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Iroel Sánchez|Presidente
del Comité Organizador de la FIL
Amigos de Cuba y el Libro:
Como ya va siendo tradición por
esta fecha, vuelve a convocarnos la palabra escrita y
su poder multiplicador de ideas y voluntades.
Pareciera que la edición del pasado
año ya nos había colocado en los límites: 19 ciudades,
con una participación superior a los dos millones de
personas a lo largo y ancho de todo el país. Sin
embargo, la demanda cultural continúa creciendo entre
nosotros, estimulada por intensos y coherentes programas
que abarcan el perfeccionamiento escolar, la
universalización de la educación superior, la ampliación
de la enseñanza artística y el uso cultural y educativo
de la televisión, entre otras acciones, y llegará este
año nuestra Feria a 30 ciudades, creciendo casi un
cuarenta por ciento en su extensión.
Es esa dinámica, la que la ha
impulsado, en los últimos tres años, de bienal a anual,
de 300 000 ejemplares en venta, a cinco millones, y la
ha convertido de capitalina en nacional. En el mismo
período, se han incorporado programas como el de nuevas
tecnologías y el académico, a la vez que se diversifican
otros como el literario, el infantil y el artístico.
No se trata solo de crecimiento y
ampliación, sino sobre todo, de responder a la creciente
y siempre insatisfecha demanda de un lector cada vez más
exigente.
Nuevamente, tendremos entre
nosotros a importantes escritores, casas editoras e
instituciones extranjeras, incluyendo las de nuestros
Invitados de Honor: los países de la Comunidad Andina de
Naciones: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y
Venezuela, hijos todos de la gesta bolivariana. Ellos
nos acompañarán con sus libros, sus autores y su
milenaria cultura.
Enfrentando muy adversas
coyunturas, han honrado nuestra invitación. No pocas han
sido las dificultades para alcanzar este modesto escalón
en el esfuerzo común por conocernos más entre los
habitantes de este Sur que, en palabras de poeta, con su
fe veterana, se empeña en existir.
Por otra parte, las presentaciones
de libros, mesas redondas, lecturas de poesía, que
inundarán esta antigua fortaleza y los recintos feriales
en todo el país, acogerán a más de seiscientos autores
cubanos, publicados por las editoriales nacionales.
Ellos protagonizan una creación
diversa y libre, que fluye desde cualquier rincón del
país, ajena al empobrecimiento mercantil que ensombrece
gran parte del panorama editorial en el mundo de
hoy.
A Pablo Armando Fernández, cuya
obra mereció el Premio Nacional de Literatura en 1996,
está dedicada esta duodécima edición. Poeta y narrador,
ensayista y dramaturgo, hombre de profunda sensibilidad
humana, fabulador de nuestra identidad y sus desafíos
pasados y presentes.
Estimados amigos:
Cuba, sin ser para nada ajena a las
enormes dificultades del mundo de hoy, persevera en
ampliar la vida espiritual de su pueblo, con una
sostenida prioridad del estado al libro y a la cultura.
Esta Feria, fiesta de la igualdad,
el conocimiento y las artes, abre sus puertas, con el
aporte de numerosas instituciones y organismos, y con el
esfuerzo anónimo de miles de trabajadores. Decisiva ha
sido la participación de los editores, obreros gráficos
y de los Consejos de la Administración en cada sede,
especialmente en la capital.
Nuestra gratitud a todos por
acompañarnos en esta maravillosa aventura en que se va
convirtiendo cada edición de nuestra Feria Internacional
del Libro.
¡Ante ustedes, la declaramos
formalmente inaugurada!
¡Muchas gracias!
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