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Saramago: “La manipulación de las
conciencias ha llegado a un punto intolerable”
“El
mundo se ha convertido en un espectáculo bochornoso”,
dice el Nobel portugués, en una conferencia en Bilbao
“Vivimos una banalización cultivada de forma
sistemática”.
Rebelión
José
Saramago (Azinhaga, 1922) desgrana con lucidez y
pesimismo sus opiniones sobre un mundo abocado a la
guerra. Un mundo en el que se manipulan las conciencias
y en el que todo se ha convertido en un escenario donde
se representa un bochornoso espectáculo al que nadie es
ajeno; un mundo, en fin, que sería preciso transformar
para convertir de nuevo en humano. El Nobel de
Literatura portugués, de quien hace apenas dos meses
apareció su última obra El hombre duplicado,
concedió ayer una entrevista a este diario horas antes
de clausurar en Bilbao el congreso Humanismo para el
siglo XXI, organizado por la Universidad de Deusto.
-¿Han hecho los
escritores, los intelectuales en general, todo lo
posible contra la guerra?
-En primer lugar,
habría que ver qué es hacer todo lo posible. Y el
término intelectual también es complicado. En España,
los actores se han manifestado con fuerza, con ímpetu,
con una convicción realmente encomiable. Los escritores
han expresado sus opiniones, pero no con esa fuerza. Y
en Portugal ha pasado lo mismo. Hemos perdido bastante
esa idea muy vigente en los años sesenta y setenta de
que la participación de los intelectuales en estos
debates debía ser algo cotidiano. Pero por otra parte
hemos empezado a recuperar algo de todo eso y ahí están
en los periódicos algunos artículos de escritores o de
periodistas.
-¿Esperaba más,
una presencia pública más relevante?
-Yo esperaba más, y
sobre todo de una manera más organizada. Esperaba que
esas voces hubiesen tomado la forma de un manifiesto
colectivo, con independencia de las opciones estéticas e
ideológicas de cada uno. Otra cosa también es que los
medios no nos dan mucha importancia. A veces se habla de
un manifiesto, se citan los nombres más importantes,
pero no se habla de su contenido. Y no se trata de dar
un relieve personal, sino lo contrario. Se trata de que
se hable de lo que decimos. En el fondo, quizá sucede
que no nos reconocen.
El grito
-En el caso
concreto de la literatura de ficción, ¿qué pueden hacer
los escritores, qué grito pueden dar en su obra?
-Kafka lo dijo de una
forma gráfica. El libro tiene que ser un hacha que rompa
el mar al lado de nuestra conciencia. Ahora bien, eso
plantea algunas dudas. ¿Todos los libros tienen que ser
así? ¿Hay espacio para el libro de entretenimiento? Por
supuesto, que sí. No podemos convertir a los escritores
en sacerdotes obstinados en describir los horrores del
mundo. La literatura no tiene función concreta, no nace
para nada más que para el hecho sencillo de ser. Pero la
verdad es que quienes escribimos tenemos una
responsabilidad. Los escritores viven en un mundo
concreto y por tanto lo que pasa en el mundo debería
aparecer en su obra, de forma directa o indirecta.
-En un mundo con
más lectores de libros, ¿habría menos guerras?
-No, no lo creo. No
hay que olvidar que algunas lecturas incitan a la
guerra. Las intenciones de la literatura no siempre son
puras. Y esto es algo que pasa con todas las artes. El
comandante de un campo de concentración nazi era un gran
amante de la música. Una parte de su ser lo era, la otra
torturaba en el campo. Yo creo, más bien, en la
posibilidad de la transformación ética del ser humano en
la práctica cotidiana de la convivencia. ¿Que el arte y
la literatura pueden ayudar? Sí, pero solo ayudar.
Democracia solo
formal
-¿Y cómo se
explica que en momentos como los actuales haya
sociedades que entregan mayoritariamente su voto a
partidos belicistas?
-Por eso, porque ha
sucedido eso en unos cuantos países, yo defiendo la
necesidad de reinventar la democracia. Lo que pienso es
que en las sociedades modernas, que a sí mismas se
llaman democráticas, el grado de manipulación de las
conciencias ha llegado a un punto intolerable. Eso
genera un sistema que es democrático solo en las formas.
-¿Tiene alguna
lectura el hecho de que, tras el 11-S, en el ámbito del
arte y la cultura triunfe lo más banal frente a lo más
profundo? ¿Es
solo el deseo de aislarse ante lo que nos rodea?
-Es una manera de
sobrevivir, claro. Pero también forma parte de una
operación de banalización que es cultivada
sistemáticamente. Revistas antes de reflexión y
pensamiento son ahora frívolas; la televisión, que puede
ser un instrumento de educación extraordinario, se ha
convertido en eso que algunos llaman muy bien 'telebasura'.
Y hay gente muy interesada en ello, en que sea así. En
el fondo esto no es nuevo. Ya en la época de los romanos
se daba la política de 'pan y circo'. Un golpe de efecto
genial de las sociedades modernas ha sido convertirnos a
todos en actores. Todo hoy es un gran escenario: es la
panacea universal, porque ha hecho que todos estemos
interesados en aparecer como actores. Y desvelamos
nuestra intimidad sin pudor: se relatan miserias morales
y físicas, porque pagan. Vivimos en un mundo que se ha
convertido en un espectáculo bochornoso, en el que se
muestra en directo la muerte, la humillación...
-¿Y quién es el
guionista en ese enorme escenario en que se ha
convertido el mundo?
-El guionista se
sienta en los consejos de administración de las grandes
multinacionales. Todo se ha transformado en un negocio
en el que se busca el lucro rápido, instantáneo.
-¿Hablará de todo
esto, de ese bochornoso espectáculo, en su próxima
novela?
-En mis últimas
novelas he estado más preocupado por el individuo. Ahora
hablaré más del mundo. Ya tengo la idea y comenzaré a
escribir en dos o tres meses. No haré una obra que
intente abarcarlo todo; será algo muy concreto, pero
aparecerán esos problemas que ahora debatimos. Pero no
le diré más porque si hablara ahora de mi novela y
desarrollara la idea quizá no merecería ya la pena
escribirla.
-Usted ha dicho
que sin esperanza la humanidad habría desaparecido.
¿Dónde ve hoy la esperanza?
-Es cierto. Sin ella
no habríamos sobrevivido. Pero hoy la veo como si fuera
una pequeña vela sobre un aparador, que ilumina muy poco
y no da luz suficiente para ver la habitación. A lo
mejor es que nos falta luz, una cierta clase de luz: la
conciencia de que habría que transformar el mundo,
porque no se puede permitir que constantemente muera
gente de hambre, por ejemplo.
-Parece más
pesimista que nunca...
-Sí, por razones
evidentes. Pero esa vela, aunque no ilumine casi, quizá
nos indica la buena dirección y nos dice 'aguanta',
'sobrevive', porque un día se puede convertir en algo
que dé más luz para ver todo el camino. |