| LA JIRIBILLA |
|
Gustavo Eguren: Y en el original de este texto, el que me dio Gustavo para que me fuera “preparando” antes de que salieran de la imprenta los dos tomos, se puede leer, con esa letra de escolar de sexto grado que Gustavo tiene, lo que quizás haya sido el primer intento de título: “De furias y penas, sombras y apariencias” y debajo y entre paréntesis dice: “Más que novela, scherzo, divertimento”. Todo ello me permite valorar como reflexión concluyente que esta novela, que al principio me asustó un poco y que la consideré a priori como que no era para el gran público, que era bien culterana y que se necesitaban referencias librescas abundantes para mantener el hilo conductor y apreciar el ritmo; es realmente como dice Gustavo un scherzo, un divertimento, quizás unas nuevas aventuras de Gaspar Pérez de Muela Quieta, solo que escrita de otra manera. La novela comienza con una larga disquisición de 20 cuartillas sobre la vida, la muerte, el gobierno y el poder. Se hace un análisis del poder sereno y aséptico, sin dejarse llevar por apasionamiento alguno. El manejo de reflexiones y puntos de vistas y el uso de un lenguaje culto por un narrador culto y bien informado, está dado sin aspavientos, sin pedantería ni posiciones impresionistas y muy lejano del deseo de epatar. Es un texto de un hombre sabio e inteligente, que se apoya en su sabiduría para reflexionar y lógicamente llegar a conclusiones propias y a veces íntimas, discretas; nunca para demostrar sapiencia ni para apabullar al lector como un aburrido “citólogo” al decir chispeante de Samuel Feijóo. Hay luego una larga disquisición sobre el suicidio, sus causas y consecuencias. Valora a la palabra escrita como la gran enemiga del mundo, la que provoca el miedo absoluto y horrendo y cómo es la suerte que al final determina el tipo de vida que cada cual padece. Hay referencias a multitud de autores y textos, todo concatenado con el discurso y la intención. Nada es superfluo, traído por los pelos o impuesto para demostrar erudición. Y como colofón tiene la sorprendente capacidad de información de una biografía bien escrita, en el manejo de las vidas de sus personajes protagónicos. El inspector Falcón que es un policía lleno de sabiduría y de cultura general, trata de entender y explicarse el comportamiento humano (hay el caso de un supuesto asesinato que sirve de endeble argumento para todo lo demás), a partir de las reflexiones, puntos de vista y confesiones de personajes tan cruciales en la historia de la cultura universal como son Goethe, Rosseau, Nietszche y Frederic Amiel. Sus secretos, sus misterios, sus enigmas, su más ocultas intimidades y una suerte de complejo de Edipo colectivo, que están dadas no como “chismes de alcoba”, sino como profundas introspecciones de la conciencia y el alma humana. Conoceremos de una extraña relación existente entre Juan Jacobo Rosseau, Frederic Amiel y Mme. Warens y la “búsqueda del equilibrio en esta triada”. De otro “triángulo” que se forma con Amiel, Egeria y Philinne (su Mme. Warens), siendo Egeria “la retaguardia segura” y Philinne “el campo de batalla”. Nietszche tiene también su triángulo con Elizabeth su hermana y Lou Salomé, la femme fatal, la de la libertad a toda costa. Otro trío está compuesto por Goethe, Faustina y Christiane. Todo ello pone de manifiesto el papel del sexo y el erotismo en muchos movimientos políticos y en el propio movimiento del pensamiento artístico. El erotismo como motor impulsor o retardador de la vida. El lector podrá conocer de las “vidas paralelas” que tuvieron Goethe y Frederic Amiel. Conocer a Goethe en las dos etapas de su vida, o leer un análisis exhaustivo de la personalidad de Amiel, lo que pensaban de él sus contemporáneos, el puritanismo y la pacatería de la Ginebra de entonces, el amor “espiritual” y totalmente asexuado de Fanny y Amiel y donde se cumple aquella sentencia de Freud de que hay hombres que donde aman no desean y si desean no pueden amar. De Goethe hay un excelente estudio y una introspección de la influencia que sobre él tuvo Rosseau, un amplio análisis de la personalidad del propio Rosseau y las intimidades de Wagner, sus dotes musicales y la influencia que tanto él como Schopenhauer tuvieron en Nietszche. No quiero entrar en detalles sobre la intertextualidad de la novela. Ella está ahí, viva, y le dejo a ustedes las otras lecturas necesarias. Por último quiero volver sobre el inspector Falcón y su supuesto “caso” de asesinato ¿o suicidio?, que como ya dije antes sirve de pretexto para la gran sinfonía de ideas y situaciones que significa esta obra. Hombre pragmático, de gran capacidad analítica y poder reflexivo y con inclinación casi enfermiza a relacionar ideas, nociones o simples sucesos, es sorprendido casi al final de la obra cuando aparece el pequeño Rafael, Rosaura su madre, la confusión con Andrés el antiguo inquilino y la ganancia, gracias a su sagaz inteligencia y suspicacia y por supuesto a la suerte, de una familia real y objetiva para él, “lobo estepario” convicto de soledad y subterfugio que verdaderamente son introversiones para seguir viviendo y defendiéndose, que le permiten expresar llanamente que “había encontrado hijo y esposa”. En fin amigos, De sombras y apariencias es para mi criterio la mejor obra de ese gran narrador cubano que es Gustavo Eguren, que desde 1969 a 1998 tiene publicados doce títulos, entre ellos algunos tan fundamentales para la cultura cubana como La fidelísima Habana y Aventuras de Gaspar Pérez de Muela Quieta uno de los textos fundadores de la literatura picaresca cubana y Premio de la Crítica en su tiempo. De sombras y apariencias seguramente asombrará al público lector cubano y de otras latitudes, y también lo hará reír por el fino sentido del humor que resume y porque toda la madeja de pensamiento que mueve tiene como apoyatura el gracejo popular contemporáneo y sus concepciones filosóficos y éticas. Quiero terminar con una frase de la novela que es como una sentencia china, como un dictado del Gran Khan, como la espada de Damocles, como las trompetas de Jericó y que para mí constituye el superobjetivo de esta obra: “Se piensa en palabras, por eso los pensamientos son tan engañosos como ellas mismas. La verdad es el acto”.
Muchas gracias. |
|
|