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EN ESTA TIERRA, EN ESE INSTANTE
Presentado este viernes 8 de febrero el título En
esta tierra, en este instante, de la autora
brasileña Marilia Guimaraes, en el Centro Cultural Pablo
de la Torriente Brau de La Habana Vieja.
Estrella Díaz, Alain Gutiérrez|
La
Habana
Esta tarde de febrero a las cinco de la tarde en el, por suerte ya habitual para muchos, patio de las yagrumas del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, ocurrieron dos acontecimientos íntimamente relacionados: se presentó el libro
En esta tierra, en ese instante de la escritora brasileña Marilia Guimaraes, y se trovó en un concierto especial lleno de alegría por
un reencuentro. El libro En esta tierra... es un conmovedor testimonio en el que se narra cómo esta perseguida política llega a inicios de los setentas a Cuba, donde estrecharía hermosos lazos de amistad y solidaridad con jóvenes trovadores de entonces, como Silvio Rodríguez y Augusto Blanca.
La idea de hacer este libro, nos cuenta Augusto, surgió hace unos dos años: "En diciembre de 1999 visité a Marilia en su casa de Brasil y muy en secreto, y con la complicidad de su esposo y dos hijos, pinté un mural de ocho metros por seis que trataba de resumir momentos de su vida y que titulé
Leyenda de una mujer. Cuando estuvo concluido y lo vio su emoción fue incalculable. Me aseguró que esa historia, que yo había pintado, la comprometía a llevarla al papel. Tiempo después me avisó de la feliz noticia: el libro había sido publicado con todo éxito en Brasil y quería traerlo a Cuba (editado en español). Así surgió la idea de presentar el texto en los días de la Feria Internacional del Libro de la Habana y qué mejor lugar que el Centro Pablo, lugar que es hoy la casa de los trovadores, acompañado de un concierto
A guitarra limpia.
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Precisamente la portada del libro es una foto de ese mural que pintara Augusto y a manera de colofón por todo lo alto, la poesía en prosa del Silvio Rodríguez revive aquellos momentos trilce que vivieron juntos.
En el concierto participaron los trovadores, Augusto Blanca, Vicente Feliú, Lázaro García, Rochy, Aurora de los Andes. También la actriz Corina Mestre, la tecladista Ariadna Amador, el humorista Joel Sánchez y el poeta Waldo Leyva, que además escribió las palabras introductorias a esta edición del libro.
El concierto logró a veces tirar de la soga que ata al tiempo y parecía como si aquellos, los amigos de años de Marilia, y los que se ganó por "las historias" que contaban los de aquí, quisieran vivir las horas dulces de aquello que una vez los unió en esta tierra y en aquel instante.
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Palabras de Silvio en la contraportada del libro
PUERTO DE CARENAS PARA MARILIA
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No olvides que una vez tú fuiste sol.
Augusto Blanca
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Las carenas eran las imprescindibles reparaciones que los navíos requerían después de sus largas travesías surcando los océanos. Las colosales aguas de entonces, además de hacerse interminables y de retorcerse según los azarosos humores de Poseidón, iban preñadas de monstruos marinos como el Kraken que, en sus extensas digestiones, aguardaba a los cosecheros de aromas para arrastrarlos a las profundidades. Pero de todas las apariciones marinas eran las sirenas las más temidas, ya que las mismas atraían con sus cantos a los incautos navegantes para abrazarlos, sorberlos y extinguirlos con ardientes exuberancias y humedades.
Háganse pues la idea de que a principios de los años 70 algunos trovadores cubanos eran bajeles que, a pesar de tener derrotero, fueron extraviados en numerosas ocasiones por toda suerte de aventuras, no pocas exentas de peligro. Por eso tras ser víctimas de batuqueos sin fin, un grupito de nosotros fuimos arrojados a una playa de la calle tercera entre 20 y 18, en Miramar, donde vivían devotamente dos amorosas sacerdotisas de la fraternidad, llamadas Berta y Miriam.
