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UN INCIDENTE DE BOLSILLO
 
“En el incidente de Letras Libres no hubo ideas desde la mesa, lo que hubo fue una retahíla inmensa de mentiras, dichas en un tono dictatorial y en tono totalitario, terrorista, con el objetivo de causar miedo, de provocar que la gente se espantara con la presencia de Cuba. Querían estigmatizar las ideas que Cuba llevaba a través de la obra de sus creadores y artistas”. Entrevista en exclusiva con Eliades Acosta Matos, director de la Biblioteca Nacional de Cuba y miembro de la delegación cubana que asistió a Guadalajara.


Manuel Henríquez Lagarde |
La Habana


Ante el éxito indiscutible que, desde su anuncio, significaba la participación de Cuba como país invitado a la XVI Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sectores de la derecha intelectual mexicana secundados por apóstatas de origen cubano, intentaron sabotear la actuación de los más de 700 artistas y escritores cubanos de primer nivel que asistieron al evento.

Con tal propósito la revista Letras Libres presentó su número 47, perteneciente al mes de noviembre, el cual cuenta con un dossier dedicado a los “futuros de Cuba”. Como era de esperarse, dicha selección de textos  repite los habituales infundios y manipulaciones que durante más de 40 años ha esgrimido contra la Revolución Cubana la propaganda anticubana financiada y dirigida por el gobierno de Estados Unidos.

 Con el ánimo de conocer los detalles de lo allí sucedido La Jiribilla entrevista en exclusiva a uno de los protagonistas de un suceso que, a pesar de las ansias de algunos, agigantó aún más el derroche de talento y afecto que dejaron los cubanos a su paso por la tierra tapatía.

—En su último número, la revista mexicana Letras Libres apela, una vez más, a su supuesta “inocencia” en sucesos que tuvieron lugar durante el lanzamiento de su número dedicado a Cuba en la pasada Feria del Libro de Guadalajara. ¿Qué opinas sobre esa posición?

—Son muy interesantes algunos comentarios que he leído posteriores al incidente de Letras Libres en Guadalajara; en uno de ellos  un periodista mexicano —lamento no recordar su nombre—, se afirma que Letras Libres tiene un largo historial de conflictos y es una publicación que no puede venderse como una virgen vestal. Ese periodista, concretamente, decía que los presentadores de la revista se comportaron después del incidente como si fueran doñitas, es decir, viejitas piadosas que van a  la misa con velo y no como  lo que mostraron ser  allí, y de lo cual ha quedado constancia en las grabaciones. Allí se presentó un equipo bien planificado, que se dividió los roles y que tuvo un lenguaje ofensivo que apelaba a medias verdades y mentiras. Por lo tanto, creo que por ese ángulo no puedan pretender la inocencia. Ese comentarista mexicano también decía que Letras Libres tiene, “como bien se sabe, muchos esqueletos guardados en el armario”. El historial de esa publicación habría que hacerlo, aunque no me corresponde a mí, le corresponde a los escritores y pensadores de México. Pero la lectura de ese artículo en la prensa mexicana me dio la medida de que hay muchas personas que no comparten la línea y la forma en que Letras Libres y sus promotores llevan a cabo el debate intelectual. Me dejó el sabor de que Letras Libres no es tan libre como se proclama y que, contrariamente a lo que dice el señor Christopher Domínguez, no es tan poética ni libertaria como se afirma. Parece que hay evidencias de una línea dura como lo es, a fin de cuentas, toda línea de derechas cuando enfrenta cualquier  pensamiento disidente que se le oponga. De todas formas, habría que profundizar en ese sentido y por lo menos a mi me pica la curiosidad y voy a hacerlo.

No hubo ninguna inocencia en el montaje del espectáculo. Y cuando digo espectáculo lo hago con toda propiedad porque allí, cuando me entrevistaron, hablé de “circo”. No hay casualidad en la forma ni en las personas con las que organizaron la presentación.

 Si era tan cardinal, esta presentación a los efectos de la filosofía o la tradición en que dijo haberse  formado el Sr. Christopher Domínguez; si esa revista, como él dijo, iba a sacar la cara por la democracia mexicana “ante el espectáculo vergonzoso-, y lo estoy citando-, de una feria entera puesta al servicio de alabar una dictadura, no me explico como el señor Enrique Krauze no estuvo en ese acto que, desde su ángulo, debió tener   una connotación tan importante. Parece que el señor Krauze dirige sus guerras “libertarias” por control remoto y envió a un grupo de personas, prestigiosas en algunos casos, a sacar la cara. Vamos a dedicarle un pensamiento bondadoso al  señor Krauze y pensar que ese día estaba mal de salud o tenía un problema personal que impedía su presencia, lo cual no me parece si tenemos en cuenta su rápida reacción posterior, también por control remoto.

