La Jiribilla | LA OPINIÓN
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER 

EL GRAN ZOO 

PUEBLO MOCHO 

CARTELERA 

BUSCADOR 

LIBRO DIGITAL 

•  GALERÍA 

LA OPINIÓN 

LA CARICATURA 

LA CRÓNICA 
MEMORIAS 
EL CUENTO 
EN PROSCENIO 
LA FUENTE VIVA 
Otros enlaces 
Mapa del Sitio 


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

VERSIÓN PARA IMPRIMIR

La regresión del tiempo
EL APETITO IMPERIAL ENMASCARADO
Lisandro Otero

(Segunda de dos partes)

El Papa León XIII, con su encíclica "Rerum Novarum", lanzó a la Iglesia hacia la consideración de los temas sociales. El pensamiento de teóricos católicos, como Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, favorecieron la espiritualidad frente al materialismo que lastraba la democracia burguesa. Cuando se fundó la Democracia Cristiana, en 1918, su objetivo era claramente la conquista del poder político. El nacionalismo de Charles Maurras, y su agrupamiento Acción Francesa, se basaba en la fusión de naturaleza e historia. Las lecciones de Georges Sorel, y su reivindicación de la violencia como fuerza constructora en los procesos históricos, inspiraron a Mussolini y a Hitler.

En esencia, el pensamiento conservador mantiene que los gobiernos no deben interferir en las actividades de los individuos ni en el derecho a la propiedad. Cuando existe tirantez de un gobierno con los intereses comerciales suelen apoyar a estos últimos. Son partidarios del orden, la autoridad y de controles policíacos fuertes. Estiman que la propiedad es un derecho natural e inalienable del individuo.

Son devotos del laissez faire de Adam Smith. Creen, con Herbert Spencer, en la supervivencia de los aptos. Confían en que los estratos sociales superiores están mejor dotados genéticamente. Son poco inclinados a realizar concesiones en materia de derechos civiles. Creen en los valores de familia, posición social, religión y orden legal. Desde luego, son antiliberales y rechazan todo tipo de socialismo, progresismo, anarquismo o nihilismo, en suma, toda quiebra del poder establecido. Valoran mucho la seguridad nacional y patrocinan la expansión de las corporaciones allende el mar.

El pensamiento conservador norteamericano contemporáneo ha tenido como orientador al senador William Taft y a Barry Goldwater. La novelista Ayn Rand y el periodista William Buckley han sido dos de sus más conspicuos teóricos. Aunque Ronald Reagan no fue un ideólogo porque no elaboró nuevas tesis, sí fue un excelente comunicador social, un transmisor de consignas, un difusor de fórmulas conservadoras. El ex líder republicano Newt Gingrich confesaba su admiración por De Gaulle y ha dicho que los dos libros que tiene de manera permanente en su mesa de noche son "La Biblia" y "La Riqueza de las Naciones" de Adam Smith.

Estados Unidos comenzó a ser una gran potencia después de la Primera Guerra Mundial. Hasta entonces se había dedicado, durante un largo siglo, a consolidar sus espacios territoriales a costa de compras y depredaciones contra España, Francia, México, Rusia y las naciones indias: los sioux, arapaho, cheyennes, entre otras.

Pero fue el Tratado de Versalles el que le permitió comenzar a jugar un papel de árbitro de los asuntos mundiales. En el centro de aquella maniobra diplomática en gran escala ―la creación de la Liga de las Naciones―, se halló a un profesor de la universidad de Princeton, Woodrow Wilson, convertido en Presidente de los Estados Unidos saltando desde una plataforma creada con su gobernatura de New Jersey. Wilson triunfó sobre Theodore Roosevelt, quien había significado el prevalecimiento de la fuerza bruta. Roosevelt fue el mandatario que impulsó la llamada diplomacia de las cañoneras, del Big Stick. Hasta entonces la política exterior estadounidense estuvo diseñada para proteger los intereses de los grandes inversionistas, de los bancos.

Wilson fue el primer presidente que asoció la ideología a la diplomacia, las consideraciones éticas a las maniobras geopolíticas. Pese a que la tentación de una guerra con México fue grande, después de las incursiones de Pancho Villa en territorio norteamericano, no cedió a los belicistas y asumió una indiferencia ante Huerta. Wilson propuso, por vez primera, que la acción política debía ser acompañada de consideraciones morales. Hasta entonces las potencias europeas basaban sus relaciones en equilibrios de poder, en conquistas territoriales para acrecentar su fuerza, en alianzas para contrarrestar al más descollante de los Estados.

Wilson alentó una gran transformación, la de acompañar la diplomacia con teorías que postulasen la bondad esencial del hombre. Escogió como modelo las instituciones estadounidenses, su Declaración de Independencia, el funcionamiento de su Congreso, su sistema electoral como la medida de la perfección y, por consiguiente, como el modelo que debía ser impuesto a los demás países.

No tuvo en cuenta la falta de idoneidad del sistema al ser aplicado indiscriminadamente, ni las tradiciones de otras naciones. De ahí surgió la medida de la Declaración de los Derechos del Hombre, de la Revolución Francesa, como patrón único, como la vara de medir que debía ser aplicada a todos. No entendía que para ciertas sociedades asiáticas, por ejemplo, hablar de la inconveniencia del vasallaje es una jerigonza incomprensible.

Predicarle a un musulmán el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres es como dirigirse en swahili a un escandinavo. Desde entonces los derechos humanos han sido una coraza protectora, una fachada conveniente que ha disimulado infinitas agresiones contra la soberanía ajena. Estados Unidos de Norteamérica ha utilizado hábilmente este recurso, de apariencia humanitaria, para enmascarar sus apetitos imperiales.

El auge conservador (primera parte)

OPINIONES ANTERIORES

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR



© La Jiribilla. La Habana. 2002
 IE-800X600