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La última, en realidad, no se llamaba Miriam. Ese era el nombre que usaba para esconder su verdadera identidad, porque era fugitiva de un mundo fabuloso. Aquel mundo, para nosotros, siempre había sido fuente de sustancias divinas y ahora, gracias a los desmanes de guerreros traidores, se había convertido en una tiranía donde se luchaba valientemente por la libertad. Y resultaba que la hermana Miriam, que en realidad se llamaba Marilia, era una aguerrida heroína de aquellas batallas. Incluso por entonces ya era una celebridad, cosa que no sabíamos, por el temerario rapto de una nave en la que trasplantó a Eduardo y Marcello, sus hijos, hasta la isla de esperanza en que nos encontrábamos.
Mucho de lo que sabemos de Brasil lo debemos a Marilia. De sus comidas, de su música, de su lengua, de su risa, de su capacidad de ser hermano y compañero. La segunda vez que visité Angola, en noviembre de 1976, pude llevar algunos textos de canciones traducidos por ella al portugués. Jamás podré olvidar que gracias a Marilia pude hacerme entender en una región del mundo tan querida y necesitada como Angola. Así mismo recuerdo cuánto nos ayudó en aquella declaración de identidad con Brasil que hicimos en 1971, cantando la música de sus trovadores. Y cuánto nos sigue ayudando desde allá con su constancia, con su soporte amoroso del sol que es todavía.
Yo sé que para ella, y para Eduardo y Marcello, somos una verdadera segunda Patria. Y lo sé como se sabe el amor de familia, que no es ciego aunque siempre comprensivo y protector. Por eso empecé contando la necesidad que alguna vez tuve de sentirme abrigado y cómo encontré en Marilia el inequívoco gesto de amistad, el que nos siembra de humanidad y nos hace deudores. Por eso así me voy, sin dejarla, recordando que todos los que han trovado en todas las latitudes y en todos los tiempos, si no tuvieron, cuando menos necesitaron un puerto donde carenar. Por cierto y vaya casualidad, ese fue el primer nombre con que fue bautizada nuestra Habana: Puerto de Carenas.
Silvio Rodríguez
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Palabras de Waldo en la solapa del libro
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"Nesta terra nesse instante no es, solamente, el testimonio de Marilia Guimaraes, es la memoria de una generación. La esperanza que alimentó a esos hombres y mujeres, el miedo que no pudo detenerlos, la muerte que sólo logró sembrarlos como semillas que algún día germinarán, pueden tocarse de nuevo en esas páginas llenas de poesía, de la violenta poesía de la ternura.
Miriam y Marilia y la madre de Marcelo y Eduardo y la compañera de todos nosotros, esa imprescindible mujer, múltiple y única, que recorrió la oscura geografía del clandestinaje, el desarraigo del exilio, la posposición de la utopía, nos llega en este libro con la misma capacidad de entrega de aquellos años de fundación, con la misma terquedad, con los sueños heridos pero instalados en lo mejor del pecho. Uno siente, al recorrer estas páginas,una suerte de orgullo. Sabemos que muchas cosas no pudieron ser, que algunos ya no están aunque siguen comiendo y fornicando y ven la televisión; que otros quedaron para siempre detenidos en el último gesto; pero los más, estén donde estén, siguen siendo los imprescindibles.
Estos son los libros que nos hacen mejores; estas son las páginas vivas que necesitamos, en ellas está la voz irreductible de esos locos que saben que la humanidad tendrá que ser mejor algún día.
Miriam, Juarez te sigue esparando en algún sitio de la ciudad, o quizás no sea él, sino una canción de Silvio, o una orden del Ché o un verso de Vinicio, de todos modos no demores porque la esperanza, nuestra terca esperanza, tiene frío".
Waldo Leyva
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Agradecimientos al Centro
Cultural Pablo de la Torriente Brau
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