No obstante,  lo ocurrido que me deja el sabor de una  bien meditada provocación...

—Incluso, el crítico literario mexicano Christopher Domínguez se definió ante todo el mundo, orgullosamente, como un provocador...

—Fue una provocación. No es como dice el Sr. Rafael Rojas: “¿provocación por qué, porque es literatura de oposición?” En la Feria del Libro de Guadalajara se presentaron decenas de libros críticos hacia la realidad cubana que pasaron sin penas ni glorias. Estuvieron allí opositores al gobierno y a la Revolución, sin ser molestados. Subrayo el carácter provocador porque todo estaba pensado para crear también una sensación desmoralizadora en la delegación cubana. El número que se presentó parte del presupuesto de que la Revolución cubana está en fase terminal y que lo único que hay que discutir es cómo hacer una transición. O sea, manipula absolutamente la realidad que usted percibe en las calles de Cuba y hace lo mismo con las opiniones que sobre la Revolución puede haber —téngase en cuenta que no hay ni un solo artículo, ni una sola entrevista a alguien que pudiera matizar esa percepción— desde el ángulo, no ya del apoyo a la Revolución, sino,  simplemente, desde una posición diferente. Todas las opiniones son aplastantemente contrarias a la Revolución y cuando le da espacio a dos cubanos residentes en la Isla, son dos connotados contrarrevolucionarios, pertenecientes a los grupúsculos, que todo el mundo sabe en Cuba, que son apéndices de la política del gobierno norteamericano y son financiados y respaldados por la Oficina de Intereses de Estados Unidos.

Quiero resaltar que cuando usted pretende defender y ser paladín del libre acceso a la información y la libertad de expresión, un requisito imprescindible es aportarle al lector todos los ángulos de un problema y todas la opiniones que sobre este existan para que cada cual saque sus propias conclusiones. No puede partir de filtrar las opiniones y solamente poner las que le convienen a su punto de vista o a su línea editorial. Por eso es que el número de la revista  Letras Libres, su concepción, es extremadamente parcial, limitado en su visión, y además extremadamente agresivo en el lenguaje, falso en los testimonios y en la forma de analizar los hechos.  En fin, el número es  un número refutable  letra por letra.

Por ejemplo, el dossier preparado sobre los futuros de Cuba, me parece sumamente endeble y creo que ameritarían un desmontaje los artículos de Antonio Elorza, Andrés Oppenhaimer y Jesús Díaz. Estos me parecieron especialmente débiles y manipuladores. No quiere decir que los otros no lo sean, pero estos me causaron una impresión de desolación por las personas que los escribían. Conozco la obra del español Elorza, he leído a Jesús Díaz. Oppenhaimer, realmente, es una figura menor, una figura impostada, fabricada para el papel que hace; pero en el caso de Elorza y Jesús Díaz estoy absolutamente convencido, especialmente del primero, que es una obra que está cumpliendo un triste papel político, que le vienen exigiendo desde hace mucho tiempo; —es la tarea que tiene Elorza, como antiguo miembro del Partido Comunista Español— como apóstata de sus ideas y colaborador con sus antiguos adversarios. Su tarea es el desmontaje historiográfico de las bases que sustentan la Revolución cubana. De ahí sus libros sobre el autonomismo, su visión del 98, sobre los grupos independistas cubanos y sobre Martí. Además, predominan en su trabajo datos históricos inexactos que, en el mejor estilo de la chapucería del PP, hacen absolutamente ridículo hasta el lenguaje que usa en algunas partes de su texto.

El número es ofensivo y provocador por la forma en que se presentó y por hacerlo coincidir con la Feria, sabiendo que era un número de minorías y que esa no era la opinión mayoritaria del pueblo mexicano ni de la intelectualidad mexicana ni del espíritu de la Feria. Era un número para sabotear y provocar.

Por otro lado, está la forma en que se dividieron la presentación los presentadores. En el panel estaba el Jefe de redacción de Letras Libres, el Sr. Trujillo, haciendo el papel de moderador y como uno de los presentadores el Sr. Christopher Domínguez, un miembro del Consejo Editorial, además del escritor mexicano Roger Bartra. Como material folklórico, para contextualizar, ya que se estaba hablando de Cuba, los señores Rafael Rojas y José Manuel Prieto.

—A este último, sin duda, le tocó el trabajo más sucio...

