|
PALABRAS EN LA ENTREGA DEL TÍTULO
HONORIS CAUSA EN ARTE DEL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE
(ISA)
Silvio
Rodríguez Domínguez
|
La
Habana
Sir George Martin y familia;
Amigos presentes de la Gran Bretaña;
hermanos, compañeros, colegas,
seres que nos escuchan:
Lo primero que me nace decir es la razón que tenemos
cuando sentimos gratitud por los que hacen la música.
Todavía más por los que logran hacer un aporte a lo que
se pudiera llamar la Gran Música, aquella no sólo capaz
de hacernos silbar sino que logra convertirse en
arquetipo, en el sonido que caracteriza a una época. Por
esa razón nos hemos reunido aquí a dar gracias a un
hombre que durante casi toda su vida ha estado
respondiendo ―de distintas formas y en disímiles
circunstancias―, al llamado del arte y de la música; un
hombre que un buen día tuvo no sólo el privilegio sino
además la valentía de formar parte de una vanguardia
musical que después ganó el reconocimiento no sólo de la
historia de un país, sino de esa gran Historia que
compromete al mundo entero. Mencioné la palabra valentía
porque hay que reconocer que George Martin entró en
nuestra Historia en el instante en que creyó en cuatro
jovencitos que entonces no significaban nada de lo que
hoy significan; cuando aquellos muchachos sólo eran
sueños por realizar y ansiedad porque alguien les diera
la oportunidad de demostrar lo que valían.
Ahora, al llegar hasta aquí, me doy cuenta de que debo
modificar lo primero que me nació decir. Porque en la
misma medida en que es natural la gratitud por quienes
hacen la música, lo es por quienes creen en los jóvenes.
Por lo tanto también estamos dando gracias a George
Martin por demostrar lo que sucede cuando se cree y se
le da una mano al talento bisoño. Por cierto, quede
incluido en esa dimensión de gratitud el Instituto
Superior de Arte, a quien hoy toca el buen papel de
honrar.
De pronto me viene a la memoria que en los primeros días
de 1968, estrenando 21 años, perdí mi empleo de
conductor de un programa de televisión por elogiar
precisamente la música que en ese entonces ayudaba a
elaborar el Sr. Martin. Es una coincidencia. A pesar del
tiempo transcurrido, recuerdo con bastante nitidez lo
que aquella noche comenté ante las cámaras: “los Beatles
son admirables porque han borrado la frontera entre la
música popular y la música sinfónica”. A mi no me habían
gustado mucho las primeras grabaciones de The Beatles,
pero me empezaron a interesar a partir de Rubber Soul
y sobre todo de Revolver. Yo dije aquello porque
acababa de escuchar Sargent Pepper, hoy día un
disco de culto, un paradigma sonoro de aquellos chicos
de Liverpool y, sin dudas, de su productor musical, el
Sr. George Martin. Entonces no podía imaginar que, 34
años más tarde, iba a tener la oportunidad de dar
gracias, personalmente, a uno de los autores materiales
de aquella proeza que todavía se celebra.
George Martin nació en Holloway, al norte de Londres, en
una humilde familia. Cuentan que aprendió a tocar el
piano solo y que desde muy joven organizó grupos
musicales. A él y a su generación le tocaron durezas
ejemplares: siendo un adolescente prestó servicios de
observador para la Fuerza Aérea británica, durante la
Segunda Guerra. Ya entonces el joven George era un
amante de las iniciativas y soñaba con inventar algo
digno de presentar al mundo, quizá un avión aún más
rápido que el Spitfire frente a los nazis. Sin
embargo me parece que cuando continuó escuchando el
llamado de la música, después de la guerra, estaba
fundando verdaderas maravillas, ya que así pudo
convertirse en uno de los seres humanos que puso al
mundo de acuerdo respecto a lo que es la calidad
musical.
