protagonizarlas todas, con la cantidad de buenos
actores que tenemos. Aparte de algunos trabajos en
televisión, papeles secundarios en Las profecías de
Amanda, Paraíso bajo las estrellas o
Hacerse el sueco, y de ciertas coproducciones no
exhibidas aquí, en el ínterin desde La vida...
hasta ahora he ocupado mi cabeza leyendo, oyendo mucha
música y viendo una enorme cantidad de cine. Con Chijona,
al igual que con Fernando Pérez o con Juan Carlos Tabío,
he sostenido siempre una muy estrecha relación: no
tenemos casi ni qué hablar para que yo comprenda lo que
necesitan de mí, y lo que yo puedo entregar a los
personajes que me encomiendan. Chijona siempre pensó en
mí como protagonista de Perfecto amor... y
me consta su fuerte defensa de mi candidatura ante la
resistencia inicial de los coproductores españoles.
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“Julio del Toro es un
novelista y también un mitómano —continúa Luis Alberto—
un hombre perteneciente a un generación que ya no está
de moda. Cínico y desencantado, la vida lo ha conducido
por caminos de frustración y hasta de resentimiento, y
debido a todo ello opta por hacer concesiones para
‘ponerse al día’. Yo prefiero la mezcla de géneros,
antes que la comedia o el drama puros, y como nadie me
dijo que este personaje era cómico, y como yo no sé
hacer muecas, poner caritas ni elaborar gags
provocadores de carcajadas, pues me circunscribí a lo
que más o menos puedo hacer: creer por completo en el
guión que me entregan, y confiar en que funcione la
comicidad de las situaciones, no del personaje en sí.
Aunque no me apoyé en ninguna persona concreta, me
parece que nos viene bien en estos momentos tratar el
tema de la doble moral y la mitomanía, pues las veo
entronizadas, por los menos en el ámbito de las
relaciones interpersonales”.
Susana Pérez
interpreta a Miriam, la esposa de Julio del Toro, y es
por tanto una de las intérpretes en que se centra la
trama del filme. Después de contar, ante mi curiosidad,
que acaba de dirigir para televisión el cuento Sofía
y el ángel, de Dora Alonso, con María de los Ángeles
Santana y música de Rita del Prado, me habla de
Perfecto amor equivocado: “Mi personaje tiene en
común conmigo la capacidad y el tremendo sentido de la
responsabilidad, para defender su proyecto de vida, las
cosas en las que cree. Es una de esas personas
consecuentes, de las que saben y quieren poner las
cosas, hablando en un sentido existencial, donde deben
estar. Me divertí a mares leyendo el guión cuando me lo
dieron, y más me divierto haciéndolo, sobre todo cuando
comparto llamados con Luis, con quien no actuaba en el
cine desde Clandestinos, y que ha bordado el
papel de Julio del Toro, o con Beatriz Valdés, a quien
le noto una madurez y unas ganas de trabajar tremendas.
”
Nada más esclarecedor
que preguntarle al autor del guión, Eduardo del Llano,
sobre sus intenciones al construir esta historia
inspirada en ciertos ambientes intelectuales cubanos
contemporáneos: “El filme relata las maniobras de
adaptación, de supervivencia, acomodamiento, y los
compromisos de un escritor, ante el cual aparecen sillas
al borde del camino, como dice Silvio en la canción.
Todos los personajes
tienen un costado amoral que aflora solo en ciertas
circunstancias, pero ninguno es lo suficiente malvado, o
maldito, como para que el espectador no se sienta tocado
de alguna manera. Se trata de una comicidad un tanto
amarga, que no renuncia a la identificación, ya que la
historia contiene también momentos incluso conmovedores,
y que todo parte de situaciones más bien dramáticas.
