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POR UN CINE DIFERENTE
Semana de cine europeo en Cuba.
(Palabras de inauguración)

 
La felicidad nos embarga al inaugurar en La Habana, una vez más, el Festival de cine europeo. Un cine por el que hacemos votos de sobrevivencia y de apego a sus raíces, en la escandalosa uniformidad cultural que nos empobrece.
Palabras de apertura del Festival de Cine Europeo.

Enrique Ubieta Gómez |
La Habana


Yo estaba en Washington el 11 de septiembre del 2001. Y compartí con su pueblo el asombro y la angustia de sentirme protagonista real de una de sus tantas catástrofes fílmicas: ¿cuántos edificios, escuelas, ciudades arrasadas en el celuloide, prefiguraron la caída, irremediablemente fílmica, televisiva, de sus modernas torres de Babel? El escenario de destrucción y muerte no era, como antes, de pirotecnia; las imágenes no habían sido manipuladas en computadoras. Es cierto que el cine corporiza los sueños (a veces las pesadillas), y coloca en la memoria colectiva hechos que solo han sucedido en esa otra dimensión de lo real que suele ser la fantasía humana. Pero, ¿qué sucede cuando el cine y la televisión demuestran que pueden manipular no solo el imaginario popular, sino la conducta futura de los espectadores?, ¿cuando el horror diseñado para vender algunos minutos de distracción, alcanza la magnitud de una cultura de la violencia capaz de reproducir sus actos en la vida cotidiana?, ¿cuando el cine que universaliza el mercado impone una única manera de comportarse, de ser, de vivir? Los que no somos Hollywood, feliz expresión de la actriz mexicana María Rojo que incluye a muchos honestos cineastas de todas las geografías, los que luchamos a favor de la diversidad en la más influyente y masiva de las artes, creemos sobre todo en la necesidad de que la sala oscura nos invite a volar hacia un futuro que no nos traicione como seres humanos.

La felicidad nos embarga al inaugurar en La Habana, una vez más, el Festival de cine europeo. Un cine por el que hacemos votos de sobrevivencia y de apego a sus raíces, en la escandalosa uniformidad cultural que nos empobrece a todos. Somos deudores y admiradores del viejo humanismo occidental, siempre dispuesto a lidiar con su opuesto, Las Casas frente a Sepúlveda, en esa pugna al parecer interminable entre el poder de la fuerza y el de la razón. De la cultura europea, así en singular, siempre esperaremos un cine más incisivo, más bello, más comprometido. En las diferentes culturas de ese pequeño gran continente, ansiamos reafirmar la singularidad de la nuestra. Pienso que Vatel, la película que ustedes verán hoy, es un buen pórtigo de entrada. Una historia bien contada del siglo XVII se convierte, inesperadamente, en una parábola del mundo contemporáneo: de una parte, la insensibilidad, el derroche, la soberbia; del otro, invisibles a los ojos de la realeza, los hombres y mujeres que con su trabajo y sus carencias hacen posible ese esplendor. Dos mundos interdependientes y lejanos en su cercanía, que todavía hoy subsisten. Y un personaje: Vatel, el creador, el hombre insobornable. Con él, una leyenda: la dignidad acaba por hacerse respetar aún en aquellos que acostumbran a ponerle precio. Nada más diré. Esta película recibió el Premio César del 2001 a los mejores decorados, y fue nominada al Oscar.

Por esta pantalla pasarán filmes de Francia, Grecia, Portugal, Dinamarca, España, Alemania, Suecia, Bélgica, Austria, Reino Unido e Italia, en ese orden. Algunas de esas películas serán exhibidas también en cines de Pinar del Río, Camagüey, Ciego de Ávila y Santiago de Cuba. El público cubano, conocedor y amante del buen cine, acudirá al encuentro, y saldrá enriquecido. Agradezco en nombre del ICAIC y de la numerosa familia de cinéfilos cubanos que asiste con perseverancia de enamorado a las frecuentes convocatorias de la Cinemateca de Cuba, el interés mostrado y el apoyo recibido de las representaciones diplomáticas de los países enumerados, que están aquí presentes. “Pocos objetos son bellos o feos por sí mismos, conocer esto es el secreto de un artista”, le comentó Vatel a su discípulo. Estas películas lo serán en la medida en que toquen algún costado de nuestras vidas o se apropien, misteriosamente, de algún recodo de nuestras almas. Cuando se apaguen las luces de la sala, cada espectador encontrará en la pantalla la belleza que alberga en su interior. Muchas gracias.

Palabras de apertura del Festival de Cine Europeo, 21 de agosto del 2002. La Habana, Sala Chaplin de la Cinemateca de Cuba.

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