LA JIRIBILLA

LA TROVA ES PARTE DE
LA RAÍZ DE CUBA

 
María Fernanda Ferrer | La Habana

La Sala Che Guevara, de la Casa de las Américas, fue el sitio en el que hace 35 años se juntaron un grupo de jóvenes (¿irreverentes quizás?) para decir canciones “diferentes”.

 

Ese concierto marcó, tal vez públicamente, una realidad: en Cuba había surgido una nueva manera de expresar sentimientos y contradicciones; fenómeno que, como todos sabemos a la vuelta del tiempo, se le dio en llamar Nueva Trova Cubana.

 

Tres décadas y cinco años después —el pasado 18 de febrero—  esa misma Sala volvió a abrirse generosa (tal y como en los tiempos de Haydée Santamaría, primera directora de Casa y mujer de sensibilidad suprema) para proyectar el documental De mi alma recuerdo de la destacada realizadora cubana Lourdes de los Santos y que está dedicado a la historia de la nueva canción en la Isla. 

Luego de proyectado el documental, que por su extensión se acerca al largometraje, y en un aparte con La Jiribilla Lourdes de los Santos ofreció algunos puntos de vista. 

“Siempre he pensado que la trova nace de muy adentro del ser del cubano. Quería  hacer un documental en el cual a través de  la Nueva Trova mostrar los vínculos que la unen con la llamada tradicional”. 

– ¿Sobre la edición?

–Me gusta mucho prescindir de narradores, y que sean los propios protagonistas quienes expliquen las cosas, además, el documental tiene un tono muy coloquial. Los entrevistados coinciden en muchos aspectos lo que me permitió una especie de discurso colectivo a una sola voz, mediante la cual se van entrecruzando y completando ideas. 

 Manuel Iglesias, quien fue el editor y coguionista, es un profesional extraordinario con el cual tengo estrechos lazos de trabajo por lo que el documental fluyó casi de un solo corte. 

– ¿Materiales de archivo?

–Bastantes porque estuve buscando materiales sobre la trova tradicional que —por suerte— el cine cubano se preocupó por atesorar desde sus inicios. 

Conté con imágenes de trovadores como Sindo Garay y María Teresa Vera que estaban en esos momentos en el final de sus vidas. Existen esos materiales y había que buscarlos. Seleccionamos los fragmentos que nos hacían falta al igual que las notas del Noticiero del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, en las que estuvo reflejada desde sus inicios el quehacer de la Nueva Trova. Fui capturando las imágenes. 

–En su momento el ICAIC y la Casa de las Américas y ahora el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau parecen estar obsesionados por la memoria y creo que este documental tiene entre sus objetivos el resguardarla.

–Sí, pienso que la memoria es lo más importante que tienen los pueblos. Si son capaces de olvidarla, poco le queda. 

–Sobre la filmación…

–Fue una producción complicada porque tenía locaciones en el interior del país y había la necesidad de tener un financiamiento que no podía cubrirlo solo el ICAIC de ahí que se sumara al empeño Iberoautor, una entidad española. 

– ¿Planes?

–Tengo de inmediato la edición de dos documentales personales sobre Augusto Blanca y Lázaro García, ambos fundadores del Movimiento de la Nueva Trova Cubana que emanan de De mi alma… También un proyecto, que ya está aprobado, sobre Pancho Amat y que intentará recoger la historia del tres como instrumento musical. 

– ¿Por qué la trova como tema recurrente en tu obra?

–Me gusta buscar en las raíces, y la trova es parte de la raíz de Cuba. Esa ha sido una de mis últimas obsesiones, el de indagar en ese campo en el que  considero hay mucho terreno por cubrir. Tal vez el año que viene busque por otros rumbos.  


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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