LA JIRIBILLA

¿RELAJO ES RELAJACIÓN?

Iris Cepero
| La Habana

Gordos y felices. Descubiertos y sin sonrojos. Revueltos o revolcados. Unos sobre otros, apenas los descifras, no encuentras los contornos. Acaso no existen, se perdieron en la bacanal. Se mezclaron mucho, como sus deseos múltiples de perderse, de escapar, de relajarse. Él los pintó de esa manera, en desbarajuste total, exaltación del desparpajo deseado.

Les une el seso por el sexo, el escape, las ganas ahora hechas, esa animalidad innata, que se desborda, el primitivismo indesprendible que simulamos con ropajes, la bestia contenida, la dulzura como pátina del violento orgasmo. El desprendimiento, ay, el desprendimiento. La evasión, el divertimento. ¿O el relajo?

Juan Carlos Menéndez (La Habana, 1962) ha estado siempre muy cerca de la broma, el chiste y el relajo, el juego inteligente, la ironía fina. Por eso, los dibujos ahora expuestos en la galería del Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño, de Luz y Oficios, en La Habana Vieja bajo el título ¿Divertimento es sinónimo de relajo? no son realmente una sorpresa. Como dibujos sí, acostumbrados a su inequívoca persistencia en el grabado. El tema, sin embargo, pareciera una broma más, otro nuevo cuento de Juan Carlos, acostumbrados a su también inequívoca aproximación chistosa al mundo. A todo.

Esparcir el ánimo, disminuir la tensión, lanzarse, soltarse, un gran divertimento, una fiesta de los placeres. Es así como los explica el autor, coincidiendo a veces con el diccionario, sin connotaciones morales, sin aproximaciones histórico ensayísticas al término. Relajo no como desorden, sino más bien como relajación. Como escape y liberación de energía, según dice.

Se repite que es el escape a los avatares diarios, la evasión ante la amargura y el fracaso, ante la inevitable repetición-frustración, causas previsibles del rejuego constante del cubano, hacedor de bromas, revolvedor de sus propias miserias, exaltador de sus defectos. Juego, divertimento, relación, relajo.

Ya en 1928, Jorge Mañach reflexionaba que “lo que diferencia a la burla de las demás formas de protesta y de prevención contra la autoridad es que se endereza contra lo que esta tiene de cómico, es decir, de contradictoria consigo misma”. Relajo no es necesariamente desorden, casi nunca escarnio, solo a veces burla. La muestra de Juan Carlos es a la vez escape y burla, relajo y llamamiento, seriedad y divertimento.

Quizás el divertimento es apenas la única manera de jugar a ser serio sin seriedad,  salvarse de las miserias de siempre sin que aplasten y destruyan, de vivir la tristeza y la desesperanza, los miedos y las indecisiones sin el hálito y el hábito de pesadez y grisura que corroen y matan.

Obras que se enredan en múltiples telones superpuestos, historias también sucesivas y sucedidas, goteo de tinta a lo Jackson Pollock, un fondo que se pierde y se define alternativamente, historias creídas aparentes, pero que la vista aguda descubre y descifra. Aparecen también los miedos, angustias y desesperaciones del autor.  Como ese simulacro de “pensador”, salvado de la historia del arte, junto a las Madonas, incógnitas de mensajes a decodificar para ser pensados.

Para Juan Carlos Menéndez el relajo no se fabrica, nace y se escapa. El llamado a relajarse con el relajo, a divertirse con el divertimento, a escaparse de cada día para que de verdad, el mañana sea otro día. La  risa como augurio de salvación y la pregunta en el aire, porque la opción, definitivamente, será siempre personal.
 


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La Habana. 2003
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