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¿Cómo se grabó Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band?
 
George Martin | La Habana

 

“Es maravilloso encontrarnos aquí. En realidad es emocionante”. ¿Ustedes reconocen esas frases? Corresponden a la pista que da título a un disco que yo tuve el placer y el privilegio y el honor de producir: Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band. Este álbum causó sensación cuando se lanzó en 1967.  En la actualidad se ha convertido en una de las más veneradas grabaciones de todos los tiempos. Sin embargo, el cuarteto de Los Beatles estaba lejos de imaginar que estaba creando una gran obra de arte con Sgt. Pepper. Aquellos extremadamente talentosos jóvenes solo querían hacer algo diferente; algo que fuera un poco más profundo que la simple ronda de canciones pop cortas que habían producido hasta el momento... Algo que ellos consideraran como que valía la pena. Y yo también. Esta es la historia que vine a contarles hoy. Es la historia de la juventud y el entusiasmo y las ansias de correr riesgos.

Me di a conocer como el productor discográfico de los comediantes. Esto me fue de mucha utilidad cuando conocí a Los Beatles en enero de 1962. Brian Epstein estaba hastiado de buscar entrevistas con ejecutivos de grabaciones quienes uno tras otro rechazaban a su banda. Los Beatles eran un chiste en el negocio y nadie los tocaba. En aquel entonces no sabía que hasta nuestra propia compañía los habían rechazado tal y como lo había hecho  el resto de las disqueras del país. Y cuando le sugirieron mi nombre a Brian, él se dio cuenta de que había tocado fondo. Yo era el comodín del juego de cartas.

Pero afortunadamente para todos nosotros a mi me cayeron bien aquellos cuatro jóvenes, no por su música sino por su alocado sentido del humor y su actitud general ante la vida. Ellos, por su parte, sabían lo que yo había hecho y, de todas formas, todos eran admiradores de Goon, de manera que nos fue fácil relacionarnos. Imagínense que volvemos a vivir cuarenta años atrás. En junio conocí a Los Beatles en los Estudios Abbey Road y decidí contratarlos. El 5 de octubre se lanzó su primer disco. Brian Epstein compró alrededor de 2,000 copias para ver si podía colocar a “Love Me Do” entre los éxitos y de cierto modo lo logró porque tres semanas más tarde ocupó el lugar número 17. Y ese fue el lugar más alto que ocupó. La canción realmente no tenía lo que se necesita; pero yo sabía que ellos podían hacerlo mucho mejor. En aquel entonces, Los Beatles eran unos jóvenes llenos de esperanzas, desesperados porque alguien reconociera su talento. Ellos no prestaban mucha atención a su falta de éxito y parecían tener una fe ciega en su propio poder invencible, característico de los jóvenes.


Por fortuna para mí también yo pude identificar la grandeza potencial cuando la vi. Los Beatles confirmaron lo que yo ya sabía sobre estar en un aprieto, y ellos resultaron compartir la misma opinión. Era maravilloso trabajar con gente de tanto talento, particularmente cuando nunca me decepcionaron por la calidad de sus canciones. Cada una de las que salía de la línea de producción constituía una alhaja; pero significativamente nunca fue una reproducción del éxito que le antecedía. Parecía que ellos reconocían la importancia de entregar una idea fresca, de correr riesgos y de nunca confiar en un cliché para ser popular. Siempre me presionaban para que les buscara un nuevo sonido. Nunca se contentaban con lo que podían alcanzar a simple vista; ellos necesitaban ver más allá del horizonte, descubrir cosas que nadie había descubierto. Sus primeras canciones fueron buenas. Ellos eran diferentes; pero aún eran bastante simples. Fue asombrosa la forma tan adecuada en la que manejaron la presión a la que estaban sometidos Los Beatles en aquellos primeros años. Entonces unos años más tarde, algo maravilloso ocurrió. Surgió un nuevo sonido. Fue el sonido de una generación y se tituló Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band.

Muchas personas se han preguntado cómo y por qué un disco tan extraño apareció en aquel momento. ¿Era simplemente una extraña excentricidad, un monstruo en el cause principal del rock and roll? ¿ Entonces por qué llegó en ese momento específico? Bueno esto es lo que yo quisiera explicarles y para ello me auxiliaré de mis amigos en el video.

