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Pocos días después de adentrarse en los reinos del papel, La Jiribilla arriba a su primer aniversario.  La reflexión de un grupo de importantes artistas e intelectuales sobre la publicación, surgida en sus inicios como suplemento de Juventud Rebelde, se tradujo en el descubrimiento de una peculiar relación de imágenes y en una común evidencia: la reducción que suele hacerse en otras latitudes tanto de nuestra realidad como de lo que La Jiribilla ha significado para la promoción de la imagen plural de nuestra cultura.

LA JIRIBILLA ES...


UNA TRAVESURA FELIZ

Lisandro Otero, importante novelista cubano, reside en México

La Jiribilla responde a una necesidad indispensable de nuestra cultura; contar con un instrumento de difusión que accediera al espacio cibernético y ripostara la  urdimbre de infundios, insidias y supercherías que sistemáticamente se arrojan contra nuestro país y sus fundamentos. Pero esto debía hacerse con alegría y ligereza, como quien concibe una travesura feliz, sin solemnidades ni protocolos, desdeñando la  aspereza y acentuando nuestro humor.

A la vez se necesitaba este empeño concertado por proyectar los valores esenciales de nuestra identidad. En este primer año de vida esos propósitos se han cumplido con creces y el esfuerzo merece alabanzas de quienes sentimos como propios los agravios a la
nación cubana.


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El destierro de la monotonía

Fernando Martínez Heredia, historiador, autor de El corrimiento hacia el rojo, fue director de la revista Pensamiento Crítico.

Cuando yo era niño se decía “tiene jiribilla” de aquel que no podía estarse tranquilo. Para unos era un regaño, para otros era un elogio. Después ha llovido mucho y aprendí algunas cosas. Ahora me encuentro con una Jiribilla que como es de rigor, no se está tranquila, pero no conforme, utiliza los más recientes medios de comunicación para llevar a todas partes su vitalidad. Y sin perder la malicia de su antepasada, se ocupa ahora de las cuestiones principales que preocupan, constituyen la vida y hacen pensar a los cubanos de hoy, y de las cuestiones que desde otras partes del mundo nos convocan. Me gusta verla ágil y profunda, dándonos lugar para la información todavía insuficiente y el debate todavía incipiente, abriendo espacios, compañera de los palestinos y los zapatistas, rebuscando en la memoria de los cubanos sin temor a las expresiones y los criterios diferentes, ni a la pluralidad que destierra la monotonía de lo gris. Y como es tan precoz, ya camina, desde antes del año.

Felicidades, y que cada vez salte más alto.

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La sal y la pimienta

María Teresa Linares, ensayista, musicóloga, vicepresidenta de la Fundación Fernando Ortiz

Me consta que, a nivel comunicativo, La Jiribilla se lee muchísimo, porque cantidad de amigos míos en todo el mundo vieron el artículo que publiqué allí y me lo comentaron. Me parece bueno que se comuniquen todas esas cosas de la cultura cubana, y que se coloquen en un acceso tan libre y tan útil para los que necesitan informarse sobre determinados aspectos de nuestra trama cultural. Por lo que me dijeron, en muchos lugares vieron mi trabajo para el número sobre la rumba, (La rumba soy yo) y también me han comentado de muchos otros trabajos.

El nombre me encanta, me parece simpático, y es una palabra muy usada en el idioma coloquial nuestro. Jiribilla para mí es algo de picardía, de actividad muy intensa. Es pimienta... es sal... en lo que se expresa, en lo que se comenta, en lo que nos interesa intercambiar. Me gusta el nombre, y me agrada la agilidad con que se buscan y se mantienen las informaciones. Me sentí muy halagada cuando me llamaron y me dijeron que habían publicado un trabajo mío que era una nota de un disco que fue muy querida, la hice con mucho amor. Me encantaría seguir colaborando y seguir sembrando semillitas de cosas sobre la música tradicional cubana.

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El progreso que nos toca

Carilda Oliver Labra, poetisa, autora de Al sur de mi garganta, Premio Nacional de Literatura.

Es un adelanto, un progreso, sobre todo situada en este momento de tanto auge de la literatura cubana. Sería muy malo no tenerla, y por supuesto, eso quiere decir también todo lo mucho bueno que conlleva tenerla.

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Luz larga

Julio García Espinosa, autor de la compilación de ensayos Un largo camino hacia la luz, director de Aventuras de Juan Quin Quín.

