LAMENTO QUE HAYA
MUERTO LEJOS DE CUBA
"Tuvo
el aprecio y el respeto de los dirigentes de la Revolución.
Pienso que la suya fue una evolución fallida en un
momento crucial de su vida en que tuvo desvaríos y
vacilaciones. Pero la imagen que conservamos de Moreno
Fraginals es la del hombre del aporte.
Le
debo mucho, le debo su simpatía, su carácter tan
particular", confiesa el historiador Eusebio Leal
Manuel
González Bello | La Habana
Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad de La Habana,
frecuentaba allá por 1967 la Biblioteca Nacional José
Martí, en busca de datos y referencias vinculadas a las
labores de restauración del Palacio de los Capitanes
Generales, pasos iniciales de un proyecto de recuperación
del casco histórico de la capital cubana.
Aquellas visitas
le sirvieron para afianzar amistades con Cintio Vitier,
Fina García Marruz, Eliseo Diego, Francisco y Juan Pérez
de la Riva, Zoila Lapique y Manuel Moreno Fraginals, en
enjundiosas conversaciones al amparo de tazas de té.
—Moreno —evoca ahora Leal— era un hombre de una gran
simpatía y locuacidad extraordinaria. Me habló
muchísimo. Lo identifiqué muy rápidamente con la escuela
de historiadores a la que pertenecían Raúl Cepero
Bonilla y el propio Pérez de la Riva.
Leal refiere el
impacto que causó en él la publicación de El ingenio:
—Había leído
los vehementes trabajos políticos de Emilio Roig sobre
esa misma etapa, había leído muchas memorias de
libertadores, muchos documentos de la guerra; a Ramiro
Guerra, desde luego, cuya obra es como un concierto.
Pero nada me arrojó tanta luz como haber leído el
volumen original de El ingenio, porque por vez
primera me situó delante de la economía de plantación,
ante la masa productora de la riqueza, de la gran
acumulación de capital, los orígenes del ingenio, la
plantación en La Habana. Todo eso tuvo para mí un
valor objetivo muy grande y significó una inflexión en
mi línea de pensamiento. Me puso en contacto con una
metodología de la investigación científica de un
rigor muy grande, con un uso de la demografía como
elemento para explicar el desarrollo de las fuerzas
productivas.
"Los
estudios y conferencias que le escuché a Moreno sobre la
presencia china, sobre la participación del ejercito
español en la guerra, tuvieron un valor extraordinario".
"Le
debo mucho a Moreno, le debo su simpatía, su carácter
tan particular, era un hombre simpático, daba gusto
oírlo hablar. Tenía una gran bondad. Siempre un poco
preocupado y a veces quejoso de lo que creía el no
reconocimiento completo que su obra pudo haber recibido.
Yo siempre le decía que no, que todos los cubanos, Oscar
Zanetti mi profesor y todos quienes habíamos trabajado
la historiografía cubana, éramos deudos de él y se lo
reconocíamos".
"Una
última polémica con el profesor Roland T. Ellis ha
resultado memorable. Se han dicho horrores por escrito,
fundamentalmente Moreno lanzó una diatriba final contra
Ellis, que era un amigo de Cuba y un historiador del
azúcar. Pero pienso que eran expresiones de la condición
humana y de las querellas en que se debaten los
intelectuales cuando dicen que el otro ha tomado parte
de su obra sin reconocerlo lo suficiente."
Leal expresa su
visión personal de su amigo Moreno:
—Recuerdo su despedida y la entrega de una parte de sus
papeles y documentos a la Oficina del Historiador. Fue
una prueba de confianza. No he tenido de él nada más que
deferencias y en sus últimas citas con relación a mí,
respeto.
"Lamento, como
dije en su momento, que haya muerto lejos de Cuba, de su
familia del alma, de su raíz; que sus investigaciones,
que se basaban muchísismo en el materialismo dialéctico,
que habían merecido el elogio del Che, un elogio
inusual; que todo eso haya ido a morir en un inadaptado
Moreno del exilio, en un incompatible Moreno con la
superficialidad y la banalidad de Miami; un Moreno
innecesariamente batallador contra la Revolución de la
cual había sido hijo y en cuyo seno había formado sus
más importantes convicciones. No recuerdo en Cuba que
nada más que lo mediocres que nos han atacado a todos,
lo hayan atacado a él. Su libertad creativa y de
movimiento siempre fue respetada. Tuvo el aprecio y el
respeto de los dirigentes de la Revolución. Pienso que
la suya fue una evolución fallida en un momento crucial
de su vida en que tuvo desvaríos y vacilaciones. Pero
la imagen que conservamos de él es la del hombre del
aporte. No se puede escribir la historiografía cubana
prescindiendo de Moreno, como no se puede prescindir,
independientemente de su opción casi póstuma política,
de Herminio Portel Vilá y su colosal obra Cuba y su
relaciones con Estados Unidos, porque es un libro de
texto y estudio; como no se puede prescindir tampoco del
profesor Leví Marrero.”