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UN CUBANISMO DELICIOSO
La Jiribilla ha sido un
látigo contra el oportunismo, la mediocridad y la gente
de talento que se ha vendido, y lo denunciamos.
Abel Prieto
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La
Habana
El objetivo de La Jiribilla es responder a las campañas que en el
centro de la cultura se hacen contra Cuba. Existía mucha
impunidad, gente sin escrúpulo utilizando el espacio de
Internet para decir mentiras flagrantes. Detrás de eso
hay recursos y dinero del gobierno norteamericano. El
nombre de la revista parte de un cubanismo delicioso.
Tiene que ver también con una expresión de Lezama:
‘Ángel de la jiribilla, ora por nosotros’. También Roa
la utilizó. Pensamos que el ángel de la
jiribilla podría llevar la voz de
Cuba al mundo. Las reacciones fueron desde la histeria
hasta casos patéticos de algunos seudointelectuales de
Miami que perdieron el control. Otros trataron de no
hablar de eso. Realmente La Jiribilla ha sido un
látigo contra el oportunismo, la mediocridad y la gente
de talento que se ha vendido, y lo denunciamos.
A los intelectuales emigrantes los tratamos con
respeto. Algunos murieron fuera de Cuba. Por ejemplo, el
número dedicado a Moreno Flaginals constituye un
acercamiento serio, riguroso, a un gran historiador, que
lamentablemente durante los últimos años de su vida se
metió en un mundo ajeno a su trabajo. Hizo concesiones
que nos entristecen. Pero La Jiribilla demostró
que su obra nos pertenece. Y dejó en claro el intento
ridículo de crear un mundo cultural donde no existe el
público verdadero para la cultura. Es penoso que algunas
personas conocedoras de lo que es la cultura, se vendan
por dinero y sean voceros de quienes intentan organizar
algún tipo de mensaje intelectual en representación de
la mafia.
La Jiribilla también destaca el trabajo de minorías
que trabajan contra viento y marea por nuestra cultura
fuera de Cuba. Los accesos diarios a la revista han
superado la cifra de 50 mil y se mantiene una estrecha
relación con cubanos emigrados a través del correo
electrónico. Una de las secciones más visitadas es
Noticias de Pueblo Mocho. En ella aparecen las
mentiras más absurdas tales como se expresan. Un ejemplo
es el de Cabrera Infante, una persona tan llena de odio
que llega al delirio. Dijo que él no veía cine cubano,
porque la Revolución había borrado el crédito de su
mujer de las películas. Al día siguiente apareció en
La Jiribilla cómo se respetan esos créditos. Eso lo
hacemos cada vez que mienten, y mienten y manipulan
mucho.
Desde el punto de vista formal la caracteriza el humor, la belleza, la rápida respuesta y el
atractivo de su imagen. Contamos con diseñadores jóvenes
que son brillantes y colaboradores muy valiosos; uno de
ellos, por cierto, es Ricardo Alarcón. Hace poco la UPEC
le otorgó un premio a La Jiribilla, en
reconocimiento a sus valores.
Notas:
Publicado en Bohemia, 8 de febrero de 2002
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