—Este señor viene haciendo una labor que no le hace honor. Como me dijo un escritor cubano que conoce su obra, es un narrador, puede gustarte o no lo que escribe, será efímero o no, eso lo dirá el tiempo. Pero lo que sí está claro es que Prieto es fatal como político. Es burdo en sus planteamientos, con una dicción pésima, y maneja argumentos que son de preescolar...

—Del preescolar de la Guerra Fría que de acuerdo con Rafael Rojas ya no existe...

—Exacto,  un tipo que estudió en la Unión Soviética, y todo el que estudió allí entiende claramente el origen de sus traumas —y esto también se puede desmontar, concepto por concepto—;  que  pretende extrapolar y aplicar el mismo esquema de análisis aplicable a la realidad soviética, a la realidad cubana. Eso lo puede hacer un Elorza, alegando ingenuidad o ignorancia porque no es soviético, ni cubano, ni estudió en la Unión Soviética, ni conoce a Cuba. Se le puede perdonar a Elorza, pero no a Prieto que vivió en la Unión Soviética creo que doce años y nació y estuvo viviendo en Cuba hasta que se fue de este país. Creo que si alguien sabe que está mintiendo descaradamente es el propio Prieto. Quizás por eso no levantaba los ojos del papel mientras leía aquella interminable melopea de absurdos y  despropósitos. Creo que hasta a él le daba vergüenza mirarle la cara a los cubanos presentes en la sala. Todo eso condicionó la situación en la presentación cuyos resultados están a la vista. 

Se equivocaron. Incluso, es absolutamente inmoral insinuar, en el editorial que hace la revista, que la coincidencia de la conversación de Silvio Rodríguez con miles de  jóvenes mexicanos, a pocos metros del lanzamiento de Letras Libres, indicaba que había que tener, a lo menos, cuidado por  el mantenimiento del orden en una coyuntura de ese tipo. Se está insinuando que se preparó la presentación de Silvio para torpedear la presentación de la revista. Letras Libres es incapaz de convocar la décima o centésima parte de las personas que el solo nombre de Silvio, de Cuba y de su obra, se convocaron en la Feria. Cualquier presentación del cualquier autor, panel o mesa redonda de Cuba, convocó el doble o el triple, que  lo que Letras Libres pudo convocar, a pesar de tener toda la prensa allí, que es otro elemento muy interesante.  Hubo actividades importantes que contaron con una prensa discreta o ninguna participación de esta. Sin embargo, Letras Libres llevó, acarreó hacia allí, a la prensa. Lo que deja el sabor de una preparación previa muy meticulosa, como para dar un golpe mediático, en el mejor estilo de lo que está ocurriendo en Venezuela. Y repito, es inmoral decir eso alrededor de la presentación de Silvio prevista con antelación en el programa central por los organizadores de la Feria tal y como declaró luego su Presidente, el Sr. Padilla, Letras Libres tuvo el inusual privilegio de escoger día, hora y lugar donde quiso hacer su presentación. Lamentablemente, los señores de Letras Libres, con un gesto entre la repugnancia y el horror, tuvieron que pasar cerca de donde estaban los miles jóvenes representantes del pueblo mexicano que compartían con Silvio, canciones, pero, sobre todo, actitudes progresistas. Eso a ellos tuvo que llenarlos de pánico, además de haberles reforzado su pequeñez.

—Hablando de la prensa mexicana, una parte de esta se hizo eco de la versión ofrecida por los representantes de Letras Libres al decir que la participación de Cuba carecía de ideas y la  catalogó, como hace la revista en su último número, de “linchamiento verbal” o “acto de repudio”.

Donde yo sí percibí una gran falta de ideas originales y de argumentos fue de parte del panel que presentó Letras Libres. Si alguien cree que lo publicado en la revista o lo expresado por sus ponentes en la mesa, es nuevo, profundo, revolucionario, radical, libertario, me preocuparía seriamente  por su coeficiente mental. No hubo ideas desde la mesa, lo que hubo fue una retahíla inmensa de mentiras, dichas en un tono dictatorial y en tono totalitario, terrorista, con el objetivo de causar miedo, de provocar que la gente se espantara con la presencia de Cuba. Querían estigmatizar las ideas que Cuba llevaba a través de la obra de sus creadores y artistas que estaban allí, y no precisamente con panfletos o  con mesas dedicadas a la política, ni  con propaganda al gobierno cubano o a las ideas de izquierda. Cuba llevó arte y cultura en las que por supuesto hay ideas implícitas, pero de la forma en que lo hacen la literatura y el arte, de forma indirecta. Sin embargo, estos señores hicieron una mesa política, en ningún momento académica, ni literaria. ¿Alguien me podría demostrar que el dossier de Letras Libres y la presentación de ese número tiene un átomo de académico o de cultura? No.

