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A PUERTAS CERRADAS,
SE ABRE EL TELÓN
Una
provocación política contra la delegación cubana
presente en la FIL tuvo lugar ayer en el debut de Rafael
Rojas, —el participante con más apariciones programadas
durante el evento—, durante la presentación del último
número de la revista mexicana Letras Libres, una
edición dedicada a especular —desde el punto de vista de
la más recalcitrante reacción norteamericana— sobre el
futuro de la Isla.
Manuel
Henríquez Lagarde
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Guadalajara
Una
provocación política contra la delegación cubana
presente en la FIL tuvo lugar ayer en el debut de Rafael
Rojas, —el participante con más apariciones programadas
durante el evento—, durante la presentación del último
número de la revista mexicana Letras Libres, una
edición dedicada a especular —desde el punto de vista de
la más recalcitrante reacción norteamericana— sobre el
futuro de la Isla.
El
teórico de El Nuevo Herald, al igual que los
coristas que lo acompañaban, arribaron al salón número 3
del recinto expositivo con cierto retraso.
En un
evento donde predomina la organización, la tardanza
estuvo sin duda relacionada con el encuentro que se
efectuaba a esa misma hora, frente al local donde se
presentaría Letras Libres, entre el cantautor
cubano Silvio Rodríguez y miles de jóvenes que desde muy
temprano se congregaron en el lugar.
Finalizado
el diálogo entre Silvio y sus
seguidores, una reunión en extremo elocuente del
verdadero significado que tiene el futuro de Cuba en
otras latitudes, los presentadores Rafael Rojas,
Cristopher Domínguez, Roger Bartra, José Manuel Prieto
se decidieron a tomar tranquilamente sus asientos.
El
sosiego, sin embargo, no fue precisamente la nota
predominante. Tras las primeras palabras que avisaban el
contenido de la publicación, la presentación se vio
interrumpida por las expresiones de desacuerdo
pronunciadas por algunos de los presentes con el tema
enunciado.
El
ambiente se caldeó aún más, cuando las puertas de acceso
a la función fueron inesperadamente cerradas, lo que
provocó el reclamo a gritos de la apertura de las
mismas.
“Dejen
entrar a la gente—dijo alguien—. De qué democracia es la
que hablan, si no dejan pasar a los están afuera”.
Los
hasta entonces felices rostros de los actores se
llenaron de desasosiego al notar la falta de un coro
favorable entre el auditorio y, luego de repetir en sus
exposiciones la sarta de infundios y necedades
reproducidas en Letras, una publicación que por
su evidente afiliación con la propaganda anticubana de
libre solo
tiene el nombre, recibieron por parte del público —entre
ocasionales gritos de Cuba sí y yanquis no—, una
contundente respuesta.
La
primera persona en intervenir definió las palabras de
Rafael Rojas, dedicadas al análisis de la obra de Cintio
Vitier, como una forma de darle brochazos rosas a toda
la basura allí expuesta.
Especial
significación tuvo la
intervención del integrante de la delegación cubana Elíades
Acosta Matos.
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Elíades
Acosta Matos |
“Este es
un número —aseguró el también director de la Biblioteca
Nacional de Cuba, refiriéndose a Letras— que desentona
con el espíritu de la Feria. Es un número hecho con
intención provocadora. Algo que no tiene que ver con lo
que hemos sentido la delegación cubana en México durante
estos días”.
Tras
anunciar que repartiría entre la prensa y los presentes
una condena escrita contra la provocadora maniobra
organizada por Letras … añadió: “Estas son unas
letras cautivas de la política norteamericana, de un
terrorismo ideológico de baja intensidad que, con
palabras rebuscadas, tonos y fintas cortesanas, pretende
que la Revolución y su pueblo se desarme y se entregue.
Pero es tarde para engañar. Este número está hecho para
el exterior, con
él
no se engaña a nadie en Cuba, porque el pueblo cubano
tiene una alta preparación cultural y política”.
Elíades
Acosta aclaró que respetaba la obra de uno de los
ponentes, el escritor mexicano Roger Bartra y conminó a
este a hacer una verdadera condena sobre el bloqueo a
Cuba y no una proposición oportunista con el fin de
acabar con la Revolución
cubana.
En
relación a una declaración del crítico literario
Christopher Domínguez, en la que definió a los farsantes
que lo acompañaban como una minoría —conclusión a la que
llegó probablemente por la escasa aceptación de sus
intervenciones—, el integrante de la delegación cubana
expresó:
"La
oposición cubana que conozco, no es Gandhi, ni es
Mandela.
Son
asalariados y personas que han claudicado ante el
imperio y comenten el delito histórico de servir de
voceros de la superpotencia. Cuba es la disidente del
nuevo orden mundial, Cuba es el país pobre y débil".
Al final
de su intervención, el ensayista cubano exhortó a los
presentadores de Letras…, a quienes calificó como
las personas menos indicadas para lograr torcer el rumbo
de la Revolución, a callarse la boca y no hablar más de
transición.
Otros de
los participantes subrayaron la dependencia financiera
existente entre la revista Encuentro que dirige
el sobrepromocionado Rojas y la Nacional Endowment for
Democracy, una agencia del gobierno de los Estados que
la CIA usa como fachada en sus acciones subversivas.
Ante
tales acusaciones, el promovido vocero de la
contrarrevolución se limitó a sonreír cínicamente. |