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GARRINCHA:
“LA INSOPORTABLE LEVEDAD” DE LA MIRADA
La obra de Garrincha se me antoja en un
mediopunto, un humor que media entre la cotidianeidad
y la constancia sin dejar de aspirar a una ineludible
universalidad, sin que se resista por completo a un
deseo de permanencia más allá de la previsible
comicidad.
Carina Pino-Santos
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La
Habana
La
muestra de dibujos humorísticos de Garrincha en la
galería “Raúl Martínez” en el Instituto Cubano del
Libro no podía ser sino el mejor comienzo de la
celebración del primer año de labor de La Jiribilla
que, desde sus inicios, incluyó el humor como una
sección infalible en su extensa edición semanal.
Garrincha, junto a
Nuez, ha sido no
solo, uno de los colaboradores más fieles y persistentes
de la publicación digital, qué duda cabe, también el más
ameno de la revista, y al que muchos agradecen,
seguramente el necesario equilibrio que implica la
sobriedad de su contenido.
Más como intención de mostrar el ejercicio del dibujo
antes de su retoque digital, y sobre todo más como
pretexto ante la conmemoración que como curaduría válida
y definida de una obra (la de Garrincha) que aún está
por estudiar, lo que sucede con gran parte de la de
otros artistas contemporáneos del humor gráfico en Cuba,
su exhibición nos sitúa ante un artista que realiza
interconexiones con las más variadas referencias
políticas, sociales, costumbristas, ideológicas, a
través de un quehacer muy personal, en la que no intenta
validar la obra con una señalada intención de
“trascendencia” o de humor refinadamente intelectual.
La obra de
Garrincha se me antoja, precisamente, en un mediopunto,
en una temperatura en la que no hay fortísimos y sí
matices que debo estar pronta a distinguir, un humor que
media entre la cotidianeidad y la constancia sin dejar
de aspirar a una ineludible universalidad, sin que se
resista por completo a un deseo de permanencia más allá
de la previsible comicidad.
Creo justo hacer un
aparte para el lector de La Jiribilla que querrá
conocer más, ¿por qué no?, sobre este habitual humorista
de la publicación, y he de confesar que, ya que se trata
de conmemoraciones anuales, hace justamente un año fue
que conocí a Garrincha y no precisamente como artista en
una exhibición personal, ni teniendo como antesala una
celebración inaplazable, fue en la Bienal Internacional
del Humor Dedeté, donde a punto de realizar una
entrevista a uno de los más prestigiosos expertos en la
manifestación en el mundo, el norteamericano John Lent,
se brindó pronto, gentil y amable como intérprete, y por
cierto se reveló como un exacto y veloz traductor.
Solo espero que el próximo encuentro no sea dentro de
doce meses y que para la fecha, podamos hacer un examen
más detenido de su obra en una curaduría más ambiciosa y
mucho menos inmanente que la que hoy nos ocupa.
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Caricaturas de Garrincha en La Jirbilla
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