PUNTO EN BOCA
La dictadura mundial de Estados Unidos se hace cada vez evidente. Ya no solo
no basta con sumarse a las legiones de Washington, sino que además, y para
estar acorde con el nuevo mandato imperial, se debe tener mucho cuidado de
cómo se habla.
Aparte de los mecanismos de vigilancia interna que comprende al recién
aprobado Sistema de Seguridad o esa pariente cercana del Gran Hermano que es
la TIA, el imperio tiene también el oído bien atento a cuanto se dice más allá
de sus fronteras.
La libertad de expresión de Washington, además de influir en la televisión
inglesa, donde acaba de prohibirse un aviso publicitario de dibujos animados
en donde George W. Bush confunde una tostadora con una grabadora, decide
también sobre los puestos ministeriales de otras naciones.
Al caso de la renuncia de la ministra de Justicia alemana que comparó al gran
dictador de la Casa Blanca con Hitler, se suma ahora el de Francoise Ducros,
directora de Comunicaciones de Canadá a quien un periodista, durante
conversación privada, escuchó llamarle tarado al presidente.
La señal del imperio es bien clara para los subordinados de provincias: Si se
quiere conservar la cartera: punto en boca.
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