Lo que más me gusta de La Jiribilla es que me parece muy provocadora, y siempre me deja con las ganas de seguir leyendo. Jiribilla es una palabra muy cubana, estimulante, que viene de algo así como de una variante del baile de la rumba. Como la rumba es una de las expresiones más fuertes de nuestra cultura, y de ahí parece venir el nombre, pues entonces me parece muy atinado. Es un nombre jocoso, como para que no perdamos el sentido del humor, que no se debe perder nunca en un país como este y en una Revolución como esta. Yo asocio La Jiribilla con algo alegre, simpático y por lo tanto profundo. Siempre he creído que la risa es un estado superior de la especie humana. Las cosas que he leído actualizan y sitúan a esa revista en el centro de un debate que no es solo nuestro, sino de un contexto internacional. Tiene luz larga, y nada que ver con provincianismos ni empantanamientos.

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Sutileza, sonrisa, inteligencia

Miriam Ramos, cantautora fundamental en la música cubana de los últimos treinta años

Yo asocio La Jiribilla con la inteligencia cubana. Ese tipo de inteligencia aguda, rápida, muy sutil y siempre sonriente. Es ese tipo de inteligencia criollísima con la cual asocio el concepto Jiribilla. Es esa cosa chispeante, brillante, inteligente y por lo tanto culta. Porque yo creo que todo lo inteligente es culto, y todo lo culto es inteligente.

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Habría que inventarla

Luis Toledo Sande, ensayista, autor de Cesto de Llamas, biografía de José Martí

Lo primero que hay que decir es que tiene un nombre muy cubano. Cuando yo era niño y estaba muy intranquilo mi madre me decía que yo tenía jiribilla. Esa intranquilidad, esa inquietud, me parecen muy bien. Esta publicación cubana que tiene el propósito, y lo está logrando, que Cuba esté inmersa en los medios más nuevos de comunicación, en el soporte electrónico, que es un soporte que no hay que idealizar ni magnificar, pero que tampoco hay que temer ni desconocer, y que mucho menos hay que subutilizar cuando se tiene. La Jiribilla lo hace con fines nobles, patrióticos y serios. Creo que hace bien con seguir viviendo, y si a estas alturas no existiera habría que inventarla. Todos los que hemos tenido que ver de algún modo con esta publicación nos alegramos de que haya llegado a su primer año, y le vaticinamos muchos más todavía.

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Vigésima parte del comienzo

Enrique Núñez Rodríguez, reconocido humorista, autor de Mi vida al desnudo

Pienso que La Jiribilla es el vehículo moderno que el desarrollo cultural de Cuba necesitaba para su divulgación. Felicito a sus redactores, en especial a los jóvenes que con tanto entusiasmo y acierto la realizan.

Si según Carlos Gardel veinte años no es nada, un primer aniversario es solo la vigésima parte de nada, pero vale la pena celebrarlo cuando se ha trabajado bien. Felicidades.

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Futuro determinante

Aurelio Alonso, sociólogo, miembro del Comité de Redacción de la revista Alternatives Sud, y del Forum Mundial de las Alternativas.

La Jiribilla en este primer año se ha colocado con mucha rapidez en la primera posición como boletín electrónico, como exponente de la identidad cubana, de la cultura cubana, de lo que se produce en el interior y en el exterior del país. Yo creo que incluso es un signo de apertura, de amplitud, de espacio para el debate, y eso no está acabado, sino que La Jiribilla va a dar mucho más. En este momento es una publicación que se conoce, se lee. He recibido “rebote” de Estados Unidos y otros lugares de gente que la busca, que quiere leerla, que sabe de cosas publicadas ahí, que comentan lo que sale en La Jiribilla. Tiene un futuro determinante en la difusión de todo el proyecto cubano, de la realidad cubana que es tan tergiversada, tan poco conocida, tan mal difundida, tan sesgada en algunos órganos de prensa del exterior. Me parece que ya tiene un peso muy significativo.

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La rebeldía, la curiosidad

Gerardo Alfonso, cantautor cubano

El nombre de La Jiribilla creo que tiene algún símbolo, pero para mí es algo relacionado con inquietud, rebeldía, curiosidad. Es una revista cultural que es muy competente, tiene muchos accesos. Es un instrumento muy poderoso, potente para defendernos a nosotros mismos.

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Todo comienza escuchando

Rafael Hernández, ensayista y poeta, autor del libro de ensayos Mirar a Cuba, director de la revista Temas.

La Jiribilla ha demostrado que cualquier debate posible empieza por escuchar la voz del otro. Ese ha sido un gran paso adelante.

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Anuncio de lo invisible

Bladimir Zamora, periodista y poeta

Cuando conocí que se estaba pensando en un nombre (para esta revista) que de alguna manera diera la esencia de cómo se quería reflejar la cultura cubana, supe que estaban apelando a algo que Lezama nos inventó: El ángel de la Jiribilla, que para él significa la esencia de la cultura cubana, que se mueve de un registro a otro, de lo popular a lo culto, dando el carácter del cubano. La Jiribilla representa, creo, estar un poco más atento de lo que es visible para todo el mundo. Y anunciar cosas.

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© La Jiribilla. La Habana. 2002
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