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A LA SOMBRA DE UN
MUCHACHO
EN FLOR
"Este es un momento de tolerancias en
Cuba, y creo que es esa la razón de la acogida que va
teniendo el libro. Es lindo ver cómo se empieza a
respetar desde hace algunos años, todo el colorido
humano que somos capaces de ofrecer."
Conversación con el escritor Nelson Simón, Premio Julián
del Casal (UNEAC), en exclusiva para La Jiribilla.
Magda Resik
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Pinar del Río
Fotos:
Pedro Luis Díaz
Nelson
Simón es de cierta forma uno de esos muchachos en flor
que describe su poemario más reconocido. Carga con la
amargura nacida de incomprensiones, hijas más del
prejuicio que de una hostilidad de sólidos basamentos. Y
a la vez, es una suerte de adolescente eterno, capaz de
recrear el perdón cotidiano en versos coloquiales, de
una honestidad conmovedora en su falta absoluta de
pudores y su exquisita sensibilidad.
Por estos días, su notoriedad ha llegado al más neófito
de los pinareños en cuestiones literarias. La Feria del
Libro en la occidental provincia cubana, le ha sido
dedicada al poeta y escritor para niños, quien preside
la Sección de Literatura, de la Filial de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba en Pinar del Río.
-¿De
qué modo encuentras a Pinar del Río en tu obra?
-Estoy
muy contento conque la feria me la hayan dedicado. De
alguna manera representa un acercamiento con el público
que me siguió en momentos que no fueron de tanta bonanza
como éstos; casi por ellos llego a este instante.
Pinar del Río siempre ha estado presente en mi obra.
Esta ciudad a la que he amado tanto y en la cual han
transcurrido los últimos veinte años de mi vida. Sabes
que no soy propiamente de aquí sino de un pueblito
llamado Puerta de Golpe, en Consolación del Sur.
En todos mis libros hay poemas dedicados a Pinar y al
amor que siento por la ciudad que me ha acompañado aun
cuando he estado en otros sitios.
Ciudad que te abre los brazos y te dice: gracias por
estar aquí. El hecho de elegirla y de elegir a este país
para vivir y estar, es reconocido por ella, y tiene su
valor.
-Te
referías a Puerta de Golpe, tu pueblo natal, con ese
nombre propio para la poesía. ¿Qué nostalgias te
propone?
-Siempre
es necesario volver a esos blancos almacenes de la
infancia. Lo que somos de adultos sale de allí. Para mí
fue muy importante vivir en aquella vieja casa de campo
con mis abuelos. Tuve una infancia triste pero linda a
la vez. Mis padres se separaron cuando yo tenía cinco
años y me desligué obligatoriamente de mi padre, que era
una especie de ídolo siendo yo pequeño. También murió mi
hermano.
Pero en aquella soledad donde me acompañaron siempre los
libros, mis verdaderos juguetes – con ellos podía
dialogar, mientras los otros eran fríos y dormían en sus
cajas- aprendí a ser libre. En esos montes, trepándome
en las matas de guayaba, se sembró mi sensibilidad, esa
que hoy me da para escribir.
-Ahora
tu obra ostenta lauros y el reconocimiento no sólo en
tierra pinareña; en el país y el mundo comienzan a
leerte. ¿A qué se debió ese período que has descrito
como de “poca bonanza”?
-Son
muchas cosas. No era comprendido como persona y mucho
menos como escritor. Hubo quizás una lucha
generacional... En los años ochenta se daban
incomprensiones y me sentí aislado, y de alguna manera
silenciado dentro de mi ciudad. Mi literatura y mi
poesía nunca se cargaron de odio, pero sí se volvieron
ácidas, oscuras. La palabra trataba de ocultarse todo el
tiempo detrás de los símbolos, con un lenguaje un tanto
agresivo.
Gracias a que todo ha ido cambiando, también mi discurso
va siendo más transparente, abierto, porque la sociedad
se ha ido abriendo y trato de ir captando la esencia de
mi tiempo.
Esos malos momentos han quedado atrás. Agradezco
muchísimo todos los espacios que se me ofrecen y la
posibilidad de ser como soy y manifestarme como tal.
-Se
dijo de tu libro
A la sombra de los muchachos en flor, que
“explora zonas de erotismo casi inéditas en la poesía
cubana.” ¿Esa transgresión de determinados límites, a
veces impuestos y en ocasiones autoimpuestos, se ha
producido conscientemente?