El señor Trujillo, quien hizo además un papel lamentable como coordinador —una buena parte del desorden que se formó en la presentación, se debió a su debilidad y su cobardía como coordinador— empezó por decir que se iba a presentar un número que trataba de no ser ideológico y de mantenerse alejado de posturas ideológicas. Pretender que ese número y esas intervenciones —que por suerte fueron grabadas—, no tienen nada de ideológico es una ofensa a la inteligencia humana. Habría que ver qué concepto tienen estos señores de lo ideológico porque a mí me parecía como si me estuvieran leyendo un manual contra la Revolución cubana, pero con argumentos y términos para subnormales.

—Aunque hay quien reconoce lo contrario y asegura que se trata de literatura política...

—Todo el que pueda leer la trascripción y comparar el seguimiento de la prensa a esto podrá entender las enormes y flagrantes contradicciones en que cayó la mesa en sus posturas, a pesar de que, estoy seguro, se coordinó con antelación. Creo que el acierto de haber grabado —aunque la grabación tenga algún ruido; y, que la transcripción esté disponible para todo el que la quiera leer—, permite refutar los conceptos de que no hubo ideas en la discusión. Todos hubiéramos deseado un clima más distendido y académico para rebatir, punto por punto, los asuntos tocados. Pero no creo que la mesa estuviese interesada en debatir ni en discutir nada. La mesa venía en bloque a lanzar allí el ataque relámpago terrorista de Letras Libres y después de hablar durante más de una hora, después de contar con el silencio total del público, alegar que ya no quedaba prácticamente tiempo para el debate. Lo que querían era oír dos o tres  preguntas y evitar la réplica. O sea, levantar el campamento después de haber dejado una banderilla puesta. Les salió mal. Creo que ideas sí hubo por parte nuestra y por los presentes que intervinieron. Algunos más apasionados que otros. Alguien del público pudo haber dicho algún término especialmente duro o alguna exclamación desafortunada, con la que podamos no coincidir. Pero en medio de un debate en aquellas circunstancias todo puede ocurrir y como decían los abuelos, “cuando usted dice lo que no debe, oye lo que no quiere”.

Por lo tanto, creo que se debía haber tenido cordura para hablar desde el principio, por parte de los presentadores. No se tuvo en cuenta de que se estaba ofendiendo a un pueblo y a una Revolución y de que se estaban haciendo cómplices de las agresiones que este viene sufriendo desde hace más de 40 años. Había esta especial sensibilidad que se ofendió. Había un auditorio adverso para ellos que nadie organizó; era el que estaba allí en la Feria y que, como ellos llevaron su gente, la gente partidaria de Cuba se convocó y estuvo allí por libertad y por derecho propio, como mismo estaban ellos. Lo que demostraba que son minorías, como dijo Christopher Domínguez.

También hubo ideas en los documentos que se repartieron. Por ejemplo, en el documento que yo escribí en una laptó, de pie en un rincón del pabellón de Cuba minutos antes de la provocación, tiene ideas. Ese documento se repartió, a los presentes precisamente, previendo que se iba a escamotear el tiempo de discusión. Lo hice para que, por lo menos, quedara algún testimonio de la existencia de ideas adversas a lo allí planteado. En él se analizaba el número en general, y se planteaba una postura de rechazo y desenmascaramiento de las verdaderas intenciones de la presentación. De todas formas, las intervenciones, aún las más viscerales, como fueron algunas de personas que tienen una historia personal dramática como el caso del joven hijo de desaparecidos de la dictadura argentina, también fueron resultados de las provocaciones de la mesa contra el pueblo mexicano. Porque mentir sobre Cuba ante cubanos tiene un precio y mentir sobre México ante mexicanos tiene otro precio. Y el precio que pagó la mesa fue mentir sobre México ante mexicanos. Hablar de transición a la mexicana, decir que en México hay democracia, libertad y derechos plenos; que allí se pagó un alto costo de sangre para que todo el mundo pudiera hablar; que México es un ejemplo para Cuba, cuando nosotros estuvimos viendo, como todo el mundo, a los niños mexicanos pidiendo limosnas a la salida de la Feria de Guadalajara. Como yo vengo de un país donde eso no ocurre para poder comer, puedo decir que mi  país tiene muchos defectos, pero que, por lo menos, en Cuba no pasan esas cosas que claman al cielo, porque son injusticias flagrantes y denigrantes y que hablan mal del sistema que impera en una sociedad —no del pueblo que es víctima de eso—, sino del sistema. Por lo menos tengo que poner un signo de interrogación sobre esa panacea que me recomiendan. Ofendieron la sensibilidad de los mexicanos tratando de mentir con mexicanos delante. Ideas sí hubo; y  se expresaron allí, como se puede apreciar en la transcripción de las intervenciones, y como le respondí a un periodista mexicano después: “dondequiera y como quiera discutimos ideas”. Pero allí había una situación galvanizada. Polemizamos, si lo desean, lo mismo en público que en privado, en la prensa o a nivel particular, en la televisión o por escrito, porque hay suficientes ideas para demostrar que no tienen ideas nuevas que proponernos.

