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MEMORIAS

ENCONTRAR LA POESÍA
José Zacarías Tallet

Antonio López Sánchez 

Se trata de que hay poesía. No únicamente esa, que supo escribir como pocos, hecha de papel y todo sentimiento y letras. Esa, donde "dijo carajo o corazón"; donde puso a bailar desnuda y borracha a la ninfa rosa en una fiesta de negros; donde "no suspiró por las princesas sino las poseyó", como bien le escribió Luis Rogelio Wichy Nogueras. Esa, la más feroz y habitual de las poesías. Se trata de ir más lejos. 
Es que hay poesía. Aunque ahora se oculte, se haga red, o mimetismo, o trampa detrás de lo difícil; aunque se esconda tras del silencio está ahí. Y es sólo (¿sólo?) cuestión de alargar el alma, la mano o lo sensible hasta sus pasos. Y descubrirla. Y aprehenderla.
De José Zacarías Tallet, dígase poeta y andará la memoria revolviendo sus versos. Llenos de todas partes y todos los planetas; diga intelectual, y vendrá la historia más lejana o aquel constante Gazapos en la Revista Bohemia, donde siempre parecía adivinarse una sonrisa detrás de cada respuesta. Pero dígase poesía y, en lugar de literatura, deje rodar las páginas de sus actos.
Encontrará entonces las encendidas estrofas de su juventud; aquella inútil vocación al sacerdocio (huyendo desde ya a las sacrílegas "tentaciones" de la carne); y la amistad en "aumento incesante" con Rubén Martínez Villena. Villena, el "líder natural y tácito de los jóvenes que le rodeaban"; alma de la Protesta de los Trece; Quijote cuerdo, ineludible, de aquella generación, del Movimiento de Veteranos y Patriotas y de otros vibrantes momentos. Y en cada uno de esos poemas del actuar, Zacarías Tallet anotaba su nombre y su cabalgar, episodio tras episodio de la historia. Tallet, en la Falange de Acción Cubana; en cada Liga Antimperialista; fundador de la Universidad Popular José Martí; del Grupo Minorista; buscador de la otra poesía, en fin.
De su amistad con Villena un añadido (poético también). Fue Villena uno de los impulsores para que Tallet publicara sus primeros versos, en algunos casos de forma pública, como la nota de presentación que le realizara en la Revista de Avance. Luego, el propio Tallet escribiría su sorpresa ante uno de los laberintos imprevistos de la vida: "¿Quién iba a decirme, cuando me recitaba sus magníficos versos que doce años después, desaparecido él, me tocaría compilar (…), esos mismos versos, para publicarlos en La pupila insomne ?".
Sigamos adelante verso abajo, por la vida de Zacarías Tallet, andando por esos duros años 20. Tiempo de formarse, de reencontrar a Varela, a Martí, a Cuba. La "década crítica", como la nombrara Juan Marinello. Juan Marinello, el hermano recordado luego muchas veces (buscar, buscar siempre más allá), no como "político en la mejor acepción de la palabra"; ni como diplomático digno; sino como Marinello, el que fue "compañero de lides diversas -políticas, revolucionarias, literarias-". Acompañante fiel en la Protesta, en el Grupo Minorista, en la Revista de Avance. Marinello junto a Tallet, poetas los dos del andar, del hacer, del gesto.
¿Y el escritor Tallet? ¿El de también palabras, y sonetos y décimas, y semillas no tan estériles? Pues, de la mano. Para leer de su propia voz aquí esta anécdota. En un 44 pavoroso y ciclónico, recibe el premio Bonifacio Byrne al mejor libro de poemas, luego de rescatar de su gaveta callada "La semilla estéril". Sin embargo, una impugnación sobre la condición de inédito del libro (algunos de los poemas se había publicado aunque no el libro 

como tal) hace declinar el veredicto. Regino Pedroso y Arturo Doroste, como partes del jurado, lo defienden con ardor pero sin resultados. No obstante, Tallet conservó siempre el laudo original firmado por todo el jurado que lo hacía acreedor del premio.
El escritor Tallet. El mismo que hallaba y hacía versos en tanto accionar justo, dejaba escapar también largos silencios sobre las cuartillas. Pero alguna vez, entre años y años, llegan a su puerta de papel dos, por entonces jóvenes, escritores: Helio Orovio y Felix Contreras, conocedores y conmovidos ambos, por la obra del poeta. Las visitas atrajeron a otros de aquella hornada que sobre sus hombros echaba a volar cierto Caimán Barbudo. Y cuenta Tallet que "vinieron a casa más jóvenes de ambos sexos y comprendí que no era yo sino un poeta en receso. El acicate que significó la adhesión de aquellos jóvenes, despertó el poeta que dormía". Y apareció su latente inspiración.
Entonces volvió el poeta a poblar países con sus motivos y sus voces, con los trillos de siempre. Y será esa generación de escritores del Caimán, la que pondrá un aire nuevo en las ya veteranas alas de sus versos. Guillermo Rodríguez Rivera, dice de Tallet que "existen sobradas razones para considerarlo hoy como una de las figuras trascendentes de nuestra poesía contemporánea. No es casual que el interés por la obra de Tallet crezca en lugar de decaer…".
Evidentemente hay poesía. Como escribió el propio Tallet: "Hay poesía en la rumba de un esqueleto, y hay poesía en las gallinas cluecas, y en las blasfemias de un carretonero. ¡Mas la cuestión es dar con ella!". Pero hay también poesía en su vida, en toda esa vida que dejó andar junto a la historia, tal vez no para decir, sino para mostrarnos (otra vez Wichy) "-sin lujo de detalles- que Todo era El Poema".

Tallet en Cubaliteraria

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