Aquí el tono será cómico, creo, pero diferente, menos
light que el de Un paraíso bajo las estrellas
o Hacerse el sueco. Se entremezclan historias de
diversa índole, hay múltiples efectos colaterales, un
entramado en el cual unos a otros se hacen daño, y por
ello no puede hablarse de comedia absoluta, en alud. El
protagonista hace concesiones de principio, pues el
gusto forma parte de la cosmovisión de cada uno, pero
nadie debe considerarse demasiado lejos, o a salvo, de
tales cambios miméticos de parecer. Obviamente no es mi
biografía ni la de alguien específico, pero uno
presencia a diario procesos que han logrado cambiar, o
‘mercenarizar’ a intelectuales importantes. De todas
formas, no intenté juzgar a nadie, simplemente plantear
algunas preguntas”.
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Lo más divertido de
este filme deberá ser, a criterio del director, la
cantidad de giros sorprendentes de la trama, aunque en
el fondo, y en la superficie, nos propongan que nos
miremos por dentro mediante la apelación a una suerte de
humor introspectivo, de fondo bastante ácido, a la
manera de clásicos como Billy Wilder, Ernest Lubitsch o
Preston Sturgess, aquellos clásicos hacedores de tantas
comedias corrosivas e inteligentes. Por otra parte,
Chijona no se contiene a la hora de elogiar la exactitud
del trabajo de los actores (aparte del trío arriba
mencionado aparecen en roles más pequeños Mijail Mulkay,
Mónica Alonso, Sheila Roche y Yotuel, el solista de
Orishas en su debut histriónico), sin olvidar
superlativos encomios superlativos a la labor del
director de fotografía Raúl Pérez Ureta.
Pocas ocasiones
tenemos, en Cuba, para escuchar las opiniones de quienes
deciden luces y encuadres, así que traté de vencer la
parquedad y timidez de quien tanto aportara a la
eficacia visual de Papeles secundarios, Madagascar
o La vida es silbar: “Perfecto amor
equivocado se distingue por su contemporaneidad, y
recuerdo a Titón, cuando hicimos juntos Hasta cierto
punto, cuando me decía que lo más difícil de mostrar
en cine era lo obvio, lo que está delante de nosotros
ahora mismo. Por eso quisimos extremar la planificación,
y tener la película previa y completamente dibujada,
plano por plano, con todos sus encuadres y movimientos
de cámara. Va a ser un filme muy movido, (con secuencias
de solo dos minutos que llevan hasta 20 planos) y mucha
variedad de locaciones, cuya ‘ambientación’ ha recabado
muy estrecha alianza con el vestuarista y con el
director de arte o escenógrafo. También quiero
puntualizar que aunque la fotografía aquí tenga
apariencia más sencilla, y se concentre en los actores y
no en las atmósferas, como parte del discurso del
director, tampoco faltan la iluminación motivada ni un
cuidadoso trabajo en la elección de las gamas de colores
y sus contrastes.”
El conductor de la
impresionante orquesta de talentos e intenciones,
Gerardo Chijona clasifica Perfecto amor equivocado
como una derivación, en múltiples sentidos, de
Adorables mentiras, el filme que representó su debut
en el largo de ficción, allá por 1991, y que a él no le
parece una comedia de coyuntura sino un estudio sobre la
condición humana bajo ciertas circunstancias: “Ahora
vuelvo a ese concepto y al de la doble moral —subraya el
director— pero sin enjuiciar a los personajes; todos
actúan con entera libertad de elección. Te diría que
este filme va a tener un costado cínico tal vez, pero
tiene un fondo profundamente moralista, todo enmarcado
en el género de la comedia de situaciones, esa que
aspira sobre todo a entretener y a suscitar una
reflexión simultánea y posterior. Quisiera que por
detrás del jolgorio afloren interrogaciones en el
espectador sobre el porqué de las decisiones de los
personajes. Esa es la apuesta, y en ese sentido hemos
trabajado durante dos años, para llegar al guión
definitivo, y también a lo largo de todas estas semanas
de rodaje. Si nos equivocamos o no, ya tendremos ocasión
de comprobarlo cuando la película se estrene. Por ahora
no tengo cabeza para otra cosa que no sea rodar la
próxima escena”.
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