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ALLÁ DEL COLOR
CLIENTELISMO Y CONFLICTO
EN CIENFUEGOS, 1912
La rebelión no se limitó a Oriente. Cuando se amplía el
alcance de la investigación a otras regiones, surge un
cuadro más complejo. Una mirada cuidadosa al entramado
de acontecimientos en Cienfuegos, en la provincia
central de Santa Clara fue un lugar significativo de la
organización del Partido Independiente de Color y el
único lugar de insurgencia armada en 1912.
Alejandra Bronfman
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Estados Unidos
En el verano de 1912, en respuesta a una rebelión armada, encabezada pro líderes del Partido Independiente del Color (PIC) -primer partido político del hemisferio occidental formado sobre la base de una identificación racial-, tropas del gobierno cubano masacraron a miles de
negros (1) en la provincia de Oriente.(2) En la memoria histórica cubana, este momento permanece como la manifestación más cruel del monopolio de la violencia legítima del Estado. Esta represión masiva parece ser la expresión de un profundo conflicto racial. Es tentador esbozar conclusiones sobre la naturaleza excluyente de la recién emergida República cubana que, a pesar de una retórica de igualitarismo y una estructura legal que se caracterizaba por el sufragio masculino universal, estaba preparada para silenciar demandas de una inclusión real más que nominal con una demostración de fuerza.
La rebelión no se limitó a Oriente. Cuando se amplía el alcance de la investigación a otras regiones, surge un cuadro más complejo. Una mirada cuidadosa al entramado de acontecimientos en Cienfuegos, en la provincia central de Santa Clara fue un lugar significativo de la organización del Partido Independiente de Color y el único lugar de insurgencia armada en 1912. Aun así, los insurgentes de Santa Clara nunca formularon demandas, como sí lo hicieron Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet, que dirigieron la rebelión en Oriente. En verdad, poco se sabe sobre las motivaciones de aquellos que participaron en los levantamientos de Santa Clara. Las bandas armadas de la región con grupos de treinta o más miembros quedaron reducidas a grupos de dos o tres. Numerosos rebeldes fueron arrestados y liberados casi inmediatamente. Algunos fueron asesinados, pero los líderes eludieron la captura. Muchos vigilantes contestaron inmediatamente al llamado de organización solo para patrullar tranquilas calles en las que nada sucedía. El hecho de que los oficiales locales respondieran con una variedad de estrategias, desde la ejecución sumaria hasta la negligencia benigna, más que con represalias incondicionales, socava la visión de un Estado cubano violentamente defensivo. Lo que necesita explicación es el incómodo balance entre el conflicto y la reconciliación.
Interpretaciones del caos particular de Cienfuegos han acentuado indistintamente el conflicto o la reconciliación: o la movilización y la represión revelaron profundos resentimientos y animosidades raciales o, de lo contrario, el período, aunque trágico, no perturbó una tendencia en la política cubana hacia la formación de alianzas interraciales. Al acentuar una u otra interpretación, la tensión entre conflicto y reconciliación se desvanece. Pero esta tensión es la paradoja central de los hechos de Cienfuegos.
Los acercamientos mencionados presuponen un Estado monolítico o analizan la formación del Estado en el nivel de la política partidista. Esta última ha sido crucial para iluminar las dinámicas de raza y política en la República cubana. Sin embargo, comprender la tensión señalada con anterioridad, en el caso particular de Cienfuegos, requiere un cambio de enfoque. En el libro
Everyday Forms of State Formation, Gilbert Joseph y Daniel Nugent abogan por nuevos análisis del poder estatal y argumentan en favor de una reconceptualización que privilegie procesos de formación estatal, más que estructuras de organización
estatal.(3) Dicha reconceptualización se puede lograr a través del análisis de las dinámicas de enlace cotidiano del Estado con las bases de la
sociedad.(4) Del mismo modo, Alan Knight ha acentuado la importancia de ver el Estado como una mezcla cambiante de intereses, una palestra en la que los caciques locales y las organizaciones de masas se disputan el
poder.(5) La raza ha servido como una categoría analítica importante en todas las interpretaciones de movilizaciones y represiones en 1912. una mirada muy atenta proporciona la oportunidad de examinar más cuidadosamente los procesos por los cuales se construyen sus significados. Peter Wade ve la formación de identidades raciales como procesos ligados a contextos históricos.(6) Partiendo de estas dos proposiciones teóricas, el presente ensayo indaga cómo podrían ser usadas, en diálogo una con la otra, para iluminar la dinámica de la sociedad cienfueguera en aquel confuso momento. El propósito aquí es utilizar al análisis básico de aquellos hechos para profundizar en la comprensión de los mecanismos en juego en la formación del Estado cubano al inicio del siglo XX.
