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Notas del norte
LA FECHA PERENTORIA
El
objetivo central de los Estados Unidos —el último
imperio sobre la faz de la Tierra— es el de sacar del
Medio Oriente a sus competidores imperialistas y, a
expensas de ellos, apoderarse de miles de millones de
dólares del patrimonio nacional, primero de Irak, y
luego de Irán. Teherán es el gran premio no solamente
por su riqueza o debido a la penetración económica de
los rivales de Estados Unidos. Los yanquis están
determinados a recuperar lo que han perdido—el trono de
pavo real de la familia Pahlavi, el Sha.
Jon
Hillson|
Los Ángeles
La guerra
estadounidense de conquista en contra de Irak está a
pocos días de empezar. Es algo inevitable, está más
claro que nunca. Solo los tontos niegan este hecho. Un
torrente de información inunda la prensa estadounidense,
desde las noticias sobre las masivas fuerzas armadas,
que aumentan alrededor de Irak —en la actualidad hay
casi 300 000 soldados, incluyendo 40 000 del Reino
Unido— hasta los despachos sobre el “Irak democrático”
de posguerra que Washington dice construirá sobre las
cenizas del régimen actual.
La descarga es
constante. Inclusive en Las Vegas, la capital del juego
de Estados Unidos, se apuesta a cuándo empezará la
guerra y cuánto tiempo durará. Es un nuevo deporte
imperialista, la versión moderna del circo de la antigua
Roma en decadencia.
Prácticamente se
puede decir que los Estados Unidos ya ocupan el norte de
Irak. A diario son atacadas las posiciones defensivas
iraquíes por bombarderos yanquis y británicos. Según la
National Public Radio, los ataques se han multiplicado
en un 200 por ciento durante la semana pasada.
A medida que se
desarrollan las etapas preliminares de la agresión, la
diplomacia burguesa mundial avanza a pasos frenéticos.
Es una farsa, en realidad lo único que se prepara es la
arremetida horrorosa en contra de una nación oprimida
cuya soberanía está destrozada. Estados Unidos ha pasado
a la “última fase de diplomacia”, dijo el presidente
George Bush en una rueda de prensa el 6 de marzo”.
IRAK, IRÁN Y LOS CONFLICTOS INTERIMPERIALISTAS
Esta guerra no es el
resultado de la locura. La incita la ideología, no una
personalidad. No tiene nada que ver con las inexistentes
“armas de destrucción masiva”. No tiene nada que ver con
“combatir el terrorismo”. No es una “guerra de Bush”. Al
igual que la Primera y Segunda Guerra Mundial, es el
resultado lógico, natural, de la crisis del capitalismo.
Y este es solamente el principio.
Irak es el portal de
otras muchas guerras futuras.
El objetivo central
de los Estados Unidos —el último imperio sobre la faz de
la Tierra— es el de sacar del Medio Oriente a sus
competidores imperialistas y, a expensas de ellos,
apoderarse de miles de millones de dólares del
patrimonio nacional, primero de Irak, y luego de Irán.
Teherán es el gran premio no solamente por su riqueza o
debido a la penetración económica de los rivales de
Estados Unidos. Los yanquis están determinados a
recuperar lo que han perdido—el trono de pavo real de la
familia Pahlavi, el Sha — su bastión de hace 25 años. La
gente de Irán tendrá la última palabra.
En la última década,
Francia, Alemania y otras potencias imperialistas han
hecho miles de millones de dólares de ganancias con los
cientos de contratos e inversiones que tienen en Irak e
Irán. Al mismo tiempo, Washington no ha podido explotar
esta región. No han ganado nada. Rusia se ha convertido
en el principal socio comercial de Irak, y la China ha
incrementado sus inversiones y acuerdos comerciales.
El derrumbe del auge
financiero estadounidense de los 90, el colapso de la
alta tecnología norteamericana de las telecomunicaciones
y de la industria de aviación comercial, están hundiendo
a la economía de Estados Unidos. Una medida de la crisis
es el aumento sin precedente de la bancarrota
corporativa. A pesar de los 1.3 trillones de dólares en
recortes de impuestos, la gran mayoría de los cuales han
sido transferidos a los ultrarricos, no se ha podido
revertir la situación.
Los bancos más
importantes de Estados Unidos están expuestos a la
impagable deuda eterna del Tercer Mundo, particularmente
a la de América Latina. Las ganancias del capital
norteamericano continúan decreciendo.
Los mercados del
mundo, cada vez más limitados, intensifican la
competencia entre Washington, París, Berlín, Tokio y
otras potencias imperialistas —ninguna de ellas han
podido restaurar la propiedad privada en los medios de
producción ni las relaciones económicas burguesas
estables en la antigua Unión Soviética y las naciones
del extinto Pacto de Varsovia. En cambio, estos estados
se han convertido en una sangría titánica para el
imperialismo, a pesar de los esfuerzos de los regímenes
procapitalistas que reemplazaron a las odiadas
burocracias stalinistas: regímenes cuyo personal fue
reclutado de esas burocracias.