—Esa prensa “libre” se reservó o no quiso enterarse de sucesos como que al inicio de la presentación se cerraron las puertas para tratar de impedir el acceso de algunas personas a la sala...

—La mise en scene que se orquestó con la presentación de Letras Libres era culpable antes de que alguien abriera la boca. Cuando uno se da cuenta de que escogieron fecha, hora y lugar de la presentación;  que cambiaron la hora a su conveniencia, porque inicialmente era a las seis y luego la bajaron a las cinco,  y  no se sabía, hasta casi hasta diez minutos antes del inicio,  en qué sala iba a ser. Incluso, algunos de nosotros equivocadamente  entramos en la sala contigua, donde Monsiváis iba a hacer una presentación. La presentación casi se montó con una discreción que raya en lo conspirativo. Se acarreó  también hacia allí una cantidad de cubanos de Miami. Estaba el señor Salvat, de la Editorial Universal, y otros cubanos que viven en México y no coinciden con la Revolución. Calculo que ellos tenían allí alrededor de unas treinta personas, algunas de ellas agresivas  y que llegado el momento, también gritaron consignas contra la Revolución, de lo cual, curiosamente, nadie ha hablado hasta este momento. Hubo incidentes previos a la presentación, discusiones, no acres como ocurría después, pero hubo discusiones en el público, gente opinando, hablando en alta voz, hubo miradas, y hasta significativos abrazos. En un ambiente normal se podría decir que todo eso no hubiese tenido ninguna importancia, pero luego uno reconstruye los hechos y va entendiendo, recomponiendo el mapa de la sala y los antecedentes.

Hubo también intentos de no dejar pasar a la Sala Nº 3 a todo el que quiso hacerlo. Se trató de cerrar las puertas de la sala. Pero antes de eso se quiso “limpiar” a un grupo de personas que estaba delante de la puerta de la sala de la presentación. Era como una especie de labor profiláctica y tuve en lo personal la desagradable experiencia, junto con otra compañera de la delegación, de ser conminados a apartarnos de allí, de forma dirigida, minutos antes de que comenzara el lanzamiento.

Esa persona  que lo hizo, por supuesto, no es culpable. Era uno de los jóvenes de seguridad a quien se le dio la indicación de hacerlo, y fue hacia nosotros con ese ánimo. Le expresé, de forma correcta, mi preocupación de por qué se dirigía a mí cuando había allí miles de personas reunidas. El joven respondió que tenía indicaciones de empezar por nosotros a limpiar la puerta. Todo eso me pareció muy extraño. Nunca en la Feria, ni antes ni después , jamás, nadie de la seguridad de la Feria nos pidió evacuar o irnos de algún lugar. Luego cuando la gente empieza a entrar y ya están sentados los presentadores de la revista, se da el incidente de que hay un tumulto en el fondo y alguien grita: “¡no dejan entrar a nuestros compañeros!”. Algunas voces empiezan a elevarse diciendo: “¡Esto es democracia, dejen entrar a la gente!”. Se alegó de que había muchas personas dentro. Estuve en actividades donde la gente estaba sentada en el suelo y donde no había espacio para un alfiler. Nunca vi que se cerraran las puertas. Me pareció también extraño que en la presentación de Letras Libres existiera un despliegue de seguridad, desde el inicio, a los lados de la mesa y en el fondo del salón. Incluso, cuando se caldean los ánimos, se refuerza  la seguridad con  personal uniformado. Ante las protestas se abren por fin las puertas, pero me enteré que en efecto se dejaron abiertas las puertas del salón pero se cerraron las puertas de cristal que daban acceso a todo ese sector de la Feria. Por lo tanto, se tomó una medida parcial. Se permitió el acceso hasta un punto. No quiero culpar a la dirección de la Feria, que me pareció que actuó profesional y correctamente en este caso y en todos los demás. Mis respetos para ellos. Pero sí creo que se había echado a andar una especie de rumor con toda mala intención. Y no se me ocurre que hayan sido otros los que lo echaron a andar distintos a  los interesados en pasar por víctimas. Se había echado andar el rumor de que iba a ser una presentación conflictiva por lo que a la luz de eso me parece entonces más irresponsable la forma y el tono en que se organizó.