Hubo muchas razones por las cuales Stg. Pepper se convirtió en el álbum único que fue. Por la época en que empezamos a trabajar, a fines de 1966, Los Beatles habían estado en el tráfago dorado durante cuatro años. Pero ahora, cuando salían a escena, no podían oír lo que cantaban ni tocaban debido a los gritos frenéticos que encontraban por doquier.

Todos ellos querían continuar haciendo buena música; pero al mismo tiempo querían vivir sus vidas a plenitud también. Se encontraban en una gran encrucijada. Sin lugar a dudas Los Beatles se habían convertido en el grupo de rock más influyente y popular del mundo. Lo que ellos decían, lo que ellos hacían, sí importaba – absolutamente. Esa era la medida de su importancia. Habían alcanzado el punto más alto; ahora se preguntaban qué ocurriría en lo adelante. Era la hora de hacer inventario, la hora de regresar a su primer y más devoto amor: hacer música. Todos sentían lo mismo; la decisión era unánime y sensacional. No habría más conciertos en vivo, no habría más giras. Brian Epstein estaba destrozado. No podía entender cómo ellos ignoraban la demanda mundial de presentaciones en vivo. Pero Los Beatles se mantenían firmes. Ellos insistían en la necesidad de tener tiempo para trabajar conmigo en el estudio de grabaciones.

Se me hace imposible hablar de Stg. Pepper sin mencionar la canción que fuera su motor impulsor: “Strawberry Fields Forever”. Esta mostró de manera inmediata hasta dónde Los Beatles habían llegado en el terreno musical.  Constituyó la primera canción  para ser grabada en el nuevo álbum y de alguna manera, marcó el tono del trabajo que le proseguiría. No estoy seguro de la relación que existe entre un análisis objetivo y la pasión de uno por una obra de arte. Hay muchas cosas incomprensibles. Es, si se quiere, como enamorarse. El poder de conmover a las personas, de hacerlas llorar o reír, de violentarlas o compadecerse de ellas, es el atributo más fuerte que cualquier arte pueda tener. “Strawberry Fields Forever” me sedujo cuando la escuché por primera vez. Comencé el álbum con ella en los estudios Abbey Road en una noche fría y con viento en el mes de noviembre de 1966. Las grabaciones por aquel entonces aún eran muy primitivas – No olviden que solo contábamos con cintas de cuatro pistas. John, como siempre, comenzó cantando y tocando la nueva canción en su guitarra acústica – mi actuación privada, privilegiada y normal. Un par de acordes mal tocados nos llevó derecho a esa primera estrofa resplandeciente y en forma de eco que dice: "Living is easy with eyes closed..." (Es fácil vivir con los ojos cerrados...) Era encantadora. Era totalmente diferente a todo lo que se había hecho hasta el momento. Era un ensueño y era raro, era como pintar un mundo impresionista confuso. Me enamoré de todo lo que escuché. Y todo lo que tuve que hacer fue grabarlo. Años más tarde me encontraba con John en su apartamento en Dakota y de repente me dijo: “Sabes una cosa, George, si yo tuviese la oportunidad, yo grabaría todo lo que hicimos de nuevo.” ‘Yo no podía creer que hablaba en serio’. “¿Qué?”, le respondí, “¿Hasta Strawberry Fields?” Me miró fijamente a través de sus gafas. “Especialmente Strawberry Fields”, dijo.

Las Navidades llegaron y se fueron, y de repente estábamos en 1967. La próxima canción que hicimos fue realmente “When I'm Sixty Tour”; pero esta se remontaba a un pasado lejano. Una canción simple con arreglos simples – solo dos clarinetes y un clarinete bajo y se conformó muy pronto. Y entonces, nos dispusimos a trabajar con una canción que era un espejo curioso de “Strawberry Fields”. Típica de la forma en que las mentes de John y Paul trabajaban. Era la respuesta de Paul para John. Con la usual sincronía de ambos, él había estado trabajando en una canción que evocaba a sus infancias. “Penny Lane” también se hizo para el álbum.

