CON EL BOLERO A CUESTAS
Por lo visto, la obra El último bolero pasará a la historia de la crítica teatral de Miami no por sus méritos artísticos o por la calidad de sus intérpretes (la actriz Verónica Lyns y la guionista, cantante y también actriz Cristina Rebull), sino por la peripecias que ambas han pasado,  conjuntamente a sus promotores, para poder satisfacer las expectativas de una gran parte del público de esa región de la Florida.
Hace poco más de una semana el Koubeck Memorial Center canceló la actuación del dúo residente en la isla luego de haber ofrecido su espacio de 250 lunetas para las funciones del pasado fin de semana. Como consecuencia de esa decisión, los auspiciadores del espectáculo, quienes habían alquilado la sala a un precio de 420 dólares la noche, perdieron  $1 000 en gastos de propaganda y programas impresos de la temporada.
Otro tanto hizo anteriormente el Hale Piano Theather, temeroso de sufrir las consecuencias de las protestas de algunos sectores de la comunidad, al clausurar dos presentaciones del probablemente “revolucionario” bolero.
Al parecer, por ahora, la pieza pudo ser tocada por fin en el reducido espacio del Miami Light Proyect con una capacidad para cien personas por lo que parte del  público, a falta de asientos disponibles, retornó a su casa con las ganas de presenciar la oferta cubana.
En la capital de la intolerancia, El último bolero, ha devenido una suerte de performance de teatro bufo protagonizado, más que por el arte, por esos émulos de Tartufo quienes, en una cínica contradicción con el “democrático” discurso destilado por sus emisoras y libelos, acaban siempre por anteponer los hechos a las palabras. 
 

LA JIRIBILLA. 2002