Dentro de la sala había personas a favor y en contra de la mesa. Nunca estuvieron solos.

—En un texto que aparece en ese último número Rafael Rojas plantea que tanto tus declaraciones como las de Enrique Ubieta apelaron al insulto personal. Un reclamo que por cierto no te hizo cuando le abordó muy amistosamente en los pasillos de la Feria...

—De hecho Rafael Rojas tuvo una actitud sinuosa en todo este asunto. No lo creo ajeno a las ideas del grupo de Krauze, el rector de la provocación. La intervención que hizo sobre la obra de Cintio,  que también es rebatible, pretendió escindir la vida y obra de un autor, o sea, aceptar la obra y rechazar la vida, lo que es realmente imposible, sobre todo, cuando estás rechazando la vida de un hombre comprometido con su pueblo como es Cintio Vitier. Y los eufemismos sobre la poéticas de la historia también los podemos discutir en un plano académico porque todo eso es muy endeble. Eso es querer ser “políticamente correcto” y no querer llamar las cosas por su  nombre, lo cual hace el juego a aquellos que desean que la realidad no sea conflictiva y, por lo tanto, no quieren su transformación.

Pero ese es otro tema. Creo que Rafael Rojas sabe y tiene una absoluta claridad de que las declaraciones que hizo, posteriores al incidente, y  el artículo que publica en Letras Libres titulado “Las lecciones de Guadalajara”, son inexactas y decepcionantes, especialmente su artículo. No pensé que después de lo ocurrido y de las reflexiones que esperaba de él, hiciera las concesiones que hizo en ese texto. Concesiones a quienes lo están manipulando y usando contra la Revolución cubana, como han usado antes a tantas personas y usarán a muchas después de él.

El artículo de Rojas reivindica la carta con la firma de 28 intelectuales y el editorial  cita a Rafael Rojas entre los firmantes, cuando eso fue algo que él mismo desmintió ante la prensa y que me dijo personalmente.  Al menos, defender la validez de un documento que es a todas luces manipulador y que ha tenido la falta de ética y el descaro de poner nombres sin consultar, me parece una inconsecuencia monumental de Rafael Rojas. Y deja qué pensar sobre su capacidad crítica, porque quien no es autocrítico no puede ser crítico.

Por otro lado, en otras declaraciones, ha afirmado que yo dirigí turbas y consignas. Nosotros no nos conocíamos personalmente, pero nos habíamos leído. Quiere decir que usted puede determinar los límites de una persona o de un carácter a través de sus escritos. Se puede saber si es una persona de paz, de ideas o es un funcionario impostado. La primera acusación fue que éramos funcionarios. Se desmoronó la acusación cuando se entregaron a la prensa nuestros currículos, lo que demostró que los miembros de la delegación cubana que hablamos allí éramos tan creadores y tan intelectuales como ellos. En cuanto a lo de funcionarios, todos somos funcionarios. Nosotros, del gobierno revolucionario, algo que nos enorgullece, y ellos son funcionarios de la política hostil del gobierno norteamericano y de los órganos de prensa que orquestan las campañas contra la Revolución cubana. En cuanto a lo de funcionario hay mucha tela por donde cortar. Por eso aclaramos en la conferencia de prensa que no éramos funcionarios a lo Chejov, que escribíamos libros, no informes ni memoriales. Hablamos de un intelectuales orgánicos, como diría Gramsci, y no del funcionario clásico que es, después de sus traumas soviéticos el Sr. José Manuel Prieto, en todos los rincones de su existencia.

