¿CASO CERRADO?
Aunque el rifle Bushmaster .223 con el que se perpetraron los 13 atentados que
mantuvieron en vilo los alrededores de Washington durante las últimas tres
semanas acaba de ser encontrado por la policía, el caso del francotirador aún
no ha llegado a su fin.
A pesar de que todavía se desconocen sus motivaciones, el perfil del presunto
culpable, Jonh Allen Muhammad, más que como un típico asesino en serie, lo
señala como un terrorista —no olvidar la histeria— o como uno de los muchos
sicópatas salidos del ejército que, bajo el peso de alguna frustración, suelen
emplear su adiestramiento militar en aniquilar civiles inocentes.
De acuerdo con el Pentágono, el sospechoso —un experto tirador con M-16 que
sirvió casi una década en el Ejército en Fort Ord, California, y en Fort Lewis,
en Tacoma, Washington—, es además veterano de la Guerra del Golfo de 1991 de
la cual se ha quejado por la manera en que el gobierno utilizó a los soldados
estadounidenses durante el conflicto.
Terrorista o sicópata, el hasta ahora posible llamado “asesino del Tarot”,
puede ser un producto de la violencia que genera la guerra, cuyo más reciente
ejemplo es el olvidado caso de los asesinatos —a manos de sus esposos, tras su
regreso de la campaña de Afganistán—, de las tres mujeres de Fort Bragg.
Ahora, el presidente Bush, quien felicitó a las fuerzas de seguridad por el
arresto: "han levantado la sombra de miedo que pesaba sobre muchas familias",
insiste en desatar otra Tormenta del Desierto. Mañana, el horror pudiera
estar otra vez en cualquier parte. | |