-Ha
sido un proceso lento, escalonado. Todos esos temas
estaban presentes en mi poesía desde el primer momento,
pero la inseguridad como ser humano no me permitía
enfrentarlos de la mejor manera. No es lo mismo un joven
de diecinueve años, que alguien que ya ha vivido y sabe
a dónde quiere llegar.
Yo he ayudado a la poesía y ella me ha ayudado a mí. Me
ha dado la posibilidad de conocerme, encontrarme y saber
que no tengo por qué ocultar nada. En este momento me
siento un ser totalmente pleno y honesto.
La posibilidad de conocer otros países y conversar con
escritores como yo... compartir la libertad con que
escribían, influyó en la escritura de este poemario que
fue el fruto de mis continuos viajes a España.
Este es un momento de tolerancias en Cuba, y creo que es
esa la razón de la acogida que va teniendo el libro. Es
lindo ver cómo se empieza a respetar desde hace algunos
años, todo el colorido humano que somos capaces de
ofrecer.
No me propuse transgredir nada con A la sombra de los
muchachos en flor. Sencillamente quise mostrarme tal
cual soy.
-¿Existe
una poética de la homosexualidad?
-Lo
lindo sería que cada cual se identificase y fuera
honesto con su escritura. No podría hablar de otra
sexualidad porque esa es la mía.
Pero ese no es el único tema de mi literatura, abundante
de muchísimas otras preocupaciones: el tiempo, la
soledad, el destino del país, la libertad del individuo,
no sólo sexual, de su palabra, de su pensamiento...
Todo eso está en A la sombra... Ah!, que a la
gente le llame la atención de qué manera uno es capaz de
decir que comparte la vida con un hombre y no con una
mujer... Pienso que lo bueno de eso es que a veces las
personas, en esa libertad que tú te tomas, encuentran la
suya propia.
Pero no escribí para que tomaran ese texto como una
bandera y menos para que creyeran en la existencia de
una poética de lo homosexual, homoerótica. Es mi
poesía. El que conoce de su evolución sabe que allí
están presentes todos los elementos habituales de mi
lírica.
-¿Te
consideras un poeta heredero, con sus confesos
paradigmas literarios?
-No
le temo a reconocer las influencias. Todos las tenemos,
y las personas que las oculten cometen un pecado
absurdo. Siempre he tenido mis paradigmas en la poesía
cubana y universal; aquellos poetas con los cuales he
sentido mayor afinidad y que de alguna manera mi obra se
nutre de eso.
Lo importante es saber filtrar esa riqueza que se va
acumulando, hasta encontrar tu propio estilo y
motivaciones. Diariamente vuelvo fascinado a la poesía
de Eliseo Diego. En un principio me cautivó mucho la
palabra frondosa de Lezama, aunque ahora lo leo con más
cuidado porque puede llegar a empalagar y marcarte
mucho. La poesía de amor de Nicolás Guillén es
extraordinaria, aunque lo han maltratado viendo sólo sus
sones y composiciones sociales. Un día descubrí un poeta
como Julián del Casal, otro a Ballagas, Cernuda, Lorca,
Paz... Hace unos años hallé también a Gastón Baquero,
por un libro que me prestó mi amigo Bladimir Zamora.
Desde entonces no me he podido desprender de su mundo
fabulario.
Trato de leer todo lo que de buena poesía llegue a mis
manos. Últimamente me ocupo menos de mis contemporáneos,
porque se escribe mucha poesía en nuestro país y temo
que nos estemos metiendo unos en el terreno de los
otros, que las palabras de unos se permeen de las de
otros. Ahora prefiero a los clásicos, volver sobre
ellos, para no sentirme influenciado por corrientes de
un tipo u otro, y seguir mi propio camino.
-¿Es
la poesía un espacio para la disciplina o sencillamente
el golpe de la intuición y la inspiración?
Una media entre las dos. En un principio era la
intuición y la inspiración. Después de quince años
escribiendo es imposible seguirse llevando por ese
espíritu romántico de la juventud. La poesía, como todo,
tiene sus rigores y sus normas. Vas trazándote tus
propias pautas pero al final tiene un canon.