Creo que luego de haber conversado a solicitud de Rafael Rojas en un pasillo —yo acababa de leer delante de mí sus declaraciones inexactas y manipuladas, y tuve la paciencia, y diría que la humildad, de detenerme a su pedido—, para abordarme y decirme que él quería darme la mano y un libro y yo aceptarle el libro y la mano y tener una conversación que pudo haber durado diez minutos; después de esa conversación y de haber aclarado puntos inexactos que tenía él y aclararme algunos que tenía yo, y de haber terminado diciéndome “me fue muy útil haber hablado contigo”, esta posición me demuestra que no es la persona sincera que yo creía haber descubierto aunque no coincidiéramos en las ideas. Veo que aquí hay una especie de regodeo en sus posiciones, hay una contumacia. Rafael Rojas es de esos que se arrepiente y, después de desmentirse a sí  mismo, se echa hacia atrás y vuelve a su creencia inicial. Es un tipo que luego repite las cosas que le fueron aclaradas y que él aceptó. Espero que después de leer las transcripciones pueda más serenamente, le quiero dejar esa puertecilla de escape a su honestidad, rectificar.

De todas formas, en esa conversación él me hizo dos acusaciones. La primera era de que yo había gritado consignas, y yo le dije que yo no coreaba consignas ni en la pelota; que él leyendo mi obra podía darse cuenta de que yo no era una persona de consignas, sino de ideas. La segunda era que yo les había negado a los cubanos de la mesa la condición de cubano. Le expliqué que yo no era un funcionario de Inmigración, sino del Ministerio de Cultura, que no tengo ninguna autoridad para reconocerle o negarle a una persona su nacionalidad y que para mí un cubano es todo aquel nacido en Cuba, viva donde viva, que se sienta cubano. Y que lo que yo dije en la mesa, y me dio mucho gusto encontrarlo de esa manera en la trascripción, lo que dije textualmente fue: “me voy a dirigir en este momento a los cubanos de la mesa, al menos cubanos de origen”. No estoy negando con esto la condición de cubano de nadie. Lo que estoy es subrayando de que al menos por su origen son cubanos, y que depende de que sigan siendo cubanos a los efectos morales y no legales de pasaportes o visas, de acuerdo a adoptar una posición más cercana o más lejana a los intereses de Cuba. Ni siquiera como Revolución. Y ser cubano pasa, a mi modesto entender, porque usted puede estar en contra de la Revolución y oponerse firmemente al bloqueo que quiere desaparecer por hambre y enfermedades a 11 millones de sus compatriotas. Y ser cubano pasa por ir en contra de una política que está buscando el menor pretexto para borrar de la faz de la tierra a la nación cubana, con sus símbolos, con sus museos, sitios históricos, bibliotecas, monumentos y paisajes. Por lo tanto, no se puede amar a Cuba en abstracto. Se ama a la Cuba concreta que existe. Y si usted, como el señor José Manuel Prieto —en momentos en que ser tildado de terrorista es atraer hacia ti la animadversión de la potencia que está buscando a donde dirigir sus cohetes y bombardear dondequiera que halle a alguien con una etiqueta de terrorista—, califica a Cuba de nación terrorista, lo que está haciendo es tratar de atraer una agresión contra el pueblo de Cuba. Por lo tanto, tengo que poner un signo de interrogación y creo que fui piadoso al decir “al menos de origen” porque también, como decían los abuelos, “obras son amores”. Las actitudes concretas no las palabras ni los discursos, dan que pensar. Usted no puede hacer romanzas de amor a un pueblo y al mismo tiempo estar aliado con los potenciales invasores y genocidas de ese pueblo. Hay una inconsecuencia moral que aunque es flagrante, no la  denunciamos con pelos y señales para no herir. Se les dejó un escape, por eso dije: “quiero hacer un llamado a los miembros cubanos de la mesa, al menos de origen,—esa frase, por favor, nunca la usaron Christopher Domínguez, ni Bartra, ni Prieto—, de que reflexionen y de que vean el triste y trágico papel que están haciendo a los ojos de su pueblo” en esta coyuntura. Fue un llamado moral como lo hacía Kant en su época, por lo que no veo ninguna ofensa en ese sentido.

Sin embargo, yo sí me siento agredido, como cubano, con las declaraciones de Prieto. Me sentí ofendido como miembro de la delegación cubana y revolucionario, con las declaraciones de Christopher Domínguez y con la declaraciones del señor Bartra, y lo menos que se podía hacer era dar una respuesta.

—Al mismo tiempo, ahora encarnando el papel del intelectual despistado o medio tonto, Rafael Rojas se desentiende de cuáles fueron las acusaciones que Cuba le hizo a su revista Encuentro.

