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Tras la metedura de pata con Cuba
CASTAÑEDA SE LANZA PARA EL 2006

Lisandro Otero
  | México


El pasado sábado, en un local del Boulevard de la Luz, Jorge Castañeda se reunió con unas doscientas personas para dar a conocer la arrancada de sus ambiciones personales para la Presidencia en el 2006. Según el actual secretario de Relaciones Exteriores se trataría de fundar el Partido para el Cambio, que según sus iniciales pudiera también interpretarse como el Partido para Castañeda.

Se hallaban allí representantes del Instituto Autónomo de México, la Universidad Autónoma de Puebla, la Izquierda Azul, el Partido de la Rosa Democracia Social, el ala progresista del PAN, algunos ambiguos miembros  del PRD, y elementos de los Amigos de Fox. Como se ve una composición de grupúsculos bastante equívocos, diversos y titubeantes. Para algunos este lanzamiento, a pocas horas de haberle causado los mayores descalabros sufridos hasta ahora por el régimen foxista, es un disparate mayúsculo que pondría en riesgo las ambiciones exageradas de Castañeda, desvelando sus verdaderas intenciones  en el peor momento posible. Sin embargo, otros estiman que esta audaz propulsión obedece a que ya es una decisión de Fox apartar del gabinete a su incómodo ministro. No se trataría de una defenestración inminente pero su cabeza es candidata segura al decapitamiento en perspectiva, unos meses más a lo sumo. Entonces Castañeda pudiera argüir que se aparta del gobierno para dedicarse a las lides políticas.

Ya en junio del año pasado surgieron los primeros rumores de que andaba en marcha la idea de fundar una nueva agrupación política del foxismo. Entonces las relaciones del Presidente con el PAN andaban bastante  dañadas pero tras esfuerzos de ambas partes se ha enmendado el vínculo.  Según las  especulaciones de entonces el nuevo partido sería convocado, tras un manifiesto a la nación por  Manuel Camacho Solís, cabeza del infortunado Partido del Centro Democrático. Lo integrarían priístas y perredistas quienes, por supuesto, tendrían que renunciar a su militancia actual.  También se habla de la aproximación de ciertos funcionarios de la presente administración federal. Formarían parte de la organización, según se decía,   Adolfo Aguilar Zínser, Alfonso Durazo y Rodolfo Elizondo.  Pero Aguilar Zínser se ha apartado ahora de Castañeda y se encuentran en franca  trayectoria de colisión.

Fox nunca ha sido un panista de corazón sino utilizó ese vehículo político para canalizar sus ambiciones presidencialistas. Han existido evidentes discrepancias entre el ranchero estilo foxista y la solemnidad circunspecta del derechismo panista, el conservadurismo integrista que sólo tiene en su mira la  bonanza empresarial. Tampoco profesa Fox un apego total al clericalismo neofascista que se le asoma, por debajo de la chaqueta, a algunos miembros de su gabinete.   El PRI, por su parte, ha sufrido el embate de setenta años de poder y los fundamentos de la Revolución Mexicana, que en un tiempo enarboló, ya suenan postizos e inadecuados. El PRD se asfixia en sus contradicciones internas y ha perdido una parte del apoyo de la izquierda liberal con la cual contó en un tiempo. Ha llegado, pues, el momento de lanzar --según los analistas apegados a Castañeda--, una nueva organización que comprenda a foxistas de apertura y recoja las huestes dispersas del priísmo, que otrora fuera revolucionario, y de perredistas descontentos con las trifulcas y zipizapes que están debilitando a esa organización.  Habría llegado el momento de lanzar un fuerte movimiento social demócrata que constituya un segundo pie en la base de poder del Ejecutivo.

Un partido que sería muy bien recibido por el laborismo inglés o el PSOE español, que haría un  puente con el aprismo resucitado por Alan García o el justicialismo argentino de siniestra,  con los seguidores europeos de los desaparecidos Olaf Palme y Willy Brandt.  Esta maniobra le otorgaría a Fox una independencia del PAN y le permitiría ciertas metamorfosis y mudanzas, algunos cimbreos y elasticidades  que la actual rigidez de su pedestal no le permite.

En su libro La utopía desarmada Jorge Castañeda afirmó que el futuro del liberalismo latinoamericano consistía en incorporarse a coaliciones amplias, movilizando las enormes energías de la sociedad civil y proporcionando un programa a los movimientos populares. ¿Sería el nuevo partido ese punto de giro para permitir las holgadas alianzas?  Al constituir otra  ala del Ejecutivo tendría un contrapeso que balancearía el tradicionalismo derechista de una parte del actual gobierno y facilitaría la intención de no permanecer como un ornamento de las élites neoporfiristas.

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