La Jiribilla | DOSSIER                                                           
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER  

EL GRAN ZOO 

PUEBLO MOCHO 

CARTELERA 

POR AUTORES 

LIBRO DIGITAL 

•  GALERIA 

LA OPINIÓN 

LA CARICATURA 

LA CRÓNICA 
MEMORIAS 
EL CUENTO 
Otros enlaces 
Mapa del Sitio 
 


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRONICO
Click AQUI

 

   

LOS VERDUGOS SE HAN FATIGADO

Luis Ortega  | Miami 

Casi que se podría decir que el proyecto de enviar cien millones de dólares a las gentes que colaboran con la Política de Estados Unidos hacia Cuba dentro de la isla está muerto antes de nacer. Ha ocurrido algo interesante. Algunos de los que se suponía que iban a recibir algo de ese dinero han protestado débilmente, lo cual es un buen síntoma. Eso quiere decir que no todo está perdido. Quedan algunas reserves de decencia. Por lo menos, se preocupan por guardar las apariencias. No es que vayan a rechazar los auxilios económicos (que no tienen precedente en la dolorosa historia de Cuba, desde los tiempos de España) sino que están sugiriendo, delicadamente, que lo hagan con más cautela. Lo que no entienden es que el senador Helms, el autor de la idea de los cien millones, es un personaje que no se anda con rodeos para expresar su opinión de que Cuba es una colonia de los Estados Unidos que se ha sublevado y que los cubanos, todos, son súbditos del imperio. Esos cien millones que quiere entregar Helms son como una limosna, o una piltrafa, para alimentar a la jauría de disidentes, que lo son, precisamente, para meterle mano a los dólares que les envían desde afuera. Los disidentes quisieran que eso se hiciera secretamente, pero los americanos prefieren que la cosa se haga a la luz del día, ostensiblemente, porque no les basta tener cipayos, sino que los quieren, además, humillados.

De todos modos, con los cambios en el Senado, es difícil que se llegue a aprobar el proyecto de los millones. Lo cual no quiere decir que no estén recibiendo dineros de otras fuentes. Eso esta ocurriendo desde hace años. Ser disidente en Cuba es un negocio. Es una manera de vivir mejor. Hace pocos días oía yo una conversación entre Raúl Rivero y Agustín Tamargo y la impresión que recibían los oyentes, en Miami, es que ambos interlocutores estaban eufóricos. Casi que se olía el contento que los embargaba. Era como una conversación en un bar, con dos botellas de vodka delante. Casi a media luz. Intercambiaban piropos. Uno le decía al otro cuán grande era. Y el otro decía que no, que el grande eres tú. Raúl Rivero es el hombre que vive mejor en Cuba, recibiendo recursos de muchas partes y premios a granel. Tamargo, colaborador constante del semanario de Demetrio Pérez, vive como un príncipe en Miami. Recibe más de cien mil dólares anuales, cosa que nunca soñó tener. En otros tiempos, en tiempos de Batista, por ejemplo, si un opositor en La Habana se ponía a hablar por teléfono con un exiliado y a decir horrores del gobierno, lo más probable es que a la media hora fuera atrapado por la pandilla de Ventura y sometido, rigurosamente, a un severo apretón de huevos. En aquellos tiempos, por ejemplo, los opositores a Batista en La Habana pasaban miseria y los exiliados también. Hoy es al revés. El opositor en Cuba vive a cuerpo de rey. Y el exiliado, como Tamargo, es rico y comparte con sus socios, Pérez Roura y Demetrio Pérez, las bienandanzas del fraude. Lo que está ocurriendo en estos tiempos no tiene precedentes. El negocio del anticastrismo da lo suficiente para que los de allá vivan bien y los de aquí se hagan millonarios. Yo viví en el exilio de Batista y he vivido en éste desde hace muchos años y sé lo que estoy diciendo.

El gobierno de Castro, sin embargo, no debe lamentar que las cosas sean así. Lo que define mejor al gobierno de Cuba es, precisamente, la conducta absolutamente inmoral de sus opositores. Eso comenzó en 1959 y no ha cesado desde entonces. Nunca ha existido una oposición a Castro con sentido moral y con ideas. Ni una cosa ni la otra. Esos diálogos jacarandosos entre los opositores dentro de Cuba y los tipos como Tamargo en Miami, si se analizan bien, benefician al gobierno de Cuba y le dan la razón a Castro. Si en Cuba, en estos tiempos, hubiera un poco de audacia e imaginación, deberían retransmitir las cosas que se dicen por la radio de Miami. Ayudarían al pueblo de Cuba a soportar mejor las privaciones que les vienen impuestas por la Guerra sorda que se les hace desde el extranjero.

Para mí es obvio que el movimiento anti-cubano de Miami nunca tuvo una verdadera fuerza. Fue, desde 1959, inflado mediante el dinero. En eso radica su fracaso. Hoy, en el año 2001, el mundo cubano anticastrista de Miami, es de pura fantasía. Es un negocio escandaloso en el cual ni siquiera sus beneficiarios creen. Se han corrompido de tal modo los supuestos dirigentes cubanos del llamado exilio de Miami que ya no hay manera de que puedan levantar cabeza. Lo que empezó en 1959 y 1960 con algunos elementos cubanos que tenían poco decoro, pero alguna inteligencia para venderle la Isla a los americanos, ha terminado en un sainete. Aquí no hay nadie que tenga talento y mucho menos vergüenza.

Hace pocos días apareció en la prensa el senador Bill Nelson, demócrata, que había anunciado recien-temente que iba a viajar a Cuba. Algunas gentes ensayaron una leve protesta contra Nelson. Pues bien, ahora aparece Nelson rodeado de elementos de la Fundación Nacional Cubano-Americana de lo más contento y recibiendo abrazos y caricias de los cubanos. Los de la Fundación le piden a Nelson que si, que vaya a Cuba y que hable con Castro y que vea cómo son las cosas en Cuba. Ese pintoresco personaje de la Fundación que se llama Pepe Hernández le sugiere a Nelson que “vea la situación en Cuba de cerca y con la mente fresca”. Y le insisten en que trate de hablar con Castro. ¿Qué indica esto? Puede ser cualquier cosa. Pero para mí no tiene mas que una significación muy clara. A los 42 años, los verdugos de Cuba se han fatigado y no saben qué hacer. Se han quedado en cueros, en la calle, llenos de millones, hartos de fraudes, pero sin una sola idea en la cabeza. Nunca la tuvieron. Y han llegado al final en plena indigencia mental.

VERSION PARA IMPRIMIR
......................................................................................................


PAGINA PRINCIPAL

DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR



TIENDA DIGITAL
Música Cubana


© La Jiribilla. La Habana. 2001
Sitio auspiciado por el Periódico Juventud Rebelde
 IE-800X600