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RECORDANDO AL POETA MAYOR
Para recordar el bicentenario de José María Heredia en
Santiago de Cuba se desarrollan múltiples actividades
entre las que sobresale la creación de un taller
literario donde, a manera de tertulia, se trae de vuelta
a quien es considerado el Poeta Mayor.
Magaly
Cabrales
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La
Habana
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Cuando arribemos al último día del año 2003 se habrán
cumplido dos siglos del natalicio
de José María Heredia y Heredia. Por tal motivo Santiago
de Cuba, la ciudad que lo viera nacer, vestirá en honor
a su bicentenario sus mejores galas. Antes, sin embargo,
exactamente desde hace un año el pueblo santiaguero,
demostrando que continua siendo tan infatigable como lo
calificara José Martí, viene desarrollando múltiples
actividades, las cuales no se han circunscripto
solamente al deseo martiano de preservar la casa natal
del Cantor del Niágara sino a un vasto plan que integra
todas las esferas del arte y la literatura.
Entre ellas sobresale la
creación de un taller constituido por catorce escritores
santiagueros, los cuales, a manera de tertulia, traen de
vuelta a quien ha sido considerado el Poeta Mayor.
Ensayos, investigaciones y narraciones están incluidas
ya en lo que es sin duda, un valioso archivo de más de
un centenar de trabajos agrupados en cuatro volúmenes.
La
Jiribilla, incorporándose al homenaje de
la ciudad donde las palmas son más altas, pone a
disposición de sus lectores esta mirada a quien tuvo
“valor para todo menos para morir sin volver a ver a su
madre y a sus palmas”.
Al
Cantor de la Libertad en su
Bicentenario
Lic María Isabel
Hernández Cobas.
¡Dulce Cuba!(...)
(...)
Te hizo el cielo la
flor de la tierra: así escribía a mediados del siglo XIX
el joven José María Heredia y Heredia, el hombre que
décadas más tarde se convertiría en el “poeta de la
libertad” y es considerado como el “Primer Poeta
Revolucionario”. En su poema “La Estrella de Cuba” deja
un hondo sentimiento de patriotismo y dolor, denuncia la
feroz tiranía colonial en la que se encontraba nuestra
Patria, es un canto ferviente a la necesaria libertad
del hombre:
Nos combate feroz tiranía
Con aleve traición conjurada,
Y la estrella de Cuba eclipsada
Para un siglo de horror queda ya
Su obra poética es grandiosa, cargada del sentimiento
patrio, de los sueños de la independencia, vuela su
imaginación, vibra su lira, aquella que “enlazada de
dolores” con su espada coronaría su noble sepultura:
lira, para cantarle a su idolatrada Cuba.
La obra de Heredia
nos cautiva, nos traslada a una época histórica
caracterizada por la opresión, la esclavitud, las
tiranías que existen en las repúblicas latinoamericanas,
es fuente enaltecedora de un mundo mejor, evidencia un
sentido universal hacia la libertad, el amor a la Patria
y a la independencia.
¡Libertador! Si de mi
libre lira
jamás el eco fiero
el crimen halagó ni a los tiranos,
escucha su himno de loor que inspira
ferviente admiración. Alto, severo
será por siempre de mi voz el tono.
Sí: columna de América: no temo
Al cantar tus hazañas inmortales
Que me escuchen los genios celestiales
Y juzgue el Ser Supremo.
A
Bolívar.
Fragmento 1827.
En su encendido
verbo, lo enalteció Martí el 30 de noviembre de 1889, en
un discurso pronunciado en el Hardman Hall de Nueva
York, “... que por su patria Heredia había querido él, y
por la patria mayor de nuestra América, que las
repúblicas libres echaran los brazos al único pueblo de
la familia emancipada que besaba aun los pies del dueño
enfurecido: vaya, decía, la América libre a rescatar la
isla que la naturaleza le puso de pórtico y guarda.”
Su heroica vida
merece el reconocimiento de toda la nación cubana, no
solo por ser nuestro Primer Poeta Nacional, sino porque
mereció el altísimo honor de que un cubano de
pensamiento profundo, cuya labor incansable conllevó al
estllido revolucionario de 1895: (Apóstol), lo
dignificara calificándolo como el Poeta de América, de
él dijo:
“En su patria piensa
cuando dedica su tragedia “Tiberio” a Fernando VII, con
frases que escaldan: en su patria, cuando con sencillez
imponente dibuja en escenas ejemplares la muerte de “Los
últimos romanos.”
Nos llegan las ideas
claras y el llamado realizado por nuestro Héroe Nacional
en carta remitida a Santiago de Cuna en 1889, para que
los cubanos laboráramos en función del digno tributo Al
Cantor del Niágara, sumándose él al homenaje en que se
constituyó la compra de la Casa Natal del bardo a través
de la Asociación “Junta Heredia”, de la que era uno de
sus delegados en Nueva York. El legado herediano
martiano está hoy más latente, máxime cuando se trata en
este 2003 de la conjunción histórica de los natalicios
de estas dos grandes figuras de la nacionalidad cubana y
universal: el sesquicentenario del “mejor de los
compañeros” y el bicentenario del “Cantor del Niágara”.
Queremos evocar desde
estas páginas la memoria del hombre que “cantó con
majestad desconocida a la mujer, al peligro y a las
palmas”, fuente inspiradora como ya se ha visto de José
Martí y de tantos hombres dignos que se vincularon a
nuestra gesta libertaria, iniciada el 10 de octubre de
1868 y culminada el Primero de enero de 1959.
Fidel Castro Ruz,
que es también fiel seguidor de la ideas de José María
Heredia, ha señalado:
“A la gente joven
pertenece la obra del poeta Heredia, hombre magno de
nuestra patria. El mismo escribió, en esta breve nota
sobre su vida, palabras de esperanza y buen deseo, que
es otra profecía, para las nuevas generaciones.”
Así pues resulta importante y al propio tiempo necesario
en el accionar cultural de nuestra nación la vinculación
de todas las fuerzas que de conjunto deben de tributar
el reconocimiento merecido al revolucionario cubano,
hijo de esta ciudad y de la América cuya obra obra
adquiere hoy inconmensurable valor, en el año en que la
Historia ha querido que nuestro José María Heredia,
quien con sus ideas nos legara el derecho al respeto
universal, se una a los aniversarios gloriosos de Martí,
el Cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, hechos
históricos importantes para el logro del triunfo
revolucionario del Primero de Enero, sea así lo
volcánico y sereno de Heredia; su pompa y fuego, quien
nos siga guiando para poner “gloria al hombre” en el
año que fehacientemente recordamos con honor y gratitud
su Bicentenario.
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