La razón por la cual ni “Strawberry Fields” ni “Penny Lane” aparecieron en el álbum fue porque a Brian Epstein le preocupaba grandemente que los Beatles descendieran en las listas de éxitos. Me pidió una canción lo suficientemente buena y fuerte para que los llevara de regreso al primer lugar. De manera que le di las mejores coplas que tenía a mi alcance: “Strawberry Fields” y “Penny Lane”. ¡Qué idiota fui! Con dos caras A la audiencia radial quedó dividida, y por primera vez en cuatro años no logramos obtener el Número Uno en el Reino Unido. Fue uno de los más grandes errores que he cometido en toda mi vida. Por aquel entonces, Brian y yo pensábamos que nosotros siempre debíamos brindarle al público un buen producto por su dinero y no podíamos pedirles que compraran una pista en un álbum si ya la tenían en un sencillo. Por lo tanto el álbum se hizo sin las dos primeras canciones maravillosas. ¡Una locura, si se analiza bien! ¡Ahora yo no lo haría!

Más tarde en el mes de enero, llegó la idea para la pista que le daría el título al álbum, y con ella, el personaje que nos transportaría a otro mundo.Nació Sgt Pepper. El fin de la pista de inicio le dio la oportunidad ideal a John y a Paul para escribir una canción para Ringo. Su protagonista "Billy Shears" fue otro intento de hacer más real la idea completa de ‘Pepper’, dándole un poco más de carne sólida. La persona ideal para desempeñar este papel era Ringo. Paul y John realmente tuvieron una magnífica idea cuando escribieron “With A Little Help From My Friendo”. La voz de Ringo es extremadamente distintiva, cálida y memorable – ¡pero él sería la última persona en hacerlo saber! De manera que Paul escribió una melodía hermosamente simple para él, basada en no más de cinco notas adyacentes. Terriblemente simple, terriblemente efectiva. La economía es la marca de los genios. La única parte difícil era el final, donde Ringo tenía que producir una nota muy alta. Era muy difícil para él; pero los demás lo alentaron y apoyaron al cantar al unísono. El resultado fue una de sus mejores vocalizaciones, y era completamente adecuada para el protagonista. En realidad se convirtió en Billy Shears. En aquel momento y en los años posteriores mucho se ha especulado y asumido sobre la influencia que tuvieron las drogas sobre Stg. Pepper.

Créanme. La brillantez de  Sgt. Pepper era la brillantez de Los Beatles – a pesar de, en lugar de debido a, las drogas. “Lucy in the Sky with Diamonds” no tuvo nada que ver con LSD y mucho que ver con la mente de un niño. Era la inocencia en sí misma.

Lucy O’Donell tenía cuatro años cuando se sentaba al lado de Julián Lennon en la Escuela Heath House. Ahora tiene más de cuarenta años, una rubia apetitosa y vive en Surrey, Inglaterra. La letra de “Lucy” no se parecía a nada de lo que se había oído hasta ese momento en la música popular, incluyendo a “Strawberry Fields”. Etérea, soñadora, la llenaron de metáforas y colores muy fuertes. La muchacha con ojos de calidoscopio, cielo de mermelada, flores de celofán – definitivamente estos no eran adjetivos convencionales, ni siquiera para John y Paul. Ingenioso y surreal, se asemejaban a Salvador Dali o Dylan Thomas y Lewis Carroll. ‘Lucy’ no tenía ni cuerdas ni cuernos añadidos – simplemente nosotros cinco – y fue una  de las pistas de Pepper que grabamos con mayor rapidez.

Aún más espontánea en su combustión fue la canción de Paul
"She's Leaving Home". Este fue otro caso en que ningún Beatle estuvo involucrado en el acompañamiento, solamente las dos voces de Paul y John. Creo que es una de las mejores canciones de Paul, y la contribución de John la hace más conmovedora. Fue él quien pensó en los versos de respuesta que producen un contrapunteo tan efectivo...
“We gave her most of our lives...” (Les entregamos la mayor parte de nuestras vidas). Es mágico.

La inspiración de John por una canción podía comenzar con cualquier cosa que literalmente llamara su atención. A fines del mes de enero de 1967, Los Beatles filmaban una cinta promocional para su nuevo disco sencillo en Knole Park, en Kent. De alguna manera esta cinta constituía uno de los primeros videos que se realizaron. Durante su tiempo libre, John había estado husmeando en una tienda de antigüedades y se había encontrado con un viejo afiche victoriano. Le daba publicidad a un circo que dio una función en 1843 en un terreno cerca de Rochdale en Lancashire, que no quedaba muy lejos del lugar donde nació John. Su fértil imaginación se puso en funcionamiento y el resultado fue la canción de circo para Sgt. Pepper – “Being for the Benefit of Mr. Kite”.