El 20 de mayo de 1912, tres hombres de color y sus seguidores iniciaron lo que pronto sería considerado un levantamiento racial en la provincia central cubana de Santa Clara. En Lajas, un pequeño pueblo habitado principalmente por trabajadores de la caña, Simeón Armenteros dirigió un gran grupo de hombres en actos de violencia bien planeados y con claros objetivos. Cortaron las líneas del telégrafo e incendiaron un puente de líneas ferroviarias con la intención de impedir el acceso de las tropas de la Guardia Rural apostadas en Cruces, a la siguiente estación del tren. Al amanecer, la Guardia Rural enfrentó finalmente al grupo y logró tomar dos prisioneros. Después de la escaramuza, Armenteros avanzó hacia Manacas, un ingenio azucarero, donde él y sus hombre exigieron armas y municiones a todo aquel que las tuviera y, de acuerdo con los periódicos, gritaron lemas que los identificaron con el controversial e ilegal Partido Independiente del Color: "¡Viva Estenoz y abajo la Ley Morúa!". A estas intimidaciones se sumaba la amenaza de destruir la propiedad
ajena.(7)
En Cienfuegos, la principal ciudad de la región, se presenciaron solo mínimas alteraciones. Si las familias del campo invadieron el pueblo en una pavorosa búsqueda de seguridad, la glamorosa elite de la ciudad, encabezada por miembros de la prominente familia Terry, extendía invitaciones de bodas, asistía a desfiles de modas en el recién construido Teatro Luisa, y alababa los méritos de los bailes de la tarde del domingo en el Liceo -el principal club social ubicado en el centro del pueblo- y el hotel del Castillo de Jagua, en la punta de una de sus frescas penínsulas.(8)
Al mismo tiempo que Cienfuegos conocía del conflicto de Oriente a través de los periódicos, surgía allí su propio conflicto. El origen de este permanece confuso. Felipe Acea, Simeón Armenteros, Abelardo Pacheco y sus partidarios dejaron escasas evidencias en cuanto a sus propósitos o motivos. En los primeros años de la República, cubanos de color se habían vinculado a múltiples escenarios en los que se podía expresar el descontento o procurar oportunidades económicas y políticas. Una gran parte de la energía política fue canalizada hacia el presidente liberal José Miguel Gómez, originario de la región, quien había gobernado la provincia durante la primera ocupación americana , y que era conocido por haber organizado redes de patrocinio en su apoyo durante las elecciones.
Hacia 1908, representantes de una organización conocida como la Agrupación Independientes de Color, tal vez menos confiados en la buena fe de Gómez, organizaron su propia sociedad política en Cienfuegos, la cual más tarde se convirtió en el
PIC.(9) Tal como argumenta Rebecca Scott, el PIC no gozó de amplio apoyo entre los cubanos de color de Santa Clara debido a que centró sus acciones principalmente en los problemas de los veteranos urbanos excluidos de los nombramientos gubernamentales, más que en los de los habitantes rurales que luchaban contra el hambre y la pobreza.
