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DOS EN LA CASA DE LA COMUNIDAD HEBREA DE CUBA
 
Mariano Suárez del Villar y Pedro García-Espinosa se unen en una muestra en la que ambos mantienen, sin entremezclarse, su propia manera de sentir y decir. La exposición estará abierta hasta fines de este mes de enero.


Mercedes Quesada |
La Habana


Mariano Suárez del Villar y Pedro García-Espinosa se unen en una muestra en la que ambos mantienen, sin entremezclarse, su propia manera de sentir y decir y que ha sido acogida en los espaciosos salones de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba. La exposición estará abierta hasta fines de este mes de enero y constituye una hermosa iniciativa de esa institución, ya se ha producido en ocasiones anteriores y que resulta beneficioso que se reitere en tanto crea un nuevo espacio para el disfrute estético.

Es, además, una oportunidad que se agradece para disfrutar de las obras de Suárez del Villar, fallecido en 1996 y que, gracias a voluntad de Mercedes González, su compañera en la vida, y su hija Djamila, vuelve para poner en evidencia la eternidad de la obra artística. Apegado a la corriente del surrealismo, Suárez del Villar dejó una rica y copiosa obra que se destaca por su virtuosismo en el dibujo, cualidad inherente en los mejores seguidores de esta escuela y la maestría de sus transparencias casi mágicas. Tamizada por su acendrada cubanía, su obra no solo se apega a la tierra en que nació y murió por los temas escogidos: la ceiba, el cañaveral, la guitarra, el paisaje, las palmas, sino por su interpretación a la vez personal y nuestra del colorido y la luz, ese elemento que más que ningún otro distingue nuestra realidad. Óleo sobre tela, temple sobre cartulina, técnicas mixtas se suceden aquí en un verdadero panorama de la obra del artista desde 1978 a la fecha de su desaparición física, porque como bien señala Mercedes en sus palabras al catálogo, “el artista sigue ahí, mirando al mundo desde los ojos de sus ceibas, o viajando en una cañanave a través del tiempo.”

Pedro García-Espinosa, por su parte, luego de una importante obra en el mundo del cine, al que ha dedicado buena parte de su vida después de graduarse de escenografía en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma, Italia y ser asistente de Gastone Medin, relevante escenógrafo del neorrealismo italiano en el film La Ciociara dirigido por Vittorio de Sica; fundador del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, ICAIC; director de arte y escenógrafo en más de una treintena de largometrajes que han recibido diversos galardones internacionales; Jefe de Cátedra de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, así como diseñador de espectáculos de teatro y televisión, lleva ya algunos años dedicado con éxito a la pintura. Como pintor ha realizado más de diez exposiciones personales en Cuba, Rusia, México, Venezuela e Italia y ha participado en numerosas muestras colectivas. Obras suyas se encuentran en museos y galerías de Alemania, Brasil, Eslovaquia, Hungría, Rusia, Francia, Italia, España, México, Nicaragua, Estados Unidos, Canadá, Venezuela y otros países. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y ha recibido numerosos premios y distinciones, entre ellos la Distinción por la Cultura Nacional.

En la selección de las obras de García-Espinosa para esta muestra podemos apreciar una vertiente simbólica, como en El Puente Roto, Sí o Equilibrio en las cuales se pone de manifiesto su dominio de la técnica y su interés por los temas relacionados con la vida cotidiana y los avatares diarios, y otra línea de trabajo completamente distinta no solo por la temática, sino por la factura y en la que reside, a nuestro juicio, está eso diferente que tiene que decirnos este artista. Esta tendencia pudiera denominarse pintura de sugerencias, ejemplificada aquí en Adolescencia y Adonis, obras que siguen la manera de hacer de La Barca, ahora lamentablemente en Italia en una colección privada. En ellas el artista logra transmitir, a través de claves puramente pictóricas, todo un universo poético que el espectador va descubriendo en la medida en que va adentrándose en la contemplación de los distintos elementos que se integran en la composición. Un elemento va sugiriendo otro y en ese devenir queda referido el mensaje que se completa en el discurrir del que observa. Esperemos que García-Espinosa continúe por este camino encontrado por él para deleite de quienes seguimos, con el interés que merece, su obra pictórica.
 

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