Todos los nombres que aparecen en la canción se encontraban en aquel pedazo de pergamino viejo: los gemelos Henderson, Pablo Fanques, y el propio Sr. Kite.

“Me gustaría evocar a los acróbatas con sus trajes con lentejuelas, los payasos, el olor de los animales, la sensación del tío vivo”, dijo John. “¡Quiero oler el aserrín!”

¿Cómo íbamos a lograr todo eso con una banda de rock y unos cuantos micrófonos en un estudio del norte de Londres? Como era usual, John me enseñó la canción cantándola varias veces con su guitarra acústica. Para lograr lo que quería, tenía que crear la ilusión de un circo. Me di a la tarea de buscar un órgano de vapor.

Por supuesto, era imposible cumplir esa  tarea. Aún cuando hubiéramos podido transportar un órgano de vapor inmenso hacia Abbey Road, no hubiésemos podido tocarlo. Tuvimos que terminar usando los sonidos de órganos que existían en el estudio. Comenzamos con el sonido de un armonio. Recuerdo que nos extenuamos tocando el maldito instrumento, dándole aire por medio de pedales. Entonces le añadimos nuestro ya probado y confiable órgano Hammond y el volquete que estaba disponible en el estudio. Recordemos que aún no se habían inventado ni las computadoras, ni los probadores, ni los sintetizadores. De manera que de forma gradual nuestro collage musical fue tomando forma.

Pero yo pensaba que aún faltaba algo. Ese sonido del órgano de vapor nos evadía. Escuché todas las grabaciones de órganos de vapor que pude encontrar, las realizaciones de marchas y otras cosas parecidas, las transferí a cinta y le dije a mi ingeniero,  Geoff Emerick, lo que yo tenía en mente.

“Primero”, le dije, “corta una docena de secciones pequeñas de cada cinta – entre 15 y 18 pulgadas de largo aproximadamente. Necesito alrededor de una centena de ellas en total.” En un abrir y cerrar de ojos contamos con un pequeño montón de recortes de cinta apiladas en el suelo. “Ahora recógelas y lánzalas al aire”.

Fue maravilloso ver la lluvia de recortes de cinta en todo el estudio. Geoff pensó que finalmente yo me había vuelto loco. “Ahora júntalas de nuevo en el mismo orden en que las recojas”. Por supuesto algunas de ellas cayeron en el orden inicial. En ese caso, las sustituimos o invertimos el orden. De manera que en un momento habíamos realizado una mezcla de sonidos de órganos de vapor. Era imposible identificar las melodías; pero habíamos logrado un buen ruido. John se sentía como un niño con un juguete nuevo. La pegamos en el fondo de nuestra pista y produjo la atmósfera deseada. El Sr. Kite, a pesar de todo, pudo actuar en su espectáculo.

Supongo que la canción de Pepper que es la más identificable, la más revolucionaria, hasta anárquica es la última canción del álbum, “A Day In The Life”. Como muchas de las canciones de John, esta comenzaba de manera bastante simple, un suave estribillo, basado en el recorte de periódico viejo que disparó a su imaginación. La imagen de John que perdura después de su cruel asesinato es la de un rebelde, que siempre lanza las convenciones al aire.

Aún cuando todo esto es una realidad,”A Day In The Life” nunca se hubiese convertido en el icono que se convirtió sin el genio opuesto y complementario de Paul.

John no tenía ideas fijas de la forma en que la canción se podía arreglar. De hecho, estaba desconcertado en una sección intermedia y le preguntó a su compañero que si tenía algo adecuado. Paul había escrito un fragmento de una canción que a John le gustaba: “Woke up, fell out of bed, dragged a comb across my head...” (Desperté, me tire de la cama, me pasé el peine por la cabeza…) Aunque no guardaba relación con los versos introductorios, sirvió como un contrapunteo maravilloso a la creación de John y cuando grabamos la primera pista, Paul separó su parte de la de John con una sección vacía de 24 barras, sólo ritmo, para llenarla más tarde. Me intrigaba, como al resto, no saber cuál sería el relleno para esa parte. ¿Estaba destinada a ser un solo para guitarra con el fin de estimular la mente? ¿Algunos cuernos, tal vez?

Un vacío de 24 barras es un tiempo largo, y para mantener a todos al tanto, le dieron la tarea a Mal Evans de decir en alta voz los números de barra. Añadimos el eco de la cinta de John en cantidades crecientes a su voz, y para un compás extra, le dimos un reloj despertador para que avisara al final de la secuencia. Todo esto todavía se puede escuchar en la pista. ¿Pero cómo íbamos a rellenar esas barras?