LA
REDIVISIÓN DEL MUNDO
La guerra de
Washington en contra de Irak es un esfuerzo inicial
para, usando medios militares, volver a dividir al mundo
—contra las naciones oprimidas primero— y así restaurar
las ganancias al imperio y dar un golpe duro a sus
rivales capitalistas en Europa y en Japón.
Un objetivo de
Washington en Irak es el imperialismo francés: una
potencia nuclear.
Así se explica por
qué los capitalistas franceses son ahora
“antiamericanos”: defienden los intereses del
imperialismo de esa nación. Los conflictos entre los
imperialistas se intensificarán a medida que se
desarrolle la guerra y sus consecuencias son
impredecibles. No hay nada progresista en la posición
actual de París. Como explicó hace dos meses Jacques
Chirac, si Bagdad fracasa en “desarmarse” habrá una
“guerra de consecuencias inimaginables”. Mientras tanto,
los “civilizados” imperialistas franceses siguen
explotando las masas de sus antiguas colonias, desde
Micronesia y Nueva Caledonia hasta África. Hay que
recordar que casi el 40 por ciento de las tropas
francesas —carne de cañón— que combatieron en
Dienbienphu contra las fuerzas de liberación nacional
vietnamita procedían de las colonias de Senegal y
Argelia.
Los imperialistas
de “la vieja Europa”—con la sangre de siglos de
conquistas y guerra en sus manos no van a salvar la
humanidad. No son un “nuevo polo” en un mundo
supuestamente “unipolar”—son simplemente rivales
del imperialismo yanqui. El polo antiimperialista se
forjará en el enfrentamiento a ambos rivales, las luchas
de las naciones oprimidas y de la clase obrera de los
países opresores.
Los imperialistas
franceses no van a salvar ninguna vida en el Medio
Oriente, tampoco los capitalistas de Alemania ni los
banqueros de Bruselas. Las divisiones entre ellos y
Estados Unidos reproducen, con nuevas formas, y en
condiciones más explosivas las mismas realidades
existentes antes de la Primera y la Segunda Guerras
Mundiales. Nunca hubo, no hay, ni nunca habrá un
imperialismo más suave o más civilizado. Quienes crean
lo contrario morirán peleando a manos de su enemigo
mortal.
UNA MATANZA ENORME
El Pentágono ha
permitido que circulen planes de guerra “no oficiales”,
estos incluyen un inmenso bombardeo de Irak, seguido por
una invasión. “En los primeros dos días” de la matanza,
de acuerdo al New York Times, Washington planea
lanzar “tres mil bombas y misiles de precisión: diez
veces más que el número de bombas lanzadas en los
primeros dos días de la Guerra del Golfo”. Y por
supuesto, esto es solo el principio. El Pentágono
también ha ordenado 15 890 bolsas para cadáveres,
declara la revista New Yorker, y “ninguna es para
uso del enemigo”. Qué lástima que ningún periodista en
la rueda de prensa del 6 de marzo le preguntó a Bush
sobre la matanza anunciada, especialmente cuando el
Presidente dijo que Estados Unidos tratará de hacer todo
lo que es posible para “evitar víctimas civiles”.
Al principio, la
sangre de soldados norteamericanos aumentará el apoyo
patriótico a la guerra, una ola pasajera de la reacción
y el uso de las leyes represivas aprobadas por la
administración Clinton y después del 11 de septiembre,
limitarán aún más los derechos democráticos del pueblo
estadounidense. Se profundizará la polarización
política. Nadie puede predecir lo que hará Washington en
la Península de Corea, donde el pueblo de la República
Democrática de Corea está dispuesto a defender su
soberanía hasta la muerte y cuyo desafió será absuelto
por la historia. Pero en su encuentro con la prensa Bush
usó tonos más suaves contra Pyongyang —“presión
multilateral”—, sin amenazas directas. Ante las listas
de defensas norcoreanas, el Pentágono anunció el cese de
vuelos espías contra la RDPC.
PROTESTAS Y SUEÑOS
A pesar de que las
manifestaciones continuarán en los Estados Unidos,
muchas “fuerzas de la paz” se harán pedazos. Se les ha
hecho creer que las manifestaciones van a detener la
guerra. Les han dicho —los políticos capitalistas y las
personalidades del espectáculo— que Naciones Unidas es
una alternativa a la guerra. Que “dejar que los
inspectores hagan su trabajo” es otra. Se cree que se va
a detener la contienda con las resoluciones de los
consejos municipales y de los sindicatos que apoyan
medidas “multilaterales” a la situación de Irak, porque
Irak debe de ser desarmado “pacíficamente”, o que la
guerra debe ser usada solo como el “último recurso”.