No me impongo la disciplina diaria, ni escribir un libro
en tantos meses. Sí maduro los maduro antes de
elaborarlos. Ya no escribo poemas sueltos y defino desde
el principio la temática general, el lenguaje a
utilizar, dibujo los títulos de algunos de los poemas...
Produzco menos que en un inicio, porque ya hay más
consciencia del acto de la escritura, y además, el
trabajo como editor me resta tiempo. Ahora, no logro
meterme en otro proyecto hasta que dejo el anterior
concluido.
-Entre
tus criaturas de creación está la literatura infantil.
¿Qué le dirías a quienes no te conciben escribiendo para
niños?
-A
veces me parece que escribo para un niño utópico.
Algunos me dicen que mis libros para niños no lo son
exactamente, sino para adultos que todavía conserven un
poco de ingenuidad y afán por la belleza.
Mi primer libro para niños, era un poemario dedicado a
mis abuelos, donde recogía una serie de impresiones y
sensaciones de mi infancia. Posee un lirismo a veces
difícil de calar en toda su profundidad por alguno de
corta edad. Mi libro de cuentos,
Brujas, hechizos y otros disparates,
que no se ha publicado en Cuba, no es el clásico para
ellos. Son brujas irreverentes, como nosotros mismos;
arquetipos de todas las conductas humanas posibles.
Ahora estoy escribiendo una novela que maneja el tema
del descubrimiento del amor entre tres adolescentes y
sus contradicciones. Como ves, no es la típica
literatura infantil, sino la que se va imponiendo,
porque estamos escribiendo para un niño que ha crecido
con el momento histórico y el desarrollo tecnológico que
vivimos. No podemos seguir creando un lector ingenuo,
enajenado en un mundo de fantasía. La fantasía es
linda, hay que conservarla y ofrecerla, pero también hay
que enseñar los lados difíciles de la vida.
-¿Esa
marcada obsesión tuya por la insularidad tiene que ver
con tu sentido de lo cubano?
Somos criaturas de isla, como decían Dulce María Loynaz,
Virgilio Piñera, Lezama... Son hilos invisibles que
forman parte de tu pensamiento. Ese sentimiento de
isleño aislado del mundo te aferra más a las costumbres
de tu tierra, a lo que te rodea y lo que te ha
antecedido.
Somos como seres anclados en medio de un mar de
modernidad. Y ese afán de regresar a la Isla, de
conservarla como pedazo de tierra donde has anclado y
que a su vez está anclada en medio de un mar, abierta a
recibir todas las culturas, llegar a todos los rincones.
Creo que es maravilloso ese sentido del cubano de
mantener lo suyo pero asimilar el mundo. Cuba es, los
que estamos dentro, los que salieron y van a volver, e
incluso, los que están fuera y no van a volver, pero de
algún modo siguen llevándola adentro. Eso nos enriquece
y seguirá enriqueciéndonos como nación.
Nota:
Nelson Simón González nació en Pinar del Río en 1965.
Tiene cursados estudios de Dirección de Radio, Cine y
Televisión en el Instituto Superior de Arte de La
Habana. Desde 1990 y durante seis años, trabajó en la
emisora provincial Radio Guamá como escritor de La Edad
de Oro, programa dramatizado para niños con el que
obtuvo varios premios en festivales provinciales y
nacionales.
Actualmente se desempeña como editor de
las revistas culturales
Cauce y Chinchila,
en la filial de la UNEAC Pinar. Su obra ha sido
reconocida con diversos galardones: Finalista del Premio
de la Crítica con el poemario El peso de la isla
(1994); Premio Bahía de poesía, Algeciras, España, con
el libro Criatura de isla (1996); Premio
Galisteo de poesía, Cáceres, España (1997); Primera
Mención en el premio La Edad de Oro con el libro de
cuentos para niños Brujas, hechizos y
otros disparates (1998) y Mención de poesía con
el poemario En el cofre de un pirata;
Premio Hermanos Loynaz de literatura infantil y Gran
Premio con el poemario Manuscritos de Pink
Mountain (1999); Primera mención del Premio
Ismaelillo con Brujas, hechizos y otros
disparates (1999); Premio de la Crítica “La Rosa
Blanca”, con el poemario En el cofre de un pirata;
Premio Julián del Casal (UNEAC) por el poemario A
la sombra de los muchachos en flor. |