¡Entonces ellos me dijeron que querían a una orquesta sinfónica! “Está bien”, tragué en seco, “¿Qué vamos a hacer con una orquesta sinfónica?” “Oh, muy fácil”, dijeron, “les pedimos que toquen cualquier cosa que a ellos les guste”. Creo que a los músicos naturales como Los Beatles les cuesta mucho trabajo creer que noventa músicos no pueden tocar por sí solos sin una partitura escrita. Paul siguió pensando y se le ocurrió la idea de un gigante crescendo ascendente, aumentando la intensidad en la medida en que suben las notas – un tipo de orgasmo musical inmenso. Era una idea novedosa; pero todavía necesitaba más organización si no queríamos perder mucho tiempo. Yo comencé la partitura imitando la voz oscilante de John en las cuerdas, y al principio de nuestras 24 barras escribí las notas más bajas posibles para cada instrumento, marqué super pianissimo, y para las 24 barras siguientes escribí las notas más altas que formaban un acorde en E mayor – ¡super fortissimo! Al principio de cada barra, se daba una nota que constituía una señal musical, de manera que cada músico pudiera marcar su paso. ¡Yo no quería que llegaran al clímax demasiado rápido! Entonces les di un último consejo: “No escuchen al que tienen al lado. Abran su propio camino en este pasillo corredizo, y si están tocando la misma nota que su compañero, entonces están tocando la nota equivocada”. La orquesta se echó a reír.

Durante todas sus vidas ellos han tratado de tocar como un hombre solo. ¡A Los Beatles les llevó unos pocos minutos para cambiar todo eso! Como nunca habíamos tenido una banda tan grande, a los muchachos se les ocurrió que ese debía ser un acontecimiento especial y que la orquesta – y yo – nos vistiéramos con trajes de noche. Ellos vendrían con sus propias marcas de gala, e invitarían a algunos compañeros a disfrutar esa experiencia.

 En un abrir y cerrar de ojos el consagrado Estudio Número Uno de Abbey Road, hogar de Elgar and Menuhin, y todos los más grandes artistas clásicos, olía a pebete, flotaba con pompas de jabón y brilladores.  Cuando regresé al estudio nuevamente, me encontré que Los Beatles habían estado repartiendo novedades carnavalescas para crear un ambiente propicio. David Macullum, mi superior, tenía una nariz roja de payaso, su subdirector, Erich Gruenberg, se había puesto unas patas de mono en las manos y el bajonista jugaba con un globo brillante. Era la sesión de grabación más excéntrica del mundo, aún para Los Beatles. Por supuesto, todo hubiese sido muy pretencioso si la pista básica no hubiese sido tan buena. Pero todos estuvieron espléndidos – John con su canción original y su voz persistente, Paul cantando la parte del medio de la canción, el magnífico trabajo de guitarra de George, y el magnífico trabajo de percusión de Ringo. John raramente hacía el conteo convencional de 1,2,3,4. En esta ocasión él comienza diciendo "Sugar Plum Fairy, Sugar Plum Fairy".

Bueno, todos conocemos el resultado de aquella noche. Fue una experiencia increíble y ninguno de nosotros queríamos que la sesión terminara. Hasta los playbacks sencillos se oían bien y cuando se combinaron, el resultado fue asombroso. No dejaba de conmover ni siquiera al escéptico más obstinado. Íbamos a terminar el álbum con el estribillo de “Sgt Pepper”, para redondear la idea de un concierto completo; pero era obvio que nada podía venir detrás de “A Day in the Life”.

El estribillo de "Sgt. Pepper" tenía que venir antes. De manera que ese fue el lugar que ocupó. Realmente cuando me di a la tarea de juntar las canciones y las mezclas, algunas cosas mágicas ocurrieron. La ligera guitarra de John que emergía de los aplausos producía un efecto muy hermoso, y fue un ejemplo de un feliz golpe de suerte. El álbum completo parecía crecer espontáneamente.

 El primer álbum de los Beatles se había grabado en 585 minutos.  “Sgt. Pepper” era el octavo álbum en cinco años y había consumido más de 700 horas de trabajo en estudio.

Dictada en la Sala Charles Chaplin, Sábado 2 de Noviembre
La Habana, Cuba

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