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Desde
el teatro:
un llamado a la paz
Coincidiendo con el teatro mundial a evitar la guerra,
los hombres y mujeres de este arte milenario se
decidieron por Lisístrata, de Aristófanes. En la
versión realizada en Casa de las Américas a cargo del
destacado director Raúl Martín, resultó decisivo el
elenco que la acometió.
Amalia
Hernández|
La
Habana
Fotos: Casa de las Américas
Pocos autores gustan de la lectura
dramatizada o la puesta en espacio. Suelen ser frías,
concuerdan los detractores. Muy lejos de esa visión se
inscribe la realizada en Casa de las Américas,
coincidiendo con el reclamo del teatro mundial a evitar
la guerra. Los hombres y mujeres de este arte milenario
se decidieron por Lisístrata, un texto del comediógrafo
griego Aristófanes.
Justo en el mes en que se celebra el Día Internacional
del Teatro, la voz del clásico clamó desde el desenfado
y el diálogo astuto. En el contexto cubano, el texto del
autor de Las ranas se emparienta con una tradición
cultural que incluye la sensualidad y la picardía entre
sus valores esenciales. Paradójicamente, el arte nuestro
ha recogido esa tradición a veces con recato. A través
de una huelga sexual de las féminas contra sus esposos,
las mujeres consiguen fraguar la paz. El sencillo
argumento da pie a situaciones donde la risa pone a
reflexionar acerca de lo baldío que resulta la muerte de
unos por otros. Previo a la representación, el
presidente de Casa, Roberto Fernández Retamar, lo
recordaba. Toda guerra, decía, es una guerra civil
porque o Dios no existe o somos hijos del mismo Dios
nombrado en formas distintas.
En lo emotivo y hermoso de esta lectura, a cargo del
destacado director Raúl Martín, resultó decisivo el
elenco que la acometió.
Unificados por el elocuente diseño de vestuario de
Lesbia Vent Dumois, reconocida artista plástica y
vicepresidenta de la Institución que sirvió de sede,
Asseneth Rodríguez y Verónica Lynn compartieron el rol
protagónico desde la peculiaridad de sus virtuosas
dotes.
Distintas generaciones de actores convergieron en esta
semilla de espectáculo. De esa unión resultó relevante
el dúo de Broselianda Hernández con José Antonio
Rodríguez, derrochando gracia, frescura, enseñando lo
interno y profundo de un arte en apariencia sencillo.
Las acotaciones del renombrado griego fueron leídas por
un colega de hoy, el actor y dramaturgo Alberto Pedro,
bebedor de la savia aguda de su antecesor y discrepante
analista de la realidad. Como tal, Alberto asumió con
sus contemporáneos este llamado a la paz.
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