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UN SERAFÍN EN LA RED

El ángel de La Jiribilla —muestra de la “Fabulosa resistencia de la familia cubana. Arca de nuestra resistencia en el tiempo, cinta de la luz en el colibrí, que asciende y desciende, a la medida del hombre”— se mostrará de cuerpo entero en una recopilación de sus 50 primeros números en disco compacto y una versión en papel, de 32 páginas y frecuencia mensual, que verá la luz próximamente.


Manuel Henríquez Lagarde |
La Habana


Lezama lo invocó en uno de sus originales rezos. Era un ángel nuevo que alzó vuelo por primera vez en una sala de la Universidad de La Habana, donde poetas y ensayistas se dieron cita a propósito de la Operación Cultura convocada en 1959 por la Federación de Estudiantes Universitarios.

El ángel saltó de pronto de su “Lectura”y bastaron sólo unas pocas palabras, entonadas por su pausada voz, para que los presentes notaran que no se trataba de un ángel cualquiera. Tenía, por supuesto, mucho del aggelos griego, de guardián protector, guerrero celestial, poder cósmico, en fin, rasgos de universo; pero se diferenciaba de los metamorfoseados serafines alados de Mesopotamia o de los humanoides varones del judaísmo por sus inconfundibles señas de cubanía.

Era el “
Ángel nuestro de la jiribilla, de topacio de diciembre, verde de hoja en su amanecer lloviznado, gris tibio del aliento del buey, azul de casa pinareña, olorosa  a columna de hojas de tabaco”.

De entonces acá, ese ángel —que al decir de Cintio Vitier simbolizaba en la exclusiva poética lezamiana a la Revolución naciente—, no ha dejado de irradiar su luz de las más diversas maneras: “la mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo en la tierra”.

Uno de esos tantos destellos es esta revista que acaba de cumplir un año y que, con el asombro del círculo del cocuyo, ha sabido exorcizar la medianoche impuesta por la desinformación y la mentira.

Su ojo de buey ha sido sobre todo la red. En ella, semana tras semana, ha descompuesto —luego de pasarla por el más honesto de los harneros—, el amplio espectro cromático de nuestra cultura para ofrecerle a nuestros lectores lo más puro y mejor de sus esencias.

Recientemente con el propósito de que este ángel nuestro despliegue también sus alas en otros soportes comunicacionales, hemos publicado dos números de los Cuadernos de La Jiribilla.

Y ahora, con motivo de este primer aniversario La Jiribilla muestra nuevamente “su hociquillo simpático” a los lectores cubanos. Por ello la galería Raúl Martínez le ha abierto sus puertas a una exposición de ese colaborador nuestro, el caricaturista Garrincha y se tiene previsto, para las venideras semanas de este mes, un encuentro con los muchos seguidores con que cuenta la publicación en la Isla, así como la realización de un panel en que participarán destacados intelectuales cubanos.

El ángel de La Jiribilla —muestra de la “Fabulosa resistencia de la familia cubana. Arca de nuestra resistencia en el tiempo, cinta de la luz en el colibrí, que asciende y desciende, a la medida del hombre”— se mostrará de cuerpo entero en una recopilación de sus 50 primeros números en disco compacto y una versión en papel, de 32 páginas y frecuencia mensual, que verá la luz próximamente.

Galerías de Garrincha en La Jiribilla
 

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