El problema es rehuir el verdadero intercambio de ideas magnificando algo que, como dije en una entrevista que me hicieron en México no pasa de ser una escaramuza más dentro de 43 años de agresiones.¿Qué es lo de Letras Libres al lado del sabotaje del avión de Cubana de Aviación, o al lado de que yo no pueda enviar libros de Cuba a las bibliotecas norteamericanas, por el bloqueo, o  que no pueda restaurar mi patrimonio porque los materiales de restauración no me los venden, o que no pueda comprar materiales en los Estados Unidos para la bibliotecas o que a un autor cubano le quemen su obra en Miami, o que le lancen un cóctel molotov a Rosita Fornés en esa ciudad? No es nada, es sencillamente simbólico, es un gaje del oficio, es un combate más entre los miles que a diario se dan en este país y en el exterior a favor o en contra de la Revolución. O sea, no son héroes, ni antes ni después de la presentación de Letras Libres. Y se lo dije al señor Christopher Domínguez: “no son Ghandi ni son Mandela”, porque, además, allí dejaron bastante que desear su valentía personal y su entereza. El señor Bartra iba a salir huyendo de la sala y dejaba detrás a su esposa, quien estaba sentada en la primera fila. El señor Christopher Domínguez se rasga las vestimentas en la prensa, hablando de que vio impotente cómo sus amigos cubanos eran vejados allí. Sin embargo, cuando usted lee la transcripción se da cuenta de que pudo haber dicho lo que quisiera y, sin embargo, tuvo una reacción histérica, fue balbuceante incoherente y ofensivo. Lo que ha habido es el deseo de rehuir las ideas y evitar el tener que discutir ideas.

 

En medio de la discusión grande, durante la presentación también discusiones pequeñas en la Sala. Junto a Ubieta había una pareja reclamándole en un tono un poco molesto, lo que provocó que le dijera a Ubieta que se sentara con nosotros. El señor era un hombre que demostró cierto grado de violencia contenida. Llegó a decir: “vamos a dejarlo ahí”, perdonándole la vida y yo le dije: “lo resolvemos como tú quieras, porque creo que ese tono de perdona vida no se le puede permitir a nadie”. Sin embargo, la muchacha que lo acompañaba hay un momento en que dice: “pero es que nadie le pregunta nada a la mesa”. Y yo le digo, “pero es que no hay nada que preguntar. Aquí todo está claro. Más que preguntar lo que hay es que comentar  y eso  es lo que la gente está haciendo”. Parece que existía el deseo de que la gente aceptara  sin chistear la plataforma que se le presentaba. Como dicen también los abuelos: “la criada le salió respondona”. No esperaban la reacción, la exposición de ideas que hizo la gente.

—Estos también, empezando por el señor Christopher Domínguez, son polemistas de escritorio, acostumbrados a ofender desde la seguridad de una página de revista o de un periódico...

—Polemistas de gabinete. Rafael Rojas, por ejemplo, declara que él lo que quiere es concluir la obra inconclusa de la Revolución cubana, venir a Cuba a terminar la Revolución. No sé con qué autoridad política, moral o histórica piensa que el pueblo cubano le va a hacer caso o va a dejar de oír a quienes sí la tienen y que llevan tantos años compartiendo sacrificios y dolores aquí, para ir a abrírsele de brazos como si él fuera el Mesías. Una persona que está viviendo fuera de este país, por su libre elección, y al parecer no le va mal.

Por otra parte, había la intención de evitar que aquello se convirtiera en un acto de reafirmación de la Revolución. Se querían cerrar los canales para dejar una sensación, al final, de intolerancia. No había deseos de sostener la polémica, no había argumentos. Como tuve el placer de decirle personalmente al señor Prieto: “es una forma de terrorismo de baja intensidad el que se trata de aplicar con estas  revistas  y esta presentación.

—Casos parecidos ocurren todos los días en “democracias” como las mexicana y nadie parece sorprenderse mucho... ¿A qué tú crees que se debió entonces la reacción histérica de “las doñitas de Letras Libres”?

—Ayer mismo salió por la televisión una guerra a palos entre un sindicato agrario en México a favor o en contra de algo. Terminaron con heridos, destrozos, de una forma nada académica ni protocolar. Cuando uno ve lo que pasa en el Congreso de ese país, en el Senado, en  actos políticos o en otros lugares en México, cuando uno ve cómo terminan las discusiones, a veces, con violencia, lo de Letras Libres es ridículo. No hubo contacto físico en ningún momento. No hubo insultos gritados por ningún miembro de la delegación cubana contra ninguno de ellos. Ah, sí, hubo adjetivos pero primero los hubo de allá para acá, en la revista y en la presentación. Se dio pie a oír esas cosas porque el lenguaje de estos señores no fue nada académico ni nada respetuoso. Dicen ellos que no es un incidente menor. Es un algo de bolsillo al lado de los miles de incidentes que tienen lugar todos los días en el mundo.

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