Sin embargo, en los años iniciales de la República, los cubanos de color en la región habían comenzado a obtener acceso al poder, tanto por vías formales como informales. Uno de los líderes del levantamiento local, Simeón Armenteros, que había servido como coronel en la Guerra de Independencia, había logrado obtener cierto status y el reconocimiento de distintas esferas políticas y sociales. Agustín Cruz, un médico blanco que había peleado en la misma brigada y que posteriormente se convirtió en un prominente político local, afirmó lo siguiente sobre Armenteros: "Este oficial era reputado como uno de los más eficientes de la fuerza armada. Armenteros era (...) modesto, disciplinado y
generoso".(10)
Después de la guerra, Armenteros participó en la política formal. Su nombre aparece en la lista electoral de 1901, inscrito por el mismo Cruz, quien servía como secretario. La familia de Cruz constituía una dinastía política en Lajas cuyos miembros participaron en todos los consejos del pueblo hasta 1912. Armenteros era una figura dominante en las regiones de Cruces y Lajas, que gozaba no solamente del prestigio obtenido como coronel del Ejército Libertador, sino también la lealtad de sus numerosos hijos engendrados por seis mujeres diferentes, de una infinidad de sobrinos y de un inestimable número de
ahijados.(11)
Los afrocubanos de la región participaron en las redes de clientelismo, un fenómeno característico del paisaje político. La forma en que se interrelacionaban las redes en Cienfuegos no está bien esclarecida. Refiriéndose a un tal Pérez, un oficial americanos describió la dinámica del modo siguiente:
Pérez tiene parientes, amigos y enemigos que lo protegen: sus parientes, naturalmente; sus amigos, porque Pérez nunca los ha lastimado; y sus enemigos, porque temen que sus propiedades sean quemadas por alguien de los dos primeros grupos si lo
traicionan.(12)
En el área de Cienfuegos, las redes interraciales funcionaban, al menos desde la segunda intervención estadounidense. Esquerra, quien sería el principal perseguidor de Armenteros, estaba profundamente involucrado en varios niveles de la vida política y social de Cienfuegos. Como jefe de la Brigada de Cienfuegos en la Guerra de Independencia, había dirigido a algunos de aquellos que serían identificados como rebeldes, incluidos José Armenteros y Secundino Acea, probablemente relacionados con el "alzado" Felipe
Acea.(13) En 1907, agentes norteamericanos decían que Esquerra "encabezaba un grupo de negros".
Si Esquerra ignoró las divisiones raciales como patrón, las ignoró también como cliente. En una carta escrita en respuesta a Juan Gualberto Gómez, Esquerra muestra respeto y deferencia hacia Armenteros y
Acea.(14)
En 1912, Esquerra desempeñó un papel principal en la rápida y dramática respuesta oficial. El 22 de Mayo, un día después de los primeros reportes de los disturbios, un tren militar llegó a Lajas con miembros del ejército permanente pera reforzar la Guardia Rural. El coronel Higinio Esquerra los dirigía.(15) A pesar de que e pueblo de Cienfuegos estaba en calma, el jefe de Policía, Antonio Martí, decidió que la presencia de las fuerzas armadas del pueblo no garantizaban una protección adecuada y rápidamente organizó fuerzas de voluntarios provistas de doscientas armas de fuego y 17 toneladas de municiones enviadas por el gobierno. Los periódicos consignaron que en Cruces cien soldados de infantería y ochenta hombres a caballo se dispersaron por le campo. Aun así, no lograron capturar a ningún rebelde.
Más allá de este escenario, los oficiales locales navegaban entre los escollos de la política nacional y lo inhóspito de las coacciones locales y las configuraciones del poder. A principios de Junio, Vidaurreta, el teniente fiscal de la Audiencia de Santa Clara, informaba a la capital que había orientado al Juez de Instrucción, cuyo papel era recoger información, para que protegiera los derechos de los "elementos de color pacíficos".
La negociación entre la necesidad de reprimir efectivamente la rebelión (el autor se refiere a "los supremos intereses del Estado") y la necesidad de actuar o, al menos, dar la apariencia de estar actuando, justamente requirió un manejo diestro, así como también lo requirió la realidad de las relaciones de raza locales.
El 17 de Junio Vidaurreta escribió nuevamente a La Habana informando sobre un incidente local. En Sagua la Grande, un pueblo cercano, la juventud blanca del lugar colgó pancartas en el parque central con mensajes como "Fuera los negros" y "Abajo los salvajes". La policía los retiró mientras el alcalde condenaba esa actitud y les advertía que no repitieran estos actos. Las advertencias aparentemente no fueron escuchadas. Durante la noche, cuatro negros recibieron "entre sesenta y ochenta balazos" mientras atravesaban el parque. El tenor de su carta -de compasión hacia los negros atacados, pero al mismo tiempo insistiendo en que la "conspiración negra" estaba bajo control-, revela la percepción de la responsabilidad de proteger a miembros inocentes de su comunidad presionada no solo por el gobierno nacional, sino también por las manifestaciones locales de sentimiento
antinegro.(16)
En última instancia, las fuerzas de la ley y el orden procedieron inconsistentemente. Muchos de los arrestados fueron liberados en pocos días debido a la falta de evidencias. No está del todo claro que los arrestados, los que participaron en el levantamiento y los miembros del PIC fueran en verdad las mismas personas.