Es de suponer que todos somos capaces de disfrutar de
una buena grabación, y por supuesto de la música, pero
se conocen pocos detalles de lo compleja que puede ser
una buena producción discográfica. Se trata de un
trayecto que empieza por saber escuchar, analizar y
escoger el material sonoro. Después a veces hay que
construir sobre lo virgen, pero es un pecado
desvirtuarlo. Siempre he escuchado decir a grandes
músicos que ellos no son arregladores sino
orquestadores, que la materia prima original contiene
implícitas las ideas para su desarrollo. Puede ser que
la maestría en este sentido consista en saber distinguir
los contracantos y otras sonoridades que son inherentes
a un tema, elementos que permiten proyectar una
orquestación. Creo que en el caso del productor integral
que es George Martín, o sea que no sólo aporta ideas
sino que además orquesta y compone, la palabra Maestro
está muy bien empleada. También pienso que hay que ser
sabio y lúcido para introducirse en la esencia de una
música ajena, incorporar riquezas y salir limpiamente,
sin que esa incursión parezca intromisión. No hay dudas
de que Yesterday es una de las canciones más
bellas que se recuerdan, pero la eficacia del cuarteto
de cuerdas sugerido por el Sr. Martin está también
viajando la eternidad. Lo mismo sucede con la atmósfera,
entre evocativa y misteriosa, lograda en Strowberry
Fields, también con la Inauguración (con mayúscula)
que significa A Day in a Life y gran parte del
trabajo que realizó con The Beatles. Aún sin conocer las
interioridades de ese trabajo de tantos años y de tantas
canciones, cabe conjeturar que una de las funciones del
Sr. Martin consistió en favorecer la caracterización que
seguramente ya traía consigo cada tema compuesto por
aquellos talentos. Esto sin dudas contribuyó a
diferenciar tanto los discos como las canciones entre
sí. Por eso resulta verdaderamente ejemplar como la
formación de este músico fue puesta al servicio de una
trayectoria musical que es un arquetipo de diversidad y
al mismo tiempo de coherencia.
Luego de su servicio militar, Martín estudió composición
y orquestación de música clásica en la Escuela de Música
Guildhall, de Londres. Su primer trabajo, después de
graduarse, fue en la biblioteca de música de la BBC,
donde es de suponer que continuó engordando su
aprendizaje. Entró en la industria musical como
asistente en 1950, en EMI Parlophone Records, y pronto
lo hicieron responsable de las grabaciones de la
producción clásica. Trabajó con artistas como Stan Getz
y Judy Garland, estableciéndose, además, como productor
de música de jazz y ligera. Siempre inquieto buscaba
hacer aportes, en un esfuerzo por mejorar lo que
entonces se conocía como el sello junk, de la EMI,
y entonces logró producir una triunfante línea de
grabaciones de comedias, con actores de primera línea,
que fue conocida como The Goon Show. George Martin ha
realizado con mucho éxito música para cine, ha fundado
estudios de grabaciones y ha trabajado con los
cantantes, actores, directores y músicos más célebres y
prestigiosos del mundo occidental. Ha producido 700
grabaciones de las que al menos 30 temas resultaron
número 1 en Gran Bretaña. La última de ellas, cuando
anunciara su retiro, resulto ser el sencillo más vendido
de toda la historia discográfica, dedicado a Lady Di.
Un disco es un viaje emocional donde podrá haber todo
tipo de paisajes, pero donde la dramaturgia siempre nos
debiera invitar a seguir escuchando. Por eso un buen
disco es semejante a un argumento, a una exposición, a
una tesis, a una historia bien contada. Haciendo esta
labor para su propio goce y para el disfrute de todos,
siendo ejemplar en ella, el joven George Martin, que
deseaba inventar algo digno del mundo, se transfiguró en
revelador de maravillas, en mago, en sabio, en
alquimista, en duende del traspatio que sabe los nombres
secretos, desarma cerrojos y nos presenta a ese susto
encantado que solemos llamar belleza.
Estamos ante un hacedor, ese es el signo de esta vida, y
esa causa sabemos que merece alabanza, sobre todo cuando
existen fuerzas muy poderosas empeñadas en deshacerlo
todo. Por eso el Sr. Martin ha recibido premios y
distinciones, por eso lo aman en todas partes, por eso
lo queremos nosotros, los cubanos.
Entonces ahora, con respeto ―pero sin almidón―, como
tributo a la gloria de una dimensión humana dedicada a
crear el bienestar de la belleza y a regocijarse y a
regocijarnos con ello, quiero que todos los presentes me
ayuden a improvisar una canción para nuestro querido
amigo. La orquestación debe ser la de nuestras voces.
Sólo es necesario que coronen estos nombramientos con
una palabra.
George Martin, señor de los sonidos,
alabanza.
George Martin, encendedor de estrellas,
alabanza.
George Martin, abridor de caminos,
alabanza.
George Martin, curador de soledades,
alabanza.
George Martin, cómplice de enamorados,
alabanza.
George Martin, sembrador de recuerdos,
alabanza.
George Martin, compañero del canto,
alabanza.
George Martin, amigo de la audacia,
alabanza.
George Martin, hijo de los humildes,
alabanza.
George Martin, barredor de fronteras,
alabanza,
alabanza,
alabanza.
Muchas gracias.
La Habana, Cuba, 1º de noviembre, 2002.
|