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LA MANO FRANCA
En la Habana, un pintor calabrés ofrece su fascinación ante los colores del Caribe. Franco Azzinari, paisajista de éxito en Europa, encuentra otra dimensión creativa cada vez que pone los pies en nuestras tierras. Llegó a Cuba por primera vez en el 92; desde entonces ha vuelto unas 50 veces.
Jorge Sariol |
La
Habana
-¿A estas alturas de su relación con Cuba, viene ya a
reencontrar o sigue en nuevas búsquedas?
-Comencé este proyecto cuando sentí la necesidad de hacer, porque aquí todo me resulta interesante. Siempre habrá cosas nuevas cuando uno se enamora. La primera vez que vine, solo pensé hacer retratos pues las personas me motivaron, pero luego fue inevitable para mí que soy fundamentalmente paisajista, trabajar tanto sobre la geografía rural como la urbana, Luego vino la naturaleza muerta, porque las frutas cubanas ofrecen la brillantez y la sensualidad de los colores cubanos.
Cuando hay un amor grande todo se vuelve una paleta de Colores.
-¿No son cosas que pueden ser encontradas en otro lugar del caribe o del trópico?.
-Sí, pero en Cuba sentí magia y eso no creo que pueda ser explicado.
Estuve en República Dominicana, Costa Rica y Venezuela, y en
Brasil, por ejemplo, muchas veces. Allí hay muchas cosas interesantes.
Quizás en Cuba sean demasiadas cosas y sea la magia de la cultura, es decir desde la música hasta las personas, sencillas, simpáticas y hospitalarias, incluyendo el sabor del cóctel o del café Todo eso lo sentí en la calle y puede ser que por cotidiano ustedes no lo noten.
A mí, como pintor, estas cosas significan mucho.
En el lugar de Italia donde nací, tenía el mar muy cerca, por eso para mí, Calabria tiene en la nostalgia el color azul. Yo supe del color de Cuba cuando vi por primera vez un flamboyán. Cuba desde entonces la veo roja.
-¿Para un pintor europeo resulta un reto asumir la profusión de colores?
-Cuando uno ama no hay problemas, ni técnicos ni espirituales que no puedan ser resueltos.
No siempre fui pintor paisajista. Cuando era niño hice muchos dibujos porque no tenía la posibilidad de conseguir colores, pinceles y cosas tales, y desarrollé mucho la técnica, que luego me sirvió para hacer muchos retratos de los campesinos calabreses.
Todo eso hace que el dibujo sea algo próximo al corazón y definitivamente se puede pintar también solo con el color negro.
-¿La exposición suya que estará cerca de un mes en el Museo Nacional de Bellas Artes reúne algo de todo eso?
-Es un poco de todo eso. Son cerca de 60 piezas, entre tinta, lápiz, acuarela y óleo sobre lienzo con el tema Cuba.
Recientemente una editora europea preparó un libro de 40 páginas que recoge buena parte de mi obra y que esta permanentemente expuesta en
Calabria, en una torre construida en el año 1000 y que me donaron para servir de museo .
Hoy soy fundamentalmente pintor paisajista y los trabajos sobre Cuba fueron expuesto en Milán con mucha aceptación de la crítica y la prensa en general
La cultura será siempre un vínculo maravilloso entre los pueblos para hacer que las gentes amen y comprendan lo que no conocen. En esta isla por ejemplo el flamboyán llama mucho la atención por la forma y por el color. En el verano me da una forma de vivir y finalmente porque el rojo es el color más lindo de Cuba.
Pero es curioso, en la 5ta avenida de La Habana hay un flamboyán
azul y muchos habaneros no se han percatado de la maravilla.
-¿Qué viene después?
-Intento patrocinar una escuela de arte aquí en Cuba, pero es cosa que lleva tiempo y preparación.
El amor que tengo es tanto que quiero transmitirlo a los niños a través de una escuela, pero también a los adultos que quieran aprender a pintar.
Siempre habrá cosas nuevas y más importantes que realizar.
Hoy no lo sé; tal vez postales o almanaque, pero siempre habrá algo que hacer.
El amor que tengo por Cuba no se gastará rápido.
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