A pesar del desfile teatral de algunos prisioneros esposados, a lo largo de las calles de Cienfuegos camino a la cárcel, hubo sospechosos claves que eludieron repetidas partidas de búsqueda. Tanto Acea como Armenteros, proclamados líderes del levantamiento, permanecieron
libres.(17) En Oriente, habían matado y arrastrado por las calles a Estenoz, en una horrenda exhibición de la violencia oficial. En Cienfuegos se produjo la impresionante escena de la entrega y el arresto de Acea, lo cual, según todos los relatos, fue un verdadero acontecimiento cívico. Desde el pequeño pueblo de San Nicolás, Acea informó al alcalde Méndez, de Cienfuegos, su decisión de rendírsele. Acompañado por el jefe de policía y un vigilante voluntario, Méndez tomó un vaporcito hacia Manuelita y luego un tren a San Nicolás, donde encontró Acea, que lo esperaba. El grupo completo regresó a
Cienfuegos.(18) Armenteros fue arrestado solamente cuando él decidió rendirse y, una vez que lo hizo, fue tratado con similar respeto. En Santa Clara, el alzamiento fue perseguido, al parecer, con un celo selectivo.
¿Cómo puede uno empezar a entender la coexistencia entre hostilidad racial y reconciliación? Una respuesta parcial podría basarse en la forma en que las categorías raciales fueron construidas y utilizadas por diferente conjunto de actores. A pesar de que algunos discursos se apoyaban en la retórica de la "guerra racial" para esbozar una distinción maniquea entre blancos y negros, tales distinciones tajantes eran insostenibles para muchos de los protagonistas.
Prominentes cienfuegueros no blancos condenaron el levantamiento rehusando adscribirse a la categoría de "negros rebeldes". El 22 de mayo, Martín Reinoso anunció su intención de combatir lo que él denominaba "actos traidores", y ofreció sus servicios al alcalde de Cienfuegos. Como un distinguido miembro del Partido Liberal, presidente del Club Social Minerva, de la elite de color de Cienfuegos y miembro del capítulo del Centro de Veteranos de Cienfuegos, su posición tenía importancia simbólica. Para diferenciarse de los rebeldes, ellos mismos crearon la categoría distintiva de "negros pacíficos", la cual, al mismo tiempo que desafiaba la idea de que todos los negros estaban implicados en el levantamiento, defendía la de que algunos negros estaban muy implicados. La categoría que construyeron para autodesignarse fue elaborada en oposición a -y, por lo tanto, dependiente de- la categoría de "negros rebeldes".
Esbozar distinciones morales y luego dividir la categoría, operó en beneficio de muchos de los involucrados. Para los cubanos de color, esta era una estrategia protectora, tanto negativa ("nosotros no somos esas personas") como positiva ("nosotros somos miembros de la Nación"). Para los blancos que perseguían rebeldes, esto creó un cuerpo de apoyo y justificó la represión violenta. Para los rebeldes mismos, la imagen de rebelde se podía usar para intimidar y de esa manera obtener una ventaja estratégica. Es fácil suponer en qué medida estos rebeldes proyectaron sobre sí la imagen de "negros matones y degolladores" cuando se dirigieron hacia el central y exigieron armas y caballos. En verdad, el que los cubanos de color fueran capaces de oscilar entre las categorías puede haber asegurado la existencia continua de estas.
De tal modo, las distinciones morales dentro de la categoría "de color" en este contexto operaban contra la construcción oficial dualista (blanco-negro). En el nivel local, agentes del gobierno nacional obraron en situaciones que hacían insostenible tal dualismo. De este cuadro bastante complejo, lo que se distingue son las redes basadas en lealtad personal, probablemente promovidas durante la guerra, que atraviesan líneas raciales y alteran así las estrategias de represión. La participación en estas redes dio forma al celo selectivo que caracterizó la respuesta local en 1912. con esto no quiero decir que todo fue entre amigos. Esquerra tenía tanta influencia como él. En vez de responder a los incidentes de mayo como a una "guerra racial" caracterizada por una hostilidad incondicional, mucha agentes locales del Estado trazaron distinciones, reconocieron individuos y tomaron en cuenta el pasado..
Parece razonable suponer que la aceptación de los estereotipos más denigrantes dio forma a las decisiones de cientos de hombres para constituir grupos vigilantes. Aun así, la solución sangrienta ejecutada en Oriente no era viable en Cienfuegos. Configuraciones locales que incluían patrones y clientes atenuaron la violencia tan evidente en Oriente, y promovieron, en su lugar, una tensa calma.