Estas ideas no pueden
detener la guerra que se avecina, de la misma manera que
el rey Canute no pudo detener la marea en Dinamarca. De
hecho, estas ilusiones pacifistas solo sirven para
preparar el sacrificio humano para aquellos que lo
practican. Al mismo tiempo cientos de miles de jóvenes
están despertando —el 5 de marzo estudiantes de más de
400 universidades y escuelas secundarias.
Hablo frente a una
manifestación de 250 estudiantes de Glendale College,
una gente enojada y preocupada, tratando entender lo que
pasa y qué va a pasar. Las manifestaciones nacionales e
internacionales de 15 de marzo y 22 de marzo ofrecen
nuevas oportunidades no solamente para protestar,
también para aprender quiénes son los verdaderos
enemigos de la humanidad.
UNA CRISIS MÁS
PROFUNDA QUE NUNCA
Una manera de
describir las guerras que se avecinan es el alcance,
profundidad y amplitud de las crisis del insostenible
sistema económico mundial. En verdad, no se les puede
imaginar sin excluir la posibilidad de una Tercera
Guerra Mundial entre las potencias imperialistas para
redividirse el mundo, una redivisión que incluiría los
premios de Rusia y China, ambas potencias nucleares.
El hecho de que
Washington demandará un voto en el consejo de seguridad
la semana que viene para autorizar la guerra —anunciado
por Bush el 6 de marzo— a pesar de la posibilidad que
podría perder, significa que la clase dominante está
lista a romper el contexto político existente entre las
relaciones imperialista desde el fin de la segunda
guerra mundial y junto con ellas, la estabilidad y
unidad de la OTAN.
Esta es otra prueba
de la profundidad de la crisis del sistema imperialista
y la trayectoria de los conflictos y fricciones entre
los poderes capitalistas que la guerra acelerará. (En
las páginas del periódico semanal socialista The
Militant, el lector puede leer artículos en detalle
sobre estos puntos:
www.themilitant.com. En español,
www.perspectivamundial.com)
Nada será igual. Pero
al mismo tiempo, las dificultades y la crisis del
sistema de Washington no pueden resolverse por medio de
la inevitable agresión militar, ni la explosión de las
contradicciones intestinas de su imperio. Todo su poder
destructivo no puede rehacer el mundo de acuerdo a sus
especificaciones. Dondequiera hay problemas —desde las
Filipinas a Turquía, de América Latina a Corea.
En casa, los
capitalistas estadounidenses atacarán a una clase
trabajadora que ha perdido dos millones de empleos en
dos años y que sufre un récord de quiebras personales.
Millones se han quedado sin planes de jubilación. Los
capitalistas están obligados a librar una guerra en
contra de la gran mayoría dentro de sus fronteras.
Tienen que dar marcha atrás a los logros históricos que
el pueblo trabajador, generación tras generación, ha
conseguido. Ellos obedecen a las leyes ciegas del
sistema de ganancias. Así crean, como explicó Marx, sus
propios “sepultureros.”
LA RESISTENCIA
CRECERÁ
Enfrentarán la
resistencia de los trabajadores, de los jóvenes, de
decenas de millones de negros y latinos.
Encontrarán
resistencia en todas partes del mundo, porque los
pueblos se levantan en contra de Roma. Estas luchas
también serán impredecibles. Debilitarán y harán que el
imperio se extienda más allá de sus capacidades. Se
unirán solidariamente a aquellos que luchan contra un
enemigo común. Forjarán una conciencia internacionalista
en millones de estadounidenses. El ejemplo de Cuba se
volverá más importante y más universal que antes.
Washington conoce que
su arma más poderosa —el “temor”, como explica Fidel
Castro— ya no es efectivo en Cuba. Aquellos que se
oponen al imperialismo descubrirán que la única manera
de derrotar al imperialismo es seguir el ejemplo cubano,
el ejemplo de octubre de 1917. Donde sea que Washington,
y sus aliados imperialistas, encuentren este tipo de
resistencia, serán derrotados.
ÉPOCA DE GUERRAS Y
REVOLUCIÓN
Para luchar contra
el imperialismo en la actualidad debemos de prever el
fin del imperio, y ver su debilidad, su decadencia, su
vulnerabilidad, a pesar de su aparente poderío militar.
Esta es la verdad que explicó Lenin, que el imperialismo
inaugura la “época de la guerra y la revolución”.
Esta es la época
que abren las guerras venideras, y todo lo que
simbolizan y anticipan, sin importar lo que suceda en la
contienda en Irak, el campo de batalla del conflicto interimperialista.
Este es el plazo que
se aproxima día a día, en un siglo donde el destino de
la humanidad será decidido de la única manera posible:
luchando. Como explicó recientemente Fidel, “sembrando
ideas, sembrando conciencia”.
La disyuntiva planteada por los grandes revolucionarios
de los siglos pasados no es abstracta ni retórica:
¿socialismo o barbarismo?
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