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ESENCIA INTRANQUILA
El ángel es tan noble, tan jiribilloso
que ha repartido dones por doquier. A mí, me ha
proporcionado mucha alegría y cierta perplejidad sobre su
supuesta apariencia “extraña”.
Rafael Morante|
La
Habana
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Comencé a trabajar con el ángel de la jiribilla cuando
la Editorial Letras Cubanas me encargó la cubierta de
Imagen y posibilidad, selección de textos de Lezama
que hiciera el periodista Ciro Bianchi Ross en 1992 Allí
aparece la descripción del ángel intranquilo que por
esos azares concurrentes lezamianos ha tenido tanta
significación para mí. Lo concebí como un ente de luz,
color, cubanía, rodeado de la atmósfera sensual que
envuelve todo lo que analiza, describe o expresa Lezama
a partir de sus propias concepciones del arte. Un ángel
seráfico o endemoniado para El ingenuo culpable,
conjunto admirable de textos donde Reynaldo González
evoca la personalidad de Lezama.
Paradiso, me dio la oportunidad de desplegar
pictóricamente la naturaleza juguetona, de aquel nimbado
por la gracia que de la corona de frutas toma el pulposo
mango, el limón cadmio o el polisémico plátano y la
venusina papaya, para establecer un juego de formas
barrocas, como lo es el autor de tan espléndida y
trágica novela tan poco leída y mal interpretada. En la
primera edición de 1991, concurrieron dos situaciones
traviesas o nada angélicas. Para suavizar los hechos: el
fondo se había concebido en blanco porque no hay que
temerle a lo juegos de luz y color restallantes. Nunca
se explicó satisfactoriamente por qué le pusieron
magenta al fondo y, además, jamás pudieron dar una razón
aceptable de por qué desapareció el original en
los talleres. Las otras versiones han corrido suerte
diversa. El ángel es tan noble, tan jiribilloso que ha
repartido dones por doquier. A mí, me ha proporcionado
mucha alegría y cierta perplejidad sobre su supuesta
apariencia “extraña”, su barroquismo no compatible con
la sobriedad de los textos de donde sale este
ángel tan cubano, hermoso en su androginia como un ángel
de Boticelli o una ángela de Goya, salvando las
distancias y los fines y mi modesto oficio.
El ángel de la jiribilla subraya la esencia intranquila,
posibilitadora de multiplicar, irradiar imágenes
infinitas en las eras imaginarias de nuestro espacio
gnóstico.
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