Notas:
1. Usaré los términos "negro" y "de color" indistintamente, apoyándome cuando pueda en términos autorreferenciales. Son pertinentes aquí las rectificaciones habituales sobre el uso problemático de términos estáticos para referirse a procesos dinámicos y complejos.
2. Las relaciones y la interpretación de los hechos que condujeron a la masacre, se incluyen en Aline Helg: Our Rightful Share:
The Afro-Cuban Struggle for Equality, 1886-1912; Louis A. Pérez, Jr.:
"Politics, Peasants, and People of Color: The 1912 'Race War' in Cuba
Revisited", en Hispanic American Historical Review 66, pp. 509-539; y Rafael Fermoselle:
Política y color en Cuba: la guerrita de 1912.
3. Gilbert Joseph y Daniel Nugent, eds.: Everyday Forms of State Formation: Revolution and the Negotiation or Rule in Modern
Mexico; y Alan Knight: "The Modern Mexican State Theory and
Practice".
4. Joseph y Nugent: "Popular Culture and State Formation in Revolutionary Mexico" en
Everday Forms os State Formation: Revolution and the Negotiation Rule in Modern
Mexico, p. 3-23. Desde la publicación de este volumen varios académicos han escrito trabajos que enfocan este problema; ver, por ejemplo, Peter Guardino:
Peasants, Politics and the Formation of Mexico's National State:
Guerrero, 1800-1857, Florencia Mallon: Peasant and Nation: The Making of Post-Colonial Mexico and Peru; William Taylor:
Magistrates of the Sacred: Priests and Parishioners in
Eighteenth-Century Mexico; y Julie Franks: "The Gavilleros of the East: Social Banditry and Political Practice in the Dominican Sugar Region,
1900-1924", en Journal of Historical Sociology
8(2), pp. 158-181.
5. Alan Knight: "The Modern Mexican…", p. 9.
6. Peter Wade. Race and Ethnicity in Latin America.
7. La Correspondencia, mayo 21 de 1912, p. 2; El Comercio, mayo 21 de 1912, p. 1.
8. La Correspondencia, mayo 22 de 1912, p. 8.
9. Para conocer la organización nacional del Partido Independiente de Color, ver Helg:
Our Rightful Share...; Serafín Portuondo Linares: Los independientes de color. Para un recuento parcial de la organización política en Santa Clara visto a través de los ojos de un oficial de inteligencia militar americano, ver, además Rebecca J. Scott: "'The Lower Class of Whites' and 'The Negro Element': Race, Social Identity, and Politics in Central Cuba 1899-1909", en Consuelo Naranjo, Miguel A. Puig-Samper y Luis M. García Mora, eds.:
La nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el
98, pp. 179-191. Sobre la política en el período inicial de la República, ver Charles E. Chapman:
A History of the Cuban Republic: A Study in Hispanic American
Politics; Louis A. Pérez, Jr.: Cuba Under the Platt Amendment, 1902-1934; Rafael Martínez Ortiz: Cuba:
los primeros años de la independencia.
10. Agustín Cruz: Memorias de un médico mambí: por el coronel de Santidad Militar del Ejército Libertador de Cuba, p. 26.
11. El Comercio, julio 22 de 1912, p. 7.
12. Reporte confidencial del Servicio Secreto por Playa, 6 de diciembre, 1907, Santa Clara (USNA, RG 395, Claim 88, Entry 1008, Item 30).
13. Para muchos de los hechos sobre la vida de Esquerra, ver Luis J. Bustamante:
Enciclopedia popular cubana, pp. 74-75.
14. Higinio Esquerra a Juan Gualberto Gómez, 26 de octubre de 1900 (ANC, Adq., caja 19, no. 1254).
15. La correspondencia, mayo 22 de 1912, p. 2. Ver Louis A. Pérez, Jr.;
Army Politics in Cuba, 1898-1958; sobre el origen y el propósito original de los dos brazos de las fuerzas armadas cubanas, ver especialmente, pp. 24-31. Ver también Federico Chang:
El ejercito nacional en la república neocolonial, 1899-1933.
16. ANC, Secretaría de la Presidencia, Leg. 110, ff. 2, v1, p. 9.
17. El Comercio, mayo 30 de 1912, p. 1.
18. La correspondencia, junio 21 de 1912, p.2.
Tomado de Espacios, silencios y los sentidos de la libertad.
Cuba entre 1878 y 1912. Ed. UNIÓN, 2001.
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